martes, febrero 02, 2010

Culpa y redención

Leo en un libro que me obsequió María Teresa Cibils una frase que alguna vez escribió Augusto Larreta:

"Nuestra culpa no es más extensa que el amor que no pusimos."

Se trata de una frase simple. Sencilla en su formulación, tanto como en su concepto. Y yo me pregunto cómo sería la humanidad si cada persona se detuviese a pensar por un instante en esta frase, y se dispusiese luego a poner un poco más de amor, aunque más no fuese para no tener que sentir luego mayores culpas.

Me pregunto, también, qué sucede con aquellos que, a pesar de ser capaces de cometer las peores atrocidades, no logran sentir luego culpa ninguna. Y me digo que no son humanos.

Porque de pronto pienso que es parte de la condición humana el cometer, de vez en cuando y acaso inevitablemente, actos atroces. Pero sólo puede ser verdaderamente humano quien además logre sentir su culpa más tarde. Acaso la culpa tenga en definitiva la función de enseñarnos de nuestros errores, para no repetirlos.

¿Qué sucedería si toda la humanidad tomara como base el precepto de poner una cuota mayor de amor en el momento de tomar contacto con alguien, quienquiera que sea ese otro? Es cierto: no hay modo de cambiar a la humanidad, considerada como un bloque; sobre todo en lo que ella tiene de inhumano. Pero al menos sí podemos ensayar un cambio, por sutil que sea, en nosotros mismos, en el cotidiano devenir de nuestro día a día.

Acaso la redención, para la humanidad y para cada uno de nosotros, se encuentre finalmente aquí: en algo tan simple como poner un poco más de amor.

viernes, enero 29, 2010


"No esperes para ser feliz"...

No siempre hubo Hi-Fi y compact discs. Hubo un tiempo de canciones viejas, muchas veces mal grabadas, y cuando uno escuchaba esas canciones lo hacía en algún modesto tocadiscos, o en algún obsoleto pasacassettes de mala calidad, y todo sonaba entonces tan distorsionado que por momentos era imposible comprender lo que decía la letra de aquellos temas. Y cuando uno se ponía a cantar, inevitablemente aparecían los baches, que se rellenaban como se podía y sobre la marcha, poniendo palabras propias allí donde el autor seguramente había pensado otras distintas.

De repente estoy seguro: la letra de aquella vieja canción no dice ni nunca dijo esto de "No esperes para ser feliz". El autor escribió en ese lugar otra cosa, algo que yo nunca pude escuchar con claridad. Pero a fuerza de haber cantado de chico esta letra, seguramente apócrifa, seguramente equivocada, cuando hoy a la distancia me descubro tarareando de nuevo esa melodía, aparece de nuevo ese texto inventado por mí. Y me digo entonces que es una suerte que haya existido esa época de canciones viejas, mal grabadas y peor reproducidas. Porque de pronto comprendo que la canción en cuestión no es propiamente mía, pero tampoco de su autor, y al mismo tiempo nos pertenece de alguna manera a ambos.

Y hoy ya sé que esa canción seguro dice otra cosa. Pero no puede ser porque sí que ya entonces, y hace tanto tiempo, algo me llevara a cambiar la letra, en lugar de buscar el modo de desentrañar cuál era el texto real, el que imaginó el autor, y no este oyente. Y tampoco puede ser porque sí que hoy de pronto me ponga a tararear sin darme cuenta de nuevo aquella canción, y lo vuelva a hacer con la letra así transformada. Ni puede ser porque sí que la letra inventada por mí haya sido esta, y no otra.

"No esperes para ser feliz." Algo tiene que tener esta frase, en el marco de esta música, incluso cuando su autor no lo sepa, incluso cuando él haya escrito otra cosa. Esta canción también es mía, y me dice algo que debo aprender a escuchar...

Escuchemos. Y no malgastes el momento.
Carpe diem, como decían los antiguos y sabios latinos.

lunes, enero 11, 2010

Efímero

Vaya uno a saber por qué razón, al fin y al cabo presumible, esta mañana me desperté pensando en las efémeras, esos pequeños insectos, también conocidos como polillas sin boca, que deben su nombre al hecho de disponer de una vida brevísima, limitada apenas a unas pocas horas. De allí el nombre de este insecto, pariente cercano de las mariposas, que en verdad deberíamos llamar efemeróptero, término que deriva de la palabra "efímero".

Dado que la naturaleza ha previsto una vida tan breve para este animal, el mismo carece de boca. De hecho, no posee un aparato digestivo, pues no es necesario que se alimente. Ni siquiera es conveniente que lo haga: su tiempo es precioso. No debe perderlo buscando alimentos. Sólo debe dedicarse a volar, encontrar pronto una pareja, aparearse y depositar sus huevecillos en algún lugar húmedo y cercano. Con esto estará cumplida su misión vital. Luego el día terminará, y con él la existencia de este admirable insecto.

He escrito admirable. Y en cierto sentido es cierto: nos admira lo efímero de este animal. Nos espanta el aparente sinsentido de su efímera existencia. Y sin embargo, como escribió alguien en alguna otra ocasión, "Nosotros, que tenemos estómago y más de un día por delante, a la vista de Dios tal vez duremos apenas un poquito más que la inquietante efémera."

¿Cuál será la escala que utilizaremos para calificar el lapso de vida de este insecto como efímero? Porque, en efecto, ¿no es acaso también efímera nuestra vida? Tal vez todo esté puesto en relación a los objetivos que se planteen. Claro está, la efémera no tiene tiempo de reflexionar demasiado. No puede construir una cultura, preocuparse por obtener bienes materiales, por tener buena casa, auto, trabajo, patria, familia.

Pero más allá de esto, tal vez sea justo preguntarnos: ¿será esta mariposa feliz en algún instante de su brevísima vida? ¿Será acaso esa vida en algún punto más satisfactoria que la nuestra? ¿Será la efémera sabia, por quedar fuera del marco de aquel dicho que asegura que "quien tiene boca se equivoca"? ¿Habrá en ella algún instante de conciencia que haga referencia a su propia naturaleza? Lo más probable es que no. Somos nosotros quienes reflexionamos sobre la efemeróptera. Y no hay reciprocidad alguna: ella no reflexiona sobre nosotros, ni seguramente tampoco sobre sí misma.

miércoles, diciembre 30, 2009

Para reflexionar 2

"A nadie le duele tanto el pie como cuando se lo pisan a uno."
Esto me lo dice mi amigo José María y así, con tan pocas y simples palabras, me enseña a respetar esto que me sucede.

De todos modos, también recuerdo lo que me decía Ana:
"Hay que lograr que lo mucho que nos falta no nos haga perder de vista lo mucho que tenemos."

Las grandes verdades, ya se ve, no necesitan de extensos tratados para ser expresadas con absoluta claridad. Eso sí, es necesario detenerse de vez en cuando para reflexionar un poco sobre ellas.

Para reflexionar 1

Se pregunta el maestro Ernesto Sábato, y la cuestión mucho tiene que ver con todo lo dicho en la entrada inmediatamente previa de este mismo blog:

¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría de vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.

Un programa honesto requiere ochocientos años.
Los primeros cien serían dedicados a los juegos propios
de la edad, dirigidos por ayos de quinientos años; a los cuatrocientos años, terminada la educación superior,
se podría hacer algo de provecho; el casamiento no debería hacerse antes de los quinientos; los últimos cien años de vida podrían dedicarse a la sabiduría.

Y al cabo de los ochocientos años quizá se empezase a saber cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.

Un programa honesto requiere ocho mil años...


Así las cosas, entretanto seguimos viviendo.

domingo, diciembre 13, 2009

"¿Por qué ha de ser tan imposible
saber lo que hay que hacer?"
Es curioso. De una novela de 430 páginas a mi criterio resalta esto, apenas una frase puntual de trece palabras. ¿Será que no he leído bien el resto del libro? ¿Será acaso que soy demasiado simplista?

Mi hija ayer se topó con el libro en cuestión, miró su tapa, leyó su título, que ni siquiera viene al caso ahora, y me preguntó de qué se trataba. Yo intenté una respuesta genérica, que es una novela en la que pasan muchas cosas, que es difícil resumir el argumento en pocas palabras. Pero ahora me doy cuenta de que también le podría haber dicho esto: que es un libro que entre otras tantas frases que no recordaré jamás incluye ésta, que no repetiré ahora pues ya ha quedado debidamente anotada en el comienzo de esta entrada.

¿Por qué ha de ser tan imposible saber qué es lo que hay que hacer? ¿Por qué razón esta frase? ¿Por qué precisamente ésta y no otra cualquiera de las tantas que hay a lo largo de todas esas páginas? Sinceramente no lo sé, aunque no resulta para nada complicado ensayar algunas ligazones. Por de pronto, las palabras siempre funcionan a la manera de un espejo.

¿Y por qué razón anotarla precisamente aquí, precisamente ahora? ¿Es lo correcto, acaso, estar tipeando ahora mismo estas palabras? ¿No sería mejor estar dedicando este mismo tiempo a otros asuntos? ¿O a decir acaso otras cosas? Pues de esto, precisamente, se trata: nos guste o no, a veces resulta imposible saber a ciencia cierta qué es lo que debemos hacer y qué es lo que deberíamos evitar. Curiosa condición que regula este extraño juego que es la vida, del cual desconocemos las reglas, lo que sucede antes de comenzar a jugar, y también lo que vendrá después.

Eso sí: debemos elegir, constantemente, incluso sin tener ninguna base sólida para hacerlo. ¿Cómo saber, en tales condiciones, qué es lo que debemos hacer y qué es lo que debemos evitar?...

viernes, diciembre 11, 2009

Invitación - Gloria de Vivaldi


Viernes 18 de diciembre de 2009, a las 20:30
Lugar: Iglesia San Pedro Apostol, Bermudez y Arregui (Devoto)

Gloria en Re Mayor de Antonio Vivaldi, para coro, ensamble orquestal y solistas, con la participación del Ensamble Vocal Tramacanto, Grupo Vocal In Crescendo, Ensamble Espacio Coral y Ensamble Orquestal Zauver.

60 músicos en escena. Acceso libre y gratuito.

domingo, noviembre 29, 2009

Ajenidad

La cita es de Mario Benedetti. Dice así:

"...Los recuerdos se van borrando. A veces recuerdo el recuerdo del color, peo no el color mismo. ¿Vos te acordás de todo lo que te aconteció cuando tenías seis años? ¿No te pasa que a veces recordás algo que ocurrió, pero no como evocación directa de tu memoria, sino porque el episodio viene siendo repetidamente narrado, a través de los años, por tu madre o tu padre? Al final asumís tu papel como protagonista de esa historia contada, pero no desde el interior de ese protagonismo que alguna vez tuviste."

Esto es la extrañeza. La ajenidad respecto de uno mismo. Somos nosotros, pero al mismo tiempo somos otros. Protagonistas y espectadores al mismo tiempo. Como dicen que se preguntaba Maurice Merleau Ponty: "Cuando mis dos manos se tocan, sucede algo extraordinario: ¿Es el sujeto el que toca la mano o es la mano la que toca al sujeto?" O como decía René Magritte: "Vemos el mundo fuera de nosotros; sin embargo, la representación que tenemos del mundo está en el interior de nosotros." En el interior de nosotros -añado yo-, que estamos en el interior del mundo.

De repente me pregunto cómo podrían llegar a ser las cosas si pudiésemos ver nuestras historias, y decidir por un momento el decurso de los acontecimientos que nos tienen como protagonistas, desde fuera de nosotros mismos. Enmarcados en dicha extrañeza, en semejante ajenidad, ¿quién soportaría -William Shakespeare dixit- los reveses y las burlas del tiempo, la injusticia del opresor, el rostro del soberbio, las ansias de un amor menospreciado, la dilación de la justicia, el insolente desdén de los validos, los desaires que el mérito paciente tiene que devorar...? Ya lo sé, el Príncipe Hamlet habla de otras alternativas más drásticas y funestas que las que ahora mismo yo imagino. Pero de todos modos, acaso sería una actitud prudente de nuestra parte no ser siempre tan prudentes.

Entonces de nuevo Magritte, que me dice, impugnando eso a lo cual los hombres se han apegado a tal grado, como es el propio nombre, la propia supuesta identidad: "Ningún objeto se halla tan ligado a su nombre como para no aceptar otro que le convenga mejor". Y vale para los objetos, pero también para nosotros mismos. Pero luego viene Joan Mayans, hablando de "la proyección de la propia identidad a través de un pseudónimo que se convierte en personaje y luego en alter-ego", y no puedo entonces dejar de preguntarme: ¿Quién es entonces el que todas estas palabras escribe, mientras piensa en cómo serían las cosas si se decidiera tan sólo a hacerlas de un modo diferente a como las hace, como si en lugar de ser él mismo fuese al mismo tiempo otra persona?

Benedetti habla del pasado. Yo hablo del presente y del futuro. Hablamos los dos en definitiva de lo mismo, pues el tiempo es pura ilusión. Y sin embargo una cosa es recordar y otra pensar en cómo determinaremos lo que serán nuestros recuerdos el día de mañana.

viernes, noviembre 20, 2009

El sentido de la vida

Jamás hubiese conocido a Philip Roth, probablemente, de no haber sido porque alguien decidió obsequiarme un libro suyo. Y de haberlo conocido por casualidad, probablemente no hubiese estado atento a descubrir entre sus párrafos ninguno que fuese de particular interés. Pero cuando alguien con quien uno suele coincidir en el terreno de las apreciaciones estéticas nos recomienda algo, o nos lo obsequia, como en este caso, vale la pena prestar un poco más de atención. Esto nos pasa con la literatura tanto como con la música y con las expresiones estéticas en general, incluidas también las ideologías, que como bien dice Daniel Lutzky también ellas pertenecen en buena medida al orden de lo estético. Esto no nos obliga a coincidir: siempre habrá inclinaciones personales, subjetividades, historicidades, pasiones, que nos llevarán eventualmente a disentir. Pienso en Luciano Berio como botón de muestra. Aunque todo lo dicho hasta aquí sólo sea un modo de agradecer el obsequio de este libro y justificar el que haya terminado deteniéndome en este brevísimo párrafo donde se mezclan consideraciones relativas a hombres y vacas, que habla de...

...el mandato que pesa sobre todos nosotros, tanto los seres humanos como los bovinos, los altamente diferenciados y los casi indeferenciados, de vivir, no sólo de aguantar, sino de vivir tomando, dando, nutriendo, ordeñando, reconociendo sinceramente, como el enigma que es, la falta de sentido de la vida.

Así dice. "La falta de sentido de la vida."
(Así dice. "No sólo de aguantar, sino de vivir...")

Pero me quedo pensando en esta cuesión de la falta de sentido. Entonces me digo, por ejemplo, que todo aquello que catalogamos como falto de sentido, como la vida, según lo plantea Roth, en realidad a lo único que nos remite es al hecho de que nosotros, quienes así calificamos el sinsentido en cuestión, no logramos encontrar un sentido allí. Lo cual no significa que eso no tenga, finalmente, un sentido; que sin embargo tal vez se nos escapa.

En otras palabras: ¿el sinsentido reside en lo que se observa o en la mente del observador, que juzga y no termina de comprender? Porque si de algo no cabe duda es de que siempre será más fácil decir "no tiene sentido", en lugar de "yo no se lo encuentro".

Ahora bien, ¿y qué sucede con lo que sí tiene sentido? Quiero decir: ¿no radicarán acaso esos presuntos sentidos, que a veces nos parece encontrar en ciertas cosas, también en los sujetos que analizan, más que en las cosas analizadas? ¿Habrá finalmente, en alguna parte, algo que se parezca a eso que llamamos la verdad?

Tal vez, entonces, sea cierto, y la vida no tenga sentido; pero únicamente porque el mismo concepto de sentido sea inválido.

En cuanto a mí, prefiero pensar la vida no como un sinsentido, sino en todo caso como un juego, del cual paradójicamente nadie nos ha revelado sus reglas; de manera que cada uno juega como mejor puede, pero sin saber a ciencia cierta si lo está haciendo bien o mal.

miércoles, noviembre 18, 2009

Magritte tiene razón II


PARA TENERLO SIEMPRE PRESENTE.

martes, noviembre 17, 2009

Un modo de resistencia contra la barbarie






"No leemos a otros.
Nos leemos en ellos."


Leo la frase casi al pasar, en una noticia que habla del poeta mexicano José Emilio Pacheco, quien también dice: "Sólo se me ocurre que escribimos poesía porque es una forma de resistencia contra la barbarie". Y es por cierto una hermosa frase.

Luego pienso en los poemas que más me han llegado al alma durante lo que va de mi vida. Pienso en Mario Benedetti, en Pablo Neruda, en Alfonsina, y también en aquel terrible poema de Julia Prilutzky Farny que tanto sacudió mi conciencia y mi alma durante mi adolescencia y juventud:

Yo no soy más que un grito
Y no hay nadie.
Nadie para escuchar mi voz,ahora.
Yo no soy más que un grito,
un rostro que se mira en los relojes
y no se reconoce.
Yo soy un alarido.Yo me escucho.
Yo me oigo gritar, y nadie oye.
Así, como una fiera enloquecida
mi corazón golpea contra el muro
y un pájaro asustado
late en mis sienes otra vez.
De nuevo.


Vuelvo a leerlo, una vez más. De nuevo.
Me pregunto por qué razón este poema, precisamente.
Y me digo que yo jamás he leído a Julia Prilutzky Farny.
Pero me he leído en este poema muchas, muchas veces.
Y tal vez no sea tanto lo que sugiere de oscuro,
como el hecho de querer escapar de la barbarie.
O tal vez sea un poco de ambas cosas.

lunes, noviembre 16, 2009

Un poema de alguien más...



Hay ciertos días en que me digo que este blog, que cada tanto visitan otras personas, en el fondo está hecho solamente para una. Para que algún día esa persona, para quien está escrito este blog, tenga un registro de algunas de las cosas que pasaban por la cabeza y el alma de quien hoy lo escribe. Cosas que cada tanto se plasman mediocremente en palabras, para que queden fijas en alguna parte, para que vos puedas leerlas hoy, más tarde, y también cuando yo ya no esté para decírtelas. Pero no todas las cosas que aquí te digo son necesariamente mías. O sí, porque cuando uno lee un poema, o escucha una canción, y ese poema o esa canción vibran dentro de uno, es porque ya no le pertenecen al poeta ni al cantante, sino que uno también las ha hecho a su manera propias.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


"Palabras para Julia" - José Agustín Goytisolo