martes, septiembre 08, 2026

Buzios, 2026

Hoy salimos a caminar bajo la lluvia de Buzios. Nuestros pasos nos llevaron a la Praia dos ossos, donde no hay osos, ni los hubo jamás, sino el recuerdo de los huesos que dejaba en esa playa la faena de los barcos balleneros a principios del siglo XVIII. A unos pasos de allí, después de cruzar unas rejas y subir unas escaleras, descubrimos la Iglesia de Sant'Anna, una modesta capilla construida en 1740, la más antigua de la región. Detrás, un pequeño cementerio, igualmente modesto. Fue una sorpresa descubrir lo obvio: que también en Buzios muere la gente. Pero este sitio tenía un aire pacífico, para nada lúgubre, en la cima de una colina con vista al mar, con decenas de botes descansando bajo el cielo plomizo. Pensé que no dejaba de ser, al fin y al cabo, un buen lugar de descanso. 

Seguimos caminando. En la fonda de Jouselino comí unas lulinhas exquisitas, con arroz, cubiertas con farofa. También probé moqueca con té frío. De eso se trata la vida, me dije: de probar experiencias agradables. Después de otro rato de paseo, un helado de tres bochas, una siesta de amor y una ducha caliente, el destino nos llevó hasta Mr. Brad, una cantina fabulosa, con tres músicos sensacionales que nos empujaron a entrar a través de la fuerza del ritmo de esta tierra incomparable. Una vez dentro me sorprendieron las paredes, cubiertas por una colección de extraños objetos, nos convidaron unas caipirinhas y, sin preguntamos nada, nos pusieron un sombrero a cada uno. Al rato descubrí que mi cuerpo bailaba.

Yo, que una vez fui un hombre triste, bailaba. Bronceado por el sol de Brasil, con un sombrero en la cabeza, una caipirinha en el cuerpo, después de haber caminado bajo la lluvia y haber siestado el amor, lloré. Lloré, sin entender por qué. Por la vida, por la muerte, por diez años, por sesenta. Lloré por las presencias y por las ausencias y por los proyectos y por la compañía y por el futuro. Por los ojos más hermosos del mundo, que un día fueron capaces de verme y me siguen viendo. Lloré, por una vez en la vida, por felicidad. Porque todavía estoy aquí, del lado de los que aún estamos vivos.

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