miércoles, julio 15, 2026

De historias y finales

Vaya uno a saber cuándo terminan
verdaderamente las historias.
Dicen que algunas acaban allí,
precisamente en ese punto arbitrario
en donde sus autores deciden
escribir la palabra FIN
para luego no añadir nada más;
finales definitivos, a veces abruptos.
Otras historias, en cambio,
culminan mucho antes
pero prosiguen, empecinadas,
como esos muertos que continúan
andando por la vida
simplemente porque nadie les avisó
que ya habían terminado.
También están los falsos finales,
que en realidad no son sino el comienzo
de algún nuevo capítulo;
esos son, sin duda, los mejores,
los que uno siempre desea.
En cualquier caso, ningún final logra
borrar lo que ya ha sido escrito
en las páginas que anteceden.
Es cierto que quizás la memoria modifique
de manera sutil ciertos pasajes,
que suavice algún giro desagradable
u omita uno que otro episodio penoso.
La memoria -aceptémoslo- también es
una delicada forma del final,
una de las más preciosas máscaras
que suele adoptar el olvido.

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