sábado, marzo 29, 2014

Sueño 140329

"El problema de que a veces a uno la vida se le estanque, no tiene que ver con la inmovilidad en sí misma. El problema es que siempre que se nos queda es justo en el peor momento; nunca nos quedamos trabados allí donde fuimos más felices."

(Esta es la respuesta que le dí anoche, durante un sueño, a un personaje que se lamentaba diciendo que su vida se había estancado hacía no sé cuántos años atrás...)

sábado, marzo 22, 2014

Poesía de la ausencia

Dice el poeta chileno Raúl Zurita, a quien confieso desconocer, más allá de algún dato suelto y de la presente cita: "Escribimos porque no hemos sido felices, todos los libros que se han escrito, las sinfonías, los cuadros, han sido hechos porque no hemos sido felices." Confieso que esta idea me resulta llamativa. Perturbadora en algún punto. Oscuramente atractiva también, por supuesto.

Zurita considera que todo lo que él mismo ha escrito ajeno a esta regla no merece ser leído y añade que únicamente la poesía tiene el poder de percatarnos de que un solo muerto nos condena a todos los demás a ser sobrevivientes. Una idea poderosa, sin duda. Aunque acaso injusta si se piensa, por ejemplo, en el Guernica de Picasso.

Más adelante agrega: "La poesía es la esperanza de lo que no tiene esperanza, es la posibilidad de lo que no tiene absolutamente ninguna posibilidad, es el amor de lo que no tiene amor."

Pero volviendo a la primera de las ideas, ella viene a reactualizar la pregunta, que no es mía ni es nueva, de si un artista feliz, o satisfecho al menos con su vida, puede seguir siendo a pesar de ello un buen artista. O si, por el contrario, realmente el dolor es una condición sine qua non para que allí se genere la magia del acto poético. Aceptar esto último resulta una posición un tanto ingrata en lo que hace al propio artista. Es un poco como empujar a Alfonsina hacia la costa para completar su sino poético, o darle pastillas para dormir a Alejandra Pizarnik porque amamos su oscura poesía, o celebrar la bala que rompe la cabeza de Isabel Parra porque fue llevada hasta allí por la misma fuerza que forjó Gracias a la vida.

"Sólo crea quien no está completo", podría decir alguien en este punto. Y con ello generamos un dilema teológico, pues la frase equivale a cuestionar la presunta perfección de un Dios creador. Y sin embargo, es muy probable que esto sea cierto, por lo menos en la dimensión humana. Indudablemente la creación en sí misma genera en el creador una sensación de plenitud, asociable de alguna manera con la felicidad, o por lo menos con la satisfacción. Pero por supuesto, para que el poeta haya tenido la necesidad de generar esa creación primera, para haber tenido ese primer impulso, debió haber sentido antes un vacío que buscó llenar, una cierta ausencia que necesitó salir a cubrir de algún modo a través de sus metáforas. Por eso me temo que acaso Zurita termine teniendo razón. Desde el psicoanálisis, Lacan diría que la palabra viene a sustituir aquello que la palabra nombra, equiparándose por ende a su ausencia. Del mismo modo en que la palabra nombra la ausencia de lo nombrado, el poema viene a suplir aquello que falta en el mundo simbólico, anímico o existencial del poeta.

Relaciones humanas

Si una persona duda (estas cosas a veces suceden) entre si realmente somos estúpidos o si sólo hemos causado esta lamentable mala impresión, bastará con que hagamos algo estúpido para que la cuestión quede decidida de una manera definitiva. Lo curioso es que no funciona al revés: ante esa misma duda, nada inteligente que podamos decir zanjará de un modo concluyente la cuestión en nuestro favor. Vale la pena añadir que esta misma lógica aplica para definir cualquier otra apreciación que pudiera tenerse de una persona. 
(Corolario de la Ley de Murphy acerca de las relaciones humanas.)

sábado, marzo 15, 2014

Relatividades

Tal vez tenga que ver con 
la relatividad de todas las cosas: 
Cada vez queda menos tiempo. 
Este es un hecho irrevocable.
Sin embargo, puede que en el fondo

esto no tenga mayor importancia.

lunes, marzo 10, 2014

Definiciones

Leo un texto en el cual alguien,
ni siquiera recuerdo su autor,
define la vida como un
complejo diseño de
materia y energía
autorreplicante
organizado a través de
millones de años
de evolución.
Impactante definición.
Millones de años.
Mientras tanto,
mi presente se resume
en que me duele tu ausencia.


viernes, marzo 07, 2014

Cosas graves

La gente se hace problema
por sus minúsculos dramas cotidianos:
sufre porque ha perdido un dinero
o porque le chocaron el auto
o porque se quemó la heladera
o porque reprobó un examen.
Nimiedades así les hacen perder la dicha,
pobres infelices, no saben
que ninguna de esas cosas es grave.

Grave es la muerte,
que no tiene retorno.
Y cada día que se pierde,
eso también es grave
pues ellos tampoco regresan.
En cuanto al amor, ese demonio...
Bueno, ese ya es otro asunto
otra historia, otro dolor,
otra soledad, otro poema.

martes, marzo 04, 2014

La muerte por desamor

Una historia antigua y trágica me impulsa a escribir estas líneas. Pero también algunas ficciones que están en el imaginario de todos, en mayor o en menor medida. Y asimismo la realidad que me toca vivir en este tiempo presente. "Me toca vivir"... Es probable que esta expresión no sea del todo justa. ¿Acaso no es uno mismo el artífice de buena parte de su propia realidad? Cabría reconsiderar esta cuestión, entonces, tanto en lo que hace a nuestras responsabilidades en el pasado como también, y sobre todo, en lo relativo al presente y lo que venga en el futuro. Curiosa idea, ésta que me aporta Murakami: "Mientras vivimos vamos criando al mismo tiempo a nuestra muerte". Pero quisiera pasar ya a la cuestión que ocupa mi pensamiento: ¿Cómo es posible que una persona llegue a quitarse la vida por amor, o mejor dicho por un desamor? No estoy hablando de mí mismo, o quizás sí, o tal vez no importe. Lo cierto es que los casos se repiten, y tristemente se seguirán repitiendo en tanto el ser humano continúe siendo pasional y contradictorio, vale decir, precisamente, humano. Se me ocurren tres posibles razones que justifican de alguna manera el suicidio por desamor: la primera pasa por sentir, sencillamente, que sin el otro la vida al fin y al cabo carece de todo sentido. Pensemos, por ejemplo, en esas parejas que han vivido mucho tiempo juntas y luego una de ellas fallece. No es infrecuente que, acaso sin habérselo propuesto, el otro no sobreviva mucho tiempo. En el otro extremo del desamor hay otra actitud, en cierto modo más perversa, que es el suicidio como un intento de castigo. Pensando que el otro en el fondo nos ama tanto como nosotros lo amamos (un absurdo: si así fuese no nos hubiesen abandonado), el tipo se mata para que la otra persona se sienta culpable, algo que sucederá eventualmente en algunos casos, en tanto en otros esa otra persona permanecerá impasible. En cualquier caso, lo más probable es que el muerto jamás llegue a conocer este detalle. Pero hay un tercer caso de suicidio por desamor, que es el del sacrificio. Es la lógica que se inicia con un diálogo típico de los enamorados: "Si realmente me amás, ¿qué estarías dispuesto a hacer por mi?" El suicidio es la repuesta última y más extrema a esa pregunta, incluso cuando tal vez jamás se la formule en forma explícita: "No me suicido porque sin vos mi vida no valga nada, sino porque te amo tanto que soy capaz de sacrificar por vos incluso mi propia vida, otra cosa más valiosa no tengo." Muy poético, por cierto. Ahora bien, ¿qué pasa si el otro dijera: "Si realmente estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio por mí, ¿serías capaz de proponerte ser feliz, puesto que así yo te lo pido?" Por algún motivo, esta petición nos parece falsa, inauténtica, de ocasión. Es muy loable que el otro pretenda salvarnos de nosotros mismos, pero si en verdad quisiera nuestra felicidad, sería mucho más fácil que lo hiciera posible regresando a nuestro lado. Claro que podríamos matizar la cuestión: "Demostrarme que sos lo suficientemente fuerte como para poder vivir sin mí", por ejemplo. Pero no hay caso, todo nos lleva a pensar que el otro realmente ya no nos quiere, y nos disponemos a castigarlo por eso, al mismo tiempo que nos castigamos nosotros mismos por no haber sido capaces de mantenerlo a nuestro lado, y también porque nuestra vida, sin esa otra persona cerca, sencillamente carece de todo sentido.