lunes, agosto 29, 2016

El hombre grande

El hombre grande
cada día está más pequeño.
Yo acaricio a veces su cabeza cana
con una infinita ternura
cuando él ya está acostado
y a punto de conciliar el sueño,
y siento como si acariciara
la cabeza de un niño,
cada vez más inocente y frágil.
En esos momentos todo se confunde:
yo soy de pronto hombre grande
pero también el niño
que necesita todavía creer
en la existencia de los inmortales
para poder sobrellevar su propia vida.
En momentos así el tiempo parece detenerse.
Pero luego persiste, empecinadamente.


jueves, agosto 25, 2016

2006 - 2016

Fue un 6 de agosto de 2016 cuando hice el primer posteo en esta bitácora. Desde entonces se sumaron más de quinientas entradas. Han pasado muchas cosas a lo largo de todo este tiempo. Para quien escribe, convertido ahora en autor y en lector de sus propias viejas anotaciones, recorrer este blog es rememorar diferentes partes de una historia personal. Una historia que acumula alegrías y dolores, frustraciones y necedades, locuras, esperanzas vanas y otras que no lo han sido tanto; también hay algunas muestras de una incierta sabiduría y (ojalá así sea) acaso algunas pinceladas de belleza. Porque de un tiempo a esta parte este sitio se ha convertido además, como creo haber dicho ya en alguna otra ocasión, en un cementerio de poemas. Pero repaso las primeras entradas, las de ese primer mes de existencia de este diario. Hay allí un primer comentario de una obra musical, fruto de un padre orgulloso que veía actuar por primera vez a su hija en un gran teatro. Hay unas líneas acerca de un fotógrafo ciego, y un breve cuento de Marco Denevi. También hay un triste presagio. Y hay una reflexión sobre el horror de las guerras. Finalmente, la primera de todas las entradas es un cuestionamiento en cuanto al sentido mismo de la existencia de este blog. Hoy me sigo preguntando para qué escribo todas estas cosas. Para quién, con qué propósito. Sigue sin haber una respuesta clara o definitiva. Quizás todo esto sea algo así como un exorcismo, o como un legado, o como una caja de resonancia, en la cual yo mismo poder escuchar con mayor claridad algunas ideas. Algunas cosas han cambiado, es cierto; pero uno todo el tiempo cambia. Soy diez años más viejo, en algunas cuestiones soy más aplomado, sabio o incluso gentil, y en otros aspectos acaso no he aprendido demasiado. Sigo sin embargo teniendo una esperanza. Y juro que no soy una mala persona, aunque algunas historias que me han tenido como protagonista no hayan tenido finales del todo felices. Pero la historia todavía sigue, hasta nuevo aviso. Y seguramente se seguirán sumando los escritos, las ideas, los poemas, las resonancias. Y tal vez algún día alguien encuentre algún sentido en todas estas palabras. O acaso no. Acaso el sentido que estas palabras tienen es el de simplemente ser, en el momento de ser aquí volcadas.

domingo, agosto 21, 2016

Sin título

Hay una incierta y terrible soledad
en el apático gris de esta tarde que muere.
Una soledad trágica, sin fe ni esperanza.
Lo intenté. Dios sabe que lo hice.
Pero todo fue en vano.
No existen las segundas oportunidades
para nosotros los malditos.
El sol se ahoga ahora en el horizonte,
las sombras vuelven reclamando sus dominios
y uno solo desea irse
junto con la tarde que se disuelve
tranquila en el horizonte
sin reclamarle nada al mundo
porque nada espera.

martes, agosto 09, 2016

Carpe Diem

Diez años, dijo el médico.
Puede que alguno más, tal vez.
Dicho así parece mucho, es cierto,
sobre todo para un hombre que
ya ha alcanzado los ochenta.
Hagamos la cuenta y son
tres mil seiscientos cincuenta días.
Aunque he de corregirme:
tres mil seiscientos cuarenta y nueve,
pues esto sucedió ayer.

Miro una fotografía de mi padre,
todavía joven, esperanzado,
vivaz y repleto de futuro.
Me impresiona darme cuenta:
en esa foto él tiene menos edad
de la que yo tengo ahora mismo
y comprendo una vez más que
al fin y al cabo una década es nada,
Nada sobre todo comparada con
la nada eterna que nos aguarda.

Tengo casi cincuenta años, dijo ella.
Y la gente suele morirse a los setenta,
así que me quedarían veinte por delante.
Dicho así parece mucho:
son todavía veinte cumpleaños,
veinte pascuas, veinte navidades,
veinte de cada cosa que pasa en un año.
Sin embargo también es poco y nada.
Nada comparado con la eternidad
de nada que nos espera después.

Entonces qué hacer,
si lo único que tenemos
es este día fugaz que se pasa.
Detente instante, eres tan bello...
No era vano el deseo de Fausto.
Intentar capturar el momento
vivirlo plenamente, disfrutarlo,
eso es lo único que nos queda.
El ahora mismo.
El mientras tanto.

miércoles, agosto 03, 2016

Dédalo e Icaro

Soy Dédalo después de haber despeñado a Perdix.
Vanamente pretendí contentar a la bella Pasifae
y sólo logré dirigir hacia mí la furia de Minos.
Fui el hacedor de las penurias del Minotauro,
que se dejó matar a manos del vanidoso Teseo
convencido de que era al joven enemigo a quien
Ariadna aguardaba al otro extremo del dorado hilo.
El amor -se sabe- está repleto de estos desencuentros.
Ahora deambulo cautivo en el seno de mi propio laberinto,
prisionero no de estas paredes de roca y sutiles engaños
sino de una potencia mayor, poderosa e inexplicable.
Dédalo soy; mas debo decirlo: también soy Icaro.
Heredé esta prisión de mi padre, y tal vez él
la heredó a su vez de sus propios ancestros.
Es cierto: soy yo el arquitecto y el constructor,
soy quien carga las culpas propias del responsable.
Pero este laberinto me precede en el tiempo,
está aquí desde mucho antes de que yo naciera
y quién sabe si acaso desaparecerá con mi muerte.
En una esquina, allí hacia donde el sol se pone,
descubro un hato de cuerdas y plumas y cera.
Un pájaro pasa volando sobre mi cabeza.
Lo observo como si fuese un presagio.

domingo, julio 31, 2016

Naturalezas

Padecemos, entre otras cosas,
una errática apreciación del tiempo
que tal vez no sea sino un gesto de rebeldía
frente a nuestra pobre condición de
seres mortales, evanescentes,
sin chance de trascendencia.
Quizás por eso necesitamos tanto
que con una mirada una palabra un gesto
alguien nos haga sentir valorados,
que nos rescate de nuestra soledad,
del angustiante vacío de la nada.
Somos apenas el suspiro de algo que nos supera,
nada más el breve reflejo de algo más amplio
que acaso jamás llegaremos a conocer.
Somos un poco como la música
que solamente existe mientras suena.
Pero aquí estamos, entre tanto.
Frágiles y desorientados.
Desamparados y sedientos.

viernes, julio 22, 2016

Espejos

No sabemos quiénes somos.
Mucho menos podríamos conocer
quién es el otro, ese eterno misterio.
Cada uno observa en el rostro del otro
lo que decide ver, o aquello que él mismo es,
incluso sin saberlo, como si de pronto se contemplara
en el cristal siempre ambiguo de un espejo.

martes, julio 19, 2016

Spleen du mardi

Emociones complejas.
La incierta melancolía de
ciertas tardes de domingo que
confundidas caen un martes.
El eje de lo real que insiste
en jugar al gallito ciego conmigo.
Por supuesto, yo siempre debo ser
el que lleve los ojos vendados.
La sabiduría es evasiva:
se presenta ante mis ojos
desnuda, pero entremezclada
con mil curiosas ensoñaciones.
De hecho, ahora mismo,
que me busco en vano
y no me encuentro,
no sé si duermo
o si estoy despierto
o si realmente soy yo
quien escribe estas palabras.

jueves, julio 14, 2016

Sueño 160712

El hombre espera dentro de su auto, afuera de la casa, que sabe vacía. Alguna vez fue casa suya. Ahora la vive como casa ajena. Tiene las llaves en un bolsillo; podría entrar, si quisiera. Volver a recorrer los rincones añorados, acariciar otra vez sus muebles, hojear de nuevo alguno de sus libros. Pero no, no entrará. El simplemente espera, aunque no sabe exactamente qué. En algún momento alguien llegará hasta la puerta de esa casa. Y entonces. Su atención hace foco ahora en el arma que descansa a un costado, cerca de su pierna. Extiende la mano, apenas, y acaricia el metal frío. En ese instante comprende que la historia tendrá un desenlace trágico, por más que todavía no logre precisar cuál ha de ser. También entiende que no hay manera de evitar lo que está por venir, pues él no es más que una suerte de títere, que no podrá hacer sino aquello que el destino le tenga previsto. Aquí no hay víctimas ni victimarios. No hay inocentes ni culpables. Por suerte, al rato se queda dormido, y entonces sueña que despierta en su departamento, que se ducha, se viste, desayuna y sale hacia su trabajo. Afuera está el sol, pero algunas nubes persisten amenazantes en el cielo.

viernes, julio 08, 2016

Lo Uno y los Otros

En una cita reveladora, en relación al complejo problema de la identidad, Simone de Beauvoir señala:
"La categoría de lo Otro es tan original como la conciencia misma. En las sociadades más primitivas, en las mitologías más antiguas, siempre se encuentra un dualismo que es el de lo Mismo y lo Otro. (...) La alteridad es una categoría fundamental del pensamiento humano. Ninguna colectividad se define jamás como Una sin colocar inmediatamente enfrente a la Otra. Bastan tres viajeros reunidos por azar en un mismo compartimiento, para que el resto de los viajeros se conviertan en "otros" vagamente hostiles. (...) Entre aldeas, clanes, naciones, clases, hay guerras, potlachs, negociaciones, tratados, luchas, que despojan la idea de lo Otro de su sentido absoluto y descubren su relatividad; de buen o mal grado, individuos o grupos se ven obligados a reconocer la reciprocidad de sus relaciones. (...) Ningún sujeto se plantea, súbita y espontáneamente como lo inesencial; no es lo Otro lo que, al definirse como Otro, define lo Uno, sino que es planteado como Otro por lo Uno, al momento de plantearse éste como Uno. Más, para que no se produzca un retorno de lo Otro a lo Uno, es preciso que lo Otro se someta a este punto de vista extraño." (S.B., "El segundo sexo")
Interesante para tener presente a la hora de evaluar algunas cuestiones en relación a la pregunta, aparentemente simple pero eternamente irresoluta, de "quién soy yo".

miércoles, junio 29, 2016

Sueño 160629

Los sueños son fascinantes de por sí. Pero una de las intrigas que siempre me han generado es la cuestión relativa al punto en el cual se inician. Uno puede recordar un sueño o haberlo olvidado por completo, hasta que un detalle mínimo (un cabello deslizándose en el agua de la ducha, por ejemplo) activa algo que regresa a nuestra mente esas imágenes por momentos tan vívidas y detallistas. Recordar por ejemplo la voz del locutor diciendo: "...en este lugar único en el mundo el dragón de Komodo se desarrolla en total libertad, en ausencia de depredadores naturales", mientras vemos un enorme reptil de colores vivos, con predominio de un rojo apagado (la contradicción parece evidente pero es real), y más allá otro, y otro más. ¿Por qué razón el sueño (o el recuerdo del sueño) comienza en este punto? ¿Qué habrá sucedido antes de eso? ¿Cómo llegamos hasta ahí? Por mucho que me esfuerzo, no logro recordarlo, no tengo la menor idea. "Allí vemos un ejemplar de muchos años", dice el locutor ahora, y yo intento identificarlo, y entonces veo a mi izquierda un reptil de gran tamaño, prácticamente inmóvil, de cuya boca asoma la parte posterior de un cocodrilo. "Es un territorio ciertamente peligroso -sigue diciendo la voz- pero uno no puede resistir la tentación de adentrarse." Y ahora ya es uno, y no una cámara, la que avanza un par de pasos adelante, sorteando un taburete blanco, abandonado ahí, en medio de la selva. Pienso que por supuesto el lugar es peligroso, y que si un dragón de Komodo se alimenta de cocodrilos, también podría comerse con facilidad a un ser humano. Habrá que tener cuidado.

El lugar -lo descubro ahora- también está repleto de víboras, que se deslizan con gran rapidez. En cierto momento comienzo a sentirme rodeado y me arrepiento de haberme adentrado en ese lugar, pero no hay mucho que pueda hacer, salvo mantenerme muy atento. Entonces, las víboras comienzan a apartarse, al igual que el resto de los reptiles. Comprendo rápidamente de qué se trata: han percibido que se acerca algo a lo cual temen, algo que sin duda será peligroso para ellos, pero también para mí. Con la diferencia de que yo no tengo idea de qué sea. El lugar se ha convertido en un paraje silencioso y en apariencia solitario, cuando aparece un animal extraño, como una hiena grande, de color blanco y del tamaño de un cordero. Me descubre y me observa, evaluándome, mamífero contra mamífero, en ese territorio de repente liberado de reptiles. La hiena me gruñe y yo intento demostrarle que no tengo miedo. Sé que si intentara escapar se abalanzaría sobre mí. Así que alzo los brazos y le grito, intentando asustarla. En ese momento veo que a mi derecha hay un perro salvaje que se acerca a la hiena mostrando los dientes de manera amenazante y decido hacer causa común con él: el perro hace retroceder a la hiena y yo grito y sacudo una tabla blanca que he encontrado apoyada ahí cerca. De vez en cuando el perro me mira y la tensión afloja: sabemos que no somos enemigos. Entonces volvemos a la carga para ahuyentar a la hiena, que finalmente retrocede hasta desaparecer por un vano, por el cual también salimos nosotros, finalmente. Ese vano da a las ruinas de un viejo edificio, y allí alguien nos cruza, un hombre corpulento, vestido de un modo rústico, que me hace pensar en un soldado del medioevo. El hombre pregunta si está todo bien, y yo respondo que sí, pero que allí atrás, en el otro ambiente, detrás del vano, está infestado de víboras. Pienso que en rigor en ese momento las víboras ya no están allí, aunque necesariamente han debido irse a otra parte, no muy lejos, y el hombre dice que sí, que esa plaga es un problema usual.

No recuerdo qué sucedió en medio. De seguro pasaron cosas en ese lugar, allí donde se alzaban esas ruinas. Tengo en mente una suerte de fiesta social, el casamiento de alguien, una reunión no-alcanzo-a-precisar-de-qué-tipo, pero lo cierto es que ahora estoy viendo fotografías. Fotografías que acaban de ser tomadas en ese lugar, entiéndase bien, durante la reunión que acaba-de-tener-o-acaso-todavía-tiene lugar en ese sitio. Las veo con mi hija, que las va pasando, y yo veo aquí y allá caras conocidas, allí está mi cuñada, están mis sobrinas, también está Ella, y estoy yo mismo. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que, delante de mis propios ojos, esas fotografías se transforman: basta con pasar de una foto a otra, y luego volver sobre la primera, para notar que algo ha cambiado. Hay imágenes que resultan muy familiares, pero que al mismo tiempo uno tiene la impresión de no haberlas vivido nunca, y otras que, por el contrario, aparecen de un modo diferente a cómo uno recuerda que de hecho han sido. Luego el recuerdo del sueño se diluye. Y yo me quedo pensando en esas fotos, que son tan parecidas al sueño en sí mismo, e incluso tan parecidas a los recuerdos que uno va teniendo de la propia vida.

martes, junio 28, 2016

Palabras y silencios

Ando buscando palabras,
palabras para componer con ellas
un espacio diferente, alterno,
una historia concebida
a mi propia medida,
con paisajes y cielos
que me sean propicios.
Sin embargo las palabras,
no todas ellas, eso es verdad,
pero sí las que son más importantes,
terminan cediendo siempre ante el silencio,
un silencio extraño que se impone
hasta ocupar el lugar de
aquellas palabras que
en rigor de verdad
acaso ni siquiera existan,
y de existir no dirían nada,
o en el mejor de los supuestos
nombrarían algo, pero jamás serían
aquello que ha sido nombrado.
El silencio, en cambio,
es algo real y absoluto
que se dice a sí mismo
tal como él mismo es.

lunes, junio 27, 2016

Respuestas sin pregunta

Ando a cuestas con una necesidad urgente de respuestas
para preguntas que tal vez ni siquiera puedan ser planteadas.
Porque las palabras, esto es algo que ya es bien sabido,
son incapaces de dar cuenta de algunas cosas.

domingo, junio 26, 2016

Tiempo

Alguien, en realidad no importa quién, pero si nos preguntaran diríamos que su nombre es Alan Souto, un muchacho que supo ser alumno mío hace algún tiempo, escribe en alguna parte una serie de palabras en apariencia sin sentido, o por lo menos con ese sentido elusivo que a veces tienen las palabras cuando en realidad no se proponen decir nada esencial: "El tiempo no existe", comienza ese texto. Y si ese comienzo nos atrae es porque justo un momento antes hemos escrito la palabra "tiempo" en otro lugar. Así la hemos escrito, suelta y sin ningún motivo aparente. Y la coincidencia es demasiado poderosa como para no tenerla en cuenta.

"El tiempo no existe. No hay un hoy ni un mañana. El tiempo es un espejo de mil facetas. Un laberinto cuyo centro es un laberinto, con un laberinto en el centro, donde se guarda un laberinto lleno de espejos. ... El tiempo no existe. Sólo el vacío y la noche. Siempre la noche yaciendo en el centro del laberinto de la tierra."
El tiempo no existe. No hay un hoy ni un mañana. Intuimos que algo de verdad se esconde detrás de esas palabras. Pero también algo de absurdo, porque hay el tiempo en el cual leemos estas palabras, y también el tiempo en el cual escribimos estas otras. Y sin embargo, en esta tarde colmada de melancolía, pensar que el tiempo en realidad no existe es algo que de alguna manera nos ayuda a seguir viviendo. Vale decir, es algo que nos ayuda a seguir transcurriendo nuestro limitado tiempo.

lunes, junio 20, 2016

Utilidad de la poesía

¿Sabés para qué sirve la poesía?
La poesía, en cualquiera de sus formas,
que son muchas y variadas, sirve para esto:
para rellenar un vacío un agujero una ausencia.