viernes, abril 29, 2016

Identidades

Hablando de temas vinculados a la cordura y la locura, alguien me envía un mensaje que alude a aquel pasaje en el cual don Alonso Quijano, más conocido como don Quijote, asegura, literalmente:

"Yo sé quién soy." 

No obstante lo cual, todos lo sabemos, Quijano estaba más loco que una cabra. Vale decir, más loco que una cabra loca.

¿Y en mi propio caso? ¿Tengo tan por cierto quién soy yo, en definitiva, o soy también como don Quijano? La primera respuesta que viene a mi mente entonces es la que sigue, y bien podría decirse que es menos ingeniosa que cierta:

"Yo también sé quién soy: soy alguien que sabe que no está plenamente seguro de quién diablos sea."

jueves, abril 28, 2016

Indicio de cordura

Escribir poemas
acerca de la locura
a las cuatro de la madrugada
en medio de la oscuridad y el silencio
cuando todo el mundo duerme
después de haber despertado
de una pesadilla horrible
acaso eso sea el único
indicio de lucidez
de coherencia
de cierta sabiduría
o escueta señal de cordura
de la cual puedo jactarme.

Sueño 164028

La puerta de metal
Yo la golpeaba mientras gritaba
mientras gritaba / gritaba
porque otra cosa no podía hacer
así son los hospicios
gritaba y golpeaba la puerta de metal
indefenso y pequeño
y desgarraba yo mismo mis ropas
como si en verdad quisiera arrancar
mi piel mis ojos mi alma
la culpa de Edipo de Orestes de todos
y el espanto de que nadie entendiera
y que en el fondo nada de eso importase.

Recuerdo que le decía a mi padre
mientras lloraba desesperado:
Yo debería estar enseñando
a todos estos que me mandan
que aseguran que están para cuidarme
pero lo único que quieren es
que permanezca callado y quieto,
y él me miraba y asentía
y me decía que así es
que así son los hospicios.

Despertar entonces jadeando
los ojos enrojecidos
las mejillas mojadas
el alma plena de angustia
no fue más que un sueño
en el reloj no son las cuatro
y querer volver a dormir
y no poder / sentir el miedo
mirar el televisor colgado en la pared
para distraerme
para olvidar la pesadilla
y ver allí otra vez
en la pantalla encendida
el cielo cerrado del hospicio
las paredes infranqueables
la puerta de metal
y golpearla / golpearla
y rasgar mis vestiduras
y gritar, de nuevo.

martes, abril 19, 2016

La materialidad del vinilo


Un artículo publicado por BBC News (Sylent vinyl: Buying records without a record player, 14 de abril de 2016) da cuenta de un curioso fenómeno: en un contexto donde predomina el consumo de música en diferentes formatos digitales, incluso sin soporte físico, el mercado del disco de vinilo parece volver a fructificar. Las ventas del último año crecieron un 60% respecto del anterior, alcanzando niveles que no se veían desde la década de 1980.

Pienso entonces en el ritual que significaba, en otro tiempo, la compra de un vinilo, la cuidadosa elección del disco, presuponer sonidos a partir del arte de tapa, llevar nuestra flamante adquisición a casa, retirar el disco de su funda, ponerlo con cuidado en la bandeja, disponerse a escuchar la música contenida en ese curioso objeto, delicado, negro, redondo, perfecto. Colocar finalmente la aguja del tocadiscos en el inicio del surco, y después simplemente dejarse llevar por los sonidos allí guardados, hasta el preciso momento en que la púa concluya su danza, su mágico recorrido.

Sin embargo, la información del artículo entra en un punto en contradicción con toda esta mitología: al parecer la mitad de los compradores de vinilos jamás escuchan sus discos. En muchos casos los mantienen cerrados, y hay quienes incluso carecen de una bandeja en la cual poder tocarlos. ¿Será acaso una cuestión fetichista, entonces? ¿Un gesto vinculado a la nostalgia? ¿Un afán coleccionista? Una cuestión es cierta: no importa qué tan bien suene un archivo de música guardado en un pendrive o en el disco rígido de una computadora: hay allí una materialidad ausente que pone de relieve un defecto. Es cierto que la naturaleza de la música radica en ser escuchada; pero el hecho de tener en nuestras manos un objeto que corporice esos sonidos, que los contenga, supone un plus que la convierte en algo más.

Yo tengo mucha música digitalizada. Más de la que puedo llegar a escuchar, tal vez, en lo que me resta de vida. Sin embargo, sigo reconociendo la magia de un buen disco. Así como existe el "libro objeto", cuyo valor se ubica más allá del contenido del texto que encierra para extenderse sobre su materialidad, del mismo modo sucede con la música. Y acaso también con las personas, aunque esto último a veces no lo tengamos tan en cuenta.

lunes, abril 18, 2016

Sueño 160418

Llueve.
Es de noche y llueve.
Y yo acabo de soñar de nuevo con vos,
que estaba otra vez con vos
que, sin embargo,
ahora mismo estás con otro,
durmiendo con otro,
abrazada a otro,
jadeando con otro,
ajena con otro.

Soñé que estabas de nuevo conmigo,
que íbamos a ese lugar
que tanto nos gustaba a ambos,
que llegábamos hasta la orilla del lago
y era de noche,
y las aguas mansas
reflejaban maravillosa la luna,
y un rumor como de cascada,
de agua corriendo clara y pura
entre las piedras,
nos recibía,
y entonces me mirabas,
nos mirábamos,
y comprendíamos el absurdo
de estar separados,
vos lejos de mí,
lejos yo de vos.
Y entonces, claro,
ante la evidencia del absurdo
y sin decirnos mucho,
de hecho nada,
nuestros pasos otra vez se reunían.

Pero entonces despertar
despertar / despertar...
A veces las pesadillas comienzan
en el preciso momento
en que uno comprende
que estaba soñando.
Ahora mismo es de noche.
Y llueve. Y vos no estás.

Soledades

Cada persona en el mundo está sola.
Quienes pese a ello son felices, es porque no saben,
porque no toman conciencia de la abrumadora
soledad que pende sobre sus cabezas.
De vez en cuando, dos de estos seres solitarios
se ponen de acuerdo para hacer parte del camino juntos.
Creen que así estarán menos solos; pero no,
todo es apenas un espejismo estéril.
Nadie podrá jamás ocupar el lugar del otro,
sentir por otra persona dolor, esperanza o alegría.
Vivimos en medio de una ilusión:
la de estar compartiendo todas estas cosas.
Es verdad que cuando alguno hiere a alguien más
ese contacto se convierte en algo real,
tan real como una herida.
Pero incluso así, nada sabe quien hiere
del dolor que siente aquel que ha sufrido su herida.


viernes, abril 15, 2016

Noches y días iguales

I
Cuando todos los días son iguales
idénticos, indistinguibles uno del otro
cuando las horas transcurren
vanas, sin que nada suceda
y así una vez y otra vez y otra...
dormir a tu lado le da
un sentido al sinsentido
abre un paréntesis en medio
de la nada y me convierte
por un rato al menos
otra vez en alguien.
En el calor de tu cuerpo
yo vuelvo a tener
un refugio, algo
parecido a un hogar.

II
Tarde o temprano
me despierto
angustiado
y es noche cerrada
idéntica a otras noches
y estoy solo de nuevo.
Los días transcurren en vano
pero invariablemente
estoy más viejo.

lunes, abril 04, 2016

Digno tratamiento

Hijo de puta.
Pero no. Leelo de nuevo
prestando atención al detalle.
La I no debe ser una I cualquiera,
sino que debe estar bien acentuada,
quebrar el silencio con violencia,
y la Jota debe arrastrarse como
si fuesen varias y no solamente una.
El "de" puede apenas murmurarse,
no deja de ser sino un puente que
nos lleva a la Pe, muy importante,
pues hay que sentirla en los labios,
sopesarla bien, precisamente,
para que luego resuene la U,
de un modo profundo,
anticipando el restallido de
la Te, como un latigazo
de la lengua nacido
justo detrás de los dientes.

Algunas personas eligen
prolongar ad libitum la U
y/o después la A
para darle más énfasis al insulto.
Cuestión de sensibilidades y estilos.
Yo creo que se equivocan al
desestimar el rigor consonántico.
De todos modos, lo importante
es el sentimiento que
se ponga en juego al decirlo.

En paralelo a esta degustación
cabrá considerar a quién
es dirigido el insulto
y tomar los recaudos del caso
según se trate de un comerciante,
un policía, un ladrón,
un abogado, un político,
el presidente de la nación,
algún estafador de otra laya
o si el insultado ha sido uno
y en tal caso revisar por quién
y por cuáles razones,
que nadie está libre de culpas
ni de ser merecedor
de tan digno tratamiento,
pero podremos al menos revisar
nuestra conducta y corregirla,
cosa que un verdadero hijo de puta
difícilmente será capaz de hacer.

domingo, abril 03, 2016

Sueño 160403

Había un campo de tréboles. Eso lo recuerdo perfectamente. Era un campo muy mullido, y yo corría y saltaba feliz, en aquella pradera, como si absolutamente nada más importara. Y acaso jamás un sueño haya sido tan cierto. Yo estaba descalzo, y todavía tengo presente la sensación maravillosa de mis pies pisando aquellos tréboles. Cómo había llegado hasta allí, eso no lo recuerdo con exactitud. El orden de este sueño es un tanto confuso. Sé que había estado antes en una especie de ritual de iniciación, en el cual había tenido que bailar alrededor de unas piezas de madera dispuestas en el piso. En teoría eso ayudaría a ver o imaginar una dimensión alternativa del mundo, cosas que usualmente permanecen opacas, invisibles. En determinado momento comprendí que ya no estaba en aquel lugar, que de alguna manera me había ido. Quienes seguían estando allí, de seguro creerían que yo permanecía inmóvil por estar meditando, o acaso dormido. Pero lo cierto es que yo no estaba ya en ese lugar. Pensé que estaba bien dejar que se engañaran. Y también decidí que no iba a regresar. Entonces miré a mi alrededor. Allí estaba, en el campo de tréboles. Había cerca un lago, y supe que no estaba demasiado lejos del sitio en el cual mi cuerpo permanecía en trance.

Fue entonces cuando se me ocurrió que sería interesante poder verme desde afuera de mí mismo, ver mi cuerpo como si fuese ajeno, el de alguien más, y entonces tuve una duda: ¿sería yo ahora un cuerpo tangible, como antes? ¿O sería más bien una especie de espíritu incorpóreo? Decidí hacer una prueba sencilla: saludé a unas personas que pasaban cerca, que respondieron a mi saludo, con lo cual supe que yo era un cuerpo encarnado. Podían verme, podían escucharme, me respondían. Hice esta misma prueba un par de veces más, con el mismo resultado. Finalmente decidí ir hacia donde todavía estaba mi cuerpo dormido, para poder verme desde afuera de mí. El camino entonces comenzó a ser irregular: ya no estaba más el campo de tréboles, sino que pisaba ahora una tierra mal cuidada,  ríspida, con mucho barro. De todos modos seguí adelante.

No recuerdo bien qué sucedió después. Me encontré con algunas personas a las que conocía de alguna parte y me entretuve en otras cuestiones. Lo cierto es que más tarde, después de otros episodios que rememoro muy vagamente, recordé de repente mi objetivo: debía regresar al lugar del principio, allí donde había comenzado mi sueño, para poder encontrarme a mí mismo, con mi cuerpo en trance, y ver qué sucedía cuando estuviese allí, ante mí mismo, visto desde ese yo desdoblado a través del cual experimentaba ahora el mundo. Sin embargo, cuando llegué al lugar en cuestión, en el cual se suponía que debía estar todavía mi propio cuerpo en letargo, ya no había nadie. Al parecer había transcurrido un tiempo importante, aunque no hubiese manera de saber cuánto, y ya todos se habían ido. En ese momento me dije: "Resulta que ahora estoy aquí, pero en alguna otra parte hay un cuerpo que también es mío, aunque no sea yo, pero soy yo, y necesito encontrarme." En ese momento desperté. Pero de algún modo comprendí que mi sueño hizo alusión a una búsqueda que continúa más allá del universo onírico.

viernes, abril 01, 2016

Un poema - Círculos

Los círculos son hermosos
porque son perfectos:
absolutamente regulares y predecibles
ni un solo punto fuera de su sitio.
Pero para que un círculo sea perfecto
-vale decir, para que sea un círculo-
es necesario que esa línea
esa circunferencia
ese arco que se repliega sobre sí mismo
como un ouroboros magnífico
no quede librado a ningún vacío
que no haya ni un solo punto ausente
pues no es lo mismo un círculo
que una línea curva
que comienza y termina
se diría casi que con vulgaridad.
Pues bien, para que este círculo cierre
es indispensable tu presencia.
Si no estás, la armonía es imperfecta:
un círculo cromático sin amarillos,
una escala pentatónica de cuatro notas,
el yin sin el yan,
un amor incompleto
donde uno sí pero el otro no,
un apetito absurdo
que no cesa.

miércoles, marzo 30, 2016

Lo que nunca fue

Pudo haber sido la más bella
historia de amor jamás contada.
Pero no.
Un final trunco me desmiente.
Sólo guarda memoria de aquello
la impávida luna, mudo testigo
de una noche de amor inconfesable
plena de besos y caricias
ávidas / palabras y promesas
vanas / esperanzas
sin futuro ni sentido.

Yo sigo aquí.
Te recuerdo. Miro tus fotos:
estás hermosa y radiante.
Te escribo poemas y mensajes
que no te envío.
Te extraño.
En el fondo, no me resigno.
Soy un tonto, los dos lo sabemos.
Es como dice la canción:
He sembrado una esperanza
y he cosechado un olvido.

No me respondas nada, por favor.
Yo solo te escribo para que sepas
que cada tanto aún te pienso.
Pero para desalentarme
lo mejor es que no
respondas nada.
Creo que te resultará fácil.
En cuanto a lo demás
no te preocupes:
tarde o temprano
el tiempo hará lo suyo.

jueves, marzo 24, 2016

Garúa

Suena un piano. Probablemente también una percusión y un contrabajo, aunque ahora mismo yo no repare en ellos. La música simplemente suena, como si mientras sonara pudiera llenar en alguna medida un enorme vacío, y me relaja un poco, apenas lo suficiente. Entonces la voz de Minichillo, empecinado en no cantar las canciones completas, sino nada más una parte, siempre sabiamente escogida, me estremece. Qué noche llena de hastío y de frío. No se ve a nadie cruzar por la esquina. Sobre la calle, la hilera de focos lustra el asfalto con luz mortecina. Y yo voy, como un descarte, siempre solo, siempre aparte, recordándote. Y no, lo cierto es que afuera de la canción hoy no llueve. Pero de todos modos me reconozco en la metáfora que sigue, gotas que caen en el charco de mi alma, porque esta lluvia que me cala, que me empapa, que me ahoga, no viene desde el cielo, sino que nace en un lugar mucho más recóndito, íntimo, privado. Y después de nuevo el piano, que acompaña esta tensa calma, esta calma salvaje, tan salvaje como el rugido del motor del auto, que ahora mismo vuela por la autopista, por fortuna desierta, ventajas de ser noche ya entrada, calma y al mismo tiempo furiosa, cargada con la adrenalina de saber que cualquier mala maniobra podría poner fin definitivamente a todo esto, a la pena, al abandono, a la soledad, al sinsentido, a la garúa. Y el piano que suena e invita a cerrar los ojos, para disfrutarlo mejor, para que de una buena vez sea lo que deba ser, y saber que es menester resistirse, evitar cualquier desliz, cualquier error, que nos pondría cara a cara ante la nada. Y entonces gritar, gritar, gritar con desesperación, con todas las fuerzas, para despertarse, sin que nadie más escuche, porque estamos solos, y sentir que, humillando este tormento, de repente sopla un viento, que nos empuja.


sábado, marzo 19, 2016

Quizás... Tal vez... Acaso...

¿Por qué para decir algo recurrís tanto a expresiones como "supongo", "tal vez", "quizás" o "acaso"?, me pregunto de pronto hoy, como si yo mismo fuese otra persona. Y entonces me contesto: Supongo que acaso sea una manera de sobreponernos a la soberbia que tan a menudo nos conduce a creer que conocemos el mundo de un modo claro y definitivo. Una manera de recordarme a mí mismo que siempre hay un margen de error, una posibilidad de que las cosas no sean tan lineales o evidentes como a nosotros nos parecen. Y esto es algo que tal vez sea bueno tener siempre presente.

viernes, marzo 18, 2016

Bipartidismo

El sopapo revienta con violencia sobre el rostro magullado de María, haciendo saltar por el aire sus lágrimas y mocos. A cierta distancia, un grupo de gente observa el castigo impasible, como si no importara. Hasta que vos, que no sos ningún valiente y en lo posible siempre tratás de no meterte en problemas, no aguantás más e intentás interceder. No querés mezclarte en líos, es cierto, pero al mismo tiempo no podés ser un testigo indiferente de tan inusitada violencia. Pero en cuanto das un paso adelante, alguien se interpone. La gente te detiene.

- ¿Van a dejar que ese tipo le siga pegando a esa mujer?...

Te das cuenta de que hiciste esta pregunta en voz demasiado alta, casi gritando. Por toda respuesta, alguien te acusa, amenazante:

- ¡Vos seguro sos amigo de Cristian!... ¿Querés hacerte el guapo? ¡Mirá que podemos mostrarte lo que es bueno!

De repente todos han dejado de prestarle atención a la paliza y te están observando a vos. Las miradas que te dirigen están cargadas de algo muy parecido al odio. Tardás un rato en comprender. Cristian era la pareja anterior de esta chica. El también le pegaba y la sometía a vejámenes diversos. Ahora esta gente te acusa de ser su cómplice, porque al parecer existen solamente dos posiciones posibles: o estás del lado del tal Cristian, que la violentaba a su manera, o comulgás con esta bestia que ahora mismo golpea la cabeza de la chica contra una pared. El hecho de que a esta mujer en el pasado le hicieran de todo, parece invalidar el hecho de que esté necesitando auxilio ahora mismo. El padecimiento de María, que en vano llora, grita e implora ayuda, es extrañamente similar al de cierto país de Latinoamérica cuyo nombre no logro recordar.

viernes, marzo 04, 2016

RMS Titanic / Argentina


Escribo estas líneas mientras el transatlántico atraviesa el océano con todos nosotros a bordo. Se suponía que sería un viaje de lujo, pero solamente unos pocos privilegiados tienen acceso a los banquetes, las fiestas y las amenities. Los de mi clase tenemos prácticamente todo eso vedado. Pero no me quejo, pues he visto que en los niveles inferiores se hacinan como ganado otros viajeros que están mucho peor que nosotros. Desde esta cubierta algunos pasajeros de mi clase se divierten escupiéndolos. No deberían hacerlo: ya he visto varias veces cómo algunos de mis vecinos, sin mediar razón ninguna, han sido desalojados de esta cubierta y han sido llevados abajo.

Más allá de estas cuestiones, el viaje hasta aquí no ha sido fácil. Desde que zarpamos, el control del barco ha sido tomado una vez y otra por diferentes bandas de piratas, y casi todos ellos han abusado de su poder. Hace poco un grupo de rufianes que parecía haberse enquistado en el mando ha sido desplazado. Muchos festejan el cambio, esperanzados. Yo estoy sin embargo preocupado, pues veo que los recién llegados tampoco están haciendo las cosas bien. Para colmo algunos dicen que no hay botes salvavidas para todos: si llegara a pasar algo, apenas se salvarán unos pocos, y serán sin duda los de primera clase. Entre mis amigos, algunos me critican y me llaman alarmista. Opinan que hay que darles más tiempo a los nuevos mandamases. Que hay que dejarlos, que están trabajando. Ni siquiera se inmutan cuando les hago notar que hasta ahora el trabajo que han venido haciendo se ha limitado a perforar el casco del barco. Y que por los agujeros que han hecho ya ha comenzado a entrar el agua.

jueves, marzo 03, 2016

Noticias del día

Noticias del día: las mismas de siempre.
Chicos que pasan hambre,
gente que duerme en las calles,
promesas incumplidas, mentiras de ocasión,
personas que pierden sus empleos,
trabajadores a los que el mes les queda
demasiado amplio para sus escasos sueldos.
Los delincuentes de siempre siguen libres
mientras los inocentes son golpeados
o inclusive baleados, sin miramiento.
Sinceramente me pregunto:
¿Qué cosa aplauden los que aplauden?
¿Acaso son ciegos? ¿O son cínicos?
¿Quizás son simplemente idiotas?
Los músicos desafinan de tal manera
que ni siquiera un sordo podría dejar de notarlo.
Las escenografías son de cartón pintado.
Los efectos especiales ya dan risa.
En cuanto a los actores de esta burda comedia
son tan malos que ni siquiera un imbécil
podría creer en lo que están diciendo.
¿De verdad alguien les cree?
¿Qué cosa aplauden quienes aplauden?
No es posible que sean tan ciegos,
tan sordos, tan cínicos,
tan cómplices.

domingo, febrero 28, 2016

Ella en mis sueños

Anoche he vuelto a soñar con ella.
Esto ya me ha pasado antes
una vez, otra vez, y otra más.
Me dicen que debo dejar 

de pensarla todo el tiempo.
Que ya han pasado tres años
y que es tiempo suficiente.
Yo sé que quienes dicen estas cosas
tienen buena voluntad,
y hasta quizás también algo de razón.
Pero cómo hacer para olvidarla
si durante las noches ella llega y me visita
y vuelve a sonreírme como antes,
cuando todavía éramos nosotros.
Después, cada mañana,
me despierto,
me levanto,
me visto,
desayuno en soledad
y dejo de saber quién soy.

viernes, febrero 26, 2016

V.G.A.

Sueña tu sueño esquivo,
Tántalo caprichoso que sacia su sed con sus lágrimas.
Teseo sin esperanza, Orfeo condenado,
Odiseo sin derrotero a su hogar.
Sueña tu sueño esquivo, peregrino.
Sueña. Duerme. Descansa.
Ha pasado tu vida en el olvido,
Han quedado tus días enterrados en el silencio.
De ti no habrá memoria, de tu nombre no se hará mención.
Sueña, soñador antiguo,
en mis brazos de alabastro.

Alguien escribe esto. Y no sé si estos versos hablan acerca de mí, o acerca de quien los escribió, o si acaso no se refieren a ambos.
Como poesía es bella. Como realidad... ¿Nunca es triste la verdad?
Lo que no tiene es remedio.

martes, febrero 23, 2016

Sueño 160223 - Aguas

¿De dónde vienen los sueños? La pregunta es retórica. Podría articular una respuesta fácilmente, haciendo referencia a los contenidos del inconsciente, a los miedos, a los deseos reprimidos, pero tal respuesta solo podría ofrecerme una satisfacción intelectual. No me serviría para calmar mi verdadera inquietud. Lo cierto es que suelo tener sueños intensos, de los cuales despierto a veces muy agitado. Hubo una época en la que incluso tenía miedo de dormir, por temor a los sueños que pudiesen presentarse. Con el tiempo logré superar ese temor, pero no cierta dificultad para separar con claridad la realidad de la fantasía onírica. Anoche volvió a pasarme:

Estábamos de visita en casa de mi amigo Luis. No es raro, pues hace poco estuve allí. Ya era tarde y sus dos hijos se estaban por ir a dormir. Yo le preguntaba si tenia una computadora, para mostrarle unos trabajos que estaba haciendo y debía enviarle. La madre de los chicos (la última vez que fui a su casa supe que están separados, pero en el sueño no lo estaban) me conduce entonces al cuarto de uno de ellos, donde veo que hay un monitor (en realidad la computadora en la casa de Luis está en otra parte, en el comedor de la casa), pero entonces escucho que el hijo menor protesta: dice que él quiere irse a dormir, y yo comento entonces en que no tiene sentido molestarlo, que mandaré todo por mail más tarde, al llegar a mi casa. Porque además en ese momento me doy cuenta de que en realidad no sé qué cosa podría mostrarle, pues los trabajos en cuestión no están subidos a Internet, sino que los tengo en la computadora de mi casa.

Nos disponemos entonces a irnos. En el ínterin veo que hay un montón de cosas tiradas en el piso: cuadernos, papeles y muchos marcadores y lápices. Intento recogerlos, pero en el piso, de madera, hay algunas grietas, y varios lápices caen a través de ella. Miro y veo que abajo hay como un sótano. La luz de ese sótano está encendida y puedo ver cómo allí, sobre un piso de madera idéntico, se acumulan cosas. Adivino que muchas deben haber caído desde donde estoy, a través de esa hendidura. Insisto en querer acomodar los lápices, poniéndolos ahora sobre una silla, pero vuelven a caerse y alguno que otro rueda y se suma a los que ya han caído al piso de abajo. Finalmente desisto. De todos modos ya nos estamos yendo. Cuando ya me dirijo a la salida, y en el propio sueño no termino de entender bien de qué se trata, algo cae de mis manos, y al chocar contra el piso se convierte en un montón de pequeños bichos, que salen corriendo. Alguien me dice que son arañas de cristal, pero yo veo claramente que no lo son: esos bichos no son arañas, sino más bien unos insectos grises parecidos a pequeñas garrapatas, y tampoco son de cristal: están vivos, y corren por el suelopara enseguida esconderse. Miro mis manos, para verificar que no tenga encima ninguno de esos bichos. Mis manos están sucias, pero bichos no hay, lo cual me alivia.

Salimos y ya en el pasillo le pregunto a Luis por ese sótano, convencido de que forma parte de su casa e intrigado por el hecho de no haber reparado nunca antes en él. Imagino inclusive el gran ambiente que podría hacerse allí, pero Luis me dice que esa no es parte de si casa, sino que allí es donde vive el Lobo. Al parecer el Lobo no es un animal, sino un hombre. Lo único que me aclara al respecto es que el Lobo no está casi nunca, pero que él sabe cuando viene porque una cantidad de moscas anticipan su llegada.

Ya en la calle me comenta que alguna vez quiso comprar ese sótano, para hacer una pileta, pero que al final la compra no se concretó y que alguien más hizo una pileta en otra parte. Yo no le presto demasiada atención, porque veo que en la esquina la calle está completamente inundada. Observo el suelo y calculo por dónde podré saltar de la vereda a la calle sin mojarme. Ya en la vereda contraria hay todavía más agua, pero alcanzo a ver un cordón, donde debería estar la línea de la edificación. Puedo caminar por allí, haciendo un poco de equilibrio. Tengo que esperar que no pasen autos, pues recién, al pasar uno, el cordón ha quedado tapado por el agua. Pero ahora no viene ningún coche y entonces me atrevo a avanzar.

Me pregunto entonces por Daniela, la madre de mi hija, cómo se las estará arreglando con su pie operado, pues todavía le cuesta caminar. Veo que ya está más adelante, junto con la madre de los hijos de Luis (que ahora ha pasado a ser Claudio, el padre de Ivana, la mejor amiga de mi hija). En realidad no la veo a Daniela, sino que la escucho reírse. Se ríe porque en la vereda de enfrente algo ha sucedido con mi hija. No entiendo bien qué fue lo que pasó, pero lo cierto es que está ella con Ivana. Las dos tienen en la mano algo así como unos aros hawaianos y evidentemente están discutiendo. Se nota en el gesto grave que ambas tienen que la discusión es desagradable, pero Jéssica además acaba de hacer algo malo: ha golpeado a Ivana con uno de esos aros, que se ha roto. Me llama mucho la atención, pues Jessica no suele tener esos arrebatos, y mucho menos con su amiga. De pronto me siento muy incómodo, porque es evidente que la situación entre ellas se ha salido de control. Imagino lo mal que se deben de estar sintiendo por estar metidas en esa pelea que no pueden controlar.

En ese momento, en medio del forcejeo, entiendo que se van a caer al agua. Le doy entonces a Luis (a Claudio) lo que llevo en la mano (me doy cuenta en ese momento que ni siquiera sé qué es), al mismo tiempo que veo que se caen, ya sin más remedio; pero lo que debe ser apenas un charco es evidentemente más profundo, pues el agua las tapa. Yo continúo entonces mi movimiento (es como que todo esto sucede en un mismo y único movimiento), que me lleva a meterme al agua para ayudarlas a salir. Alcanzo a tocarme los bolsillos del pantalón y pienso que tengo los documentos, que van a arruinarse, pero me digo que no importa, aunque todavía todo es más un gesto de cariñosa atención que de verdadera urgencia, pues el agua no puede ser tan profunda, y sin embargo no logro verlas. Al entrar al agua, también me tapa a mí. Además es agua barrosa y no alcanzo a ver nada, pero estiro la mano y logro tocar a las chicas. Las agarro y tiro entonces con todas mis fuerzas hacia arriba. Siento que consigo alzarlas, pero sigo sin embargo con mi propia cabeza debajo del agua. Repito entonces mi tirón hacia arriba, y siento que las alzo, pero así y todo seguimos los tres debajo del agua. Al tirar por tercera vez, con el mismo resultado, me doy cuenta de que estamos en un problema, que si no logro salir con ellas a la superficie vamos a ahogarnos, y no comprendo por qué razón es que no logro salir, pero empiezo a desesperarme.

Alcanzo a darme cuenta de que en verdad no me desespera la posibilidad de morir ahogado yo mismo, sino el no poder llegar a rescatar a las chicas. En ese momento me despierto sobresaltado, con un grito y llorando.

Cuando me dispongo a escribir todo esto, para no olvidarlo, me vino a la mente un sueño anterior, que tuve varios meses atrás. En aquel otro sueño iba yo caminando con Daniela por un prado, estando ya separados. Recuerdo todavía la sensación de beatitud que sentía, mientras caminábamos en paz los dos por ese campo, en un día soleado... A lo lejos podían verse los cascos de unos grandes barcos abandonados, y yo le explicaba a Daniela que alguna vez esa llanura había sido un mar. Recuerdo también que yo caminaba hasta un árbol enorme, ubicado en el borde de un acantilado, y que desde allí veía un paisaje increíble: las raíces del árbol se perdían hacia abajo, al mismo tiempo que a lo lejos se avistaba el horizonte. Yo la llamaba entonces a Daniela, para compartir ese paisaje con ella, pero al acercarse (también esta escena fue todo en un único y lento movimiento) yo apenas alcanzo a decirle que tenga cuidado, cuando ella tropieza y, por más que yo intento atajarla, ella cae entre las raíces del árbol, que tanto daban al precipicio como al viejo mar. Entonces me tiro de cabeza detrás, intentando alcanzarla, pero no lo logro, pues ella cae demasiado rápido, en medio del agua o del aire. También en ese caso me desperté gritando y llorando. Pero ese sueño volvió a mí en otra ocasión, estando despierto: fue en el recital de David Gilmour en Buenos Aires. Durante una canción pasaron un video donde alguien flota en una pileta, y después se hunde, y yo de pronto volví a ver las imágenes de aquel sueño, y me puse a llorar, movido por una angustia desesperante, en la cual lo irreal no tenía las habituales fronteras de separación con lo que es verdadero. Jessica, que estaba conmigo, se dio cuenta de que algo raro me pasaba. Daniela jamás supo nada, ni de aquel episodio ni de mi pesadilla.

No puedo dejar de notar que se repite la constante del agua, el ahogo del ser amado, la imposibilidad de salvarlo y el hecho de morir juntos, pero estando radicado el drama en la muerte del otro, y no en la mía propia. Acaso tenga que ver con viejas historias trágicas, ajenas y a la vez demasiado cercanas. Algo me quieren decir estos sueños, y yo no consigo terminar de comprenderlos.

lunes, febrero 22, 2016

(sobre)vivientes

Escribe Arthur Clarke en el prólogo a 2001: Una odisea espacial:
"Tras cada hombre viviente hay treinta fantasmas; tal es la proporción numérica en que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, unos cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo cercano, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, hay una estrella en ese universo." 

Y hoy en un lugar de Facebook, alguien llamado Horacio Montes Benitez, a quien no conozco, escribe esto otro:
"Hace ya un tiempo que el tema de la muerte me atrae, me inquieta. Tal vez sea porque soy un convencido ateo, y a medida que se acerca el final me siento en la obligación de dedicarle más tiempo a pensar en ello. Recogí datos de aquí y de allá, y encontré estos interesantes números: 7.385.000.000 (7.385 millones) es la cifra que está alcanzando la población mundial. Cada tres segundos mueren cinco personas. Cada tres segundos nacen doce personas. Una estimación aceptable de la cantidad de seres humanos que han nacido a lo largo de la vida del planeta Tierra es de 135.000.000.000 (135.000 millones). Nos contamos entre el distinguido y afortunado 5,5% de sobreviventes de ese total; pero no será por mucho tiempo."

Me pregunto, simplemente, qué deberíamos hacer con estos datos. Y en particular con la evidencia última del segundo texto: el hecho de estar entre un cada vez más escaso 5,5% y el saber que esto no será por mucho tiempo más, pero mientras tanto.

jueves, febrero 18, 2016

Improbabilidades

"Cuando piensas en la roca, es una roca. 
Cuando no piensas en la roca, sigue siendo una roca."
(Proverbio zen) 

A través del presente declaro
que yo, lo mismo que otros,
no creo en vidas pasadas,
como tampoco creo
en la honestidad de los políticos,
ni en la existencia de un dios,
ni en la libertad de quien
libremente decide ser esclavo.

Por lo demás sostengo,
ante quien quiera escucharme,
que es más difícil dudar que creer.
Pues en la fe reposa, muchas veces,
un convencimiento conformista,
que de todas maneras calma.
Hacerse cargo de la incertidumbre,
en cambio, exige cierta valentía.

Pero he aquí, sin embargo,
algo que considero interesante:
el hecho de que yo no crea
en estas cuestiones ni en otras
igualmente indemostrables,
improbables, casi absurdas
para mi corto entendimiento,
no cambia en nada el que,
si acaso y pese a todo
algo de todo eso es,
pues que entonces
siga siendo.


viernes, febrero 12, 2016

Los unos y los otros

Ellos son los diferentes
los distintos
los que no pudieron
no supieron
o no quisieron
ser como los demás.

Ellos son los que
con su sola presencia
generan inquietud
algo parecido al miedo
en ocasiones
un rechazo que
no siempre se distingue
de la repugnancia.

Si se los tolera
es por lo que ya se sabe:
son necesarios los pobres
para que existan los otros
esos otros que mandan
esos otros a los que
nunca les faltará nada.

El diferente sirve
también como referencia.
Comparándose con él
otros celebran contarse
aun entre los iguales.
Es como quien ríe del loco
para luego verse al espejo
y llamarse a sí mismo cuerdo,
aunque no sea verdad.

Pero que se tolere al distinto,
al raro, al diferente,
al demente, al poeta,
o que incluso se lo necesite
no significa que
se lo acepte sin más.

A los distintos
se los mantiene a raya
a golpes, o a balazos,
o de cualquier otro modo
para que no se atrevan
a soñar absurdos
como llegar algún día
a ser como los demás.

jueves, febrero 04, 2016

De ignorancias y debilidades

Quien no conoce, ignora; vale decir, es ignorante. Sin embargo, al mismo tiempo puede decirse que sólo quien sabe que ignora es realmente sabio. Pues el otro, convencido de que no necesita conocer nada más, no persigue ninguna nueva certeza, ni tiene tampoco manera de desprenderse de sus errores. Del mismo modo, quien llora puede en algún sentido ser considerado débil, pues le duelen cosas que a otros no; y sin embargo se revela fuerte al aceptar con valentía su propia fragilidad. Y quien duda, vacila o cambia de opinión, acaso es en realidad lo suficientemente decidido como para darse la chance de tener un criterio dinámico y propio. Etcétera. Todo puede ser apreciado de diferentes maneras, según la intención o el alcance de nuestro a menudo limitado punto de vista.

martes, febrero 02, 2016

Excalibur

La espada hiere la piedra.
A decir verdad, ya no la hiere,
pero permanece incrustada en ella,
evitando que la encarnada herida cierre.
¿Habrá quien pueda retirar el viejo acero?
¿Podrá alguien llegar y con solo una mirada,
una caricia, una plegaria, un silencio, un beso,
revertir todo el dolor de las cosas que no fueron?
¿Renovar la razón de la mucha vida que aun queda?
¿Hacer que vuelva a salir el sol, compartir un ocaso?
Imagino entonces tus ojos, y me pregunto
qué sucedería si fueses vos esa persona,
de quien hasta aquí todo desconozco.
Ni siquiera sé cuál sea tu nombre
ni adónde podría encontrarte,
como no sea en mis sueños.
Y pese a todo deseo decirte
que no quisiera yo perderte
antes de haberte encontrado.

domingo, enero 31, 2016

Sabiduría

Reconozco mi enorme falta de sabiduría. Así y todo, percibo en ese reconocimiento ser más sabio que muchos otros, que pretenden hacerse llamar a sí mismos sabios.


viernes, enero 29, 2016

Listas

Hay personas que hacen listas. Listas de lo que deben comprar, de lo que deben leer, de lo que deben hacer antes de morirse, confiando que el tiempo les resultará suficiente. Pienso entonces en la conveniencia de anotar, en mi lista de cosas pendientes, la necesidad de hacer esta clase de listas. Pero mis listas son mentales. Y por ende tienen la ventaja (y también la desventaja) de desmaterializarse a gusto, de acuerdo a las circunstancias.

jueves, enero 28, 2016

Momentos

No importa cuánto sea el tiempo.
Una semana, un mes, un año, una década...
La vida es una sucesión de momentos.
Y cada momento nos acerca al final.
Pero es en cada uno de esos momentos
donde la vida se justifica a sí misma.


miércoles, enero 27, 2016

Diarios de Alejandra

"La mayor parte de mis sufrimientos derivan de que jamás fui insustituible para nadie", escribe Alejandra Pizarnik en un pasaje de sus Diarios. Y yo la entiendo. Pero de pronto me parece que hay algo más grave que no ser insustituible. Que sería sentir que ni siquiera se ha sido -o que ni siquiera se es- lo suficientemente importante.

martes, enero 26, 2016

Lo indecible

De un tiempo a esta parte
vengo hablando dormido.
Lo sé porque me lo han dicho,
pero también porque
yo mismo me escucho a veces
balbucear durante la noche
incomprensible
en medio de la oscuridad.
En realidad es eso:
básicamente un balbuceo,
jamás palabras claras
ni un discurso definido,
pero allí está esa necesidad
casi compulsiva por hablar
que vuelve una vez y otra y otra.
He llegado a la conclusión de que
en la legítima lucidez del sueño
lo que hago es buscar palabras,
esas palabras inefables,
que todavía no existen
y no han sido pronunciadas jamás
que me permitan decir de algún modo
aquellas cosas que de otra manera
permanecerán eternamente en silencio.
Ah, la angustia de que no existan palabras
que permitan manifestar lo indecible...

lunes, enero 25, 2016

Errores

Algo mal he venido haciendo en este tiempo.
La prueba está en que me he enojado con la vida
y en lugar de agarrármela con ella, como correspondía,
le he tirado una patada a una pobre silla
que nada tenía que ver con el asunto
y tras volar por los aires ha quedado maltrecha,
como el pulgar de mi pie derecho, negro y dolorido.

Algo mal estoy haciendo, en serio.
De lo contrario no se explica, por ejemplo,
que las llaves de mi auto aparezcan adentro del lavarropas
o que por mucho que me empeñe en buscar,
de mi par de zapatillas, de la noche a la mañana,
apenas una aparezca, pero jamás jamás jamás la otra.

Algo mal he venido haciendo en todo este tiempo,
pues he intentado escribir poemas que hablan
de mi dolor, de mis angustias, de mi enorme miedo
ante la soledad, la decadencia o la muerte,
pero la gente los lee y sonriendo comenta:
"¡Ah, sí que son bonitos!..."

Algo mal he venido haciendo, en definitiva,
durante todo este tiempo.
De lo contrario no se explica
esta sensación de insatisfacción permanente
ni esta certidumbre aciaga de estar
haciendo siempre todas las cosas mal.

domingo, enero 24, 2016

Lucidez y locura

"Yo estoy muy bien de la cabeza", escucho que afirma alguien por ahí. De inmediato pienso que la frase no deja de tener cierta cuota de soberbia. También me digo que yo no me atrevería a decir lo mismo de mí, pues de seguro no sería verdad. Pero también pienso que es necesario estar mínimamente lúcido para poder darse cuenta de que no se está bien. Está muy mal, en cambio, quien ni siquiera puede darse cuenta de su verdadero estado de locura.

martes, enero 19, 2016

De nuevo II

Para arreglar el presente alguien me aconseja
que me deshaga del lastre del pasado.
La idea no parece ser mala,
y entonces me digo que
para empezar otra vez desde cero
tal vez debería sentarme al costado del sendero
y quitar esta piedra que se ha metido en mi zapato,
así podré continuar el camino más liviano.
Pero claro, una vez que quite esa piedra
quedará el agujero que ella hizo en mi suela
como un fatal recordatorio del pasado,
así que para comenzar de nuevo
auténticamente desde cero
tal vez debería quitarme el calzado
y abandonarlo a un costado allí mismo,
después de todo llegamos al mundo descalzos.
Pero la piedra ha lastimado mi pie,
y esa herida me recordará constantemente
el calzado, la piedra y mis muchos días
y muchas noches de fatigosa caminata.
Pienso entonces que tal vez debería
detenerme y esperar que esa herida sane
antes de continuar mi camino.
Pero aun curada la herida quedará una marca,
y también la memoria implacable
de las cosas que han sido.
Para comenzar todo de nuevo de cero
debería perder la memoria,
y mi historia, y mi nombre,
y tendría que nacer de nuevo
para dejar así de ser yo
y pasar a ser un otro,
alguien desconocido y ajeno
que nada tendrá que ver conmigo.

He de seguir caminando, entonces,
por mucho que me moleste
esta piedra en mi zapato.

Pandora

Sería muy fácil culpar a Pandora
por todos los males que sufrimos.
Es verdad, ella fue la imprudente,
fue ella quien con sus bellas manos
levantó la tapa del cofre prohibido
dejando en el acto escapar las
muchas penurias que en su interior
aguardaban para atormentarnos.
Pero cómo podríamos culparla,
si Zeus la creó para eso,
para que fuese imprudente,
para que desobedeciera,
para que no pudiese controlar
sus tan humanos impulsos...

Pero además, si deseamos ser justos,
en el caso también podría culparse
al impetuoso Epimeteo,
a quien su hermano le advirtió
con gran claridad de palabra
que no se dejase seducir
por la belleza de aquella mujer,
que no la aceptara en su casa,
ni a ella ni obsequio ninguno
que ella llevara consigo.

Pero cómo culpar a Epimeteo,
sin embargo, cuando su hermano
no fue precisamente cauteloso
a la hora de decidir robar
el sagrado fuego del Olimpo.

Así somos.
Nos complace culpar
o en ocasiones culparnos
sin comprender que ninguna
de estas dos actitudes
resolverá absolutamente nada.
La tormenta está aquí.
No queda más que enfrentarla.
Así, solos, como estamos.

Post Scriptum:
Y una última cosa.
La cuestión de si lograremos o no
atravesar la tormenta en cuestión
no es un problema real
porque nosotros somos la tormenta.

Acotación

Me había propuesto dejar de escribir poemas. Al menos durante un tiempo. Pero no puedo. Las palabras se organizan solas así, como en versos. Pero no quisiera engañarme: no es ninguna virtud. Por un lado porque escaso mérito tienen mis palabras, consideradas desde un punto de vista poético. Y por el otro, porque más bien se trata de una limitación, de una imposibilidad de lograr que las palabras digan algo de algún otro modo, en otra forma. Más allá de esto, mucho me temo que poco importe demasiado el asunto, dado que tampoco hay nadie para leerlas, al margen de la forma que adopten. Si insisto empecinadamente en dejar todas estas palabras por aquí, es más que nada para que no me sigan apuñalando desde adentro.

De nuevo

Comenzar todo otra vez desde cero.
¿Desde cero? Bueno, en realidad
jamás es otra vez desde cero.
La mochila siempre conserva cosas,
por más que uno insista en vaciarla.
Las heridas tarde o temprano cierran pero
quedan las cicatrices, encallecidas.
La soledad se ha hecho presente
de nuevo, pero no es la misma.
¿No es la misma?
Bueno, a decir verdad
soledad es siempre lo mismo.
El mismo vacío,
la misma vana espera,
la misma angustia.

lunes, enero 18, 2016

Irse

Imaginá por un momento que
cada latido de tu corazón te duela.
O que la sangre, al circular por
el interior de tus venas cause
un ardor insoportable,
un malestar que no cesa.
Cuando hay una herida abierta
alcanza a veces con quedarse quieto
para distraer un poco el dolor.
Pero en este caso no sucede así.
No hay un momento de paz.
La tortura no se detiene.
Por supuesto, hay instantes
en los cuales emerge cierta ilusión,
como un sutil adormecimiento.
Pero en cuanto uno chequea, ahí sigue
la náusea, la sombra, el espanto,
listos para atormentarnos,
o acaso para redimirnos.
Qué hacer, entonces.
Cómo escapar.
Hay días en que uno
desearía mejor entregarse,
dejar de luchar e irse.

Crisis II

Derrotado.
Absolutamente vencido.
Definitivamente cansado.
Resignado, también.

Todo lo que tenía por hacer por aquí lo he hecho.
Lo que queda ahora no es más que
un tiempo de descuento.
La vida resultó ser mucho menos cosa
de lo que yo esperaba de ella.
Ha tenido sus momentos memorables,
seguro que sí, pero en general
no ha sido nada extraordinario.
Daría acaso lo mismo que
no hubiese sido nada en absoluto.

Es por todo esto que he decidido acabar con mi vida.
Aunque la verdad me da lo mismo hacerlo ahora
que dentro de un par de horas, o de días.
Y entonces claro, quién podría saber
qué cosas extraordinarias
podrían acontecer en el curso
de esos dos días
o en esas dos horas.
Solo hay una manera de saberlo.
Y es dejar que ese tiempo transcurra.

Solo la curiosidad podría mantenerme vivo.
El tedio es mi enemigo mortal.

domingo, enero 17, 2016

Crisis I

Las palabras,
perras negras decía el poeta,
son lo único que me queda.
Ellas se adelgazan
muchas veces
hasta perder el sentido.
Sin embargo dicen,
de verdad dicen
aunque nadie las comprenda,
apenas yo.
Soledad, entonces.
Es como estar sordo ciego mudo.
Un temblor repentino
anuncia el devenir de la tormenta.
Estoy solo
solo yo con mis palabras
y mi angustia y esta culpa
los crímenes inconfesables
y la jaqueca recurrente
y este vértigo feroz.
Y las palabras, perras negras,
que no alcanzan para decir nada.
Entonces ceden finalmente
su espacio al blanco
silencio.

sábado, enero 16, 2016

Los otros

Hay una calle llena de árboles. Cosa rara, porque cada vez quedan menos. Pero en esta calle los árboles todavía están. En otoño, caen las hojas. Un vecino, obsesivamente pulcro, sale entonces con su escoba y barre su vereda, pues no tolera verla llena de hojas secas. Las veredas de sus vecinos no las toca, pues considera que no son asunto suyo. Sin embargo, tarde o temprano soplará inevitablemente el viento, y las hojas depositadas en las veredas vecinas estropearán su tarea. La conclusión es simple: con cuidar la vereda propia en ocasiones no alcanza. Es necesario también considerar a nuestros vecinos, hablar con ellos, ponerse de acuerdo, y ayudar a aquel que queriendo barrer sus hojas acaso no puede hacerlo. Esto aplica a cualquier dinámica social. El otro nunca es alguien ajeno del todo a nuestros asuntos. El otro forma parte de un mismo entramado social. Ignorarlo es ignorarnos.

sábado, enero 09, 2016

Tip

Para acercarse a una verdad,
pocas opciones son tan desaconsejables
como enrolarse en un bando.

No importa cuál sea.

miércoles, enero 06, 2016

Día de Reyes

Solo tengo una certeza: cada día dudo más de casi todas las cosas.

lunes, enero 04, 2016

Buda y la impermanencia

Cuentan que Buda paseaba una tarde tranquilamente, cuando un monje, acaso celoso por la fama del Maestro, le arrojó una piedra que por fortuna no llegó a golpearlo. Buda se dio cuenta, pero continuó con su paseo como si nada hubiese sucedido. Al día siguiente, el monje se cruzó con Buda y éste lo saludó con afecto. Sorprendido, el hombre le preguntó: ¿No estás ofendido conmigo? Buda aseguró que no. Consciente el monje de que Buda lo había visto arrojarle la piedra, insistió: ¿Pero por qué, cómo es posible? Y Buda explicó: Sucede que tú ya no eres quien arrojó esa piedra, ni yo soy quien estaba allí cuando me fue arrojada.


Este blog se había convertido en un cementerio de poemas. Ya lo dije, creo, en alguna otra ocasión. Es bueno que hoy deje aquí esta enseñanza, entonces, para variar, que tiene un sentido mucho más profundo del que pareciera tener a primera vista.

viernes, enero 01, 2016

Mark Twain

"Es más fácil engañar a la gente que hacerle notar que ha sido engañada", escribió alguna vez Mark Twain.

El panorama político en la Argentina demuestra cabalmente la veracidad de esta sentencia.

lunes, diciembre 28, 2015

Felicidad

"Van a ser inmensamente felices", leo que augura alguien en algún lugar de Facebook a una pareja que no conozco, pero que al parecer ha decidido casarse o algo por el estilo. Interiormente me digo que es una ingenuidad. Hace rato he dejado de creer en la felicidad eterna. Pero de inmediato me corrijo: nadie ha dicho que inmensamente feliz sea para siempre. Tal vez sean inmensamente felices un tiempo, y después pasen a otra cosa. Pero esto no quita que durante ese tiempo hayan logrado conquistar una felicidad inmensa. Entonces me doy cuenta: también yo, eterno melancólico, he sido y no una, sino muchas veces, inmensamente feliz. Y hoy de repente me pone feliz darme cuenta de eso.


domingo, diciembre 27, 2015

Uno

Definitivamente
Uno siempre es uno
Y al mismo tiempo muchos
Innumerables
Irrepetibles
Uno es padre y es hijo
y si no llegamos a santo
para compensar
tampoco somos demonio
en el peor de los casos
apenas pobre diablo
que no es tan grave
En definitiva
uno es ser humano
con todas sus contradicciones
sus anhelos y temores
alguien que se enamora
y se equivoca
alguien que ríe a veces
y otras veces llora
y se consuela en soledad
escuchando Mozart
y ante su incapacidad manifiesta
para componer un Requiem
escribe modestos poemas
apenas unas pocas
palabras sueltas
que acaso alguna vez
lleguen al corazón de alguien.

sábado, diciembre 26, 2015

Días extraños

Hay días extraños, tormentosos y oscuros,
jornadas en las cuales una eternidad incierta,
ajena y sin nombre, nos alcanza y nos agobia
como un temor profundo, sin contornos ni formas,
en cuyo seno incluso los habituales murmullos
se llaman a silencio y uno espera en vano,
pues estamos solos y nadie viene.



viernes, diciembre 25, 2015

Deseos

Alguien me ha dicho hoy, con buena voluntad:
"Que se cumplan todos tus deseos".
Ha sido un buen deseo de su parte;
o tal vez no lo haya sido tanto.
El asunto es que, puesto a desear,
yo deseo que Dios me perdone
por desear la muerte de cierta gente
que quizás no lo merezca
tanto como la de otras que sí.
Y deseo también que más tarde
me disculpe Dios si me arrepiento,
una vez que haya cumplido mi deseo,
se entiende; y no me refiero al del perdón,
sino al de ser mi obediente verdugo,
que después de todo yo habré deseado
pero habrá sido su magnánimo brazo
el que haya cometido el divino crimen.
De seguro más tarde me arrepentiré,
como corresponde,
por haber deseado un mal,
lo que no quita, Señor, que obres tu milagro
y te lleves a esos que te he señalado,
por favor no me defraudes,
llévatelos para siempre que yo
te encenderé luego una vela
y también honraré tu nombre,
te lo juro por Vos mismo,
y seré tu hermano de sangre
de la sangre derramada de esos,
inocentes o no tanto,
que de la culpa nadie está libre,
ya ves, ni siquiera nosotros,
y en definitiva el detalle poco importa.
Felicidades.
Que se cumplan tus deseos.
Los que no sean contrarios a los míos.

miércoles, diciembre 23, 2015

Silencio












Incluso en medio del desierto,
cuando todo en torno parece
no ser más que desolación,
la vida prosigue, insiste,
se impone como puede,
y se celebra a sí misma
en un callado silencio.

viernes, diciembre 18, 2015

Abismo

















Que caiga sobre mí la negra noche
y la triste soledad que todo lo hiela.
Que llegue el desdén de las gentes
y ese horror del que hablaba Chéjov
de que la vida pase así, como
si uno no hubiese vivido.
Que vengan hacia mí todos los males,
que ninguno será peor que
el de vivir así, ajeno a todo,
el de morir sin que te enteres,
el de imaginarte feliz gimiendo
entre los brazos de otro hombre
mientras mi propio cuerpo cae
en el vacío del abismo interminable
pero al mismo tiempo tan breve
como la vida misma.

miércoles, diciembre 16, 2015

Muñeco roto



Qué es lo que está mal en mí
sinceramente no lo sé.
Pero hay algo que no funciona,
algo que definitivamente se ha roto
en algún lugar, adentro mío.
Un cortocircuito.
Algún falso contacto.
Un engranaje que se atasca.
Triste y abandonado.
Patético, por añadidura.
Así es como me siento.
Como un juguete estropeado
que ha sido librado a su suerte.
Porque es bien sabido:
los muñecos rotos tienen
un mal destino,
a nadie le interesan,
son solamente descartes
de algo que alguna vez ha sido
y no volverá a ser jamás.
Eso es lo que soy hoy:
apenas un muñeco roto
un artefacto descompuesto
inútil, fútil, inservible,
alguien que ya
no funciona
como es debido,
algo que se apagará pronto
solo en medio del olvido.

lunes, diciembre 14, 2015

Abandono












Yace roto
triste y doliente
abandonado
lo que alguna vez
tuvo acaso algún valor
o hasta llegó a ser querido.
Las arenas del olvido
nos desgastaron
hasta convertirnos
en apenas basura
simples deshechos
mero excremento.
Pero incluso un muñeco roto
abandonado a su suerte
conserva un corazón
que todavía late
mudo late
quieto late
miedo late
sufre late
en medio de la inmundicia
late y espera
en vano.

Despedida

Es una pena
pena enorme
que nosotros
que una vez fuimos felices
y que aun hoy lo tenemos todo
para serlo otra vez, juntos,
debamos separarnos.
Ya no habrá más amaneceres
ni más crepúsculos compartidos,
ni más regresar a casa para verte,
y no habrá más cenas en tu compañía,
ni estirar la mano en medio de la noche
para alcanzarte y saber que el mundo
seguía siendo un lugar seguro.
Tendría tantas cosas para decirte
y es tan escaso el tiempo
para esta breve despedida
que sin embargo será eterna.
Se mezclan tantos recuerdos
de todo lo que fue
y lo mucho que podría ser
y el dolor por todo lo que no será.
Dejame al menos decirte esto:
que nunca jamás
siquiera por un minuto
dejé yo de amarte.
Y que pase lo que pase,
más allá del tiempo y de
cualquier circunstancia,
voy a seguirte amando
hasta el preciso momento
de mi propia muerte.
Si alguna vez me duermo
y no vuelvo a despertar,
quiero que sepas que me he ido
a buscarte en mis sueños.

Lo que el tiempo

Lo que fue.
Lo que hoy es.
Lo que podría haber sido
y sin embargo no será.
Todo eso convive
entre las misma luces y sombras.
Todo eso está en uno.
En mí, en vos, en todos,
por más que intentemos negarlo,
que cerremos los ojos,
que gritemos hasta olvidarnos
que no es posible olvidar del todo.


sábado, diciembre 05, 2015

El sueño de los amantes

Anoche ella ha soñado con él.
Lo sabemos porque esta mañana
ella ha escrito un poema, confesándolo.
Anoche ella ha soñado con él, y tal vez
haya soñado que él era su amante,
que hacía el amor con ese hombre
de una manera desenfrenada
o tal vez, por el contrario,
con una ternura infinita.
Y qué culpa podría uno achacarle a ese hombre
si se trató solamente de un sueño;
nadie le preguntó a él si consentía
estar o no allí, en el sueño soñado por ella,
a quien en definitiva tampoco puede culparse,
cuando es sabido que nadie
elige las cosas que sueña;
eso es algo que sencillamente ocurre,
y sin embargo
qué tal si ahora venimos a enterarnos
que acaso también él ha soñado
alguna vez con ella,
con sus muslos suaves,
con sus hombros desnudos
con su magnífica espalda y esos senos
que imagina turgentes y tibios
aunque jamás los haya probado
y acaso jamás los conozca;
qué culpa o responsabilidad
podríamos achacarle a él,
ni tampoco a ella,
si los sueños, esto ya ha sido dicho,
no son responsabilidad de nadie.
Pero entonces, si acaso ella soñara otra vez con él,
si él volviese a soñar otra vez con ella,
y ambos coincidieran en el mismo sueño,
en una misma noche, en una misma hora,
podría alguien decir en tal caso que sí cabría
alguna culpa para imputarle a los soñantes,
convertidos de repente y sin que ellos mismos
dejaran de sorprenderse por esta circunstancia,
en inesperados e insólitos amantes;
no seguiría siendo todo nada más un sueño
más allá de la curiosa coincidencia
y la rara sensación de ser real
y lo extrañamente compartido.
Por supuesto, tal vez deberíamos
redefinir el concepto de sueño,
y el de culpa, y el de inocencia;
pero entretanto allí están ellos,
ellos que ni siquiera se conocen,
soñando una celebración de los cuerpos,
de la belleza y de la poesía,
inocentes de toda inocencia,
y sin saber que nada más están soñando.

viernes, diciembre 04, 2015

Un poema

Te deseo
Te busco
Te encuentro
Te temo
del mismo modo
que una mariposa nocturna
podría temerle a la llama
Y entonces aquí estamos
los dos desnudos
apasionados
temerosos por igual
vibrando en un instante
fuera de cualquier tiempo
más allá del pasado
y del futuro
y de toda pregunta
y de cualquier respuesta
Sencillamente somos
en este instante
lo que somos
Ni más ni menos.

jueves, diciembre 03, 2015

Olvido

Una indecible soledad persiste
incluso en medio de un abrazo
Las brumas de un tiempo extraño
que no decanta nunca
Y además el frío,
el frío, el frío,
el frío que no cesa,
que llega desde muy adentro,
filtrándose, pertinaz, por algún
olvidado agujero en el alma,
una grieta abierta,
un aullido silencioso.

miércoles, diciembre 02, 2015

Espejos rotos

No es posible deshacerse de un espejo roto.
A lo sumo podremos ocultarlo,
cubrirlo con un manto,
o con un nuevo espejo que
traiga consigo nuevas imágenes,
renovados reflejos,
pero por más que no lo veamos,
que nos neguemos a verlo,
el viejo espejo roto seguirá allí,
con sus antiguos reflejos intactos,
multiplicados hasta el infinito,
sobreviviendo a las arenas del tiempo.
Podríamos esparcir sus pedazos,
desentendernos de ellos,
por supuesto, pero cada astilla,
cada pequeño fragmento,
seguiría guardando las imágenes
que alguna vez reflejaron.
No queda más remedio, entonces,
que aprender a convivir
con todos esos fantasmas,
con nuestras fallas,
con nuestras grietas.

(Dedicado a Natalia S.)

viernes, noviembre 20, 2015

Contradicciones

En algunas historias de Isaac Asimov, para destruir un robot es suficiente con enfrentarlo a una imposibilidad lógica. Lograr, por ejemplo, que le resulte imposible cumplir con alguna de las leyes de la robótica sin incumplir al mismo tiempo otra. El ser humano es mucho más complejo y admite hasta cierto punto las contradicciones. No obstante lo cual amar y aborrecer a un mismo tiempo conlleva un sentimiento de incompatibilidad muy difícil de superar. Tal vez, después de todo, no seamos tan diferentes de los robots. Finalmente, ellos han sido imaginados a nuestra imagen y semejanza, del mismo modo en que -según dicen- nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de los dioses.

Y encima de todo esa canción, que incluso sin venir a explicar nada sigue dando vueltas y más vueltas en mi cabeza:
"Yo crecí con sonrisas de casa, / cielos claros y verde el jardín...
¿Y qué estoy haciendo / acá en esta calle con hambre...?
¿Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo?"

martes, noviembre 17, 2015

Valores

En definitiva, tal vez no haya nada que tenga valor.
A un valor en sí mismo me refiero.
Ni el dólar, ni un Picasso,
ni una sonata de Mozart,
ni un hijo, ni el sexo,
ni el honor, ni el amor,
ni la idea de un dios,
nada, absolutamente nada.
Somos nosotros, los seres humanos,
quienes les asignamos un valor a cada cosa.
Pero nosotros mismos,
¿tendremos acaso un valor real,
más allá de nuestras propias vanidades?


lunes, noviembre 16, 2015

Mariposas negras


I
Una nube de mariposas negras 
se instala dentro de mi pecho,
reposada y amenazante
como un presagio,
como un abismo,
como si calladamente prometieran:
"Cuando la noche sea cerrada volaremos,
volaremos juntos hasta la nada,
que es negra como nuestras negras alas
y es fría como la soledad
y la desesperanza;
pero allí no existen
ni la traición ni la culpa,
excepto quizás solo la culpa
de no haber podido,
de no haber sabido,
de no haber logrado ser."

II
"No vamos a mentirte",
se escuchó decir a la voz
que sobrevolaba junto a las alas
de miles de mariposas negras:
"Somos un engaño.
Pero también es un engaño
todo lo demás:
uno elige por quién desea
ser engañado.
Así ha sido y será siempre.
Pero para quien acepta creer
en nuestro engaño,
todos los demás engaños
cesan para siempre."

III
Entonces alguien se pregunta:
¿Y si esas palabras también fueran un engaño?
La respuesta es obvia:
Todas las palabras lo son. 
No cabe tener dudas al respecto. 
Todas. Incluso éstas.

jueves, noviembre 05, 2015

Puertas


Hay puertas que a primera vista no conducen a ninguna parte. Sin embargo, el simple hecho de que nos hagan pasar de un lado a otro, de un adentro a un afuera, o viceversa, producirá inevitablemente un cambio en nosotros, lo sepamos o no. Cada puerta funciona de un modo diferente con cada persona que se atreva a cruzar. La puerta que a mí me llevará eventualmente a un cierto lugar, a otros los hará llegar de seguro a otra parte. Desconozco adónde llevan las puertas que cada tanto se presentan, entreabiertas, delante de mí. Uno debe decidir, sin embargo, si se arriesga o no a atravesar su umbral, incluso sin saber a qué es lo que se enfrentará, o si acaso esa hoja se cerrará para siempre detrás de nuestras espaldas. Pero no hay demasiado remedio: debemos decidir si las trasponemos o si no lo hacemos. Por lo demás, debemos tener presente que las puertas suelen tomar muchas formas, en ocasiones muy caprichosas. Las personas pueden ser en ocasiones puertas, por ejemplo. Puertas que a veces hay que abrir, y otras veces cerrar.

viernes, octubre 16, 2015

Happy No Birthday to Me

Voy a pedirte un favor
Pero voy a pedírtelo en serio
Comentame si querés los días
que aun faltan para las elecciones
O hablame de intrascendencias
O de los niños que mueren de hambre en el mundo
Pero no me recuerdes mis cumpleaños
No quiero pensar en eso
No traigas a mi mente ese reloj fatal
que nos acerca a todos los finales
Y después, en un par de meses
no me hables de la navidad
ni de los años nuevos
Dejame vivir con la ilusión de que cada día
es igual a todos los demás días
Sin sobresaltos
Dejame ser feliz como un perro
Que nada sabe de aniversarios ni de festividades
Que no cuenta los días que acumula sobre su lomo
Ni especula con los que le restan por vivir.

domingo, octubre 04, 2015

Impiedad

I
Así son las cosas.
En principio la crueldad es
una actitud que deberíamos evitar.
Pero de vez en cuando nos cruzamos con alguien
que nos hace sentir que debemos ser crueles.
¿Qué actitud cabe tomar entonces?
¿Qué deberíamos hacer cuando esa sensación
despierta en nosotros al vernos asomados al espejo?
A veces sucede.

(Entonces escribimos versos como los que siguen.)

II
Voy a ser implacable conmigo mismo.
¿No lo he sido acaso yo con quien no lo merecía?
¿Por qué debería entonces ponerme a salvo de mí propio juicio?
Es tan solo una alternativa, es cierto.
También sería posible optar por la misericordia.
Sin embargo, no sé por qué razón, causa o motivo,
lo misericordioso siempre se me ha dado para los demás
en mayor medida que hacia mi propia persona.

III
Por lo demás, lo reconozco:
toda mi vida he sido un cobarde;
lo mismo que tantos y tantos y tantos otros,
como si tal detalle pudiese darme algún consuelo.
Ni siquiera me he atrevido a ser un buen poeta.
Miento: eso lo intenté, pero no pude lograrlo;
así como tampoco logré tantas y tantas otras cosas.
Ahora es tarde, el tiempo para las valentías ha pasado.
Aquello que debió hacerse, decirse o evitarse
no fue hecho, ni dicho, ni evitado.
Ahora sólo quedan la condena y el castigo,
ese que yo mismo me impongo,
riguroso juez, impiadoso.

viernes, octubre 02, 2015

Viceversa

Por supuesto,
en ocasiones me asusta
la posibilidad de que me vean,
que me escudriñen, que alguien descubra
alguna de esas tantas cosas que
ni yo mismo conozco de mí;
pero en definitiva, y por más que muchas veces
desearía en verdad que fuese distinto,
no puedo dejar de seguir
siendo siempre y
sencillamente
yo mismo.

Deberías saber empero que
yo también soy siempre un poco vos
y viceversa.
No hay nadie en el mundo
que nos sea ajeno por completo
ni que sea, al fin y al cabo,
tan diferente de
los demás.

jueves, septiembre 24, 2015

Hormigas

Somos como hormigas
aunque nos cueste admitirlo.
Hormigas con moral, es cierto.
Hormigas con religiones,
economías, psicoanalistas,
semáforos, presidentes,
y hasta algún que otro criterio estético.
Capaces de componer un requiem,

de inventar autos, computadoras 
vacunas y también insecticidas.
Tal vez no seamos hormigas,
es cierto, pero compartimos
con ellas la dimensión de
una total intrascendencia.


sábado, septiembre 19, 2015

De dioses y fragilidades

¿Qué clase de Dios todopoderoso,
me pregunto, sería capaz de
crear seres tan frágiles?
¿Y por qué?
¿Para qué?

domingo, septiembre 13, 2015

Pregunta y respuesta

En medio de la noche, inquietante, surge la pregunta:
"¿Y si la existencia careciera de sentido?"

La respuesta llega de inmediato: "De todos modos, acá estamos."

sábado, septiembre 12, 2015

De hombres y dioses

I.
Y cuidado, que yo soy de los que piensan:
"Qué gran suerte que en este mundo
haya gente que no es como soy yo."
Y no es que yo sea un mal tipo,
no considero serlo, por lo menos,
pero reconozco que al mundo le hace falta
un equilibrio que yo no estoy preparado para darle,
un poco de sana cordura, si se quiere,
un poco de estructura y orden,
alguien que crea en algo,
ya sea en la política, en la justicia,
en el futuro, en la inocencia, en la utopía,
en la incondicionalidad de los amantes,
alguien que de algún modo convenza a Dios
de que no vale la pena hacer aun de este mundo
una renovada secuela de Sodoma y Gomorra,
y que merecemos todavía la chance
de alguna clase de redención.
Todo ello, por supuesto,
para el improbable caso
de que Dios exista.
Ojalá así sea,
Amén.

Es que a veces resulta más sencillo creer en Dios
antes que seguir intentando confiar en los hombres.

II.
Ah, es verdad, por supuesto: está la poesía.
Acaso Dios decida ser misericordioso con los poetas,
a quienes tanto ha castigado con el don de sentir
las cosas de una manera diferente de los demás;
tal vez la redención sea la recompensa que
venga a compensar tanto vano sufrimiento previo.
Pudiera ser, y sin embargo cabría preguntarse
si acaso Dios, para el caso de que exista
y ojalá así sea, ya lo he dicho antes,
será capaz de apreciar la poesía de los hombres,
que muy a pesar de haber sido concebidos
a su semejanza y divina imagen,
algunos le han salido poetas y otros asesinos.

Se me dirá tal vez que sí, que claro, que es evidente,
que solo un Dios amante de la poesía podría haber
creado la maravilla absoluta del cielo, los mares,
la luna inconstante, las coloridas mariposas,
tanta belleza indecible que en el mundo existe...
Pero atención, que no pocas veces en su enojo
nos ha tenido destinada también la destrucción
de esas mismas cosas bellas y de nosotros mismos,
hermosas y frágiles criaturas vomitadas al mundo
sin explicaciones ni reglas claras que nos permitan
conocer al menos cuál sea el objetivo del juego.
Dios poeta y vengativo, creador y destructor,
acaso la poesía, lo mismo que la maldad,
no sea más que un efecto secundario,
no previsto ni deseado, que surge en algunos
como el herpes, el mal aliento o el sarampión.


viernes, septiembre 11, 2015

Responsabilidades


Y algunos se preguntan:
¿Qué responsabilidad o culpa tenemos
finalmente nosotros sobre lo que sucede con
esos otros, pobres diablos, que nos son tan ajenos?
¿Culpa?.. Probablemente ninguna.
¿Responsabilidad?..
La que lleva a poner la frontera allí,
precisamente donde la ponemos,
para separar la idea de "nosotros"
respecto de la de "los otros",
y no en un lugar diferente,
donde esos "otros", pobres diablos,
también pudieran ser nuestros.

jueves, septiembre 03, 2015

Demoliciones: La desidia del desentendimiento



Un viaje en colectivo nos lleva por Av. Pueyrredón hacia la zona de Recoleta cuando de repente, justo un par de cuadras antes de cruzar Av. Santa Fe, vislumbramos por la ventanilla una imagen que nos impulsa a bajar antes de lo previsto. Desandamos algunos pasos y allí está: un rostro de mampostería, en una vieja pared, invisible para la mayoría de los transeúntes que caminan apurados por allí, pero todavía presente para quien esté dispuesto a observar.

Es el único resto que queda de una antigua construcción que ya no existe, que ha desaparecido bajo el rigor de la picota, los negocios inmobiliarios y el desentendimiento de las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, que no le reconocen valor alguno al pasado. Observo ese rostro antiguo, delicado, poético, que muy pronto desaparecerá también. Le saco una fotografía, pues sus rasgos me parecen hermosos y deseo conservarlos de alguna manera. Pero ya se sabe: todo lo hermoso en algún lugar también nos duele.

En este caso duele pensar en el desinterés, en la desidia, en esa vieja casa demolida, como tantas otras. En la falta de respeto por la propia identidad y por la historia. Pienso en las multitud de cosas que habrán visto esos callados ojos de piedra que aguardan resignados los golpes del martillo que los harán desaparecer para siempre. Queda un rostro, nada más, mudo testigo de tantas escenas que ya no podrá contarle a nadie. Un rostro que muy pronto será él también polvo y olvido. Como todas las cosas. Como todos nosotros. Y lo más grave es que la culpa es un poco nuestra, de cada uno de nosotros, por permitirlo.

Sueño 150902

Anoche soñé con una erupción. Estaba en el sur, de vacaciones, o acaso exiliado, no lo sé muy bien. Sí sé que estaba solo, en un ambiente con grandes ventanales, parecido, de hecho, al departamento en el cual vivo hoy, pero más bajo, porque veía las ramas de dos árboles enormes. Yo conversaba por teléfono con mi hija, cuando me daba cuenta de que por la ventana había entrado un pajarito. Era pequeño, como un colibrí, con un pico largo, pero gris y con las alas de un un gorrión. Sin dejar el teléfono, le abro la ventana, para que pueda salir. No quiero que se golpee. Entonces entran y salen otras aves, entre ellas un veloz cardenal, que después se posa en las ramas de uno de esos árboles que están allá afuera. Le cuento todas estas cosas a mi hija. En algún momento salgo. En el frente de la casa me sorprendo: recuerdo que hasta el día anterior había una piscina, que ya no está. Veo que han estado haciendo reformas. Me extraña sin embargo que hayan quitado aquella piscina magnífica, pero me doy cuenta de que se trataba de un depósito subterráneo de provisión de agua para el hotel: lo habían usado como pileta mientras estuvo descubierto, pero ahora lo han tapado. "De todos modos está la laguna aquí a dos cuadras", me digo. Giro la cabeza y, en efecto, desde allí logro verla. Salgo a caminar. Hago algunas cuadras y noto que me he perdido. Es campo abierto, aunque sigo al costado de una ruta. A lo lejos, se ven unas explosiones. "Están dinamitando algo", me digo, aunque no se escuche ningún sonido. Pero no, se trata de una erupción volcánica. "Por suerte está lejos, pero pronto se llenará todo de cenizas", reflexiono. Ahora estoy en un colectivo, donde la radio informa acerca de la erupción. Cuando miro por la ventanilla, me maravillo y espanto a un mismo tiempo: estamos muy cerca, un par de cientos de metros apenas, de la columna eruptiva, que expele hacia arriba fuego y roca fundida. No sale sin embargo de un volcán, sino del suelo, a nivel. En el cielo se está formando una espantosa nube negra y cada vez más baja, que lo cubre todo. "Cierren todas las ventanas", dice alguien. Yo pienso que nos vamos a asfixiar, pero que tiene razón: no podemos respirar ese aire lleno de cenizas. También pienso que debería avisar por mi celular dónde estoy, antes de que se termine la batería, pero me digo que no tengo a nadie a quien avisarle, que realmente no importa. De pronto la columna de fuego se corta, de un instante a otro, y se hace un silencio denso, inquietante. Algunos atrevidos se acercan al borde del cráter, que se encuentra en medio del pavimento, ahora sí, elevado varios metros. Yo me pregunto qué irá a salir de ese cráter, de un momento a otro... (Y esto significativamente se repite de un sueño mío anterior, en el cual escapo de un pozo que se inunda, del cual salían luces... y yo quedaba expectante a la espera de que saliese algo más.) No me despierto ahí, pero en ese momento me doy cuenta de que estoy soñando. Entonces salen del cráter unos monstruos semihumanos, que empiezan a matar a la gente, pero yo estoy de nuevo en la habitación del comienzo del sueño, y me digo que estoy destinado a luchar contra esos monstruos, pero no quiero, no quiero soñar eso, quiero soñar otra cosa. Entonces hago fuerza, fuerza, fuerza un esfuerzo realmente incómodo por despertarme... Y aquí estoy, preguntándome por qué sueño siempre cosas de una manera tan realista y si de verdad los sueños querrán decir siempre algo. Supongo que sí.

jueves, agosto 06, 2015

Paréntesis

Hace mucho que no escribo en este blog. Algo más de un mes, pero no deja de ser bastante. En el ínterin estuve escribiendo otras cosas, es cierto: una ponencia para la facultad, numerosas críticas de música y teatro, contenidos para un par de trabajos... Además me mudé, choqué con la moto y me fracturé la muñeca izquierda... Días hay, como hoy, en que me duelen lo suficiente ambos brazos como para quitarme las ganas de escribir. Aunque, es verdad, de todos modos he decidido dejar aquí estas palabras.

También es verdad que intenté escribir algunas cosas para el blog, que quedaron allí pendientes. Había un poema, casi terminado, que me pidió ser concluido. Algún otro me hizo saber que todavía no era llegado el momento. "Es solo literatura", me digo. Y sé que es una verdad a medias, incluso cuando también es cierto que lo que me impulsa a dar forma a estos escritos sea el buscar cierta belleza en el dolor, acaso para compensar esa otra evidencia que tuve hace algún tiempo, de que todo lo bello en algún lugar nos duele. No deja de ser, entonces, algo así como una compensación justa.

Pero volviendo al tema, mi último intento de escribir algo aquí fue el día de mi mudanza. Y allí quedó lo escrito: apenas un par de líneas truncas que pretendían hablar del final de una etapa. Un par de líneas truncas en borrador, que hasta podrían ser publicadas así, casi como un símbolo, porque

No voy a forzarlo. Escribo esto solamente porque ayer alguien me hizo notar, casi como una curiosidad, este paréntesis. Que no deja de ser bienvenido, porque también el silencio es una manera de decir cosas, o de darse un marco para que puedan surgir cosas nuevas.

martes, junio 30, 2015

En ocasión de Tracy

Ojalá borrar los restos de un amor perdido
fuese algo tan sencillo como enterrar
el triste cadáver de un gato muerto.
Pero no.
La pala se hunde en la tierra,
abre en ella una ávida boca, la remueve,
va haciendo crecer el oscuro pozo
que aguarda ansioso como un presagio.
Allí quedará el manso bulto,
frío y tieso, envuelto en un viejo trapo
que hace las veces de mortaja.
La tierra cae encima, implacable.
Pero no.
No se trata solamente de un gato muerto.
Sabe la podredumbre que mejores manjares
habrán de llegar cuando sea el momento
y aguarda paciente por ellos.
Vale decir, por nosotros.
Por vos y también por mí,
que ahora mismo empujo una vez más
la dura hoja de metal con mi pie
para que se hunda en la tierra,
polvo somos y al polvo regresamos,
otra palada que cae sobre el triste despojo,
pronto los gusanos se abrirán paso en la carroña.
Yo me pregunto cuánto tiempo más
nos quedará para seguir pensando en todo esto.
Para seguir escribiendo palabras que intentan
en vano llenar vacíos irremediables.
Pero no.
Nos hemos ya casi olvidado del pobre gato;
ya ves, así de frágil también es nuestra memoria,
y sin embargo, mientras yo viva no habrá
tierra en el mundo que pueda tapar
el hueco que dejó tu ausencia,
ni el dolor por mi culpa de haberte perdido.

sábado, junio 27, 2015

Sueño 150627

De repente me acordé. Ese día iban a pasar -o mejor dicho: estaban pasando- un programa que yo había grabado como invitado para Radio Ciudad. Le dije a Fernando, mi compañero en el trabajo, que pusiera la radio, mientras le explicaba de qué se trataba. El lo hacía y justo en ese momento estaba terminando una obra. Era un Guastavino con piano, uno que en realidad yo no incluí jamás en el programa, pero de esto me doy cuenta ahora, mientras lo escribo, y que anticipaba una pieza de piano solo de Egberto Gismonti, grabada en vivo el Teatro Colón, y en mi sueño yo sabía que vendría eso, pero no lograba recordar el nombre de este músico. Cuando comenzó a sonar mi voz, hablando de la obra que acababa de escucharse y de lo que vendría después, Santiago preguntó desde su oficina qué era eso, por qué mi voz estaba en radio. Me acerqué y le expliqué, mientras mi voz seguía sonando y yo quería prestar atención a ambas cosas, a lo que me decía mi director y al programa. Después comenzaron a pasar varias cosas, como resulta típico en los sueños, donde todo se mezcla con todo. Una locutora (¿Guadalupe Michaelis?) opinaba que la conducción estaba muy bien hecha, y yo me reía, orgulloso, y le hacía una broma: le decía que cualquier tonto podía hacer bien un trabajo de locución. Era un guiño con Santiago, que sin ser locutor solía grabar con su voz los guiones que yo escribía. El se reía con ganas. Pero a mí realmente me gustaba cómo salía mi voz al aire. Desde la oficina de enfrente una chica me llama, cómplice, para que pueda seguir escuchando el programa. Ahora creo que era Agostina, una estudiante del ISER que está a punto de recibirse. Está muy bien: una persona que no es todavía locutora, solidarizándose con quien sin ser locutor también se maneja en estas cosas del hacer radio. También es razonable, ya que yo en Arpeggio me dedico en realidad a la producción del canal de televisión más que a la radio, que el programa que se emitía pudiera verse ahora en una gran pantalla. Menos razonable es que Agostina saliera de escena desapareciendo por debajo de un escritorio, pero los sueños son así. A través de la pantalla se veía ahora una orquesta y un coro de niños, y mi voz se escuchaba acompañando las imágenes y la música, e iba anticipando lo que estaba por suceder. Un pequeño (?), parado ahora a mi lado, se sorprendía de que yo supiese de antemano cada cosa que iba a pasar. Entonces mi voz en la pantalla (pero ya no había pantalla) decía algo en relación a los chicos, precisamente, y este niño, dando un paso en falso, cae en una pileta salida de no sé dónde. Y yo, que sabía perfectamente que eso iba a suceder, tirando de su brazo lo sacaba de inmediato, chorreando agua, y los dos nos reíamos por su torpeza, mientras yo le explicaba que en realidad todos sabíamos que eso era exactamente lo que iba a pasar.

Por cierto: ya no estábamos en el canal. Ya no había más programa de radio, ni televisión, ni Santiago, ni Fernando, ni Guadalupe, ni Agostina, que se había ido por debajo de un escritorio que tampoco estaba más allí. Ahora estábamos en una fiesta, en una especie de campo. Creo que yo llevaba a ese niño en brazos, aunque sin sentir su peso. Un mozo se acercaba ofreciendo caramelos. Eran caramelos ácidos, de esos que parecen rodajas frutales y que a mí tanto me gustan desde que tengo memoria. Sin embargo, le ofrezco uno al chico y yo, que también tengo ganas de comer, no agarro ninguno más. El niño desenvuelve el caramelo, que se cae al pasto. Yo lo levanto, miro si alguien observa, hago un gesto cómplice con los hombros como que no importa, y se lo vuelvo a dar. El se lo lleva a la boca y yo siento el sabor ácido con deleite. Guardo el papel en un bolsillo, para usarlo eventualmente para chiflar (jamás aprendí a chiflar con los dedos, pero puedo hacerlo y muy fuerte con un papel), si la ocasión se presenta.

Ahora estoy solo. Camino hacia un par de invitados que se acercan a lo lejos. Una mujer, a la que en mi sueño reconozco sin reconocer, y que evidentemente me conoce, me felicita. Tiene un tocado de novia en la cabeza. Entiendo entonces que estoy en mi fiesta de casamiento. La mujer acaba de recibir ese tocado como regalo, de parte de la novia, que ahí viene. La alegría que siento al ver llegar a Daniela es inmensa. Está joven y hermosa, sonriente como hace tantos años que no la veo, y no puedo escribir esto sin que se me llenen los ojos de lágrimas; estoy demasiado sensible últimamente. Hay otros invitados cerca, pero mi atención ahora se concentra en ella. Yo me siento contento, feliz, pleno. Tengo ganas de correr por ese campo que se ofrece, pero me llama la atención una neblina extraña que se ha formado. Daniela se asusta, me pide que salgamos de allí. Yo la agarro fuerte de la mano y nos alejamos lo más rápido que podemos, pero la neblina se cierra sobre nosotros. Cuando finalmente se disipa, todos han desaparecido... Yo estoy solo. Siento mi mano todavía caliente, pero no hay nada en ella y me envuelve un enorme silencio.

Me cuesta despertarme. Estoy solo y muerto de frío y llorando. No pude resistirme: le envié un mensaje a Daniela desde mi celular para preguntarle si se encontraba bien. Me respondió enseguida que sí, que estaba durmiendo. Le agradecí y le pedí que siguiera descansando. Supongo que así lo habrá hecho. Yo no pude volver a conciliar el sueño, así que encendí la computadora para escribir todas estas cosas. Hace un rato me dí cuenta de que el programa de Radio Ciudad se emite hoy. Se está emitiendo en este preciso momento, de hecho, mientras escribo. Sé que podría ponerlo y escucharlo. Sé que en algún momento sonará Gismonti. Pero por alguna razón me resisto. También me viene a la mente un recuerdo viejo, viejísimo, de estar caminando por los bosques de Palermo una tarde, hace muchísimos años atrás, con Daniela, los dos tan jóvenes, inocentes y hermosos, y que una extraña y repentina niebla comenzara a caer sobre el lugar. Había una novia sacándose fotos, y con su vestido parecía realmente un fantasma. Recuerdo haber hecho una broma sobre aquello y Daniela, asustada, me pidió que saliéramos de inmediato de allí, cosa que hicimos. Yo bromeaba, pero también estaba inquieto, por no decir directamente que tenía miedo. Había olvidado esa escena, que ahora vuelve a mi cabeza. ¿Habrá sido verdad? ¿Lo habré soñado, también, años atrás, y ahora recuerdo como real aquel sueño? Sinceramente no lo sé; creo que fue real. Aunque lo real y lo imaginario suelen prestarse a confusión.

Afuera llueve, todavía está oscuro. Daniela duerme en una cama lejana, o bien se seguirá preguntando qué diablos fue ese mensaje mío que recibió. Y yo escribo esto aquí, en este departamento que no es mío, que no es de nadie. Acaso alguien esté escuchando en este momento el programa que grabé para Radio Ciudad. Alguien que no conozco. Que me estará escuchando sin saber quién soy. Las cosas son muy curiosas, a veces. Acaso algún día alguien lea todo esto y entienda de qué se trata. Aunque también puede que no.