miércoles, julio 28, 2010

Hay que ser realmente boludo para



Boludo/a: Dícese de la persona que tiene pocas luces y obra en consecuencia.

A punto de tirar una vieja revista, por esa triste necesidad que a veces tenemos de hacer lugar y poner un poco de orden, me detengo en una columna que más o menos dice:

"Nada es más importante que una boludez. Por una boludez te rajan del trabajo, te meten en cana, te quedás, te casás, decís lo que hubiese sido conveniente callar, callás lo que hubiese sido conveniente decir. En síntesis: por una boludez terminás haciendo muchas boludeces, lo cual en su conjunto se vuelve algo importante. Mucho más si tenemos en cuenta que nuestras existencias están compuestas por un 99% de boludeces."

Rápido repaso entonces del amplísimo catálogo que uno, inevitablemente, carga sobre sus espaldas, con algunas de las incontables boludeces que se han cometido a lo largo de los años, y la evidencia de la flexibilidad de esta palabra, tan argentina ella, para abarcar todo un abanico de posibilidades, que van desde la ingenuidad a la inconsciencia, de la falta de tacto al despropósito.

Y después, ya sobre el final de la columna en cuestión, una suerte de apología de la boludez, que tal es de hecho el título del artículo:

"Por eso, defendamos la boludez como algo importante, algo necesario, para no andar quedando como esos jodidos tipos que creen estar haciendo todo el tiempo cosas importantes, cuando en realidad lo único que hacen son puras boludeces."

Me llama aquí de nuevo la atención la enorme ambigüedad de la palabra, que significa claramente dos cosas diferentes, e incluso antagónicas, en una misma frase; un sentido cuando es puesta al comienzo de la oración, y otro completamente distinto en su final. Una vez comprendido lo cual, resulta posible tomar plena conciencia del verdadero peso de esta sentencia.

¿Cuáles son las cosas verdaderamente importantes? ¿Y qué tan importantes son, por el contrario, esas otras cosas que uno aprende a medida que va creciendo y que se acomodan a un deber ser que muchas veces ignora el sentido de esto que es la vida? No hay boludo más importante que ese que cree estar haciendo cosas que merecen ser tomadas en serio, me digo entonces. Y lo dejo anotado aquí, con el convencimiento de que finalmente el mero acto de dejar constancia de esta verdad no tiene la menor relevancia.

domingo, julio 25, 2010

Qué hacer con un poema

Escribir un poema es cosa relativamente fácil. Alcanza con tener a mano unas cuantas palabras sueltas, y combinarlas luego a través de una repentina brisa inspiradora. ¿Quién no ha escrito alguna vez algún poema? ¿Quién no se ha dejado llevar, para bien o para mal, por la tentación de jugar con las palabras? Finalmente, nadie podrá venir a impugnar qué cosa sea o deje de ser un poema. Y siempre será posible hacer oídos sordos a las críticas de quienes pretendan decirnos que nos falta talento. Bien sabemos que siempre habrá poetas menos talentosos. Y que además la poesía tiene, por lo general, el beneficio de ser inimputable.

El verdadero dilema, cuando de poemas se trata, es qué hacer con ellos después de que han sido escritos. Buenos o malos, inspirados o modestamente mediocres, los poemas, una vez que han sido concluidos, nos interpelan, nos reclaman; se quedan como a la espera de que hagamos algo con ellos. Pero, ¿qué cabría hacer? ¿Compilarlos en un libro que nadie leerá? ¿Publicarlos en un blog? ¿Recitarlos a viva voz parados en una esquina, o en el banco en alguna plaza? Finalmente, el poeta no suele saber siquiera para qué ha escrito eso, con qué fin se ha tomado el trabajo de hilar esas palabras que antes, previo a aquella brisa repentina, se encontraban en el mundo sueltas e inocentes, ajenas a toda intención. ¡Pero si hasta los propios destinatarios de los poemas que se escriben, cuando el poeta los ha escrito pensando en alguien en particular, suelen desentenderse de estas cosas!...

Algo de todo esto se debe haber planteado, seguramente, el poeta estadounidense Craig Czury (n. 1951), cuando ensayó alternativas como ésta:

Escriba un poema.
Póngalo en un sobre.
Diríjalo a Usted Mismo.
Estampíllelo y échelo al buzón.
Cuando el cartero se lo entregue
anote en el sobre:
DEVOLVER AL REMITENTE.


O si no, esta otra:

Escriba un poema sobre la superficie de un barrilete.
Remóntelo todo lo alto que pueda.
Pídale luego a algún curioso
que lo sostenga por un minuto nada más,
que usted debe ir al baño con urgencia,
que volverá inmediatamente.
No regrese nunca.


Lindo, ¿no?...

(En el primer comentario a esta entrada, algunas otras posibilidades.)

jueves, julio 22, 2010

Una leyenda oriental

“Había en Bagdad un mercader que envió a su criado al mercado a comprar provisiones. Al rato el criado regresó, pálido y tembloroso, y dijo: Señor, cuando estaba en la plaza del mercado una mujer entre la multitud me hizo una mueca y cuando me volví pude ver que era la Muerte. Por eso quiero que me prestes tu caballo, para irme de la ciudad y escapar así de mi destino, pues sospecho que es a mí a quien la Muerte está buscando. Me iré para Samarra y acaso allí la Muerte no me encontrará. El mercader le prestó su caballo, el sirviente montó en él, le clavó las espuelas en los flancos y huyó a todo galope. Después el mercader fue hacia la plaza y efectivamente encontró entre la muchedumbre a la Muerte, a quien le preguntó: ¿Tú amenazaste a mi criado cuando lo viste esta mañana? No fue un gesto de amenaza, le contestó la Muerte, sino de sorpresa. Me asombró verlo aquí en Bagdad, pues tengo una cita con él esta noche, pero en Samarra."


Copio y pego esta leyenda tal como la encontré en Internet. Vuelvo a leerla, muchos años después de haberla conocido por primera vez, y me digo que definitivamente no creo en nada parecido a un destino que de alguna manera nos haya sido asignado de antemano.

Sin embargo, sí estoy convencido de que, para bien y para mal, vamos por la vida caminando como a ciegas, sin sospechar siquiera que cada gesto que hacemos tiene sus inevitables consecuencias. Y claro está, sin que tengamos la menor idea de cuáles consecuencias se ligan a cada uno de esos simples gestos.

martes, julio 20, 2010

Brutalmente naif...


El papel apareció pegado días atrás en el trabajo. No sé quién haya sido el responsable, ni qué habrá pensado en el momento de dejarlo ahí, agarrado con cinta adhesiva del lado de adentro de una puerta, luciendo una frase que Quino le hizo decir alguna vez a Miguelito, uno de los amigos de Mafalda. Acaso se haya tratado de un gesto sin mayores pretensiones... Pero me dejó pensando. Pensando en esas cosas en las cuales uno no debería detenerse demasiado a pensar, porque en cuanto te lo ponés a pensar demasiado...

"Trabajar para ganarse la vida está bien, pero... ¿Por qué esa vida que uno se gana trabajando tiene que desperdiciarla trabajando para ganarse la vida?"
(Es la particularidad del humor de Quino. Con una frase aparentemente inocente, puesta encima en boca de un niño, se manifiesta una verdad tan brutal.)

sábado, julio 17, 2010

Palabras

El diario Clarín de hoy publica una entrevista a Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras. Allí habla, entre otras cosas, de las groserías verbales, y sostiene que no le preocupan, excepto cuando se hacen demasiado frecuentes. En tales casos reconoce que lo censuraría, pero no tanto en defensa de las buenas costumbres como de la propia puteada: "Porque la puteada es un bien de la lengua que se debe preservar para momentos contundentes. Y no hay que pervertirla ni banalizarla, como se hizo con la palabra boludo, que inicialmente tuvo un valor descalificativo y hoy no tiene nada." Luego reconoce que, en cambio, la palabra pelotudo ha mantenido un peso específico natural. Seguramente por la particular sonoridad de la letra p, hubiese señalado el Negro Fontanarrosa...

Pero lo que hoy más quiero rescatar de esta entrevista aparece recién en el último párrafo. El periodista pregunta: ¿Es cierto que la gente se entiende cuando habla? Y Pedro Luis Barcia responde:

"La gente se entiende menos de lo que cree porque maneja palabras grandes. La palabra grande, al serlo, tiene mucha cavidad y todo el mundo pone algo distinto adentro. Como en la palabra amor, usada para acostarse con alguien. La intención con que la mujer la recibe es sentimental, y el hombre le pone carga erótica. Ahí se produce el malentendido. Por eso es difícil llegar a acuerdos finales."

viernes, julio 16, 2010

De ninguna manera...

No necesitamos todo lo que la publicidad quiere vendernos.
Dios no escribió ningún dogma; los hombres lo hicieron.
Aunque respetes la opinión de los demás, 2 + 2 no es 5.
Dos hombres no son matrimonio, aunque una ley diga lo contrario.
El reggaeton no es música, no me jodas.
Escuchá Mozart y después contame.

jueves, julio 15, 2010

Contra Natura

En cierto lejano rincón del planeta acaba de aprobarse una curiosa normativa, que alegremente decreta que a partir de la puesta en vigencia de la norma los caballos que así lo deseen podrán volar como si fuesen aves. La iniciativa tuvo su buen fundamento: habida cuenta de que una gran cantidad de especies pueden volar, pues lo hacen las palomas, las cotorras, los canarios y los halcones, algunos caballos comenzaron a declarar que se los discriminaba, cuando se les decía que ellos no podrían jamás hacer lo mismo. Los animales legisladores decidieron entonces que dado que todos las especies nacen con similares derechos, nada debería impedirle a un caballo volar, si éste así decidía hacerlo, y así es como idearon una normativa especial, que algunos bautizaron Ley de las igualdades, que claramente manifestaba que todos los animales tenían los mismos derechos, y que un caballo podría volar si así lo deseaba. Finalmente la normativa quedó aprobada, tras una extensa sesión legislativa que se extendió hasta muy tarde, en medio de los vítores de unos y los abucheos de otros.

Hoy el caballo amaneció celebrando la buena nueva. Se sintió finalmente libre, vencidos todos los prejuicios de esos otros animales que, por no tener él alas, pretendían limitarlo diciéndole que jamás podría volar como un gorrión, como una gaviota, como un pato silvestre, como un cóndor de los Andes. Todos los animales somos iguales, pensaba el caballo. Y ahora, amparada su opinión por un preclaro precepto legislativo, ya no cabía duda al respecto.

Así fue como el caballo trotó primero, corrió después, liberada su alma del peso de los prejuicios ajenos, acuñados a lo largo de tanto tiempo, y finalmente se lanzó, a toda velocidad, hacia el precipicio, creyendo acaso el alazán que la simple letra de la norma lo había convertido en un par del mitológico Pegaso. Su enorme y pesado cuerpo pareció flotar en el aire por un instante, pero después, perdido definitivamente el suelo, y mientras a falta de alas sacudía el caballo desesperadamente sus patas...


(La moraleja es evidente: no hay ley que pueda ser válida o tener sentido cuando se vulnera al mismo tiempo otra ley, superior ésta, que no es la ley de los hombres, ni la de ningún dios, sino la ley de la naturaleza: los caballos no pueden volar, y allí la única ley que se impone es la de la gravedad.)

miércoles, julio 14, 2010

Dos extremos torcidos del Derecho


Al mismo tiempo que en Irán, Sakineh Mohammadi Ashtiani, una mujer de 43 años, madre de dos hijos, se enfrenta a una muerte inminente por lapidación, después de que un tribunal la declarase culpable de haber mantenido una relación amorosa prohibida, por lo cual recibió además un castigo público consistente en 99 latigazos, muy lejos de allí, en la ciudad de Buenos Aires, el Congreso de la Nación debate una ley que pretende habilitar el derecho de contraer matrimonio a personas de un mismo sexo.

El Código Penal de Irán señala que el adulterio es un crimen y prevé un castigo de 100 latigazos para los hombres y mujeres que no hayan contraído matrimonio (aunque por lo general sólo las mujeres reciben semejante castigo) y la lapidación para quienes se hayan casado. Los casos de adulterio son probados por la confesión del propio acusado o por simple testimonio de cuatro testigos. Se trata de una aberración jurídica, sin duda alguna. Ninguna ley puede indicarle a una persona cómo debe sentir respecto de otra, no puede imponer amor, ni deseo, ni prohibir que se sientan o manifiesten estas expresiones, que son propias de la naturaleza humana.

Y sin embargo, con el matrimonio puesto como elemento en común, la coincidencia viene a demostrar una vez más que los extremos finalmente se tocan: tanto en Irán como en Buenos Aires se están sosteniendo sendas aberraciones jurídicas. Una por desconocer el derecho básico a sentir y perseguir el afecto por parte de los seres humanos, y la otra por pretender que es discriminar el hecho de defender una ley natural, esa que determina que solamente un hombre y una mujer puedan unirse para concretar el único fin real que puede justificar la existencia misma del matrimonio; esto es, ser un marco propicio para la reproducción de la especie humana.

Todas las personas tienen los mismos derechos.
Pero no todo es igual.

domingo, julio 11, 2010

El diablo en la boca: Visiones



Desde que tengo el piano pienso: definitivamente yo no soy un músico. No sé leer música, no sé dónde queda la tecla del Si bemol, ni puedo armar un acorde, como no sea de un modo intuitivo. Entonces, ¿qué es eso que pasa cuando me siento frente al instrumento y surgen sonidos, más o menos ordenados? Es música, creo. Mala música, seguramente. Aunque no creo que peor que otros esperpentos que algunos llaman música y que a mí, al menos, me hacen sentir que en comparación una topadora o de un martillo neumático pueden llegar a ser instrumentos melodiosos.

Como no sé leer música, ni tampoco me atrevo a intentar sacar canciones de oído, las cosas que toco en mi piano son una constante improvisación. Y no me pidan que vuelva a tocar tal o cual pasaje, más o menos inspirado, porque me resultaría imposible hacerlo. ¿Adónde van todos esos sonidos, entonces? Son nada más que presente, un presente fugaz, que se disuelve en el mismo momento de concretarse. Arte curioso, la música: sólo existe mientras dura. Como bien decía Heidegger en su "Arte y poesía", incluso las partituras de las obras más destacadas de un Beethoven se acumulan como papas en una bodega cuando nadie las toca. La música está en otra parte, en ese instante fugaz que huye permanentemente de nosotros. Interesante metáfora de lo que es la misma vida.

Tal vez por eso es que me gustó esta pieza que muestra parte de una improvisación del grupo El diablo en la boca. Es un momento fugaz, rescatado de la nada. De esa nada que es el tiempo, que siempre se nos escurre entre los dedos de la mano. Los sonidos son aquí como las nubes que corren en el cielo: jamás volverán a repetirse exactamente igual, no volverán nunca a ser las mismas. Tampoco nosotros, en el momento de mirar el cielo, o en el instante de escuchar estas Visiones.

sábado, julio 10, 2010

O no existe mientras la miro a ella


..."Mientras recorría una vez, y otra, y una más, la capilla, siguiendo por su orden los tres ciclos, me sorprendí con un pensamiento que todavía ahora no consigo desdoblar y examinar. Más que un pensamiento, fue un anhelo: poder dormir una noche allí dentro, en medio de la capilla, despertar antes del amanecer, y ver surgir de la oscuridad, poco a poco, como fantasmas, los grupos procesionales, los gestos,los rostros, aquel color azul de miniatura que es sin duda un secreto de Giotto, porque no existe en otro pintor. O no existe mientras lo miro a él."

Así habla H. (¿Héctor, Horacio, Hugo?...), el personaje sin nombre del "Manual de pintura y caligrafía" escrito por Saramago, haciendo referencia a la Capella degli Scrovegni, en la ciudad de Venecia, y a las obras de Giotto que allí se conservan.

Pero me queda latiendo la frase final, y me digo que Saramago bien podría haber estado hablando de otras cosas. Del amanecer al lado de una mujer deseada, por ejemplo. Que en el fondo es simple lograr que las cosas del mundo desaparezcan, que dejen de existir, con sólo tener al alcance de la vista, y de la boca, y de las manos, aquello en cuya contemplación uno pueda embelesarse.

Termina así este fragmento, y con ello el capítulo: "Nadie crea que existe en mí una vocación religiosa que se denunciara de este modo. Se trata más bien, y muy terrenalmente, de querer saber cómo puede nacer un mundo." Y yo me digo que también esto podría aplicarse, y de qué manera, al despertar junto a la mujer que se desea. O se podría escribir, en general, ante el deseo de todo aquello que al fin y al cabo se estima poco menos que inalcanzable.

sábado, julio 03, 2010

Dar un paso al frente


"Pueden darse todos los pasos hasta el borde del precipicio, pero a partir de ahí la caída será inevitable, desamparada, mortal."
No sé por qué razón, pero la frase me impacta, sobremanera. Pertenece al "Manual de pintura y caligrafía", uno de los pocos libros de José Saramago a los cuales sorprendió la muerte de su autor sin que yo hubiese completado su lectura. Todavía no sé qué sucederá con sus personajes. Todavía no conozco qué podré decir de esta obra, ni qué cosas me habrá dejado, una vez que termine su lectura. Por ahora es solamente esta frase, que volveré a copiar enseguida, para que el eventual lector de estas líneas no se olvide tan pronto de ella, ni deba ir de nuevo al principio de esta anotación para releerla, y aquí queda claro que es cierto que el lector a menudo se mimetiza con aquello que lee, a veces a través de un personaje, y otras mediante un estilo, y sin duda eso colabora con todas estas acotaciones y con que ahora por fin se repita aquí la frase en cuestión, en vez de dejar simplemente que el lector de estas palabras regrese, si así deseara hacerlo, al principio: "Pueden darse todos los pasos hasta el borde del precipicio, pero a partir de ahí la caída será inevitable, desamparada, mortal."

Preguntémonos ahora, de nuevo, qué es lo que tiene esta frase para provocar un impacto tan notorio en quien hace un rato la ha leído, que es claro que hablo aquí de quien escribe estas líneas, por más que acaso otras personas hayan tenido una sensación similar. Cualquiera sea el caso, no lo sabemos. Quizás tenga que ver con una reminiscencia de aquel viejo chiste en el cual, estando los personajes al borde del precipicio, alguien dice: "Antes estábamos mal, pero ahora vamos a dar un paso al frente". Insisto: podemos conjeturar mucho, que en realidad no conoceremos el verdadero motivo. Pero digo que no lo sabemos, y en realidad bien sé que estoy mintiendo. No porque sepa algo que no diga, sino porque sé que podría saberlo, si quisiera. La respuesta está ahí, casi al alcance de la mano. Para conocer esta respuesta, sólo debería atreverme a dar un paso al frente. Un paso más. Si no lo hago, es porque sé muy bien que la respuesta está precisamente allí donde apenas un paso más puede significar la caída, mortal, desamparada, inevitable, hacia el fondo del abismo.

sábado, junio 19, 2010

El Circo de la Mariposa

viernes, junio 18, 2010

José de Sousa Saramago (1922 - 2010)


Hoy me duele la partida del Maestro Saramago, quien junto con Fernando Pessoa fue el mayor poeta de la lengua portuguesa.

Muchas veces he citado frases suyas. En esta ocasión prefiero que pese el silencio de su a partir de ahora ausencia.

miércoles, junio 16, 2010

Matrimonios y algo más


Mientras en otros rincones del mundo todavía hoy, finalizando la primera década del siglo XXI, hay personas que son denigradas, encarceladas o directamente asesinadas por manifestar más o menos abiertamente su voluntad de ser libres al momento de vivir el amor -por otra parte inmanejable- o su sexualidad, compartiendo su vida con alguien de su mismo sexo, o buscando una alternativa a un consorte que le ha sido impuesto de por vida, a veces al margen de la propia voluntad, en nuestro país se debate la legalización del matrimonio homosexual.

Me pregunto entonces por qué razón, no siendo yo homofóbico, rechazo esta moción. Y finalmente creo que mi rechazo obedece al reconocimiento de una paradoja encerrada en esta reivindicación de quienes manifiestan su preferencia por una sexualidad diferente. Sexualidad que, por cierto, nada tiene de censurable, aunque evidentemente tampoco encuadre dentro de una normalidad absoluta, siendo el propósito biológico de la sexualidad (no así el afectivo, ni el psicológico) la perpetuación de la especie, que no podría llevarse a cabo en un marco constante de unión de iguales.

Yendo al punto legal, se sostiene que el objetivo de la modificación legislativa propuesta tiende a la defensa de la igualdad de los derechos civiles, al margen de las opciones sexuales que se detenten. Lo cual sin duda es loable. Se cuestiona la delimitación del matrimonio como una institución establecida entre dos personas, varón y mujer. ¿Por qué no entre dos personas, varón y varón, o entre dos personas, mujer y mujer? Admitamos esto. Pero entonces, ¿por qué entre dos personas, y no entre tres, o cuatro, o cinco? Porque así como evidentemente sería insólito permitir el matrimonio entre hombres, y no entre mujeres, o viceversa, del mismo modo deberían protegerse los derechos de aquellos que hubiesen decidido establecer relaciones de conviviencia múltiples.

¿Por qué esa mujer que ha aceptado vivir con un hombre que ya se encuentra casado con otra mujer, a quien lo une el lazo de un amor recíproco, debe resignarse a un papel legal de segundo plano, siendo que la otra mujer la acepta también como integrante de esa misma familia en la cual no hay diferencias entre ambas amantes, salvo la de ser compañera legal una, y marginal la otra? Máxime cuando, incluso en sociedades donde los matrimonios homosexuales no son concebibles, sí se ha admitido y desde tiempos inmemoriales el matrimonio poligámico. ¿Por qué nuestra legislación habría de discriminar a quienes, no haciendo con esto mal a nadie, hayan decidido vivir su vida de esta manera?

Claro está que, no habiendo diferencia alguna en la constitución sexual de los matrimonios, tanto da que este matrimonio poligámico esté constituido por un hombre y varias mujeres, como por una mujer con varios hombres. O en matrimonios mixtos, en los cuales se mezclen varios hombres y mujeres, en números indeterminados. Habrá que inventar nuevas palabras, para designar las relaciones recíprocas que se establecerán entre estos cónyuges y sus respectivos familiares sanguíneos directos. Me solazo imaginando posibilidades: matrimonios en cadena, grupos que intenten romper el récord Guiness al matrimonio mixto más numeroso del planeta, enormes orgías celebradas en nombre de la libertad sexual, pero amparado todo esto en nombre de la igualdad de derechos de quienes pretenden vivir una sexualidad diferente dentro de los límites legales del matrimonio.

Y nada de malo tendría, desde el punto de vista ético, que todas estas cosas sucedieran. Cada quien es dueño de sentir como le salga y de vivir conforme a sus deseos en tanto no atente contra la libertad de los demás.

Sin embargo, la paradoja es que en este contexto que se ha descripto, el matrimonio como institución, que tanto reclaman unos y otros, habrá quedado reducido a la nada. ¿De qué vale, entonces, que se pelee tanto por algo que a la larga, y por consecuencia de tantas reivindicaciones, habrá dejado de existir?

lunes, junio 14, 2010

Retazos de lucidez



"...Prométeme que vas a descubrir el rostro que se esconde debajo de esta máscara, pero que nunca vas a mirar debajo de ella", le dice él (que es lo que nosotros llamaríamos un monstruo) a ella, que viene a ser la heroína de la historia en cuestión.

Y más delante, ella le pregunta:
- ¿Es por eso que estás usando una máscara?
- Todos usamos máscaras
-le responde él. La vida las crea, y luego nos empuja a encontrar entre todas ellas la que mejor nos queda.

En otro parcial, otra estudiante cuenta, rememorando un lejano amor: "Yo veía en él a un príncipe (o al menos así lo creía), y él veía en mí a una princesa. Eran puras representaciones de nosotros mismos, de dos personas que se querían enamorar y buscaban conquistarse."

Lúcida reflexión, pues hay máscaras que no nos ponemos nosotros, ni usamos por voluntad propia, sino que las colocamos en los demás o nos son colocadas sin permiso, y en ocasiones sin que siquiera lo sepamos. Sin embargo, subyace en la frase otro engaño. En efecto, ¿cómo podría saber la muchacha lo que aquel príncipe suyo veía por entonces en ella? La chica ha preferido sostener la ilusión de que su pretendido la admiraba no como realmente lo habrá hecho, desde el misterio de su mirada, sino como ella desea haber sido admirada. Seamos piadosos y hagamos de cuenta que estas dos dimensiones coinciden, incluso cuando no sea cierto.

Así las cosas, la vida sigue adelante, siempre entre máscaras e ilusiones vanas, que sin embargo son las que nos mantienen vivos.

domingo, junio 13, 2010

Los amantes

Interesante idea, ésta que encuentro leyendo cosas medio al pasar: que la literatura primero, y más tarde el cine y la televisión, han sido los responsables de enseñarnos qué cosa es el amor.

Pienso entonces en el imaginario romántico, en Novalis y el Werther de Goethe, pero también en Schumann, en las muertes de Violeta y de Mimi, y también en El Caminante pintado por Friedrich. Pienso asimismo en una extensa lista de producciones de Hollywood y en los culebrones de la tarde. Pienso en una pléyade de literatos, cantores, poetas, pintores, cineastas, guionistas y soñadores de toda cepa que se atrevieron en plasmar de alguna manera la idea de lo amoroso. Incluyo también a los sex symbols, a los productores de pornografía, a las colegialas inocentes y a los fotógrafos de desnudos. Todos ellos han sido, de una manera u otra, los responsables de enseñarnos qué cosa debiera ser el amor.

Sólo para que luego uno, que no es un personaje del mundo de las literaturas, ni de las películas, ni de las óperas, ni de los erotic shows, ni de ficción ninguna, sino apenas un ser humano común y corriente, vaya miserablemente por el mundo, amando no como todos aquellos soñadores han pretendido enseñarnos que debiéramos hacerlo, sino apenas como mejor podemos.

sábado, junio 12, 2010

Ser o parecer

Alguien escribe en el perfil de Facebook de alguien una frase de Ralph Waldo Emerson que más o menos dice: "Todo hombre es sincero a solas; en cuanto aparece una segunda persona, allí empieza la hipocresía."

La frase me seduce, me gusta, me convence en un principio. Luego me pregunto: ¿Estará una persona sola cuando sola delante de una computadora escribe algo en un perfil de Facebook o lo repite en un blog? ¿O estará también en ese caso influenciada por cierta hipocresía derivada del saber que alguien, alguna vez, podrá eventualmente leer eso que allí se ha escrito? Es más: ¿Habrá estado Emerson solo en el momento de decir, pensar o escribir su sentencia? ¿O habrá pensado, más o menos conscientemente, que segundas, terceras y cuartas personas irían a leer, comentar y juzgar su frase?

Pero también me pregunto si acaso la gente, estando a solas, es verdaderamente sincera; o si no será que en esos particulares momentos logra creer en sus propias fantasías por el simple hecho de no haber nadie allí presente para impugnárselas. De ser tal el caso, la aparición de segundas, terceras o cuartas personas podría sumergirnos acaso en una suerte de diferente hipocresía, pero de un grado no demasiado diferente del que veníamos teniendo hasta entonces.

Me parece que la única diferencia es que en un caso, cuando estamos solos, actuamos para nosotros mismos, mientras que cuando sabemos que hay otros testigos de lo que hacemos comenzamos también a actuar para los demás.

viernes, junio 11, 2010

Breve reflexión


Días atrás un estudiante que cursa conmigo la materia que dicto en la Universidad de Buenos Aires escribió, en una entrada del blog que utilizo para mis clases, y más concretamente allí donde yo había subido la consigna para un examen, una breve línea en la cual se declaraba "perdido" ante la pregunta.

Le respondí entonces, a la manera de un consuelo, que era al mismo tiempo una explicación:

"Hay que perderse primero, para luego poder encontrarse."

Recién un rato más tarde entendí cuánta verdad encerraba esa frase aparentemente tan simple.

sábado, junio 05, 2010

Dicen que dijo...

"No puede ser que estemos aquí para no poder ser", dice Laura, una estudiante de mi curso en la Universidad de Buenos Aires, que alguna vez dijo mi amigo Julio Cortázar.

Yo digo que, por lo menos hoy, me dan ganas de creerle a ambos.

sábado, mayo 22, 2010

Historia del cerco de Lisboa II




"...y dijo cautelosamente, Es bonita la vista. Las primeras luces aparecían en las ventanas tocadas aún por un resto de claridad diurna, los faroles de la calle acababan de encenderse, alguien cerca de allí, en el Largo dos Lóios, habló en voz alta, alguien respondió, pero las palabras fueron incomprensibles. Raimundo Silva preguntó, Los ha oído, Sí, los oí, No conseguí escuchar lo que decían, Yo tampoco, Nunca sabremos hasta qué punto nuestras vidas cambiarían si algunas frases, oídas pero no escuchadas, hubieran sido entendidas."

Falta poco para que Raimundo Silva y María Sara permitan ambos que sus cuerpos se encuentren, en el marco de la Historia del cerco de Lisboa que escribió José Saramago, en definitiva una historia de amor, vale decir de encuentos y desencuentros. Silva es un corrector, que se ha puesto a escribir su primer libro, en el cual fabula, historia dentro de la otra historia, con otro amor, otra fantasía de encuentros y desencuentros, la del soldado Mogueime y su amor imposible, llamado Ouroana, curioso nombre de mujer por cierto, pero bello, debido a su misterio.

Sabemos que Raimundo Silva proyecta en la historia de amor que escribe aquellos deseos que tiene respecto de la historia de amor que vive, o que pretende vivir. Una es reflejo de la otra, al punto de no saberse si es la primera la que lleva adelante y condiciona la segunda o viceversa, imagen y reflejo, reflejo e imagen cada una respecto de su par. ¿Será todo esto nada más que un recurso literario? ¿O acaso habrá detrás de estas dos historias de amor paralelas otras historias, tal vez cierta autobiografía implícita, otros deseos, otras pasiones, otras proyecciones? Todo relato es, al fin y al cabo, en cierta medida autobiográfico. Pero incluso cuando no sepamos con exactitud hasta qué punto estos escritos son reflejo de algo vivido o deseado por el autor, lo cierto es que en medio del entretejido de todas estas historias de amor, las que se cuentan y las que no, también se entrecruzan los amores imposibles del lector, que por eso mismo se sentirá aliviado cuando por fin Raimundo Silva se lleve a la cama a María Sara, si es que no fue ella quien tomó la decisión de tal encuentro.

Así las cosas: el lector proyecta sus propios deseos en los personajes, en cierto sentido vive a través de ellos, ecuación fabulosa que sin embargo nos permite sentir o al menos vislumbrar a través de la ficción cosas que de otro modo no nos atreveríamos a conocer. Son Raimundo Silva y María Sara los amantes, pero son el autor y los lectores, cada uno por su parte, quienes se sienten satisfechos en sus pasiones. Pura ficción, claro está, pero aquí viene la paradoja: de hecho esos amores ficticios seguirán en cierto punto siendo ciertos incluso después de que Saramago ya no esté sobre la faz de esta tierra, ni tampoco los lectores de estas modestas líneas, con lo cual quién podrá atreverse a quitarle realidad a lo que esos amantes, los de papel y tinta, sean capaces de vivir.

Pero además cabe reflexionar y preguntarnos si acaso los amores reales, los de carne y hueso, y gemidos, y sudores, y otras humedades, serán más ciertos que los de la tinta sobre el papel y la imaginación de autores y lectores. Y lo son sin duda en sus consecuencias, que de no ser así no estaríamos aquí, dilucidando estas cuestiones, pero la omnipotencia de ese momento, de ese sentir que nada importa más allá del climax, es en otro punto también pura fantasía. En el momento del climax parece no importar más nada, ni siquiera la amenaza de la muerte. Y sin embargo es todo parte de una misma vana ilusión: postergar la evidencia de nuestra propia fragilidad, de nuestra inquieta soledad, Raimundo Silva y María Sara ellos sí son imnortales. Pero nosotros somos apenas de carne y hueso y humores diversos, felices ellos, pobres nosotros, que por eso nos reconfortamos con su encuentro. Y sin embargo, al mismo tiempo, pobres ellos y felices nosotros, que al menos tenemos la esperanza de hacer de verdad carne y hueso y semen nuestra pasión alguna vez, y no sólo papel y tinta, incluso siendo también todo esto mera ilusión.

Y mientras tanto nos reconfortamos en ensueños. Que es lo que hacemos siempre, incluso sin saberlo. Así de frágiles somos.

jueves, mayo 20, 2010

Verso final para un poema de Oliverio Girondo

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden, se entregan...

...y muchas veces simplemente se ignoran.

miércoles, mayo 19, 2010

Historia del cerco de Lisboa

"Tiene las manos apoyadas en la barandilla del mirador, siente el hierro frío y áspero, ahora está tranquilo, apenas mira, no piensa, y es en ese instante cuando acude a su espíritu vacío una idea para ocupar este su día libre, algo que nunca ha hecho en su vida, no tienen razón quienes se quejan de su brevedad si no la aprovechan como les ha sido dada."

(José Saramago, "Historia del cerco de Lisboa")

viernes, mayo 14, 2010

Siempre me pregunté, si uno estuviese cinco días internado en una clínica, conectado a una manguera, en la nocturna compañía de un libro de Oliverio Girondo, en qué textos repararía la atención. Acabo de tener ocasión de responderme esta pregunta y me apresuro a consignarlo aquí, por si alguien más tuviese la misma duda, aunque sé que es probable que las respuestas a esta clase de preguntas varíen de persona en persona. En lo que a mí respecta, al menos, me detuve en un poema llamado Escrúpulo:

Me parece que vivo,
que estoy entre los ruidos,
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.

He dicho "me parece".
Yo no aseguro nada.


Y luego también en este otro, Puedes juntar las manos, aunque no completo, sino apenas hasta donde la casualidad o el editor decidieron que terminara la primera página:

La gente dice:
Polvo,
Sideral,
Funerario,
y se queda tranquila,
contenta,
satisfecha.

Pero escucha ese grillo,
esa brizna de noche,
de vida enloquecida.

Ahora es cuando canta.
Ahora
y no mañana.
Precisamente ahora.
Aquí.
A nuestro lado...
como si no pudiera cantar en otra parte.

¿Comprendes?
Yo tampoco.

jueves, mayo 06, 2010

La enseñanza según Salinger

Navegando por la web, acción que no siempre guarda una correlación necesaria con el acto de estar webeando, encuentro un fragmento de una de las Nine Stories escritas por J.D. Salinger, y me resulta tan encantador este pasaje, y tan ilustrativo en cuanto a lo que debería ser el ejercicio de la docencia, que cedo a la tentación de dejarlo asentado aquí:

- ¿Qué harías si pudieras modificar el sistema de enseñanza? (…)
- Bueno, no estoy muy seguro de lo que haría -dijo Teddy. Lo que sé es que no empezaría con las cosas con que por lo general empiezan las escuelas. Creo que primero reuniría a todos los niños y les enseñaría a meditar. Trataría de enseñarles a descubrir quiénes son, y no simplemente cómo se llaman y todas esas cosas… Pero antes, todavía, creo que les haría olvidar todo lo que les han dicho sus padres y todos los demás. Quiero decir, aunque los padres les hubieran dicho que un elefante es grande, yo les sacaría eso de la cabeza. Un elefante es grande sólo cuando está al lado de otra cosa; un perro o una señora, por ejemplo (…) Ni siquiera les diría que la hierba es verde. Los colores son sólo nombres. Porque si usted les dice que la hierba es verde, van a empezar a esperar que la hierba tenga algún aspecto determinado, el que usted dice, en vez de algún otro que puede ser igualmente bueno y quizás mejor.

martes, mayo 04, 2010

¿Emisores de qué?...

Leo en un artículo escrito por Cristian Ferrer dos años atrás la siguiente sentencia:

"Esta época espera que cada hombre y cada mujer, cada niño y cada anciano, sean ricos o pobres, se transformen en emisores. ¿Emisores de qué? Eso carece de relevancia, puesto que la experiencia del mundo se ha vuelto definitivamente fugaz."

Cabría añadir quizas muchas cosas a este comentario. Sin embargo, me parece al mismo tiempo innecesario. Serían palabras fugaces. Prefiero dejar el comentario aquí, marcado por la solidez de una sentencia en firme. Y que en este tiempo de tanta comunicación mal entendida cada quien se haga cargo de lo que le corresponda.

sábado, marzo 20, 2010

Un pedacito de poesía


Al árbol que tardó cien años en crecer
lo derriban en solamente dos horas.
El pájaro que anidaba en su copa se va,
y no vuelve más.
El monte va perdiendo su canto...
y yo la esperanza.



Cuando terminó la cursada del año pasado en la Universidad, un estudiante se acercó y me obsequió un disco, con canciones escritas por su hermano. Hoy me puse a escuchar nuevamente ese disco, y me detuve en este pedacito de poesía, cuya elocuencia me exime de cualquier otro comentario.

martes, febrero 02, 2010

Culpa y redención

Leo en un libro que me obsequió María Teresa Cibils una frase que alguna vez escribió Augusto Larreta:

"Nuestra culpa no es más extensa que el amor que no pusimos."

Se trata de una frase simple. Sencilla en su formulación, tanto como en su concepto. Y yo me pregunto cómo sería la humanidad si cada persona se detuviese a pensar por un instante en esta frase, y se dispusiese luego a poner un poco más de amor, aunque más no fuese para no tener que sentir luego mayores culpas.

Me pregunto, también, qué sucede con aquellos que, a pesar de ser capaces de cometer las peores atrocidades, no logran sentir luego culpa ninguna. Y me digo que no son humanos.

Porque de pronto pienso que es parte de la condición humana el cometer, de vez en cuando y acaso inevitablemente, actos atroces. Pero sólo puede ser verdaderamente humano quien además logre sentir su culpa más tarde. Acaso la culpa tenga en definitiva la función de enseñarnos de nuestros errores, para no repetirlos.

¿Qué sucedería si toda la humanidad tomara como base el precepto de poner una cuota mayor de amor en el momento de tomar contacto con alguien, quienquiera que sea ese otro? Es cierto: no hay modo de cambiar a la humanidad, considerada como un bloque; sobre todo en lo que ella tiene de inhumano. Pero al menos sí podemos ensayar un cambio, por sutil que sea, en nosotros mismos, en el cotidiano devenir de nuestro día a día.

Acaso la redención, para la humanidad y para cada uno de nosotros, se encuentre finalmente aquí: en algo tan simple como poner un poco más de amor.

viernes, enero 29, 2010


"No esperes para ser feliz"...

No siempre hubo Hi-Fi y compact discs. Hubo un tiempo de canciones viejas, muchas veces mal grabadas, y cuando uno escuchaba esas canciones lo hacía en algún modesto tocadiscos, o en algún obsoleto pasacassettes de mala calidad, y todo sonaba entonces tan distorsionado que por momentos era imposible comprender lo que decía la letra de aquellos temas. Y cuando uno se ponía a cantar, inevitablemente aparecían los baches, que se rellenaban como se podía y sobre la marcha, poniendo palabras propias allí donde el autor seguramente había pensado otras distintas.

De repente estoy seguro: la letra de aquella vieja canción no dice ni nunca dijo esto de "No esperes para ser feliz". El autor escribió en ese lugar otra cosa, algo que yo nunca pude escuchar con claridad. Pero a fuerza de haber cantado de chico esta letra, seguramente apócrifa, seguramente equivocada, cuando hoy a la distancia me descubro tarareando de nuevo esa melodía, aparece de nuevo ese texto inventado por mí. Y me digo entonces que es una suerte que haya existido esa época de canciones viejas, mal grabadas y peor reproducidas. Porque de pronto comprendo que la canción en cuestión no es propiamente mía, pero tampoco de su autor, y al mismo tiempo nos pertenece de alguna manera a ambos.

Y hoy ya sé que esa canción seguro dice otra cosa. Pero no puede ser porque sí que ya entonces, y hace tanto tiempo, algo me llevara a cambiar la letra, en lugar de buscar el modo de desentrañar cuál era el texto real, el que imaginó el autor, y no este oyente. Y tampoco puede ser porque sí que hoy de pronto me ponga a tararear sin darme cuenta de nuevo aquella canción, y lo vuelva a hacer con la letra así transformada. Ni puede ser porque sí que la letra inventada por mí haya sido esta, y no otra.

"No esperes para ser feliz." Algo tiene que tener esta frase, en el marco de esta música, incluso cuando su autor no lo sepa, incluso cuando él haya escrito otra cosa. Esta canción también es mía, y me dice algo que debo aprender a escuchar...

Escuchemos. Y no malgastes el momento.
Carpe diem, como decían los antiguos y sabios latinos.

lunes, enero 11, 2010

Efímero

Vaya uno a saber por qué razón, al fin y al cabo presumible, esta mañana me desperté pensando en las efémeras, esos pequeños insectos, también conocidos como polillas sin boca, que deben su nombre al hecho de disponer de una vida brevísima, limitada apenas a unas pocas horas. De allí el nombre de este insecto, pariente cercano de las mariposas, que en verdad deberíamos llamar efemeróptero, término que deriva de la palabra "efímero".

Dado que la naturaleza ha previsto una vida tan breve para este animal, el mismo carece de boca. De hecho, no posee un aparato digestivo, pues no es necesario que se alimente. Ni siquiera es conveniente que lo haga: su tiempo es precioso. No debe perderlo buscando alimentos. Sólo debe dedicarse a volar, encontrar pronto una pareja, aparearse y depositar sus huevecillos en algún lugar húmedo y cercano. Con esto estará cumplida su misión vital. Luego el día terminará, y con él la existencia de este admirable insecto.

He escrito admirable. Y en cierto sentido es cierto: nos admira lo efímero de este animal. Nos espanta el aparente sinsentido de su efímera existencia. Y sin embargo, como escribió alguien en alguna otra ocasión, "Nosotros, que tenemos estómago y más de un día por delante, a la vista de Dios tal vez duremos apenas un poquito más que la inquietante efémera."

¿Cuál será la escala que utilizaremos para calificar el lapso de vida de este insecto como efímero? Porque, en efecto, ¿no es acaso también efímera nuestra vida? Tal vez todo esté puesto en relación a los objetivos que se planteen. Claro está, la efémera no tiene tiempo de reflexionar demasiado. No puede construir una cultura, preocuparse por obtener bienes materiales, por tener buena casa, auto, trabajo, patria, familia.

Pero más allá de esto, tal vez sea justo preguntarnos: ¿será esta mariposa feliz en algún instante de su brevísima vida? ¿Será acaso esa vida en algún punto más satisfactoria que la nuestra? ¿Será la efémera sabia, por quedar fuera del marco de aquel dicho que asegura que "quien tiene boca se equivoca"? ¿Habrá en ella algún instante de conciencia que haga referencia a su propia naturaleza? Lo más probable es que no. Somos nosotros quienes reflexionamos sobre la efemeróptera. Y no hay reciprocidad alguna: ella no reflexiona sobre nosotros, ni seguramente tampoco sobre sí misma.

miércoles, diciembre 30, 2009

Para reflexionar 2

"A nadie le duele tanto el pie como cuando se lo pisan a uno."
Esto me lo dice mi amigo José María y así, con tan pocas y simples palabras, me enseña a respetar esto que me sucede.

De todos modos, también recuerdo lo que me decía Ana:
"Hay que lograr que lo mucho que nos falta no nos haga perder de vista lo mucho que tenemos."

Las grandes verdades, ya se ve, no necesitan de extensos tratados para ser expresadas con absoluta claridad. Eso sí, es necesario detenerse de vez en cuando para reflexionar un poco sobre ellas.

Para reflexionar 1

Se pregunta el maestro Ernesto Sábato, y la cuestión mucho tiene que ver con todo lo dicho en la entrada inmediatamente previa de este mismo blog:

¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría de vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.

Un programa honesto requiere ochocientos años.
Los primeros cien serían dedicados a los juegos propios
de la edad, dirigidos por ayos de quinientos años; a los cuatrocientos años, terminada la educación superior,
se podría hacer algo de provecho; el casamiento no debería hacerse antes de los quinientos; los últimos cien años de vida podrían dedicarse a la sabiduría.

Y al cabo de los ochocientos años quizá se empezase a saber cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.

Un programa honesto requiere ocho mil años...


Así las cosas, entretanto seguimos viviendo.

domingo, diciembre 13, 2009

"¿Por qué ha de ser tan imposible
saber lo que hay que hacer?"
Es curioso. De una novela de 430 páginas a mi criterio resalta esto, apenas una frase puntual de trece palabras. ¿Será que no he leído bien el resto del libro? ¿Será acaso que soy demasiado simplista?

Mi hija ayer se topó con el libro en cuestión, miró su tapa, leyó su título, que ni siquiera viene al caso ahora, y me preguntó de qué se trataba. Yo intenté una respuesta genérica, que es una novela en la que pasan muchas cosas, que es difícil resumir el argumento en pocas palabras. Pero ahora me doy cuenta de que también le podría haber dicho esto: que es un libro que entre otras tantas frases que no recordaré jamás incluye ésta, que no repetiré ahora pues ya ha quedado debidamente anotada en el comienzo de esta entrada.

¿Por qué ha de ser tan imposible saber qué es lo que hay que hacer? ¿Por qué razón esta frase? ¿Por qué precisamente ésta y no otra cualquiera de las tantas que hay a lo largo de todas esas páginas? Sinceramente no lo sé, aunque no resulta para nada complicado ensayar algunas ligazones. Por de pronto, las palabras siempre funcionan a la manera de un espejo.

¿Y por qué razón anotarla precisamente aquí, precisamente ahora? ¿Es lo correcto, acaso, estar tipeando ahora mismo estas palabras? ¿No sería mejor estar dedicando este mismo tiempo a otros asuntos? ¿O a decir acaso otras cosas? Pues de esto, precisamente, se trata: nos guste o no, a veces resulta imposible saber a ciencia cierta qué es lo que debemos hacer y qué es lo que deberíamos evitar. Curiosa condición que regula este extraño juego que es la vida, del cual desconocemos las reglas, lo que sucede antes de comenzar a jugar, y también lo que vendrá después.

Eso sí: debemos elegir, constantemente, incluso sin tener ninguna base sólida para hacerlo. ¿Cómo saber, en tales condiciones, qué es lo que debemos hacer y qué es lo que debemos evitar?...

viernes, diciembre 11, 2009

Invitación - Gloria de Vivaldi


Viernes 18 de diciembre de 2009, a las 20:30
Lugar: Iglesia San Pedro Apostol, Bermudez y Arregui (Devoto)

Gloria en Re Mayor de Antonio Vivaldi, para coro, ensamble orquestal y solistas, con la participación del Ensamble Vocal Tramacanto, Grupo Vocal In Crescendo, Ensamble Espacio Coral y Ensamble Orquestal Zauver.

60 músicos en escena. Acceso libre y gratuito.

domingo, noviembre 29, 2009

Ajenidad

La cita es de Mario Benedetti. Dice así:

"...Los recuerdos se van borrando. A veces recuerdo el recuerdo del color, peo no el color mismo. ¿Vos te acordás de todo lo que te aconteció cuando tenías seis años? ¿No te pasa que a veces recordás algo que ocurrió, pero no como evocación directa de tu memoria, sino porque el episodio viene siendo repetidamente narrado, a través de los años, por tu madre o tu padre? Al final asumís tu papel como protagonista de esa historia contada, pero no desde el interior de ese protagonismo que alguna vez tuviste."

Esto es la extrañeza. La ajenidad respecto de uno mismo. Somos nosotros, pero al mismo tiempo somos otros. Protagonistas y espectadores al mismo tiempo. Como dicen que se preguntaba Maurice Merleau Ponty: "Cuando mis dos manos se tocan, sucede algo extraordinario: ¿Es el sujeto el que toca la mano o es la mano la que toca al sujeto?" O como decía René Magritte: "Vemos el mundo fuera de nosotros; sin embargo, la representación que tenemos del mundo está en el interior de nosotros." En el interior de nosotros -añado yo-, que estamos en el interior del mundo.

De repente me pregunto cómo podrían llegar a ser las cosas si pudiésemos ver nuestras historias, y decidir por un momento el decurso de los acontecimientos que nos tienen como protagonistas, desde fuera de nosotros mismos. Enmarcados en dicha extrañeza, en semejante ajenidad, ¿quién soportaría -William Shakespeare dixit- los reveses y las burlas del tiempo, la injusticia del opresor, el rostro del soberbio, las ansias de un amor menospreciado, la dilación de la justicia, el insolente desdén de los validos, los desaires que el mérito paciente tiene que devorar...? Ya lo sé, el Príncipe Hamlet habla de otras alternativas más drásticas y funestas que las que ahora mismo yo imagino. Pero de todos modos, acaso sería una actitud prudente de nuestra parte no ser siempre tan prudentes.

Entonces de nuevo Magritte, que me dice, impugnando eso a lo cual los hombres se han apegado a tal grado, como es el propio nombre, la propia supuesta identidad: "Ningún objeto se halla tan ligado a su nombre como para no aceptar otro que le convenga mejor". Y vale para los objetos, pero también para nosotros mismos. Pero luego viene Joan Mayans, hablando de "la proyección de la propia identidad a través de un pseudónimo que se convierte en personaje y luego en alter-ego", y no puedo entonces dejar de preguntarme: ¿Quién es entonces el que todas estas palabras escribe, mientras piensa en cómo serían las cosas si se decidiera tan sólo a hacerlas de un modo diferente a como las hace, como si en lugar de ser él mismo fuese al mismo tiempo otra persona?

Benedetti habla del pasado. Yo hablo del presente y del futuro. Hablamos los dos en definitiva de lo mismo, pues el tiempo es pura ilusión. Y sin embargo una cosa es recordar y otra pensar en cómo determinaremos lo que serán nuestros recuerdos el día de mañana.

viernes, noviembre 20, 2009

El sentido de la vida

Jamás hubiese conocido a Philip Roth, probablemente, de no haber sido porque alguien decidió obsequiarme un libro suyo. Y de haberlo conocido por casualidad, probablemente no hubiese estado atento a descubrir entre sus párrafos ninguno que fuese de particular interés. Pero cuando alguien con quien uno suele coincidir en el terreno de las apreciaciones estéticas nos recomienda algo, o nos lo obsequia, como en este caso, vale la pena prestar un poco más de atención. Esto nos pasa con la literatura tanto como con la música y con las expresiones estéticas en general, incluidas también las ideologías, que como bien dice Daniel Lutzky también ellas pertenecen en buena medida al orden de lo estético. Esto no nos obliga a coincidir: siempre habrá inclinaciones personales, subjetividades, historicidades, pasiones, que nos llevarán eventualmente a disentir. Pienso en Luciano Berio como botón de muestra. Aunque todo lo dicho hasta aquí sólo sea un modo de agradecer el obsequio de este libro y justificar el que haya terminado deteniéndome en este brevísimo párrafo donde se mezclan consideraciones relativas a hombres y vacas, que habla de...

...el mandato que pesa sobre todos nosotros, tanto los seres humanos como los bovinos, los altamente diferenciados y los casi indeferenciados, de vivir, no sólo de aguantar, sino de vivir tomando, dando, nutriendo, ordeñando, reconociendo sinceramente, como el enigma que es, la falta de sentido de la vida.

Así dice. "La falta de sentido de la vida."
(Así dice. "No sólo de aguantar, sino de vivir...")

Pero me quedo pensando en esta cuesión de la falta de sentido. Entonces me digo, por ejemplo, que todo aquello que catalogamos como falto de sentido, como la vida, según lo plantea Roth, en realidad a lo único que nos remite es al hecho de que nosotros, quienes así calificamos el sinsentido en cuestión, no logramos encontrar un sentido allí. Lo cual no significa que eso no tenga, finalmente, un sentido; que sin embargo tal vez se nos escapa.

En otras palabras: ¿el sinsentido reside en lo que se observa o en la mente del observador, que juzga y no termina de comprender? Porque si de algo no cabe duda es de que siempre será más fácil decir "no tiene sentido", en lugar de "yo no se lo encuentro".

Ahora bien, ¿y qué sucede con lo que sí tiene sentido? Quiero decir: ¿no radicarán acaso esos presuntos sentidos, que a veces nos parece encontrar en ciertas cosas, también en los sujetos que analizan, más que en las cosas analizadas? ¿Habrá finalmente, en alguna parte, algo que se parezca a eso que llamamos la verdad?

Tal vez, entonces, sea cierto, y la vida no tenga sentido; pero únicamente porque el mismo concepto de sentido sea inválido.

En cuanto a mí, prefiero pensar la vida no como un sinsentido, sino en todo caso como un juego, del cual paradójicamente nadie nos ha revelado sus reglas; de manera que cada uno juega como mejor puede, pero sin saber a ciencia cierta si lo está haciendo bien o mal.

miércoles, noviembre 18, 2009

Magritte tiene razón II


PARA TENERLO SIEMPRE PRESENTE.

martes, noviembre 17, 2009

Un modo de resistencia contra la barbarie






"No leemos a otros.
Nos leemos en ellos."


Leo la frase casi al pasar, en una noticia que habla del poeta mexicano José Emilio Pacheco, quien también dice: "Sólo se me ocurre que escribimos poesía porque es una forma de resistencia contra la barbarie". Y es por cierto una hermosa frase.

Luego pienso en los poemas que más me han llegado al alma durante lo que va de mi vida. Pienso en Mario Benedetti, en Pablo Neruda, en Alfonsina, y también en aquel terrible poema de Julia Prilutzky Farny que tanto sacudió mi conciencia y mi alma durante mi adolescencia y juventud:

Yo no soy más que un grito
Y no hay nadie.
Nadie para escuchar mi voz,ahora.
Yo no soy más que un grito,
un rostro que se mira en los relojes
y no se reconoce.
Yo soy un alarido.Yo me escucho.
Yo me oigo gritar, y nadie oye.
Así, como una fiera enloquecida
mi corazón golpea contra el muro
y un pájaro asustado
late en mis sienes otra vez.
De nuevo.


Vuelvo a leerlo, una vez más. De nuevo.
Me pregunto por qué razón este poema, precisamente.
Y me digo que yo jamás he leído a Julia Prilutzky Farny.
Pero me he leído en este poema muchas, muchas veces.
Y tal vez no sea tanto lo que sugiere de oscuro,
como el hecho de querer escapar de la barbarie.
O tal vez sea un poco de ambas cosas.

lunes, noviembre 16, 2009

Un poema de alguien más...



Hay ciertos días en que me digo que este blog, que cada tanto visitan otras personas, en el fondo está hecho solamente para una. Para que algún día esa persona, para quien está escrito este blog, tenga un registro de algunas de las cosas que pasaban por la cabeza y el alma de quien hoy lo escribe. Cosas que cada tanto se plasman mediocremente en palabras, para que queden fijas en alguna parte, para que vos puedas leerlas hoy, más tarde, y también cuando yo ya no esté para decírtelas. Pero no todas las cosas que aquí te digo son necesariamente mías. O sí, porque cuando uno lee un poema, o escucha una canción, y ese poema o esa canción vibran dentro de uno, es porque ya no le pertenecen al poeta ni al cantante, sino que uno también las ha hecho a su manera propias.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


"Palabras para Julia" - José Agustín Goytisolo

domingo, noviembre 15, 2009





Releo este brevísimo pasaje de "El erotismo", en el cual Georges Bataille retoma al poeta maldito Arthur Rimbaud:

"La poesía lleva al mismo punto que todas las formas del erotismo: a la indistinción, a la confusión de objetos distintos. Nos conduce hacia la eternidad, nos conduce hacia la muerte y, por medio de la muerte, a la continuidad: la poesía es la eternidad. Es la mar, que se fue con el sol."

Yo me digo una vez más que detrás de todo erotismo, detrás de toda actitud sexual, no hay sino una manera ingenua de pretender negar la muerte. El mismo instinto que nos lleva a la procreación no es finalmente otra cosa que un vano intento por negar la realidad de nuestro inevitable final. Tal vez sea por esto que hoy, a falta de mejor cosa, dediqué la tarde a escribir un largo poema, que acabo de suprimir de la computadora, para que no quede de él memoria. Después de todo es lo mismo que sucederá tarde o temprano con nosotros. Por cierto, no era un poema erótico; aunque sí hablaba de la muerte. En resumidas cuentas, ha sido una tarde perdida.

sábado, noviembre 14, 2009

¿Es culpa del ciego vivir en tinieblas?

En una plaza, un mendigo está sentado en el suelo, al costado de un cantero. Es un día soleado y mucha gente camina cerca. El mendigo está ciego. A su lado, un triste cartón, pobremente garrapateado, implora: "Ten compasión estoy ciego". De muy poco sirve el pedido. La gente pasa alrededor sin mirar, sin ver el cartel, ni tampoco al mendigo. Cada tanto alguien arroja una moneda al pasar, sin detenerse. Otros apenas sí se apartan para no pisar al hombre. Hasta que alguien se detiene, toma el cartón y escribe otra cosa en el reverso. Este nuevo mensaje dice: "Es un hermoso día y yo no puedo verlo". Eso alcanza para que la gente cambie de actitud.

Esto es, básicamente, lo que cuenta el video que mi colega docente, Abel Vera Hidalgo, publicó esta semana en el blog que lleva adelante para seguir las clases con sus estudiantes. Lo que esta metáfora pretende expresar es que el modo en que decimos las cosas incide directamente en los resultados que obtenemos. Cuando el ciego le pregunta al hombre qué es lo que ha escrito en su cartón, este le responde: "Escribí de nuevo lo mismo, sólo que con otras palabras". Vale decir: el primer mensaje sólo expresa un sentido negativo a través de la manifestación de una carencia; el segundo le revela en cambio al transeúnte la fortuna que tiene por el sólo hecho de ver. Así el mensaje se torna positivo, y quien lo lee, al tomar conciencia de tener algo valioso, puede dar algo de lo que le sobra.

Sin embargo, lo que despertó en mí este video fue una reflexión de un orden bastante diferente. Lo primero que pensé fue que quienes tanto nos jactamos de ser pretendidamente videntes muchas veces nos comportamos como si fuésemos ciegos: no somos capaces de ver lo que tenemos a nuestro alrededor, frente a nuestras narices. Nos cuesta compadecernos, ponernos en el lugar del otro, porque ni siquiera vemos que hay otros ahí cerca nuestro.

Pero también nos cuesta ver lo que tenemos. Nos lo tienen que venir a decir de un modo brutal, para que comprendamos que lo mucho que nos falta es poco, comparado con lo mucho que tenemos. Considero que se trata, sin lugar a dudas, de una curiosa forma de la ceguera. Y sin embargo, también sigue siendo cierto que poder explicar algo es muy diferente de comprenderlo.

viernes, noviembre 13, 2009

G. S.

Dos diferencias fundamentales me mantienen a buen resguardo, al menos por el momento, de convertirme en una suerte de alter ego de Gregorio Samsa, el personaje que Franz Kafka inmortalizó a través de La Metamorfosis, una de sus dos mayores obras. La primera es que Gregorio Samsa se convirtió en un monstruoso animal de la noche a la mañana, mientras que en mi caso el cambio parece ser gradual. Y la segunda es que mientras el aspecto exterior de aquel hombre se modificó radicalmente, conservando en cambio inalterado su espíritu y personalidad, en lo que a mi respecta no parece haber grandes modificaciones en mis formas, pero el proceso está afectando ante todo y de una manera segura mi interior.

Es así como de a poco me doy cuenta de que estoy convirtiéndome en un ser desagradable. En un ser que no reconozco cuando me miro al espejo. No sabría decir, sinceramente, a qué responde esta transformación, pero tengo miedo de no poder revertirla. He aquí otra diferencia: mientras Samsa parece desentenderse del problema, y sólo tiende a preocuparse por sostener un status quo absurdo, incluso a pesar de su imposible transformación de ser humano en monstruo, yo deseo fervorosamente hacer algo. Sólo que no tengo la menor idea de qué es lo que debería hacer.

También en esto último me parezco a Gregorio Samsa, ahora que lo pienso un poco...

jueves, noviembre 12, 2009

- Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
- Nadie lo sabe.
- Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de tí?
- No lo sé.
- Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si despertara este rey, te apagarías como una vela.

El fragmento pertenece a Lewis Carroll. Aunque recuerdo haber visto alguna vez una versión sui generis de Sueño de una noche de verano de Shakespeare que terminaba precisamente con este pasaje, y a partir de entonces nunca pude dejar de asociar ambas cosas. Memoria emotiva, que le dicen.

La recomendación básica, entonces: No ser demasiado bruscos en nuestros gestos, por las dudas, para que este rey no se despierte. Ser más vale discretos y gentiles.

La reflexión paradójica: Que más allá de la inquietud que este pasaje pueda generar en nosotros, lo cierto es que Carroll lo concibe a su vez como parte del sueño de una niña llamada Alicia. Con lo cual la situación se invierte, y en realidad es Alicia quien sueña al rey que la sueña a ella... ("Como en Las ruinas circulares de Borges", comentó alguien, con mucha razón.)

Y otra cuestión más todavía (y esta idea la adopto de alguien más): Todas las personas, no por nada designadas tantas veces sujetos, somos quienes somos en virtud de los demás. Necesitamos del reconocimiento ajeno para cobrar una identidad que nos sea propia. Como en un juego de espejos, del mismo modo en que Alicia no existe sin el rey que la sueña, ni hay rey fuera del sueño de Alicia, nosotros nos reconocemos en la mirada de los demás. Pretendemos así vanamente ser individuos, cuando en verdad estamos siempre sujetos a ser el constructo imaginario de alguien más, que nos mira, que nos reconoce, que nos objetiva y nos dice quiénes somos.

Claro está, en este punto cabe tener muy presente que el resto de esta cuestión, al decir de Jean Paul Sartre, es qué logramos hacer con eso que los demás hacen de nosotros.

domingo, noviembre 08, 2009

Una cita...

"Siendo adolescente, Manuel Mandeb copió un texto de Germán Berdiales y ganó el premio a la mejor composición sobre el hornero. Abrumado por la culpa, rechazó la distinción con palabras que aún hoy se recuerdan: "Dedicamos todo nuestro esfuerzo, señor rector, a construir una sombra que a veces es engañosa. Como los magos, movemos tres dedos y producimos la ilusión de un caballo. Y en algún punto la sombra es más importante que nosotros mismos. Vivimos en tercera persona. Componemos unas conductas que aspiramos a que se proyecten como admirables para los demás. Y nosotros mismos nos convertimos en espectadores de nuestra propia vida: nos miramos el domingo a las siete de la tarde, señores padres, y nos gusta lo bien que quedamos tristes. Pero no estamos tristes. No es lo mismo estar triste que mirarnos y complacernos con la tristeza de esa sombra que somos nosotros. Ahora, ¿cómo advertir la diferencia entre lo que uno verdaderamente siente y piensa y lo que uno ha construido para esa sombra, para ese él en que ha venido a convertirse el yo? Tal vez esto mismo que estoy diciendo no es lo que verdaderamente pienso sino lo que me parece elegante pensar. No, señor rector; no admitiré que mi sombra reciba un premio." (Alejandro Dolina, "Bar del infierno")

(Citado en otro de los parciales de mis estudiantes.)
(Ya ves que se enseña tanto como se aprende....)

lunes, noviembre 02, 2009

Lo que mejor se enseña...

"¿Y vos de qué cuadro sos?" La pregunta habrá sonado cantidad de veces durante mi infancia. Y entonces la sensación de ser sapo de otro pozo, como suele decirse, cada vez que -decidiendo al fin y al cabo ser honesto- uno respondía que no, que de ninguno, porque a uno el fútbol no le interesaba en absoluto.

Fue un buen entrenamiento, que a la larga sirvió para más adelante comprender que no era necesario adscribir a ninguna bandería política, y que perfectamente podían dejarse de lado las tradiciones familiares religiosas impuestas, para abrazar un mucho más meditado agnosticismo.

Pero la cuestión tiene otros pliegues. En la primera línea del trabajo de uno de mis estudiantes encuentro esta pregunta: "Vos qué querés ser cuando seas grande?" El interrogante no va dirigido a mí, sino que es autorreflexivo. Pero a quién no le preguntaron también eso, cantidad de veces, cuando era chico. Mi respuesta habrá cambiado tantas veces con el correr del tiempo. Y lo curioso es que, ahora que lo pienso, esa respuesta jamás adoptó una forma definitiva.

Transcribo ahora parte de lo escrito por mi estudiante:

"Michel Foucault escribió en La verdad y las formas jurídicas que el trabajo, aquello que uno hace cuando crece y a partir de lo cual obtiene una ganancia, 'no es en absoluto la esencia concreta del hombre'. Luego agrega que para que la esencia del hombre pueda representarse como trabajo (y que de allí el concepto de ser pase a vincularse automáticamente con un hacer laboral) se necesita de una 'operación o síntesis operada por un poder político'. (...) De esta forma ser parecería distanciarse de lo que un trabajo puede ofrecer como caracterización."

El párrafo termina diciendo: "Un amigo que trabaja actualmente en un call-center agradece que aclare esta cuestión de antemano."

Y yo me digo entonces que también lo agradezco. Me alegra encontrar una reflexión como ésta en un parcial, y cuánto más precisamente ahora, en estos momentos en que... Dejemos la frase en suspenso y digamos que es curioso, pero que hoy mismo, a mis 43 años recién cumplidos, me doy cuenta de que desconozco qué es lo que ese niño que alguna vez fui hubiese deseado ser de grande.

Algunas cosas he llegado a ser, pese a todo. Y otras cosas he logrado hacer. Pero es bueno recordar que uno no es meramente aquello de lo cual trabaja. O que los rótulos son siempre el resultado de procesos relativos. Y es bueno leer estas cosas en el trabajo de un estudiante. Porque una vez más nos confirma que a veces lo que mejor se enseña es lo que más tiene uno por aprender.

viernes, octubre 23, 2009

43...

Estaba buscando un regalo para mi cumpleaños.
Un regalo para mí mismo, digo.

Y en el parcial de uno de mis estudiantes encontré esto:

What is Success?...

To laugh often and much;
to win the respect of intelligent people
and the affection of children;
to earn the appreciation of honest critics
and endure the betrayal of false friends;
to appreciate beauty; to find the best in others;
to leave the world a bit better,
whether by a healthy child,
a garden patch
or a redeemed social condition;
to know even one life has breathed easier
because you have lived.
This is to have succeeded.

Poco importa que el poema sea o no de Ralph Waldo Emerson.
Las ideas son lo que importa.

Más tarde me voy a poner a revisar un poco, para ver en qué medida logro cumplir con los requisitos indicados, a esta altura de mis días.

domingo, octubre 04, 2009

Adiós, Cantora...



Hacía un tiempo que no escribía nada en este blog. Pocas ganas, problemas con mi computadora, falta de tiempo... Pero hoy no puedo dejar de publicar aunque más no sean unas breves líneas, como un modestísimo homenaje a la Gran Artista que nos ha dejado.

La primera vez que escuché su voz fue en el departamento en el cual vivíamos en el barrio de Caballito. El viejo Winco reproducía -lo supe más tarde- las canciones del disco Mujeres argentinas, con música de Ariel Ramírez y textos de Felix Luna. Mi mamá tenía la costumbre de hacer sonar aquel tocadiscos los sábados y domingos por la mañana. Así conocí la voz de Mercedes, y también la de Don Alfredo Zitarrosa. También sonaban otras músicas, claro; algunas de las cuales jamás llegaron a gustarme, y es por eso que omito mencionarlas.

Con el tiempo el viejo Winco pasó al olvido. Y mi mamá a la larga dejó de escuchar música; nunca supe bien por qué razón. Pero en lo que a mí respecta la música se convirtió en un camino de ida. Y la voz de Mercedes Sosa se mezcló muchas veces entre tantas otras músicas que de a poco fueron armando una banda sonora de mi vida.

La última vez que la ví fue sobre el escenario del Teatro Colón, apenas unos días antes de que las puertas de esta sala se cerraran para unas refacciones de las cuales el futuro seguramente tendrá una triste memoria. El cuerpo de Mercedes ya estaba por entonces cansado. Su voz, inconfundible, también delataba la inclemencia de una salud que ya había comenzado a desvanecerse. Algunos criticaron que Mercedes se viera obligada a cantar con amplificación, precisamente en esa sala de tan maravillosa acústica. Era necesario; de otro modo no se la hubiera podido escuchar. Sin embargo, eso no importaba. No voy a guardar de aquella noche el recuerdo de su voz, tanto como el de su presencia mágica sobre el escenario. Desde que Mercedes entró, y hasta que su recital de canciones llegó a su fin, un ángel estuvo presente en aquella sala. Ese ángel que solamente acompaña a los más grandes artistas, aquellos que están más allá de los géneros, de las modas, de las edades, de las banderas, de los idiomas.

Hoy ese ángel ha volado. Vamos a extrañarte.

sábado, agosto 22, 2009

Apreciar lo que se tiene


Yo no sé por qué razón, pero Daniela suele cantar con sus brazos acomodados detrás de su espalda. Es una costumbre inocente, que hasta podría pasar desapercibida la mayor parte de las veces. Pero no siempre.

Días atrás, cantábamos con el coro. Preocupado yo, por cosas de la vida, incertidumbres diversas, y Daniela con sus brazos detrás de la espalda, como de costumbre. Lo que rompió la rutina fue que al terminar, unas señoras se acercaron para decirle: "¡Querida!... ¡Gracias a Dios!... ¡Habíamos pensado que no tenías brazos!..."

Hilaridad general. La broma del día fue: "¡Daniela! ¿Nos podés dar una mano?" Y juro que la anécdota es verídica. La posición de los brazos, sumada a una capa tejida que cubría justo unos centímetros por debajo de los codos, había generado para esas señoras del público la sensación visual de que aquella soprano, literalmente, carecía de brazos.

Pero más tarde, cuando ya las risas se habían apagado, se me ocurrió hacerle a Daniela la pregunta que me lleva a dejar esta anécdota anotada aquí: "¿Y por qué no podría haber sido así?"

Para decirlo de otro modo: estamos tan acostumbrados a tener ambos brazos, que nos cuesta comprender lo afortunados que somos por ello. Si una malformación o un desgraciado accidente nos hubiesen puesto en la posición de desear, como el más preciado de los bienes, tener un simple par de brazos, lo entenderíamos mejor. Como los tenemos, sucede que un equívoco como el narrado nos causa gracia. Mientras tanto, nos lamentamos por otras cosas que nos faltan, que tal vez no nos dejan ver lo afortunados que somos por lo que tenemos.

Siempre nos van a faltar cosas. Y proponer apreciar las que tenemos no es conformismo. Se trata de intentar medir convenientemente nuestras fortunas y desdichas, como para no malograr lo mucho que nos va quedando. Eso por lo cual vale la pena seguir.

sábado, agosto 15, 2009

Adiós, Amadeus 103.7


Este no es un espacio institucional. Jamás lo ha sido. Se trata de un blog personal, que refleja pensamientos y situaciones propias de alguien que, como todos, participa de diversas instituciones. Concretada esta aclaración, ahora sí digamos las palabras que siguen, que son de despedida.

Desde marzo del año 2004 y hasta ayer, 14 de agosto de 2009, mi vida estuvo íntimamente ligada a uno de los mayores proyectos culturales que ha conocido la radiofonía de nuestro país: Amadeus 103.7. Una emisora que entre sus muchos objetivos se planteó la filosofía de que la música académica, clásica o como cada quien prefiera llamarla, no es un arte destinado a los entendidos, sino a cualquier persona que esté dispuesta a disfrutar de ella. Una emisora que realizó conciertos abiertos y gratuitos multitudinarios, donde se demostró que la música puede ser el elemento común de diferentes pensamientos, ideologías, edades, creencias y extracciones sociales.

Tuve el honor, durante estos sesenta y cuatro meses, de ser partícipe de este proyecto, concretando desde la redacción, diseño y diagramación el nada despreciable número de sesenta ejemplares de la Revista de Amadeus, produciendo las Salas de exhibiciones temporarias de Amadeus, redactando las Viñetas y Dos palabras que leyeron Pancho Ibañez y Martin Wullich, dos profesionales de primerísimo orden, cargando los contenidos de textos, imágenes, audios y videos que integraron la página web de la emisora, visitada por miles de oyentes no sólo de nuestro país, sino también de los lugares más insospechados del planeta, que escuchaban la transmisión on-line de la radio.

Aprendí muchísimo en todo este tiempo. Siempre con el desafío de generar una revista, una emisora, una página web y una agenda de conciertos que estuviese a la altura de las exigencias. Y tuve el placer de saber que muchísimas personas reconocieron el valor de este trabajo mancomunado, que dirigió Santiago Chotsourian, y en el cual también participaron enormes profesionales y amigos como Fernando Pereyra, Carlos Culotta, Roberto Clemares y un grupo de locutores y asistentes que prefiero no detallar por no incurrir en la desatención de omitir el nombre de alguien.

Ayer llegó el momento de la difícil despedida. Porque siempre es difícil despedirse de aquellas cosas que supusieron la puesta en juego de una gran pasión. Y este ha sido el caso, sin ninguna duda. Otra emisora, Radio Cultura, ha adquirido el derecho de uso de la marca Amadeus, así como también la discoteca de la emisora, que se fue constituyendo durante estos años. Ojalá este nuevo proyecto fructifique. No tengo sino buenos deseos para esta nueva emisora, que viene a renovar la señal de Radio Cultura Musical 100.3, que mucha gente conoce seguramente desde hace años. Me he puesto a disposición de los dueños de esta emisora para acompañar la consolidación y continuidad de este nuevo proyecto. Ojalá se pueda.

Pero para iniciar nuevas etapas es necesario cerrar antes las etapas anteriores. Por eso estas palabras resultan necesarias. Hoy me despido de Amadeus 103.7. Uno de los proyectos más ambiciosos y reconfortantes en que he tenido ocasión de participar. No tengo sino palabras de agradecimiento para todos los que hicieron posible la existencia y sostenimiento de esta radio, que hoy pasa a formar parte, en un lugar muy destacado, de la historia de la radiofonía argentina.

Y gracias a todos aquellos que, gracias a la excusa de la radio, se convirtieron durante todo este tiempo un poco en mis amigos.

Ojalá este no sea un adiós definitivo, sino tan sólo un hasta pronto.

martes, agosto 11, 2009

Hoy quisiera ser chico de nuevo.

viernes, agosto 07, 2009

El silencio de las sirenas

“Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil mayor de su nave. Pero todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz: muchos navegantes debieron haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo; la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso. Se confió por completo a aquel puñado de cera y el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente...”

Así comienza un breve texto de Franz Kafka, titulado “El silencio de las sirenas”. Y es tan bello este comienzo, que tal vez merece que nos detengamos aquí. ¿Para qué añadir más?

Consignemos -eso sí- la frase que sigue inmediatamente a este párrafo inicial, que dice así: “Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio.”

Y no digamos más.

jueves, julio 30, 2009

Puntos de vista

El chiste aparece completamente en otro contexto, pero no importa. Me llama la atención porque da cuenta de un problema que suele acuciarnos a menudo: el de las perspectivas. Lo que se cuenta es que una persona pretende cruzar un río y por más que busca no encuentra la manera de hacerlo. De pronto observa que un vecino suyo está parado precisamente en el lado opuesto de ese río, así que le grita:

– ¡Oiga, vecino!... ¡Dígame! ¿Cómo se hace para cruzar el río?
Y entonces el otro le contesta: – ¿Cómo?... ¡Usted debería saberlo mejor que yo, estando ya del otro lado!...

Las reflexiones se las dejo a cada eventual lector de estas tan modestas líneas. Pero de pronto me parece que es como para pensarlo, este asunto de cuál sea "el otro lado".