viernes, agosto 30, 2013

Ausencia III

Hoy me entregaron un sobre
con los papeles que te había pedido.
No sé cómo pude guardar la compostura.
Pero fui amable, recibí el envío,
lo dejé a un costado y seguí a duras penas
con lo que fuera que estaba haciendo.
Sin embargo, en cuanto me supe solo
me abalancé sobre el dichoso envío
y busqué allí dentro,
busqué con desenfreno,
casi diría con desesperación,
busqué entre aquellos papeles
algún mensaje tuyo dirigido a mí,
un secreto que le diese sentido a las cosas,
busqué esperando encontrar una carta,
algún manojo de palabras sueltas
anotadas tal vez en lápiz
en alguna esquina dudosa,
en algún margen perdido,
busqué algún suspiro,
algún recorte de diario viejo,
alguna clase de esperaza.
Pero no había nada de eso.
Allí solo había papeles,
esos que yo te había pedido
y que vos prometiste enviarme.
Ni una palabra de amor.
Ni un poema.
Ni una caricia.
Ni un beso tenue
sobre mis ojos tristes.
Sólo esos papeles
y tu irreparable ausencia.

jueves, agosto 29, 2013

Estar cansado II

De pronto me siento cansado.
Pero no es un cansancio del cuerpo
sino más bien del espíritu.
Y en realidad lo que siento es
que esto no está sucediendo ahora.
Se trata más bien de un cansancio viejo
que llega hasta mí desde un tiempo antiguo
que no alcanzo a precisar.
A decir verdad a veces siento
que este cansancio mío
que cada tanto me agobia
llegó al mundo mucho antes
de que yo mismo naciera.
Me pregunto si alguna vez
llegará a disiparse del todo.
Siento un frío repentino
que me recorre la espalda.
Miro hacia atrás.
Estoy solo.

martes, agosto 27, 2013

Ausencia II

Lo que más me duele
además, por supuesto,
de tu ausencia
es sentir que mi dolor
te resulta tan ajeno
que no alcanza a tocarte.

domingo, agosto 25, 2013

Redes sociales


Recibo un mensaje privado en Facebook. Alguien me pregunta, sin demasiado preámbulo: "Germán, ¿estás bien?" Seguramente ha leído algunas de las cosas que he subido en el trascurso de la última media hora a esa red social. Algún fragmento de Camus, por ejemplo, ese que dice, como si fuese un poema, “Yo grito que no creo en nada / y que todo es absurdo, / pero no puedo dudar de mi grito / y tengo que creer al menos en mi protesta. / La primera y única evidencia que así me es dada, / dentro de la experiencia absurda, / es la rebelión." O tal vez haya visto mi comentario sobre Mark Chapman, el asesino de John Lennon, en cuyo gesto encontré de repente un sentido insólito, inesperado. Que si estoy bien. Si es para esto que sirven las redes sociales, para hacer catarsis. Veo que alguien más ha escrito, debajo de mi entrada sobre Camus: "Por Dios, para un domingo por la mañana esto es un poco mucho..." Me pregunto qué tendrá que ver el día, o la hora, o será que acaso la vida entra en suspenso los domingos, y nadie me ha avisado de ello. Un poco más abajo, una reflexión acerca del sinsentido del amor. Y debajo, un verso que alguna vez escribió Alejandra Pizarnik: "Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo." Vuelvo a leer la pregunta que me han hecho por mensaje privado, y me parece tan absurda que hasta me causa gracia, y no puedo dejar de reírme. Entonces tipeo: "Sí, claro que estoy bien. ¿Por qué no habría de estarlo?" Y vuelvo a reírme, mientras miro el arma, que hasta hace un instante descansaba a un costado, sobre el escritorio, y ahora está en mi mano izquierda, que la sopesa, sabiendo que está cargada, por más que todavía no apunte a ninguna parte. Después, alzo el caño y coloco mi dedo en el gatillo. Cierro los ojos.

sábado, agosto 24, 2013

Destino kafkiano


El solía sentirse como una suerte de émulo de Franz Kafka. No tanto por una cuestión de estilo literario, aunque es posible que al fin y al cabo algo de ello también hubiera, sino por el hecho de comprender que su talento para la escritura no le habría de ser reconocido en vida. Sin embargo, no se amilanó y redobló sus esfuerzos para dejar asentadas en palabras sus reflexiones, sus memorias, sus distintos pareceres sobre la vida, que iban tomando la forma de cuentos, cartas ficticias, poemas, ensayos breves y hasta algún que otro esbozo de novela. Trabajó sin descanso durante años. En sus escritos, desordenados, siempre fragmentarios, que por momentos parecían no ser más que una colección de pensamientos íntimos, atormentados y complejos, solía hablar -lo mismo que Kafka- de demonios, derrumbamientos, desamparos, de los embates de la soledad y de la agobiante observación de uno mismo, siempre en el contexto de un mundo oscuro, que se le presentaba como desconcertante y desconocido. Como Kafka, también él tuvo fantasías suicidas, que jamás terminó de llevar a cabo. Y al igual que aquél, finalmente murió joven, apenas pasados sus cuarenta años, por causas naturales. La diferencia más notable con el escritor checo fue que él no le pidió a ningún Max Brod que destruyera sus manuscritos. Muy por el contrario, tomó el debido cuidado de dejar todos sus trabajos registrados en su computadora, con un respaldo que iba realizando periódicamente en un segundo disco, por si las moscas. Es cierto que en el caso de Kafka finalmente Brod hizo caso omiso del pedido de su amigo, convencido de que de haber querido en verdad que esos escritos desaparecieran, Kafka los hubiese incinerado por su propia mano, en lugar de dejarle a él tal encargo, pero también la libertad de desobedecerlo. Así fue como Brod finalmente supervisó la publicación de la mayor parte de los escritos del checo que obraban en su poder. Pero en el caso de nuestro escritor, no hubo ningún Max Brod que destruyera... ni tampoco que salvara. Al morir nuestro autor, nadie se tomó el trabajo de revisar el contenido de su computadora, que después de permanecer apagada durante cinco años fue donada a un orfanato. Allí, lo primero que hicieron fue borrar todos los documentos de los dos discos rígidos, para no lesionar la privacidad de su antiguo dueño.

jueves, agosto 22, 2013

Puentes


"El verdadero milagro de la vida no es encontrarse uno mismo, lo cual después de todo no dejaría de ser una paradoja. Lo importante es encontrarse con alguien, a través de esos efímeros puentes que algunos suelen tender dentro de este mundo de islas. Puentes efímeros, porque duran muy poco, y tal vez estén hechos de la misma materia con la que se tejen los sueños. Pero cada tanto, en medio de esa horrenda soledad que es la vida, uno a veces llega a un puente. Un puente que puede haberse tendido con afecto o con amor, en este mundo en el cual casi todas las citas y casi todos los encuentros son fallidos, en donde casi todo consiste en ir hasta esquinas a las cuales nadie acude nunca. La vida suele ser eso: ir a buscar... y no encontrar. Pero alguna que otra vez, como flechas luminosas en medio de la noche, uno llega a una esquina, tal vez sin siquiera habérselo propuesto, y hay alguien. Cuando eso sucede, vale la pena festejar ese pequeño puente que se nos ha ofrecido. Porque muy pocas veces en la vida de un hombre, acaso apenas una, pasa cerca un centímetro cúbico de suerte, y solo la pescará quien esté atento. A la mayoría de nosotros nos toca apenas un cachito de suerte en la vida, y el peor de los pecados es dejarla pasar. Hay que estar muy atento a las señales, atento a las citas, que se cumplen pero son escasas; atento a los sueños, que se dan pero siempre son pocos.”
(Sobre un monólogo de Alejandro Dolina)

jueves, agosto 08, 2013

Ausencia

...y lo que uno comprueba entonces 
es que no se necesitan tantas palabras 
para decir las cosas más importantes: 
Te quiero
Te extraño
Estoy triste
Me siento solo
Cuidame
Gracias
Aún quiero con vos
El problema no son las palabras
sino cuando vos no estás para escucharlas.


domingo, agosto 04, 2013

Robarle una flor a la muerte


La escritora Fernanda García Lao publica esta foto en su muro de Facebook, junto con una única y elocuente frase: "Robarle una flor a la muerte". Debajo, se desarrolla el siguiente diálogo:

Germán Serain: Robarle cualquier cosa a la muerte representa un modesto triunfo para nosotros, los mortales. Presumo que ese ha de ser el placer de quien se sabe condenado a muerte y logra ganar de algún modo un día más de vida. Aunque, paradójicamente, también sea el placer de muchos suicidas, que conociendo su destino inexorable se anticipan, sólo para robarle a la muerte su derecho de marcar el cómo, el dónde, el cuándo.

Fernanda García Lao: El suicida siempre pierde.

Germán Serain: Lo sé. Es nada más que ayer, recordando tu foto y tu frase, intentaba encontrar un sentido al hecho de que uno pudiera ser seducido tanto por la idea del suicidio teniendo al mismo tiempo tanto miedo de morir. Y encontré esa respuesta posible, algo así como el ejercicio desesperado de una última libertad, no decidís vos, muerte, no viviré ya más pendiente de ti, sino que decido yo. No deja de ser un abierto desafío, como el de robarle una flor. Desafío paradójico, insisto en ello, pues reafirma (estoy vivo, y por eso decido) al mismo tiempo que niega.

Germán Serain: Añado: Decisiones hay, y de estas sí he experimentado, que poseen la misma pauta de afirmar y negar al mismo tiempo. "Te amo pero me voy", por ejemplo. Y será, según el caso, como un modesto suicidio, o como un modesto asesinato, según desde donde se lo mire.

Fernanda García Lao: Uno colecciona pequeños asesinatos o suicidios, pero sobrevivirlos deja a la muerte desarmada. Esa rosa que tengo en la mano, estaba en el tacho de basura del cementerio. Y no se lo merecía.

Ceguera

Qué ceguera absurda nos empuja a que tengamos que hundirnos en la soledad y lejos de todo para llegar a comprender que nuestra casa se encontraba allí, precisamente en el punto desde el cual partimos, y al cual ya no podemos volver, cuando aquel día decidimos salir vanamente a buscarnos.