Me reconozco últimamente como un hombre apesadumbrado
Incluso a pesar de las enormes alegrías que me brindan
Un día de sol
Una noche con luna
El calor de la piel amada
La sonrisa de mi hija
Una nube que cruza por el cielo
Dos versos inspirados con los que me topo
O una melodía que me conmueve el alma
Pero entonces la realidad cotidiana me golpea
Las noticias de aquí o de cualquier parte
Me muestran como parte de un pueblo embrutecido
Acaso de una humanidad embrutecida
Qué puedo hacer yo, humilde mortal, ante esto
Más que ponerlo en palabras
Con la esperanza de dejar una señal
Que de algún modo grite
Que no todos hemos sido parte de la horda
jueves, junio 25, 2026
Confesión de invierno
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Germán A. Serain
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domingo, junio 21, 2026
Creer
Un texto cualquiera
No importa el autor
No interesa el contexto
Un escrito random, definitivamente
Ya no hay manera de saber más
Perdido para siempre en el vértigo
De un feed interminable
En verdad ni siquiera llegué a leerlo
Excepto un fragmento
Que me asaltó entre líneas
Apenas un verso
Tan solo una palabra:
"Creyó".
Eso es lo que decía
El pretérito perfecto habla de un final irremontable
Clausura un tiempo que ya no es
Denuncia una ingenuidad que ya tampoco
O acaso una entrega
Porque uno a veces cree por ingenuo
Y otras veces porque creer
También es una forma de resistencia.
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Germán A. Serain
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sábado, junio 06, 2026
Sueño 260606
Sueño que me subo a un auto. En realidad es algo así como un jeep, viejo y precario, con unas puertas que no merecen tener ese nombre y un techo que con suerte podría ser de lona. El asiento me queda bajo; los pedales, lejos; pero de todos modos arranco. Me cuesta manejar: no llego a ver bien la calle porque el parabrisas me queda demasiado alto y además no encuentro los pedales. De repente descubro que adelante va un auto, mucho más lento, y lo esquivo para no chocarlo. Me doy cuenta de que ahí era donde tenía que doblar, hacia la derecha. La bocacalle estaba justo en ese punto en el cual yo había adelantado aquel coche. No me queda más remedio que seguir avanzando, pero de pronto sé que estoy conduciendo por una calle sin salida. Y que voy rápido. Demasiado rápido. Además, no encuentro el freno.
La historia se resuelve de un modo curioso: comprendo que estoy soñando. Y me resigno a que el vehículo se estrelle contra ese edificio que tengo adelante, que se aproxima a toda velocidad. Apunto a la puerta de acceso y mi jeep medio que choca, medio que ingresa; hay un fundido a negro y me despierto.
Entendí que estaba soñando. O lo creí, al menos, en ese momento. Fue como un acto de fe, que Dios me ampare, si acaso existe, que esto sea un sueño. Y si me equivoco... No, ni siquiera se me pasó por la mente esa posibilidad. Pero entonces, ahora ya despierto, pienso si acaso no hay gente, esa que uno llamaría locos, dementes, palmados, que no viven la realidad un poco de esta misma manera, creyendo que todo acto resulta potencialmente inconsecuente, que se lanzan contra una pared como si fuesen testigos de algo que no los involucra, con la curiosidad de un chico que se pregunta qué habrá del otro lado, en el momento siguiente al del impacto. Me pregunto también si alguna vez yo mismo no percibí el mundo de esa manera.
P.S.: Quizás fue durante otro momento del mismo sueño, o al menos durante la misma noche, antes o después de aquel impacto: estábamos con tres amigos, a bordo de un colectivo, conversando acerca de las redes sociales. Yo comentaba que cuando apareció internet cometimos el error de meter todo dentro de una misma bolsa, como si todo fuese lo mismo. Que era cierto que, por un lado, internet había permitido que todos desarrolláramos nuestro ego, diciendo cualquier cosa que tuviésemos ganas, como si fuéramos grandes voces de autoridad, dignas de ser tenidas en cuenta. Como si todo lo que tenemos para decir o mostrar fuese una genialidad. Pero al mismo tiempo, una vez que alguien sube algo al mundo digital, cualquier otra persona puede venir a decirte que no, que en realidad sos un boludo por lo que pensás, por lo que decís o te atrevés a mostrar. Y muchas veces es cierto. De todos modos, como esto no fue más que un sueño, lo subo a las redes de los bytes, a la nube, sea eso lo que sea. Después de todo, tal vez no esté sino soñando.
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Germán A. Serain
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martes, junio 02, 2026
Son tantos...
A veces hay un nombre.
Puede ser Agostina, Chiara, Úrsula, Micaela, Olga...
O también Lucio, Ulises, Loan, León, Sofía...
Los nombres pueden ser tantos...
A veces hay una fotografia.
En ocasiones, una cruz en una tumba.
En la mayoría de los casos
solo existe un dolor sordo y anónimo
del que no se entera nadie.
Solamente en Argentina una mujer o una niña
son asesinadas cada treinta y algo de horas.
En el número se extravían los nombres.
En los guarismos, los porcentajes, los índices
desaparece el verdadero espanto.
Y, sin embargo, los números están allí, presentes.
¿Qué significa ser una víctima?
Hablemos de víctimas y de números:
Un 7 de octubre, unos 1.200 inocentes
fueron asesinados por el terrorismo de Hamas.
Un 11 de septiembre, casi 3.000 personas
fueron asesinadas por el terrorismo de Al Quaeda.
En Gaza ya son 40.000 los niños y las mujeres
víctimas del genocidio que perpetra Netanyahu.
Un 6 de agosto, entre 140.000 y 166.000 almas
aniquiló el terrorismo yankee en Hiroshima.
Nadie supo jamás cuántos miles murieron
en la masacre de Tiananmen en junio de 1989.
Entre 700.000 y 925.000 vidas se perdieron
en el campo de exterminio de Treblinka entre 1942 y 1943,
pero Auschwitz se cobró más de un millón.
Otro millón y medio de seres humanos fue ultimado
durante el genocidio armenio entre 1915 y 1923.
Y que nada de esto opaque a nuestros 30.000 desaparecidos
o a una sola de las víctimas que no llegamos a contar,
porque la dimensión del horror no tiene límites,
así sean sean cientos de miles o sólo una.
Observa sus fotografías, sus cruces, sus tumbas
cuando las hubiere, pronuncia sus nombres.
A menudo se desprecia la vida del ser humano
por su religión, su nacionalidad, el color de su piel,
sus ideales políticos, el monto de sus ingresos.
A veces se lo desprecia solo por ser mujer.
El ser humano es algo horrible.
Horrible es la violencia de unos cuantos
y la indiferencia de tantos otros.
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Germán A. Serain
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