martes, septiembre 20, 2016

De ateísmos y creyentes

Dicen que el peor creyente,
el más vil de todos, el más falso,
es aquel que en la soledad de su silencio
sabe bien que Dios en verdad no existe,
y muy a pesar de eso insiste inmutable
en sostener su innegable presencia.
Sin embargo, resulta mucho peor,
y más peligroso y más perverso,
el pretendido ateo que conoce
que Dios en efecto existe y,
empero, con voz en cuello
se empecina en negarlo.

domingo, septiembre 18, 2016

Pensamiento crítico

El pensamiento crítico y la felicidad son dos dimensiones que no terminan de acomodarse una con la otra de buena manera. Su propia naturaleza lleva al ser humano a plantearse, razonablemente, una serie de preguntas, para las cuales no existe una razonable respuesta, lo cual genera una frustración inevitable. Pero el estado natural del ser humano, de su espíritu y su psicología, tiende a ser el reposo,  el equilibrio. Entonces, para sobreponernos a las incertidumbres, a la falta de respuestas definitivas a las preguntas que nos imponemos, inventamos las ideologías, las religiones, y nos entregamos felices a los reduccionismos, las dicotomías, las simplificaciones y las síntesis, que lo explican todo, aunque todo sea nada.

miércoles, septiembre 14, 2016

Fotografías anónimas


Alguien encuentra una fotografía, tirada al pie de un contenedor, debajo de la lluvia. Esto sucede en la calle México al 2500, en la Ciudad de Buenos Aires, un día cualquiera del mes de septiembre. Pero podría suceder en cualquier otro rincón de cualquier otra ciudad, en cualquier otro tiempo. Más tarde esa persona sube esa fotografía encontrada a Internet. Como una curiosidad. Acaso para que alguien como yo la encuentre de nuevo, y la observe con detenimiento, y escriba estas líneas. Y ahí está entonces la mirada de esta mujer, que no sabemos quién sea, o quién haya sido. La fuerza de la fotografía, que insiste en persistir, incluso más allá del anonimato y del tiempo. Debajo de la lluvia, a pesar de los descuidos que marcaron el papel, de la desaprensión que acaso llevó esta foto al pie de un contenedor de basura. ¿Quién habrá sido esta persona? ¿Qué sueños tendría en la época en la cual la fotografía fue tomada? ¿Qué estaría pensando en el momento justo de dispararse la cámara? ¿Qué habrá sido de ella? ¿Habrá alguien que la extrañe, en alguna parte? Esta fotografía, como tantas otras que aparecen perdidas o descartadas, aquí o allá, igualmente anónimas, muestran lo que muestran, pero también son al mismo tiempo un espejo de nosotros mismos. Cada fotografía que nos tomamos o nos toman está signada por el mismo destino: perderse tarde o temprano en las nieblas del tiempo como un pedazo de papel anónimo, que con un poco de suerte será encontrado algún día por alguien. Desde ese pedazo de papel, minúsculo, misterioso, miraremos en silencio a ese alguien, que nos observará y no sabrá nada acerca de nosotros.

Simplificando

Los reduccionismos, las simplificaciones extremas, siempre son confortables. Tienen la enorme ventaja de ofrecernos respuestas necesarias y comprensibles acerca de las cosas, de los demás y del lugar que ocupamos en el mundo. Por eso estamos dispuestos a creer en ellas. Nos facilitan la calma que resulta propia de la comprensión. Nos indican, de una manera sintética, clara y concisa, a través de una lógica dicotómica, qué posición debemos tomar frente a procesos naturalmente complejos. Lo que no es bueno es malo. Lo que no es blanco es negro. Estas simplificaciones tienen, sin embargo, un único problema: son falaces y nos alejan de la verdadera comprensión de la realidad. Si nos admitimos capaces de desentendernos de este pequeño detalle, podemos seguir confiándonos a ellas.


Dicho de otra manera:
La simplicidad y la complejidad son en el fondo una misma cosa.
La simplificación es lo contrario de ambas.

lunes, agosto 29, 2016

El hombre grande

El hombre grande
cada día está más pequeño.
Yo acaricio a veces su cabeza cana
con una infinita ternura
cuando él ya está acostado
y a punto de conciliar el sueño,
y siento como si acariciara
la cabeza de un niño,
cada vez más inocente y frágil.
En esos momentos todo se confunde:
yo soy de pronto hombre grande
pero también el niño
que necesita todavía creer
en la existencia de los inmortales
para poder sobrellevar su propia vida.
En momentos así el tiempo parece detenerse.
Pero luego persiste, empecinadamente.


domingo, agosto 28, 2016

Apología de la crítica

Existe una suerte de callado enfrentamiento entre el artista y el crítico. Una relación que a menudo se presenta como amable y cordial, pero que al mismo tiempo lleva latente un elemento discordante que cada tanto se transforma en manifiesto rechazo. La pregunta resulta casi obligada: se admite como un hecho natural la existencia del artista, pero ¿cuál es la función del crítico? Se diría que realizar críticas, evidentemente. La cuestión, entonces, será resolver qué deberíamos entender ante la palabra crítica. Dice la Real Academia que una crítica puede definirse como el "análisis pormenorizado de algo y su valoración según los criterios propios de la materia de que se trate". Sin embargo, ésta es apenas la primera acepción del término. Hay una segunda acepción, bastante más incómoda, que describe la acción de criticar como "hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha". Se comprenden mejor ahora las antipatías que puede despertar la figura de alguien que dedica su tiempo y esfuerzos a criticar.

Digamos sin embargo que la relación es ambivalente, pues sin artista no hay crítico, pero el primero necesita en cierto modo del segundo. Según parece alguna vez Oscar Wilde manifestó: "Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen." Y esto es algo muy cierto: es una mala noticia que las críticas a un espectáculo no hayan sido favorables; pero mucho peor noticia es que la sala haya estado desierta. Ahora bien, ya en este punto estamos insinuando una suerte de simbiosis entre tres actores diferentes: tenemos al artista por un lado, sobre el escenario; y del otro, siendo espectadores de lo que sucede, a los críticos y al público, que coinciden entre sí en más cosas de las que podría parecer a primera vista. Este es el punto a tener en cuenta: más allá de cualquier impostura, el crítico no deja de ser un espectador más.

Hay quienes sugieren que un verdadero crítico debe poseer un conocimiento específico sobre aquello que se convierte en objeto de su mirada. Esta posición probablemente surge en la Europa del siglo XVIII, cuando el desarrollo enciclopédico de la teoría y la historia del arte genera la separación entre un grupo de personas próximas a los secretos propios del mundillo artístico y quienes, por el contrario, carecían de acceso al consumo de bienes estéticos. Pero el arte, al menos en su etapa de contacto con un público, no tiene que ver con la racionalidad, ni con las habilidades técnicas que hacen a su producción, sino con una experiencia sensible. No es necesario saber de música para disfrutar de una sinfonía, un tango o un recital pianístico. Sí se necesitan, en todo caso, horas de contacto con la música para poder comparar, trazar recorridos o marcar vínculos. Pero no se requiere ser un especialista. Es más: muchas veces el estudioso pierde la inocencia necesaria a la hora de acercarse a una experiencia estética. Una inocencia que es necesaria para poder comprender aquello que el público -el no instruido especialmente- sentirá ante esa manifestación.

Lo que diferencia al crítico del público en general es que él tiene la posibilidad de compartir su parecer a través de un medio de comunicación. Entonces, lo que sí se le puede exigir es que sea capaz de comunicar con habilidad sus impresiones y experiencias. Que su relato sea atractivo, para que den ganas de leer o escuchar aquello que tenga para decir respecto de lo que a él le ha parecido tal concierto, película, obra teatral, exhibición, libro, comida o espectáculo. Que genere deseos de abordar la experiencia estética de la que se trate desde otros lugares y perspectivas, enriqueciéndola de algún modo. Después, por supuesto, la cuestión pasará por coincidir o no con el crítico, en criterios o en sensibilidad. Porque lo cierto es que no existen verdades objetivas en el terreno de lo estético. Es evidente que si un músico desafina, si un escritor tiene fallas en su redacción o un actor duda en sus parlamentos, será posible señalarlo. Pero fuera de estos índices concretos, lo que prevalece es una cuestión de empatías entre el artista, el crítico y el público.

Digámoslo entonces de una vez: el crítico no es sino un espectador más, que luego manifiesta de manera pública su parecer sobre algo que ha visto. Y para hacerlo no debe estar especialmente capacitado con conocimientos específicos. No es necesario saber tocar el piano para comentar el recital de un pianista, tanto como haber asistido a muchos recitales, a fin de poder medir las eventuales diferencias que medien entre un intérprete y otro. Pero ni siquiera esto resulta indispensable, al fin y al cabo, pues cada experiencia estética, incluso siendo individual y única, ofrece un impacto sensible en el espectador, que como tal tiene todo el derecho de decir: me ha gustado, me ha aburrido, me ha dejado algo valioso, me ha resultado insoportable. Un espectador que aplaude, que abuchea o se queda dormido durante un espectáculo, se constituye de hecho como un crítico. Para que no hubiese crítica, no debería haber espectadores. Y entonces el arte ya no sería algo que se pudiera compartir.

Personalmente, y en consideración del doble sentido que el uso le ha dado al término crítico, quien esto escribe ha preferido muchas veces definirse como comentarista, a sabiendas de que tal vez esta expresión tenga algo de eufemismo. Pero esta actitud no está exenta de reciprocidades: al decir del escritor británico Somerset Maugham, cuando los artistas solicitan críticas, lo que en realidad esperan recibir son halagos. Seguramente habrá de todo, como en botica. Pero lo cierto es que el día en que un artista no tenga a nadie que lo critique, para bien o para mal, será cuando haya que ponerle un punto final al arte. 

jueves, agosto 25, 2016

2006 - 2016

Fue un 6 de agosto de 2016 cuando hice el primer posteo en esta bitácora. Desde entonces se sumaron más de quinientas entradas. Han pasado muchas cosas a lo largo de todo este tiempo. Para quien escribe, convertido ahora en autor y en lector de sus propias viejas anotaciones, recorrer este blog es rememorar diferentes partes de una historia personal. Una historia que acumula alegrías y dolores, frustraciones y necedades, locuras, esperanzas vanas y otras que no lo han sido tanto; también hay algunas muestras de una incierta sabiduría y (ojalá así sea) acaso algunas pinceladas de belleza. Porque de un tiempo a esta parte este sitio se ha convertido además, como creo haber dicho ya en alguna otra ocasión, en un cementerio de poemas. Pero repaso las primeras entradas, las de ese primer mes de existencia de este diario. Hay allí un primer comentario de una obra musical, fruto de un padre orgulloso que veía actuar por primera vez a su hija en un gran teatro. Hay unas líneas acerca de un fotógrafo ciego, y un breve cuento de Marco Denevi. También hay un triste presagio. Y hay una reflexión sobre el horror de las guerras. Finalmente, la primera de todas las entradas es un cuestionamiento en cuanto al sentido mismo de la existencia de este blog. Hoy me sigo preguntando para qué escribo todas estas cosas. Para quién, con qué propósito. Sigue sin haber una respuesta clara o definitiva. Quizás todo esto sea algo así como un exorcismo, o como un legado, o como una caja de resonancia, en la cual yo mismo poder escuchar con mayor claridad algunas ideas. Algunas cosas han cambiado, es cierto; pero uno todo el tiempo cambia. Soy diez años más viejo, en algunas cuestiones soy más aplomado, sabio o incluso gentil, y en otros aspectos acaso no he aprendido demasiado. Sigo sin embargo teniendo una esperanza. Y juro que no soy una mala persona, aunque algunas historias que me han tenido como protagonista no hayan tenido finales del todo felices. Pero la historia todavía sigue, hasta nuevo aviso. Y seguramente se seguirán sumando los escritos, las ideas, los poemas, las resonancias. Y tal vez algún día alguien encuentre algún sentido en todas estas palabras. O acaso no. Acaso el sentido que estas palabras tienen es el de simplemente ser, en el momento de ser aquí volcadas.

domingo, agosto 21, 2016

Sin título

Hay una incierta y terrible soledad
en el apático gris de esta tarde que muere.
Una soledad trágica, sin fe ni esperanza.
Lo intenté. Dios sabe que lo hice.
Pero todo fue en vano.
No existen las segundas oportunidades
para nosotros los malditos.
El sol se ahoga ahora en el horizonte,
las sombras vuelven reclamando sus dominios
y uno solo desea irse
junto con la tarde que se disuelve
tranquila en el horizonte
sin reclamarle nada al mundo
porque nada espera.

martes, agosto 09, 2016

Carpe Diem

Diez años, dijo el médico.
Puede que alguno más, tal vez.
Dicho así parece mucho, es cierto,
sobre todo para un hombre que
ya ha alcanzado los ochenta.
Hagamos la cuenta y son
tres mil seiscientos cincuenta días.
Aunque he de corregirme:
tres mil seiscientos cuarenta y nueve,
pues esto sucedió ayer.

Miro una fotografía de mi padre,
todavía joven, esperanzado,
vivaz y repleto de futuro.
Me impresiona darme cuenta:
en esa foto él tiene menos edad
de la que yo tengo ahora mismo
y comprendo una vez más que
al fin y al cabo una década es nada,
Nada sobre todo comparada con
la nada eterna que nos aguarda.

Tengo casi cincuenta años, dijo ella.
Y la gente suele morirse a los setenta,
así que me quedarían veinte por delante.
Dicho así parece mucho:
son todavía veinte cumpleaños,
veinte pascuas, veinte navidades,
veinte de cada cosa que pasa en un año.
Sin embargo también es poco y nada.
Nada comparado con la eternidad
de nada que nos espera después.

Entonces qué hacer,
si lo único que tenemos
es este día fugaz que se pasa.
Detente instante, eres tan bello...
No era vano el deseo de Fausto.
Intentar capturar el momento
vivirlo plenamente, disfrutarlo,
eso es lo único que nos queda.
El ahora mismo.
El mientras tanto.

miércoles, agosto 03, 2016

Dédalo e Icaro

Soy Dédalo después de haber despeñado a Perdix.
Vanamente pretendí contentar a la bella Pasifae
y sólo logré dirigir hacia mí la furia de Minos.
Fui el hacedor de las penurias del Minotauro,
que se dejó matar a manos del vanidoso Teseo
convencido de que era al joven enemigo a quien
Ariadna aguardaba al otro extremo del dorado hilo.
El amor -se sabe- está repleto de estos desencuentros.
Ahora deambulo cautivo en el seno de mi propio laberinto,
prisionero no de estas paredes de roca y sutiles engaños
sino de una potencia mayor, poderosa e inexplicable.
Dédalo soy; mas debo decirlo: también soy Icaro.
Heredé esta prisión de mi padre, y tal vez él
la heredó a su vez de sus propios ancestros.
Es cierto: soy yo el arquitecto y el constructor,
soy quien carga las culpas propias del responsable.
Pero este laberinto me precede en el tiempo,
está aquí desde mucho antes de que yo naciera
y quién sabe si acaso desaparecerá con mi muerte.
En una esquina, allí hacia donde el sol se pone,
descubro un hato de cuerdas y plumas y cera.
Un pájaro pasa volando sobre mi cabeza.
Lo observo como si fuese un presagio.

domingo, julio 31, 2016

Naturalezas

Padecemos, entre otras cosas,
una errática apreciación del tiempo
que tal vez no sea sino un gesto de rebeldía
frente a nuestra pobre condición de
seres mortales, evanescentes,
sin chance de trascendencia.
Quizás por eso necesitamos tanto
que con una mirada una palabra un gesto
alguien nos haga sentir valorados,
que nos rescate de nuestra soledad,
del angustiante vacío de la nada.
Somos apenas el suspiro de algo que nos supera,
nada más el breve reflejo de algo más amplio
que acaso jamás llegaremos a conocer.
Somos un poco como la música
que solamente existe mientras suena.
Pero aquí estamos, entre tanto.
Frágiles y desorientados.
Desamparados y sedientos.

lunes, julio 25, 2016

Busco

Ando buscando palabras
para decir cosas indecibles.
Ansío colores que me ayuden
a pintar paisajes jamás vistos.
Sonidos imposibles para hacer
músicas jamás escuchadas.
Estoy solo en medio de la noche;
desnudo en la oscuridad, lloro.

viernes, julio 22, 2016

Espejos

No sabemos quiénes somos.
Mucho menos podríamos conocer
quién es el otro, ese eterno misterio.
Cada uno observa en el rostro del otro
lo que decide ver, o aquello que él mismo es,
incluso sin saberlo, como si de pronto se contemplara
en el cristal siempre ambiguo de un espejo.

martes, julio 19, 2016

Spleen du mardi

Emociones complejas.
La incierta melancolía de
ciertas tardes de domingo que
confundidas caen un martes.
El eje de lo real que insiste
en jugar al gallito ciego conmigo.
Por supuesto, yo siempre debo ser
el que lleve los ojos vendados.
La sabiduría es evasiva:
se presenta ante mis ojos
desnuda, pero entremezclada
con mil curiosas ensoñaciones.
De hecho, ahora mismo,
que me busco en vano
y no me encuentro,
no sé si duermo
o si estoy despierto
o si realmente soy yo
quien escribe estas palabras.

jueves, julio 14, 2016

Sueño 160712

El hombre espera dentro de su auto, afuera de la casa, que sabe vacía. Alguna vez fue casa suya. Ahora la vive como casa ajena. Tiene las llaves en un bolsillo; podría entrar, si quisiera. Volver a recorrer los rincones añorados, acariciar otra vez sus muebles, hojear de nuevo alguno de sus libros. Pero no, no entrará. El simplemente espera, aunque no sabe exactamente qué. En algún momento alguien llegará hasta la puerta de esa casa. Y entonces. Su atención hace foco ahora en el arma que descansa a un costado, cerca de su pierna. Extiende la mano, apenas, y acaricia el metal frío. En ese instante comprende que la historia tendrá un desenlace trágico, por más que todavía no logre precisar cuál ha de ser. También entiende que no hay manera de evitar lo que está por venir, pues él no es más que una suerte de títere, que no podrá hacer sino aquello que el destino le tenga previsto. Aquí no hay víctimas ni victimarios. No hay inocentes ni culpables. Por suerte, al rato se queda dormido, y entonces sueña que despierta en su departamento, que se ducha, se viste, desayuna y sale hacia su trabajo. Afuera está el sol, pero algunas nubes persisten amenazantes en el cielo.