lunes, noviembre 12, 2018

Grietas




















Siempre me he preguntado
por qué una grieta se abre allí,
precisamente donde el material se quiebra
y no en otro sitio cualquiera,
qué determina el caprichoso dibujo,
o si el mismo no habrá estado allí
mucho antes de ser visible,
antes del amarillo pero inclusive
antes del gris, y me digo
si no sucederá igual con las grietas
-las tuyas, las mías, las de todos-
que van marcando nuestras vidas.

(Foto: María Teresa Cibils)

lunes, octubre 22, 2018

Hacia la nada

Me voy perdiendo de a poco
Me voy extraviando
Muy lentamente
Tan lentamente que
Bien podría engañarme
Decirme a mí mismo que no
Que esto no está sucediendo
Que esto simplemente no
Mientras me sigo adentrando
En este bosque tan oscuro
Desconocido y gélido
Extrañamente silencioso
Aunque en él resuenen mil voces
Imprecisas, insistentes
Como ecos de algo que nunca fue
Y sin embargo
Estoy aquí
Todavía aquí
Aunque no sepa dónde
Ni por cuánto tiempo
Por cuánto tiempo yo
Por cuánto tiempo aquí
Y después, que quedará después
Cuando ya no sea
Cuando nada ocurra
De a poco me voy perdiendo
Creo que esto ya lo dije
Puede ser que lo haya dicho
Hasta que un día por fin será cierto
Y que sucederá ese día en el cual
Finalmente se ahoguen todos los gritos
Y todas las preguntas
Y todas las posibles respuestas
Pierdan todo sentido
Y ya no logren encontrarme
Seguramente no importará
Carecerá de cualquier importancia
Pero no deja de darme pena
Una pena tan enorme ahora mismo
Pensar en ese triste, horroroso
Solitario momento.

miércoles, octubre 10, 2018

Poeta maldito

El dolor, considerado en sí mismo,
es una forma particular de la poesía.
Una forma perversa, quizás.
Pero gracias al dolor
el hombre conoce que existe,
que todavía está vivo,
que aunque parezca imposible
siempre puede ser peor;
o lo que es más grave:
directamente no ser.
Bendito sea el dolor, entonces;
este dolor maldito
que nos aborrece o nos ama,
vaya uno a saber,
que esos asuntos en ocasiones
no resultan del todo claros.

El dolor es, entonces, una de
las oscuras formas de la poesía;
ya ha sido dicho más arriba.
Pero no termina allí el asunto,
pues una cosa es sentir el dolor
y otra muy diferente poder decirlo,
acomodarlo en palabras,
exorcizarlo a través del
ejercicio extraordinario
del verbo para luego
volver a hacerlo carne,
que allí es donde arraiga
todo dolor que de tal se precie.

Entonces resulta que
el dolor del poeta es mayor
al de cualquier otro infeliz mortal.
Pues por un lado sufre
como un hombre cualquiera,
pero además sabe
que por mucho que la palabra
le ofrezca convertir todo
su mal en belleza,
al mismo tiempo no existen
palabras que le permitan
expresar aquello que
verdaderamente siente
en el fondo oscuro del alma.

domingo, septiembre 23, 2018

Ese extraño cielo


Ese extraño sol
ese extraño cielo
que venimos viendo
desde hace ya cuánto
cincuenta años
medio siglo
veinte mil días
o acaso no lo hayamos visto
realmente nunca
sino hasta ayer
tan cercano
tan inalcanzable
tan sutilmente íntimo
tan abrumadoramente bello
tan indescriptible
como este fugaz instante.

jueves, septiembre 20, 2018

Dos fantasmas

Entonces ¿hoy sos solamente esto? ¿Apenas un añorado fantasma? Pero no, no te sientas mal por lo que te digo. No te aflijas, porque todos somos fantasmas, en alguna medida. En la medida de nuestras muertes, por supuesto, pero también en la de nuestras vidas. Fijate, por ejemplo, en esta vieja fotografía, desde la cual alguien que alguna vez fuimos, pero que definitivamente ya no somos, de pronto nos observa, y acaso hasta nos sonríe. Mirá y decime ¿quién es realmente ese extraño? Ese que se nos parece, ese que alguna vez fuimos, pero ya no más. Ese que ahí, en la fotografía, todavía está dispuesto a hacer cosas que a nosotros hoy nos avergüenzan. ¿En qué medida nos representa esa persona? ¿Acaso volveríamos a hacer lo mismo que él hizo una vez, lo que todavía está dispuesto a hacer, o intentaríamos hacer todo -o casi todo- de una manera diferente?

Te estoy hablando a vos, pero en realidad me hablo a mí mismo. Ya ves, entonces, hasta qué punto los dos somos fantasmas, en definitiva. Cierto es que de maneras distintas, al menos todavía. Pero mirá esta otra foto, desde la cual vos y yo me miran: ese vos que una vez fuiste, ese yo que una vez fui... En la foto los dos somos fantasmas de un mismo modo, ¿te das cuenta? Pero entonces me termino preguntando si al fin y al cabo no seré acaso yo mismo un espectro. Es posible que lo sea, en alguna medida. Te confieso algo: a veces dudo de que yo mismo sea todavía alguien real. Solamente es cuestión de tiempo. De tiempo, de recuerdos y de olvido. Mientras tanto te extraño y quisiera beberme todo lo que queda de la vida en un atardecer eterno, en un beso interminable, en una siesta de amores que no se acabe jamás, en un reloj que de repente se detiene, aunque nunca sea del todo cierto. El misterio, eso es lo único que permanece y nos trasciende.

martes, septiembre 18, 2018

Sueño 20180918

Hace justo tres años.
Hace justo dos meses.
Y justo anoche te soñé.
Recién anoche conseguí soñarte, de hecho. Como si de nuevo hubieses estado aquí, al menos por un rato. Estabas sentado a la mesa, con tu campera polar roja. Más joven que cuando te fuiste, pero visiblemente abatido. Te abracé, sabiendo que en verdad estabas muerto, pero como sin querer saberlo. Me sorprendió descubrir que podía tocarte. Te pregunté qué te pasaba, por qué estabas triste. Me contestaste que todo el tiempo esperabas estar un par de horas con nosotros. Que ese tiempo se te pasaba cada vez más rápido. Y después de vuelta la espera, una espera interminable. Después me desperté. Quise volver a dormirme, pero no pude.
Te extraño tanto. Y me faltan las palabras.

viernes, agosto 24, 2018

Fotografías y encuadres


Observo mi foto una vez más. Mi foto por partida doble, porque fui yo quien la tomó, y es mi rostro lo que la fotografía muestra. En realidad muestra a la persona que fui en el momento en que la foto fue tomada. Cosa curiosa lo de la temporalidad de la fotografía: siempre que hay una foto aparecen implicados el presente y un pasado. Ahí estoy yo, siendo mirado desde un presente tal como fui visto a través del lente de una cámara en ese tiempo pasado. Un yo dividido, o acaso multiplicado, como en un complejo juego de espejos y simultaneidades relativas. Allí está el yo que fui, siendo observado desde un hoy que para quien mira a cámara era una abstracción, como lo sigue siendo para nosotros cualquier futuro que, por definición, aún no haya llegado. Allí está el yo que fui, mirando a cámara, acaso sin sospechar que esa foto se convertiría con el tiempo en algo tan especial. Quizás algo sospeché; pero si de verdad hubiese sabido, me hubiese ocupado de darle a mi cara una expresión diferente, más interesante, más digna de quedar fijada en el tiempo. Pero no lo supe. Por lo general ese es el problema: no solemos saber las cosas en el momento en que deberíamos ser plenamente concientes de ellas.

Es curioso: las fotografías son importantes por lo que muestran, como resulta razonable, pero también pueden serlo por lo que ocultan, por lo que queda afuera del encuadre. En este caso, el protagonista de la foto aparento ser yo. Pero se trata solamente de eso: de una apariencia. Porque en realidad estamos hablando de un fragmento de una fotografía más extensa. Vuelvo a mirarme. Noto que no sonrío. Aunque tampoco aparento estar triste. No alcanzo a descifrar cuál es la expresión que podría transmitirme el rostro que veo si no supiese que es el mío. Tal vez porque no logro despegarme de las sensaciones, todavía presentes, que tuve al momento de tomar la imagen. Detrás de mí se alcanzan a ver las ramas desnudas de un árbol de Plaza Irlanda. También parte de algunas otras copas, por el contrario, frondosas, de un par de ejemplares perennifolios. Me causa gracia el término, de pretensiones académicas; pero es así como se dice. Puede verse además una columna de alumbrado, y un poco más atrás, si uno presta suficiente atención, la esquina de un edificio, donde seguramente otras gentes, con otras preocupaciones, otros pensamientos, otras historias, estarían viviendo sus vidas, tan ajenos ellos a mí como yo a ellos. Recuerdo que era una tarde particularmente gris, de bastante frío, y amenazaba llover de un momento a otro. El cielo que alcanza a verse lo testimonia.

Se trata de una foto ciertamente especial para mí. Pero entonces, de nuevo: su importancia no radica tanto en lo que se ve, como en lo que no alcanza a verse. Porque en realidad, vuelvo a decirlo, si esta foto se hubiese dejado completa no me mostraría solamente a mí. Y entonces la metáfora, porque lo cierto es que la otra persona aparece ausente. Ausente en este recorte de mi fotografía, pero también ya definitivamente en el mundo. Y sin embargo está a mi lado. En la fotografía, quiero decir, si uno la viese completa. ¿Cabría tal vez pensar que de igual manera podría estarlo en el mundo, invisible pero presente? Es imposible verificarlo. ¿Será verdad eso que dicen, que existe un cielo místico al cual van a parar las almas de quienes mueren? Definitivamente es una idea que suena demasiado extraña para mí. Pero no más extraña que la hipótesis que asegura que la muerte supone sencillamente el desvanecimiento de quienes somos en la más absoluta nada.

Así las cosas, la foto, editada de esta manera, cumple el objetivo de recordarme a mí mismo estas posibilidades. La idea es que me diga que tal vez (nótese que he escrito "tal vez"; no más que eso, aunque tampoco menos), así como no se ve a simple vista que en la fotografía en realidad no estoy solo (...que la persona fotografiada no estaba sola en el momento de haberse hecho la toma), acaso algo similar podría suceder asimismo en la realidad el mundo.

Finalmente, esta foto del que fui aparece montada arriba de otra fotografía. En esta segunda imagen no se ve a nadie. Es tan solo un sector de campo, con algunas hojas y un par de troncos en primer plano, fotografiado el conjunto durante una tarde de copiosa lluvia. En la fotografía no aparece nadie, pero también en este caso la verdadera importancia de la foto no tiene que ver con lo que se ve, sino con lo que está presente del otro lado del lente. Es la fotografía de un momento, de una situación, de una compañía, de un nacimiento, de una esperanza, de algunas promesas. Solamente quienes estuvieron allí pueden comprender lo que no aparece en la foto. Y para quien estuvo, tal vez sea cierto que una imagen vale más que mil palabras. Y es por eso que ambas fotografías aparecen juntas en un preciso momento, en un presente que ya es pasado, y sin embargo persiste.

miércoles, agosto 22, 2018

Alienaciones

I.
Me mirás con extrañeza
como si estuvieses detrás de un espejo,
como si razonablemente aguardaras
que de mi boca saliesen palabras
que viniesen a explicar algo,
que echasen un poco de claridad
sobre una situación imprevista.
Pero no. Se terminó mi verborragia.
Este soy yo detrás de mi silencio.
Soy yo, intentando decir cosas
que simplemente no pueden ser dichas
pues solo puede decirse lo que se conoce
y el mundo entero se ha convertido de pronto
en una dimensión hostil e incomprensible.

II.
Inmóvil como un gato
como un gato inmóvil
que pacientemente acecha
como si fuese un ratón
a la ineludible muerte
acechador acechado
así estoy yo
atento
vacío
pendiente de una ventana
mientras sospecho que
la muerte llegará
a través de la puerta
a mis espaldas
y sin embargo
no consigo voltearme
permanezco inmóvil
y sencillamente aguardo
lo inevitable.

III.
Qué sucede que se me han
escapado las palabras y las horas.
Dónde se ha ido el niño que fui,
el padre que iba a ser, el hijo,
los primeros besos, los amores,
las esperanzas de un futuro elusivo
que no llegó a ser y sin embargo
ya no es futuro, pero tampoco
pasado, presente, ni nada.

IV.
Henos aquí.
En este momento somos.
Menudo descubrimiento:
es evidente que somos.
De lo contario ni siquiera
podríamos estar diciendo esto.
Y sin embargo el dilema es otro:
no se trata de ser o no ser
sino de intuir qué cosa somos,
de dónde es que venimos,
y hacia dónde vamos
o con qué propósito.
Todos esos interrogantes
tantas veces vanamente repetidos
para los cuales no existe respuesta.
Es posible que no seamos más
que algo que viene de la nada
y se dirige hacia otra nada.
Apenas ese mientras tanto.

V.
Que la noche dure,
que dure la noche,
que extienda su manto
de quietud y silencio
sobre el alma dormida del mundo
al menos para que yo pueda
seguir escribiendo palabras.

martes, agosto 07, 2018

Reflexiones

Leo: "Cada quien es el último testigo de cosas, hombres, vivencias, que desaparecerán ineludiblemente con él, pues después ya no habrá nadie más que los retenga en lo real. Un pasado que ya no sea recordado no existe. De este modo la realidad se desliza fuera de la realidad. Y sin embargo no se puede decir que el desierto crezca, pues surge nueva realidad allí donde la antigua se escurre y desaparece sin remedio."

Pienso que esto último no me sirve de consuelo. Y también que sólo necesita consuelo quien espera algo diferente de que le es posible alcanzar. De modo que simplemente soy tonto. Además de ignorante. Hombres fáusticos, eso somos. Me pregunto si serlo -o si hacerme tantas preguntas- estará inscripto en nuestra naturaleza. O si será posible hallar otros rumbos.

Hay una nube en el cielo.
Una hermosa nube
que se recorta con nitidez
en el fondo de un cielo límpido.
A los pocos minutos se desvanece.
La nube persiste en mi recuerdo un tiempo,
algunas horas, algunos años.
Finalmente también el recuerdo se desvanece.

¿Cuál habrá sido el sentido de la existencia de aquella nube, que curiosamente no llegó a plantearse nunca el sentido de su propia existencia? Y si yo no hubiese levantado la vista al cielo aquella tarde, y nadie más la hubiese visto... ¿la nube así y todo hubiese existido? ¿Hay manera de saberlo? Acaso hubiese habido de todos modos nube. Pero no sentido, ni tampoco preguntas, ni recuerdos, ni palabras.


jueves, agosto 02, 2018

Fugacidades

No existe Dios.
Quizás haya muerto,
o tal vez nunca existió,
o acaso decidió dejarnos
librados a nuestra suerte.
El asunto es que no hay Dios,
y por ende tampoco un sentido,
excepto aquel que logremos
proporcionarnos nosotros mismos.
Nosotros, inventores de los dioses,
los sentidos, la moral y las leyes,
todo ello tan falaz y fugaz
como nosotros mismos,
y sin embargo.
El amor y la poesía nos desmienten,
por más que también efímera sea
la frágil naturaleza de estas cosas.
Una melodía suena en alguna parte.
Es la Meditación de Thaïs, de Massenet.
Pero ya es apenas su recuerdo.
Fugacidades. Instantes inasibles.
Y sin embargo somos tan reales.
Eso somos: apenas un mientras tanto.

jueves, julio 19, 2018

Despedida

Llueve.
No podría haber sido de otra manera.
Llueve y vos ya no estás para ver esta lluvia.
Para decirme 'andá con cuidado'.
Para apretar mi mano y sonreirme.
Y tu ausencia es tan absurda
que me resulta inaceptable.
Cómo es esta mierda de que ya no estás.
Adónde se supone que te has ido.
Y sin embargo, yo vi tu cuerpo,
tu cuerpo sin vida y sin aliento,
sin ánima, porque ahí vos ya no estabas.
Ahí ya no estabas, pero entonces adónde.
Te fuiste despidiendo de a poco,
día tras día, durante largos meses,
pero no pudiste decirnos adónde irías.
La última vez que estuve con vos
aún respirabas, pero ya no podías hablar.
Hablé yo. Te dije mil cosas.
No sabré jamas cuáles habrán sido
tus últimas palabras lúcidas.
Pero sé cuáles fueron las últimas
que te pude decir yo:
"Regreso mañana".
Eso te dije, acariciando tu cabeza blanca.
"Pero si tenés que irte antes -añadí-,
llevate con vos todo mi amor".
Eso te dije. Y cuando volví por la mañana
ya habías partido.
¡Ay, si comprendiéramos las cosas a tiempo!...
Estés adonde estés quiero que sepas
que mi amor está con vos.
Ojalá volvamos a encontrarnos.


lunes, julio 16, 2018

Sueño 180716 - Los mortales

Ibamos caminando por un paraje extraño, nocturno, como al costado de un bosque, que permanecía iluminado por cientos de velas encendidas. Esto sucedía en un tiempo posterior al tiempo de los hombres, aunque todavía quedaban restos de la antigua civilización. Yo iba acompañando a un ciego, un sujeto entrado en años, pero de gran porte y aspecto importante. Yo venía a ser algo así como su lazarillo, pero era él quien conducía el rumbo. Sospeché que su ceguera no era total; que acaso era un ciego con cierto don de videncia, como el legendario Tiresias.

En cierto momento nos cruzamos con dos varones que nos preguntaron con tono severo adónde nos dirigíamos. Yo les mostraba un mapa, creyendo que tal vez ellos podrían revelarme cuál lugar era aquél. Uno de esos hombres me dijo entonces que los mapas ya no servían, pues no había ningún sitio al cual todavía se pudiese ir. Me pareció que aquellos personajes nos miraban con cierto recelo, y algo debió haber notado también el ciego, pues retomando decididamente el paso comenzó a avanzar, diciendo que debíamos irnos de aquel lugar. Cuando lo alcancé, ya estaba hablando con un tercer hombre, que le daba indicaciones para llegar a alguna parte:

- Si siguen derecho van a encontrar un río, y poco después dos estatuas enormes que flanquean el camino...

Los dos hombres a los que les había mostrado mi mapa nos habían seguido a cierta distancia y también ellos escuchaban la conversación. De repente una mujer se acercó y dijo que lo mejor sería que nos quedáramos en aquel lugar, pero lo hizo con una intención que me pareció dudosa. Y debió de parecerme bien, porque lo siguiente fue que los hombres agarraron con fuerza al ciego, y luego alguien que parecía ser el que mandaba en aquel lugar, a quien desde aquí llamaré "el monarca", ordenó que se lo llevaran, no sin añadir que más tarde iban a decidir si lo ejecutaban a él o a otra persona que también tenían prisionera.

Al escuchar esto protesté. Al parecer en aquel sitio había tenido lugar un crimen, y por ende debían castigar a alguien. Pregunté entonces qué pruebas tenían en contra de aquel ciego.

- Todos los hombres son culpables de alguna cosa o bien están destinados a serlo -fue la ambigua respuesta del monarca.

- Pero ustedes estarían convirtiéndose en culpables si mandan matar a un hombre que todavía no ha hecho nada -atiné a responder yo.

- Eso es muy cierto -concedió el monarca, tras un segundo de vacilación. Pero en todo caso ese será un asunto del que vamos a ocuparnos en otro momento.

Al comprender que mis intentos por hacer entrar en razones a aquellas personas serían vanos, me puse a vociferar:

- Al fin y al cabo esta vida es pura mierda. Y todos estamos en lo mismo, no importa si somos monarcas o pobres vasallos. Comemos y cagamos, nos vamos a dormir, nos despertamos, y así siempre, hasta que un buen día nos encontramos con la muerte. De vez en cuando copulamos, tenemos hijos, nos reproducimos y después nos morimos. O nos matan. Y nada de todo eso importa.

Yo sabía que estar gritando todo eso allí, en presencia del monarca, podía redirigir su enojo fulminante hacia mi persona. Y sin embargo me sentía al mismo tiempo impune, con la impunidad que a uno le da el saber que de todos modos ya no se tiene nada por perder. Pero igual me terminé retirando de la escena para llorar, no sé si por la suerte que iba a correr el hombre ciego, o por la que nos toca correr a todos nosotros, los mortales.

miércoles, mayo 30, 2018

Solados II

Una vereda salpicada de hojas secas
Cuántos pasos habrán gastado estas baldosas
Y cada paso es parte de una vida y de una historia
Una pequeña parte que tal vez haya
transcurrido ajena para su propio protagonista
Cosa curiosa: en ocasiones somos
desconocidos y extraños
incluso para nosotros mismos.
Pero volvamos a este suelo,
a esta vereda y a estas hojas,
a este pedacito de historia y de presente.
Quién es éste que recorre ahora mismo
otra vez, de nuevo
o acaso por primera vez
este rincón del mundo
salpicado de hojas secas,
rumiando palabras en su mente
-improbable poeta-
pensando en un pasado irremontable,
como todo tiempo pasado,
mientras transcurre el presente.

martes, mayo 29, 2018

Solados I - Pisar en firme

Un piso. Pisar en firme, pues.
O suponerlo, al menos, ingenuamente.
Y decidir entonces si pisar las líneas
que separan una baldosa de otra,
o si mejor no hacerlo.
Y comprender de pronto que
en verdad no hay ningún piso firme,
y que podemos quedarnos parados
tanto como caminar, correr, saltar, flotar, volar.
Que somos hojas arrastradas por el viento.


miércoles, mayo 16, 2018

Carta a mi padre

Podrías haber sonreído,
para luego dar media vuelta
y entonces caminar
lenta pero decididamente
hacia algún lugar sin nombre.
O bien podrías haber corrido
para arrojarte hacia el vano
de aquella puerta que acaso
se hubiese cerrado brutal
y estrepitosamente detrás tuyo
como una piadosa trompada.
Y es que hay muchas maneras de irse.
Hay muchas maneras de decir adiós.
También está este modo,
de irse sin irse definitivamente,
de estarse yendo, pero
permaneciendo al mismo tiempo
con una actitud pertinaz, empecinada,
como quien decidiera
dejar de ser y seguir siendo,
aunque en los hechos ya no seas vos
sino otro, alguien parecido quizás
a la sombra de quien solías ser,
y sin embargo, y sin embargo...
Y acaso esta sea la manera más cruel de irte
porque uno en definitiva desconoce
si el adiós ya ha sido, o si aún está pendiente,
o cuál habrá sido tu último gesto lúcido,
cuál la última mirada en la que
realmente me hayas reconocido
y hayas sabido que tu hijo estaba allí,
a tu lado, acompañándote.
Hay un extraño momento en el cual
dejamos de ser aunque sigamos siendo.
Y yo no sé, no sé, no sé
si todavía seguís siendo realmente vos
o si ya te has ido y hoy sos otra persona;
no sé si tu adiós acaso tuvo ya lugar
sin que siquiera nos hayamos dado cuenta,
y entonces cuál habrá sido tu última mirada clara,
cuál la última vez que me hayas visto verdaderamente.
Tal vez aquella tarde en Plaza Irlanda,
cuando observamos aquel jacarandá todavía florecido
y un pájaro carpintero bajó, y anduvo cerca nuestro
picoteando el suelo a un metro de donde estábamos.
- Mirá vos qué atrevido, comentaste.
Y después me dijiste otra vez de tu amor
y me pediste que te llevara de regreso
a ese lugar en el cual no querías estar,
que de algún modo se había convertido en tu casa.
Has dejado detrás tuyo los recuerdos,
las enseñanzas, la compañia,
tu mano todavía grande y fuerte
tomando mi mano todavía pequeña,
y yo sé que nunca nunca nunca
vas a poder leer estas palabras
que forman parte de un exorcismo
misterioso pero necesario,
aunque acaso de algún modo logres saber
lo que yo necesito que sepas.
Y todavía no sé si ya ha tenido lugar o no
el último adiós a quien solías ser otrora;
quiero creer que todavía no te has ido;
quiero creer que de un modo u otro
no vas a irte jamás.


viernes, abril 27, 2018

Nosotros

Compartamos, amada mía.
Compartamos la piel, el amor, los sueños,
compartamos los goces, los amaneceres, los ocasos,
Compartamos las horas simples, también las otras,
compartamos la mesa, el sillón, la almohada,
aquella emoción, esta risa, esas lágrimas,
compartamos las comidas, un café, un helado,
los viajes, las lluvias, el sol y el aliento.
Pero compartamos, sobre todo, las ganas
de continuar construyendo juntos
y de seguir compartiendo.

jueves, abril 05, 2018

Poema para Laura


Cuántos atardeceres, cuántos ocasos,
cuánto estío que llega a su fin,
cuántos días concluyen de esta manera,
como si nunca hubiesen pasado.
Y vos que estás lejos,
o al menos no estás aquí conmigo,
tal vez estés mirando ahora mismo
a través de otras ventanas
otros paisajes, otros horizontes,
otros árboles, otros pájaros,
el mismo sol, si es que acaso
realmente es el mismo ese sol,
cayendo en este mismo cielo
que compite por ser más
profundo y bello que tus ojos,
por supuesto, sin lograrlo.
Pienso en vos, ya lo ves.
Te pienso para hacerte presente.
Quiero que el alba vuelva a encontrarte
una vez más aquí a mi lado,
tu cabeza descansando sobre mi hombro,
mi mano apoyada en tu muslo desnudo.

sábado, marzo 31, 2018

Como un niño tengo miedo

Hoy me atrevo a confesarlo
tengo miedo
como un niño tengo miedo
de tantas cosas que no entiendo
tengo miedo de fracasar
de salir a la calle solo
miedo de que no me quieran
miedo de que dejes de quererme
miedo de no poder
hacerle frente a la muerte
en esa hora fatal que
el poeta describe como la tragedia
de la vida que concluye
sin que uno haya vivido
tengo miedo y lo confieso
y eso es lo único que me salva
de ser un completo cobarde.


sábado, marzo 24, 2018

Poema sin título

Llueve, torrencialmente llueve.
Y por alguna razón me regocijo con la lluvia,
con este diluvio que cae desde el cielo oscuro,
atravesado cada tanto por refucilos
que desgarran la noche por un instante.
Y todo sucede como si no hubiese un mañana,
o como si de repente no importara,
y tal vez en verdad no importe.
Abro la ventana y salgo al balcón;
la lluvia me empapa.
Entonces abro mi boca y bebo,
dejo que la lluvia entre en mi cuerpo
y tal vez sueño con que ella tenga el poder
de lavar algo de todo lo que está mal en el mundo.
Aunque no creo que sea posible,
es solamente lluvia, al fin y al cabo.
Y sin embargo
qué es este torpe remedo de bautismo,
de qué indecible crimen intento redimirme,
o se tratará acaso de un vano intento
por limpiar toda la imperfección
que me hace humano,
como si hubiese tenido
la posibilidad de elegir ser
alguna otra cosa distinta de esto que soy,
inútil sacerdote de una religión que no existe.

jueves, marzo 08, 2018

Poema sin título

Hoy estuve dando vueltas todo el día.
No sé bien qué andaba buscando,
si es que acaso buscaba algo.
Pero en todo caso no lo encontré,
y regresé a mi casa, a mi pequeño
monoambiente alquilado,
con las manos vacías.
Ahora es de noche y salgo al balcón
acompañado por un pote de helado
y de repente las cosas parecen
tener un incierto sentido.
Un sentido que no comprendo,
por supuesto,
pero un sentido al fin.
Observo las luces de la ciudad,
un par de siluetas que se mueven
detrás de ventanas lejanas.
Allí está la gente,
cada persona una historia,
algunas esperanzas,
un montón de miedos,
de secretos, de soledades.
Y aquí estoy yo en mi balcón,
con mi pote de helado.
Una silueta más,
para quien esté observando.
Si es que acaso alguien más,
en toda esta ciudad adormecida,
repentinamente calma,
ocupa su tiempo en observar el mundo,
o en intentar comprenderlo.
Quién sabe si entre tanta soledad
alguien no será capaz
de encontrar alguna razón de ser,
alguna respuesta, algún motivo.

lunes, enero 01, 2018

Vastedades y cegueras

Nos encontramos aquí, a la sombra de un olvido.
Y nosotros mismos no sabemos qué,
pues también hemos olvidado.
Y no se trata de buenas voluntades.
Por más que estuvieses ahora mismo aquí,
acodada en la baranda de este mismo balcón
y pudieses contemplar este cielo eterno,
majestuoso, inalcanzable, sembrado de estrellas,
no podrías sentir el abismo que yo siento
ni comprender la fuente del manantial
que de pronto se abre en mis ojos,
y no es angustia, ni tan siquiera pena,
sino solo esta indecible sensación
de vastedad infinita y la conciencia
de nuestra frágil naturaleza.
Miro de nuevo al cielo y me pregunto
cómo imaginarán la luna en su cuarto menguante
aquellos ciegos que nunca han tenido el don de ver.
Acaso todos seamos un poco como ellos,
incapaces de percibir algunas cosas.

domingo, diciembre 31, 2017

Hasta que la sal del mar

Ahora de repente llueve.
Copiosamente llueve.
Bendita sea esta lluvia,
que viene a recordarnos
como si fuese una metáfora
que una redención acaso
es todavía posible.
Aunque haría falta tanta lluvia
para lavar todo lo que necesita ser lavado.
Cuarenta noches y cuarenta días
de lluvia serían necesarios,
una lluvia interminable,
hasta que la sal del mar se disolviera
en el agua nueva
y no quedaran rastros
de suciedad en las almas.
Yo pienso en mí, pienso en vos,
pienso en cada uno de nosotros
y me hago preguntas para las cuales
quizás no existan respuestas.
La lluvia salpica mi rostro
y unas gotas se deslizan
hasta el borde de mis labios.
Siento un curioso regusto salado.


martes, diciembre 26, 2017

A medida que caminamos

Necesito detener el tiempo
pero el tiempo se niega a detenerse.
Cae la noche sobre esta parte del mundo.
Sucede pacíficamente, pero de todos modos
algo hace nacer en mí la angustia.
Observo el cielo y comprendo
que todavía debo encontrarme,
que esa es mi tarea más urgente.
Escucho en mi interior la voz
del niño que alguna vez fui
rogando por un amparo
que todavía no consigo darle.
Sin embargo hoy ha sido un buen día.
Es extraño el gran contraste,
el llanto y la risa,
las ganas y el miedo,
el desasosiego y el amor
que descansa ahora mismo
bajo otros cielos
en otro rincón del planeta
y acaso sueñe conmigo,
que permanezco aquí,
intentando hallarme.
Y a través de la distancia imagino
que ella me mira y me dice
que para encontrarnos
a veces sólo es preciso
detenernos de a ratos,
que el camino se abre
a medida que vamos caminando.

jueves, diciembre 07, 2017

Todo lo sólido...

Solemos pensar que la vida de los demás
es casi siempre menos penosa que la propia.
Sin embargo, lo cierto es que todos todos todos
todos estamos destinados a morir:
el hombre que conduce aquel micro
y cada uno de sus pasajeros
y el policía que recorre las calles
y esa pareja que ha descubierto el amor
y ese hombre que parece apesadumbrado
y cada uno de los chicos que asisten a esa escuela
y también sus padres, y sus maestros,
y ese bebé que duerme en brazos de su madre
y aquel anciano que simplemente espera
su destino, que es el destino de todos.
Entonces, por qué preocuparse
porque hayas perdido un trabajo
por un examen reprobado
por un sueño incumplido
si al fin todo es una fantasía.
Por qué angustiarse por asuntos vanos
o pretender precipitar el momento
de todos modos inevitable.
Habrá quien quiera arrebatarle
la fatal decisión al destino
respecto del cómo dónde cuándo:
si no podemos ser dueños de nuestra vida
tengamos al menos potestad
sobre nuestra muerte.
Y sin embargo
si nadie ha de permanecer
tampoco ese pretencioso gesto importa.
Quien no le tema al último final
será capaz de aguardar otro mañana.
La cuestión es que no hay un final feliz posible.
Solo tenemos el mientras tanto.
Fuera de ese fugaz momento,
todo está destinado a disolverse en la nada.

Deconstrucción

El niño sueña, ensimismado,
con sus ojos bien abiertos.
Sueña que da un gran salto,
que salta y que vuela,
siente el aire frío en la cara,
y entonces tiembla.
No importa cuántos años pasen,
en el fondo siempre seremos
como un niño asustado
que ante lo desconocido siente miedo
y especialmente ante el fantasma
de la orfandad definitiva.
El niño sabe que contar ficciones
es un recurso para eludir sus miedos,
así que arma historias en su cabeza
y las anota en un cuaderno
que esconde bajo siete llaves.
Pero también presiente el pasaje
que borra a veces el límite
de la fantasía convertida en acto.
Entonces -de nuevo- tiembla.
Para no sentirse solo,
este niño, ya no tan niño,
canturrea una canción
cuyo sentido en parte se le escapa.
No presta atención a lo que dice,
no es sino una melodía más,
no son sino palabras huecas,
vaciadas de contenido.
Murió a contramano
entorpeciendo el tráfico -canta,
y entonces de repente se escucha
y comienza a comprender
y con los ojos abiertos sueña
y siente el viento frío en la cara
y no sabe si llega a sentir miedo
pero entonces tiembla de nuevo,
por última vez, y luego sí,
la orfandad es definitiva,
pero ya no importa.

martes, diciembre 05, 2017

Y acaso no importe

No deja de ser curioso, pero si nos detenemos a pensar un poco en la cuestión, la muerte es algo puramente imaginario. Ya sea que le temamos o que la persigamos. No quiero decir que no sea real que todos vamos a morir. Lo que digo es que no sabemos nada acerca de la muerte, de lo que significa realmente estar muerto, más allá de lo que podamos imaginar respecto de cómo será eso de dejar de ser nosotros. Pero entonces, cuando final y fatalmente ello suceda, ya no seremos nosotros, como para experimentar nuestra propia muerte. De manera que solo nos queda contemplar la muerte de los demás, testigos impotentes de algo que nos afecta de un modo tangencial. Pero de nuestra muerte, de eso no sabemos nada, por no haberlo experimentado todavía. Y probablemente no sabremos nada nunca. Tal vez sea eso lo que nos perturba. Que se trate de nuestra muerte, pero que no podamos experimentarla realmente, pues nosotros no estaremos allí. Como el actor de un drama o de una comedia que termina su trabajo lejos del escenario, tan lejos que no puede siquiera saber si su actuación mereció o no los aplausos del público. Como si tal cosa importara.

Y entonces la pregunta, otra vez, tan simple y a la vez tan complicada: ¿Para qué? Pero ¿es que tiene que haber necesariamente un "para qué"? Probablemente no, pero entonces sucede que el asunto entero carece de sentido. Y nosotros tenemos esa compulsión, tan nuestra, tan visceral, de necesitar un sentido para todo. Eso somos: buscadores frustrados de sentido. De un sentido evasivo, misterioso, acaso inexistente.


lunes, noviembre 20, 2017

Desvelo

Anoche, para dormirme
tuve que cerrar los ojos bien fuerte
e imaginar que estabas a mi lado.
Probé quitándome la ropa
y volviéndome a vestir;
después abracé una almohada,
la mía, la tuya, las dos,
pero nada de esto funcionaba;
me puse música,
más fuerte, más despacio,
al final me harté y decidí apagarla,
pero me incomodaba el silencio.
Me levanté para ir al baño.
Subí las cortinas, para ver el cielo,
después preferí bajarlas...
Me distraía mucho ese hueco
en mi colchón, justo al lado de mi cuerpo;
ese hueco que tan pero tan bien
hubiese podido llenar el cuerpo tuyo,
que a esas mismas horas
dormía en otra cama.
Es que pasar la noche con vos
se ha convertido para mí
en casi una condición necesaria
para asegurarme un buen descanso.
Al final, para dormirme,
como había empezado a decirte,
tuve que cerrar los ojos bien fuerte
e imaginar que estabas a mi lado,
desnuda, tibia, suave...
Pero mi imaginación no es tan fuerte
como para suplir tu presencia.

miércoles, noviembre 15, 2017

Noches contigo

Cada noche es en cierto sentido un viaje.
Al cerrar los ojos nos despedimos
siempre un poco del mundo,
nos adentramos en esa
estepa misteriosa,
dominio de los sueños,
confiados de poder regresar
a la mañana siguiente,
y así sucede cada vez,
en el final y el comienzo
de cada día de nuestras vidas.
Pues bien,
quiero que sepas
que hacer ese viaje contigo
es lo más hermoso que
me ha sucedido en
mucho tiempo.
Que encontrarte a mi lado
algunas dichosas mañanas
al volver de ese misterioso viaje
es el mejor modo de comenzar el día
y de esperar un nuevo futuro.

martes, noviembre 14, 2017

Sueño 171113

Sé que el sueño venía de antes, pero por mucho que lo intento no logro recordar nada. Vislumbro apenas un arma, una suerte de tridente gigantesco, que golpeaba. Después de eso solamente consigo retener una escena, o apenas un par de cuadros: un vagón de tren, recorriendo un túnel abandonado mucho tiempo atrás. Lo aterrador era que el vagón estaba lleno de cadáveres, que tenían amputados brazos y piernas, y en algún caso la cabeza. Había además algunas personas, pasajeros como yo, que estaban vivas. Compañeros míos en ese viaje demencial hacia un destino desconocido. Yo no llegaba a sentir miedo, pero sí mucha inquietud. A pesar de estar vivos como yo, todas esas personas que me acompañaban también eran en cierto sentido restos: había uno que había perdido las manos, por ejemplo. Otro estaba ostensiblemente ciego, pues algo le había arrancado los ojos. Yo me preguntaba entonces qué sería lo que me estaría faltando a mí. Qué cosa me habrían quitado o habría perdido, en tanto sobreviviente. ¿Acaso la lucidez? ¿Quizás el alma?

Por fortuna me despierto. Y entonces leo que alguien me ha dejado un mensaje que dice, sencillamente, que existe un mañana. "Mejor aun: también existe un hoy", le respondo. Dejo atrás las telarañas de la pesadilla. Todos somos sobrevivientes. Pero esa es la buena noticia: seguimos estando vivos.

jueves, noviembre 09, 2017

In memoriam Minnie

¿Tendrán un alma los gatos?
¿Tendrán un cielo, una vez agotadas
sus siete vidas y sus siete muertes?
¿Adónde van a parar sus ronroneos,
sus juegos, pasiones y misterios?
Ha muerto la gata de la familia.
Esto así, claro está, si convenimos
que aún sea razonable hablar de familia;
hagámoslo en honor a lo que fue en un tiempo.
Lo cierto es que ha muerto nuestra gata.
La enterré en el jardín delantero de la casa,
justo al lado del jazmín, que se ha secado.
¿Tendrán acaso un alma los jazmines?
Sinceramente, me cuesta creerlo.
Lo cierto es que cavé la tumba
al costado del jazmín seco,
una pequeña tumba,
tan poco espacio ocupan
a veces los grandes sentimientos,
y acomodé con cuidado el triste bulto.
Después volqué la tierra que
siempre parece llamar al olvido.
Dice mi psicóloga que no solamente
enterré a mi gata en esa tumba.
Y yo sé que no le falta razón.
Porque un gato no siempre
es solamente un gato,
aunque una sepultura
siempre será una sepultura,
incluso cuando puede que en ella
se estén enterrando cosas muy diferentes
de aquellas que el sepulturero cree.


miércoles, noviembre 01, 2017

Sueño 171101

Anoche te soñé en el borde de un sueño
mientras acariciaba tu cuerpo desnudo
o acaso soñaba que tal gesto hacía.
Vos me decías que mis caricias
te trasladaban hasta las orillas
de un lago lejano en el sur
y allí acariciaba yo tu desnuda espalda
en el borde de aquel lago que vos soñabas
en tanto yo soñaba tu propio sueño
y te acariciaba de veras
mientras los dos soñábamos
o acaso eso creíamos estar haciendo.
Luego oíamos el canto de un ave nocturna
y yo te preguntaba si aquel pájaro sería
un jilguero, un ruiseñor, la alondra o un cuclillo.
Vos no lo sabías, pero me decías
que querías salir a recorrer aquel paisaje
y yo te rogaba que no te alejaras demasiado
pues mientras pudiese seguir abrazado a vos,
acariciando tu piel desnuda, seríamos capaces
de mantener todo peligro y miedo a raya.
Acaso sospechaba que si te movías
podíamos llegar a despertarnos
y entonces quién sabe qué cosas
podrían estar acechándonos allí,
en el mundo de quienes viven despiertos.
Mientras yo acaricio tu espalda desnuda,
o sueño al menos que te acaricio,
nada, absolutamente nada,
puede hacernos ningún daño.

viernes, octubre 27, 2017

Más o menos el mismo umbral

Al fin y al cabo el umbral
es más o menos el mismo para todos.
Alcanza con una metástasis inoportuna
el descuido de un obrero en un andamio
un martillo que cae, varios pisos abajo
el arma asesina de algún delincuente
o el exceso quizás de un uniformado
un cable maltrecho y una descarga
la maniobra torpe en una motocicleta
o el mero paso de los años
para que lo que fue ya no sea
para que todo lo que importó
ya no importe.
Así son las cosas.
Parece no tener remedio.
Me dicen que la muerte es
el revés de la trama de la vida.
Yo me pregunto cómo es posible
que la nada pueda llegar
a ser el revés de algo.

domingo, octubre 15, 2017

La vida no da garantías

Y qué mierda es esta muerte en cuotas,
muerte llena de espantos,
muerte puta
que te aleja cada vez más
de vos mismo y también de nosotros.
Todavía de a ratos te vislumbro,
pero aunque aún estás acá,
ya no logro alcanzarte.
Adónde se marchó el hombre aquel,
el padre de la sonrisa franca,
el que siempre siempre siempre siempre
iba a estar ahí como una garantía
de que la vida y el mundo,
y sin embargo ya no más.
El lento ritmo de las horas y los días
que hoy transcurren sin demasiado sentido
se ha convertido de repente y sin aviso
en un tic tac inmundo,
en un espanto sin forma
que a la larga nos convierte
a todos en fantasmas.
Cuándo es el oscuro momento
en el cual comenzamos a dejar de ser nosotros
y empezamos a despedirnos del mundo.

viernes, octubre 06, 2017

Sueño 170931 - Laura a las 06:00 AM

Un sonido extraño, como una
repentina lluvia torrencial,
me arranca de mi sueño,
o al menos eso creo.
Son las ruedas de un carro
deslizándose sobre el empedrado
de la calle rumbo a la lejanía.
Te siento dormir a mi lado
y entonces comprendo
que las fuertes lluvias
han cambiado por completo
su esencia y su sentido
desde que estás conmigo.

sábado, septiembre 30, 2017

Sueño 170930 - Historias como espejos...

Yo estaba sentado en el fondo, escuchando la charla que daba el profesor Alabarces, aunque en realidad no se trataba de él, definitivamente, ni tampoco de alguien parecido. (Ahora que lo pienso, tenía un aire a Guille Cácharo, pero no tiene sentido detenernos en estos detalles: así es como por lo general ocurren las cosas en los sueños). No recuerdo bien de qué se trataba el asunto, pero en determinado momento el eje de la cuestión viró hacia el tema de los relatos y las ficciones. Y la pregunta que le planteó entonces el falso Alabarces al público fue por que razón las historias en general nos resultan atractivas. Hubo un silencio incómodo, hasta que finalmente yo levanté la mano y dije que en realidad las historias nunca son del todo una ficción, porque de hecho forman parte de nosotros mismos, de lo que íntimamente somos, y se elaboran siempre en un contexto histórico y social del cual formamos parte, y que en definitiva es por eso que disfrutamos de esas ficciones; porque encontramos en ellas un espejo en el cual nos reconocemos.

Cuando me callé, hubo un momento de tenso silencio, que rompí torpemente como queriendo explicar el origen de mi respuesta: "Sucede que me gustan las Ciencias Sociales, pero además soy guionista", fue lo que dije. Recién entonces Alabarces (que en realidad no era Alabarces) sonrió, se acomodó un poco hacia atrás, y abriendo los brazos volvió a hablar "Excelente; de mi parte no tengo más nada que decir." Luego de esto la gente comenzó a aplaudir, lo cual me desorientó un poco, porque lo aplaudían a él, pero quien había dado la respuesta había sido yo. De todos modos me gustó haber encontrado esa idea que relacionaba las ficciones con nuestra identidad. En ese momento me interrumpió mi mamá, que estaba sentada detrás de mí, para decirme que ella no había entendido nada, pero que igual me agradecía por haberla invitado, pues esas salidas le servían para entretenerse.

Mientras tanto yo veía cómo Alabarces (que en realidad no era, ya lo hemos explicado) pasaba la gorra entre los presentes, y después se bajaba del colectivo (hubiese jurado que antes estábamos en un salón...), y eso me provocaba cierta contrariedad, porque yo quería aprovechar la ocasión para conversar con él un rato, pues también a mí me gustaba la idea de dar charlas. Llegué apenas a saludarlo con un gesto con la mano, a través de los vidrios de la puerta trasera del colectivo, que ya arrancaba. El alcanzó a verme y a devolver mi saludo, pero me dio la impresión de que no tenía idea de quién era yo, ni mucho menos de por qué lo saludaba.

Después de eso miré mi celular. Noté que solamente tenía un cuatro por ciento de batería, y supe que no iba a alcanzar para mucho. Tal vez ni siquiera para llegar a abrir el Google Maps y saber en dónde diablos estaba. Creí adivinar que no me hallaba demasiado lejos de Plaza de Mayo. Recuerdo haber visto un cartel indicador que mencionaba la calle Sills, pero eso no me dijo nada. De todos modos toqué el timbre y me bajé, pues además me pareció que habíamos llegado al final del recorrido.

Una vez en la calle me llamó la atención un camión grúa, que apoyaba violentamente sobre su planchón a un pobre Fiat 600 blanco que alguien había dejado mal estacionado. Ahí recordé que en algún momento previo de mi sueño yo había dejado abandonada mi motocicleta en el furgón de un tren, y me desperté sobresaltado, pensando que debía ir urgente a rescatarla, fuese donde fuese que mi moto hubiese quedado olvidada. Tardé todavía un rato en darme cuenta de que la noche estaba terminando y había dejado de llover.

martes, septiembre 26, 2017

Destino

Somos arrojados al mundo,
escupidos sobre la faz de la tierra
en medio de todo este dolor
y de toda esta belleza
sin que nadie se digne a explicarnos
de qué se trata la vida,
qué se espera de nosotros,
cuál es el maldito propósito
de todos nuestros días y noches,
si es que acaso existe alguno,
y de lo contrario qué.
Nadie nunca nos ha explicado cómo vivir.
Pero resulta más grave que tampoco
nadie nos haya enseñado jamás
a prepararnos para la muerte.

domingo, septiembre 17, 2017

Coches fúnebres

Pienso que los coches fúnebres deberían ser,
por rigor y adecuación a lo penoso de su uso,
autos siempre lóbregos, oscuros, solemnes,
vehículos sin el más mínimo confort,
con asientos ligeramente incómodos,
sin reproductor de música, ni apoyabrazos,
ni aire acondicionado, ni calefacción.
Bueno, tal vez sí aire acondicionado
porque ya se sabe que los muertos
y el calor no combinan demasiado.
Pero es solo una cuestión pragmática.
Así al menos imagino yo un coche fúnebre.
Sin embargo esta mañana he cruzado uno
que no cumplía con estas condiciones.
Se trataba, muy por el contrario,
de un auto moderno, de porte aerodinámico,
claramente confortable, y de seguro tenía
reproductor de música y calefacción,
y también aire acondicionado,
si se veía a las claras que era un lujo
viajar en semejante vehículo,
así no fuese más que para ser llevados
hasta nuestra última morada, y sin embargo
qué clase de extraño triunfo supone
haber llegado a viajar así, a la vista de todos,
en auto tan moderno, tan elegante, tan costoso
-ah, sobre todo tan costoso-,
cuando quien allí viaja ni siquiera
se habrá enterado que así es trasladado,
con tanto honor, pompa y gasto.
Es bueno que lo sepamos desde ahora:
nuestro viaje final siempre será una derrota.
Nadie sale vivo de este juego.

jueves, septiembre 07, 2017

Todavía tiene tanta agua el cielo

Hace justo cuatro años escribía una pregunta:
¿Cómo es que todavía tiene tanta agua el cielo?
Hoy veo el cielo, hay sol, también algunas nubes.
Recuerdo entonces, y lo recuerdo muy bien,
que en aquel momento parecía
que no iba a parar de llover nunca.
¿Hará falta que diga que no se trataba nada más
de esas lluvias que anuncian los meteorólogos
por más que, curiosamente, ambas coincidieran?
Hoy comienzo a saber que
todo inevitablemente termina.
Las lluvias, las calmas, los amores,
el dolor, los demás, nosotros mismos,
las tiranías, las democracias, el tiempo.
Nada hay de lo cual pueda decirse
que vaya a ser permanente,
excepto quizás el misterio.
Pero incluso el misterio dejará de
importarnos cuando dejemos de estar,
cuando dejemos de preguntarnos.

jueves, agosto 31, 2017

Una revelación

Hace un rato, casi como una revelación,
comprendí finalmente algo que es menester que recuerde:
El hombre sabio debe tender siempre a la quietud de su espíritu,
pero evitar al mismo tiempo cualquier forma de la inmovilidad.


miércoles, agosto 30, 2017

Remembranzas y olvidos

Es menester buscar maneras
de quedar a salvo del olvido.
Asegurarnos no pasar por la vida
sin dejar al menos un rastro
capaz de hacer nacer una sonrisa
o por lo menos su esbozo
en quienes hayamos querido.
Es que solemos ser torpes
/muy torpes /tan torpes
y podríamos ser recordados
por las cosas que mal hicimos.
Es mejor sembrar buena memoria
y permanecer en quienes nos amaron
como una dulce remembranza.
Ojalá que el tiempo, implacable,
no nos convierta a la larga
en el mal recuerdo de nadie,
incluso cuando resulta probable
que el olvido sea a la larga
nuestro destino inevitable.

martes, agosto 29, 2017

A veces

A veces esperamos a la muerte por un lado
y la muerte aparece de improviso
por donde no se la esperaba,
como advirtiéndonos,
como invitándonos a reflexionar
acerca de nuestra fragilidad.
Hoy. Este momento. Ahora.
Esto es lo único que tenemos,
y a veces estoy tan cansado.
Somos frágiles. Lo somos vos, yo, todos.
Claro que hay quienes no lo saben,
quienes ni siquiera lo sospechan,
ni lo quieren saber tampoco.
Nosotros sí. Lo sospechamos, al menos.
Entonces, necesitaría dormir.
Dormir ahora mismo.
Dormir mucho, mucho, mucho, mucho.
O dormir un rato, aunque más no sea.
Dormir con vos, por supuesto.
Mientras dormimos, el mal no existe.
Nada nos amenaza, ni siquiera la muerte,
y nada de lo que hagamos estará mal.
El mal solamente existe a partir del
momento en que nos despertamos
y dejamos de ser nosotros, los verdaderos,
para pasar a ser nosotros, los construidos.
Y entonces, otra vez, ahí están las realidades paralelas,
las dimensiones del sueño, lo otro, lo inasible,
y es como si estuviese un poco demente.
Disrritmia cerebral marcada con rasgos esquizofrénico paranoicos,
sería un diagnóstico posible, embellecido con términos técnicos.
Loco de mierda, podría decir alguien en otra ocasión,
con menos palabras pero muy similar criterio.
Yo no sé, y a esta altura tampoco importa.
Me gustaría tanto ser inocente de nuevo.
Pero ya ni siquiera estoy seguro de qué
cosa quiera seguir diciendo esa palabra.
Ya veremos qué hacemos con todo esto.
La vida, se sabe, no da garantías de ningún tipo.

Ariel Poggi

La muerte siempre es asunto grave
y además casi siempre es injusta
y también es cosa inesperada
por más que uno ya sepa
que tarde o temprano
todos vamos a morir.
Pero saber algo es muy distinto
que aceptarlo calladamente
como si fuese lo más normal del mundo
incluso cuando en efecto lo sea.
Y cuando uno espera a la muerte
en un lugar y ella aparece
de manera imprevista
en otro sitio, con otro nombre,
hay algo que nos sacude.
Y es demasiado temprano
como para ser cierto
demasiado pronto
demasiado contraste
el de la muerte con la risa
y la vitalidad y la alegría
con la que uno recuerda
a quien hoy ya es otro muerto.
Van a extrañarte el bombo y los platos.
Yo me quedo con el ritmo y la música.
Espero que el tuyo sea un buen viaje.
Ese viaje que tarde o temprano
todos deberemos realizar.


miércoles, agosto 23, 2017

Todavía de noche

De pronto me despierto
y comprendo que solo
se trataba de un mal sueño
o al menos eso me parece
lo voy confirmando de a poco
mientras las cosas recuperan
sus formas y nombres habituales
conforme avanza la luz del día
y se retiran las sombras
y quisiera ir a bañarme
para quitarme de encima
las telerañas de la pesadilla
dejar que el agua haga lo suyo
que ablande un poco el cuerpo
y que remueva esta piedra
pero no logro moverme
sigo como un idiota en la cama
tapado casi hasta la nariz
y sin poder levantarme
quiero que sea noche de nuevo
todavía de noche, otra vez noche
pero no una noche cualquiera
sino una de esas que se extravían
en la memoria lejana del tiempo.

domingo, agosto 20, 2017

Raúl

Y mientras ahuyentaba sombras
de gentes que no estaban allí,
me decía que soñaba con
un águila de tres cabezas:
la primera lo escudriñaba,
la segunda lo hipnotizaba
y la tercera lo golpeaba
con su pico de bronce,
hasta abrirle el cráneo.
De inmediato añadió,
encogiendo sus hombros
como si fuese un misterio,
que así dicen que es la bestia
que recibe a quienes fueron
condenados al purgatorio.
Quise decirle entonces que
él no no tenía que preocuparse,
pues tal sitio no le estaba destinado,
pero sólo me salió decirle un te quiero.
Y no pude sino pensar en la fragilidad de la vida,
y no pude sino llorar ante la despedida inminente,
que así son, en definitiva, las despedidas todas.


miércoles, agosto 09, 2017

Mensajes sin tiempo

Escucho tu voz.
"Te quiero", decís. --Me decís.
Aunque en realidad
no lo estás diciendo ahora,
por más que sea ahora cuando
yo nuevamente te escucho decirlo.
Lo dijiste en algún momento,
hace tiempo, meses atrás tal vez,
y acaso puede que hasta años.
Tuviste la prudencia de dejarlo
grabado en un tibio mensaje.
Y así yo escucho tu voz ahora: "Te quiero".
Eso es lo que tus palabras dicen. --Me dicen.
Y es un "te quiero" renovado, presente,
por más que sé, al mismo tiempo,
que tu voz llega hasta mí desde el pasado.
Igual me siento tentado a responderte
y agarro el teléfono, para llamarte.
Enseguida me contengo, sin embargo,
y me digo que no, que no puede ser así.
Porque el tiempo ha transcurrido
y es un mensaje antiguo
el que así me incita a hablarte.
Qué sentido tendría responder ahora,
de un modo tan extemporáneo,
a esas palabras de otro ayer.
Entonces decido hacer esto:
intento escribirte un poema.
No sé cuándo habrás de leerlo.
Yo lo escribo hoy.
O al menos eso parece.
Quizás vos lo leas mañana,
o tal vez dentro de un mes,
o acaso dentro de un siglo.
Eso realmente no importa.
Cuando leas estas palabras,
sea cuando sea que lo hagas,
quiero que sepas que las escribí
solamente para decirte que
también yo te quiero.

martes, agosto 01, 2017

Sueño 210801 - Conversación con Dios

Anoche soñé con Dios. Iban a crucificar a Jesucristo... Y yo sufría, imaginando que no sería capaz de soportar ser involuntario testigo de su horrendo calvario. Entonces mi sueño decidió saltearse esa parte, y Jesucristo apareció en mi historia ya muerto. Pero debíamos velar el cuerpo maltrecho hasta la mañana siguiente. Una mujer, creo que era mi madre, envolvía los restos del pobre y maltratado Jesús en una manta, y lo acomodaba a los pies de la misma cama en la que yo debía dormir. Sin embargo, cuando me quedaba solo con el cuerpo (en algún momento también andaba por ahí una niña, que acaso fuese mi hija o mi hermana de pequeña), resultaba claro que Jesús no estaba muerto. De hecho, y sin que ello me sorprendiera demasiado, él se recostaba y se disponía a conversar conmigo. 

Dios hecho hombre estaba completamente desnudo y sus heridas habían desaparecido. Su rostro era joven... No se parecía para nada a como se lo representa en el cine o en las estampitas: era morocho, de tez morena, gesto manso, y tenía el pelo relativamente corto. Imaginé que perfectamente podía ser confundido con un aborigen. Entonces yo le decía, como si fuese un ruego: "Quisiera preguntarte tantas cosas..." El me invitaba a que lo hiciera, a que le planteara los interrogantes que quisiera. Yo le preguntaba entonces si en verdad había un único Dios, o si existía más de uno. El se ponía un tanto relativista: me decía que no era tan sencillo, que ambas cosas eran ciertas. Que en cierto sentido había un Dios único, pero que también había distintas encarnaciones. 

Yo sabía que mis preguntas siguientes tendrían que ver con dos cosas: por un lado deseaba develar el misterio de lo que hay después de la muerte, y por el otro indagar sobre las eventuales consecuencias de nuestras malas decisiones. Pero no llegué a plantearlas. Me desperté antes de poder formular esas preguntas. Y me quedé con la duda, en consecuencia. Tal vez la respuesta a la primera de esas dos preguntas que no llegaron a plantearse se ubique después de todo más allá de la posibilidad de un conocimiento humano. Y en cuanto a la segunda, tratándose de una cuestión vinculada todavía a la vida, puede que nosotros mismos seamos los encargados de resolverla. 

Acaso todos nosotros no seamos más que eso: preguntas. No sin solución, pero sí es probable que con respuestas muchas veces inciertas, veladas, vislumbradas apenas, de un modo para nada claro ni definitivo, sino más bien evanescente, como una manifestación que llegara apenas a insinuarse en sueños, justo antes de despertarnos.

lunes, julio 31, 2017

06:50

A veces uno escribe en sueños
o sueña que está escribiendo
y de pronto se sorprende
porque falta una palabra
y por más que la busca
la palabra no aparece.
Nos acecha entonces
una inquietante urgencia
porque presentimos que
la llegada de la mañana,
o el horrendo despertador
dispuesto siempre a romper
del sueño los pliegues sutiles,
o acaso algo aun más grave
y además quizás definitivo
nos impedirá hallar jamás
esa extraviada palabra
que hemos tal vez
presentido o vislumbrado.
Pero aceptémoslo, no hay caso,
siete menos diez de la mañana
el despertador ya se dispone
a arrancarnos del sueño
y no tenemos remedio.
Dormidos o despiertos
las palabras son así,
siempre se nos escapan
cuando más las necesitamos,
pero entonces seamos sinceros,
hay cosas para decir las cuales
no existen palabras que valgan
y hay que salir a inventarlas
o probar de reemplazarlas
por imágenes, por músicas,
por un abrazo, por un gesto,
por un beso, por una mirada,
o simplemente por un silencio.


viernes, julio 21, 2017

Reglas de juego

Qué paraíso, qué infierno,
qué tiempo fugaz en la tierra;
nada de esto existe sino en
nuestros propios corazones.
Y así vamos por la vida
sin mayores certezas,
excepto las que nosotros mismos
decidimos ir estableciendo.
Y nuestros sentimientos
son finalmente los que
se ponen en juego.
Nuestros deseos
y nuestras creencias.
Son nuestras horas
y nuestras risas
y nuestros llantos
y nuestros cuerpos,
nuestros dolores
y nuestros gozos,
nuestros apetitos
y nuestro alimento.
Son nuestros poemas,
esos que escribimos
y esos que leemos,
y lo que logramos poner
o rescatar en cada uno de ellos.
Todo eso es lo que instala
la única regla que importa:
apreciar la belleza que
habita en cada instante.

miércoles, julio 19, 2017

Blancos

Hoy. Solamente hoy.
Hoy debería ser suficiente.
Porque hoy es lo único que importa.
Somos demasiado pequeñitos
como para preocuparnos por la eternidad.
Somos demasiado blancos
(blancos no es la palabra correcta
pero en rigor eso no interesa)
como para preocuparnos por el futuro
o por las cosas que ya han pasado.
Hoy es el único tiempo que tenemos,
el breve instante en el que somos.
Quizás si pudiésemos rescatar esto,
el momento en que transcurrimos,
si lográramos concentrarnos
en una respiración, en una tenue brisa,
en el fugaz vuelo de un pájaro,
quizás así podríamos ser
aun algo más blancos,
aun más inocentes,
aun más felices de lo que somos.
O por lo menos un poco felices;
acaso con eso fuera suficiente.

domingo, julio 16, 2017

Mientras tanto

Es curioso.
Sé que alguna vez fui un niño
pero no logro recordarlo.
Tengo memoria de fotografías,
de anécdotas diversas, de relatos,
pero me falta el legítimo recuerdo
de ese que alguna vez fui
y ahora ya no soy.
Y no digo solamente el niño:
hablo también del joven
de hace un par de décadas,
o del hombre de siete años,
seis meses, cinco días atrás.
Pero ese niño.
En especial ese niño.
Hoy he despertado siendo
este que soy ahora mismo.
Este que se disuelve en
el infinito mar del tiempo
y que mañana se terminará
perdiendo en la nada.
Pero mientras tanto.

sábado, julio 15, 2017

Territorio mítico

Leo que alguien dice por ahí que un poeta
debe establecer un territorio mítico;
y sería razonable preguntarnos
qué diablos se supone que quiera decir eso.
Sin embargo yo prefiero cuestionarme
si en verdad puedo pensarme poeta.
Es verdad que suelo andar cansando palabras
en forma de versos de pretensiones diversas,
que es lo que suelen hacer los poetas.
Pero no se trata de escribir versos solamente.
Entonces leo otra vez: alguien sostiene que
el poeta establece territorios míticos...
¿Situados tal vez fuera del tiempo?
¿Poblados por personajes de corte divino o heroico,
o representativos de algún aspecto universal
de la humilde condición humana?
Yo no sé si mis modestos versos
tendrán algo que ver con todo eso.
Pero entiendo que ser poeta se ubica
más allá del hecho de escribir palabras.
Se me hace que es poeta quien traduce,
sea en versos o de cualquier otra manera,
algo de la belleza y las angustias del mundo.
Yo he escrito muchos versos, es verdad.
No sé cuántos de ellos tengan realmente algún valor,
si alguno llegará a aproximarse siquiera al
incierto umbral de lo que merece ser recordado.
Pero tampoco sé, en definitiva, si tal sea el sentido
que uno debería perseguir para lo que hace.
Lo cierto es que allí están esos versos,
salidos vaya uno a saber de dónde,
y dudo si alguna vez serán apreciados,
si alguien creerá que algo tienen de poéticos,
y mucho menos si creerá que ellos constituyen
algo parecido a un territorio mítico.
Y qué será eso de los mitos, me pregunto.
Tal vez un desprendimiento de una realidad
que de un modo u otro nos resulta insuficiente,
y por eso nos vemos compelidos a escapar de ella,
a buscar otras dimensiones, acaso más amplias,
otras bases, otras estéticas, otras verdades.
El mito en definitiva no es sino la representación
de un mundo sutilmente distinto en el cual
a veces nos gustaría extraviarnos.

viernes, julio 14, 2017

¿Un verso cualquiera?

Distraído, haciendo cualquier cosa,
de improviso un verso cualquiera
aparece y me sacude la cabeza.
Me digo entonces que tal vez,
después de todo, acaso no se trate
de un verso tan cualquiera,
sino de uno con algo particular.
Me debato entonces en la disyuntiva
de dejar lo que estaba haciendo
para rescatar ese verso,
para evitar que se pierda,
o continuar con lo que hacía
y dejar que el verso se disuelva
para siempre en la nada.
Me pregunto entonces qué hubiese ocurrido
si, por ejemplo, Gustavo Adolfo Bequer
hubiese omitido escribir aquello de
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar...
Y es cierto, acaso el mundo seguiría
siendo sencillamente el mundo,
nada cambiaría de manera radical;
y sin embargo quienes hemos paseado
alguna vez la vista por aquellos versos
sabemos que algo se hubiese perdido,
algo valioso, algo sutilmente bello;
y no hay peor pecado que dejar
que algo hermoso se extinga
antes de haberle brindado
al menos ocasión de ser.

jueves, julio 13, 2017

Vanos intentos

Tengo la cabeza llena de palabras
que tal vez no vaya a decir nunca.
Escribo cartas que quedan guardadas
en los oscuros fondos de mil cajones,
siempre y cuando no corran peor destino
como ser el fuego o el tacho de basura.
Escribo mensajes en una pantalla
pero borro sistemáticamente
cada letra sin enviar nada.
De repente pienso que todas
estas palabras y frases cansadas
deberían servirme para escribir
al menos algún breve poema.
Lo intento, pero sé que
jamás lo lograré.

lunes, julio 10, 2017

La vida es

La vida es un camino constante
de aprendizaje y desaprendizaje,
muchas veces hermoso,
otras tantas terrible,
pero solamente es camino
en la medida en que lo transitamos.
No reniego, entonces, de lo transitado.
Porque cada paso dado me trae hasta aquí,
hasta este preciso momento,
con todos sus errores
pero también con sus enseñanzas.
Con todos sus dolores,
pero también con sus bellezas.


sábado, julio 08, 2017

Der Mond (Otras lunas)

Es un dato curioso para quienes
vivimos en esta región del mundo
saber que en alemán la palabra luna
no es femenina, sino masculina.
Y entonces ahí van los germanos,
tejiendo metáforas que asimilan
la luna con un monje, o con un gato,
o con un búho, pero nunca una lechuza.
Es cierto que, como bien dice Romeo,
incluso cuando a la rosa la llamemos
de cualquier otra manera
no por eso dejará de ser rosa,
pero también es verdad que
no es igual varón o mujer,
masculino que femenino,
luna que sol o estrellas;
pero así son los alemanes.
Nosotros, en cambio, sabemos
que la luna es femenina
que la luna es mujer
que la luna es madre
que la luna es hembra
que la luna tiene curvas
que nos provocan y seducen
y promueven ardores impensados
al mismo tiempo que reales.

Claro que la luna tiene sus misterios:
en ocasiones llega silenciosa y fulgurante,
iluminando a pleno la bóveda nocturna,
y otras veces la buscaremos en vano
en medio de la noche más oscura.
También puede mostrarse apenas
como un tenue filo, o sorprendernos
en pleno día paseando a deshoras.
Dicen quienes saben que la luna
simboliza la fertilidad,
pero también la inconstancia
propia de la fortuna y de la mujer;
como si el varón fuese un ser constante.

La cuestión es que aquella noche
no se veía la luna en el cielo,
pero de todos modos allí estaba.
He aquí el sencillo secreto:
no siempre la luna debe ser
buscada en el firmamento;
en ocasiones podemos hallarla
en otros sitios, en otros rituales.
Ahí estaba la luna, entonces,
y se ofrecía desnuda,
desvergonzada,
blanca e inocente,
alta, preciosa y pura,
desenfadadamente gozosa,
y sin palabras decía:
"Ven a mí, aquí estoy,
lista para ser tomada".


viernes, julio 07, 2017

Otras lluvias

Es como la lluvia.
Nadie puede decir que
ella sea buena o mala.
La lluvia simplemente es.
A veces cae sobre el mundo
con suave y tenaz constancia,
otras veces de manera impetuosa.
Pero sencillamente sucede,
y sería un sinsentido
lamentarse por eso,
o cuestionar su presencia,
o pretender detenerla.

Eva, Adán y Dios

Cuentan que hubo un tiempo, probablemente fuera del tiempo, en que Adán caminaba solo por el joven mundo. Curiosamente él mismo no sabía que estaba solo, y no era capaz de padecer su soledad. A lo sumo es probable que se aburriera un poco, sin saber muy bien en qué ocupar todo ese tiempo que le era concedido; no había libros, ni música, ni cine, ni televisión siquiera, viajar era una alternativa de alcances limitados, y por supuesto tampoco estaba Eva. Pero Adán no podía concebir esa soledad que lo rodeaba, puesto que al ser único en el mundo no conocía otros estados posibles de las cosas. 

Es notable que haya sido Dios, muy a pesar de ser también El alguien solo y único en su género, quien tomó nota del asunto y manifestó aquello de que no era bueno que Adán estuviese solo. Por qué razón, siendo El todopoderoso, decidió darle una compañera a Adán y no dársela a sí mismo, que tan solo como Adán estaba, es algo que no sabemos. Y aun si tuviésemos ocasión de preguntarle, Dios de seguro nos respondería, razonable y convenientemente, aquello de "mis designios inescrutables son".

Puestos a especular, tal vez Dios se alimente de los amores de todos los hombres y mujeres del mundo. Eso explicaría que no necesite compañera. Y si acaso su divino orgasmo fuera la suma de los que experimentamos sus creaturas, cuanto más intensos fuesen nuestros humanos goces más cerca de El estaríamos. La teoría no parece descabellada, en cuanto uno lo piensa un poco, aun cuando los autoproclamados representantes de Dios en la tierra se hayan obsesionado con condenar la cópula y el disfrute, en lugar de celebrarlos. Pero si pensáramos la cópula como un acto de belleza o de felicidad divina, como un pensamiento ante el cual se agolpan las palabras, como si se leyeran a un mismo tiempo todos los poemas que jamás hayan sido escritos...

Pero regresemos al principio del hombre, y de tantas otras cosas. Lo cierto es que de Adán hizo Dios a Eva, moldeando carne de su carne, algunos dicen que una costilla; es raro que faltase materia prima: acaso la intención divina fue que Eva y Adán fuesen dos partes de una misma cosa, para que ahora sí, al estar separados se sintiesen solos y desearan volver a juntarse, como antes de la divina operación quirúrgica. O tal vez fue una estrategia, para que no hubiese riesgo de que, al ser Eva y Adán dos distintos, en lugar de atraerse se encontraran repulsivos, aléjate de mí, fea cosa, que tienes mal olor, y tú qué tienes que decir, si te la pasas parloteando todo el día, vete de aquí. Menudo paraíso hubiese sido ese.

No sucedió así. Al parecer Eva y Adán se atraían, se solicitaban todo el tiempo, se gozaban, complaciendo al Creador, y nadie tenía problemas con mirar o ser mirado, porque todavía no se habían inventado ni la vergüenza, ni la culpa, ni tampoco los terceros en discordia. Con respecto a la vergüenza y la culpa, Eva y Adán vinieron a cagarla, cuando comieron del árbol de la sabiduría, cuyos frutos Dios expresamente les había prohibido. Aunque para ser justos, explicame para qué puso el Señor ese árbol prohibido al alcance de la mano de esas pobres creaturas, que El mismísimo creó dotadas de libre albedrío, eso es cierto, pero también de curiosidad, de ansias y deseo. Algunos de los términos de toda esta historia parecen no estar del todo bien planteado. Y en cuanto a terceros en discordia, ya hablaremos en otra ocasión de eso.

Lo cierto es que Eva se tienta, y desea comer la fruta prohibida, acaso con la expectativa de obtener así un sabor nuevo, o una belleza distinta, o un nuevo goce, o un nuevo conocimiento, que todo lo anterior bien podía resumirse en esto. O acaso fue no más que por haberle sido prohibida, así es el alma de las mujeres y los hombres, y Dios de seguro bien lo sabe, lo cual lo deja en una situación bastante incómoda, no te hagas el inocente, Señor, que tu actitud fue a todas luces calculada, y por lo tanto casi diríase perversa. Ni siquiera la bíblica serpiente estaba allí sin que Tú lo supieras, y Eva y Adán solamente hicieron lo que ya estaba escrito que harían. ¿O no es verdad que Tú todo lo sabes, incluso antes de que suceda?

Como sea. Algo malo hubo también con la supuesta sabiduría que debieron recibir Eva y Adán después de su desobediencia; porque bastó con comer el fruto para que ellos supieran que estaban desnudos; pero nunca supieron por qué razón debían ocultar esa desnudez. Supieron que estaban desnudos, pero creyeron falsamente que en aquella belleza había alguna falta. Tal vez Dios sólo quería demostrar su poder de castigar a quien se atreviese a desafiarlo. Algo muy propio de quien no está del todo seguro de sí mismo, de su poder o de su mismísima existencia.

jueves, junio 29, 2017

Amores y odios

Querer a alguien...
O mejor dicho:
Querer lo que se imagina en alguien...
O dicho con más propiedad:
Querer lo que se decide imaginar en alguien
una vez que hemos logrado disimular
todas sus inevitables miserias
hasta el punto de creer
que no las tiene...
Eso es algo sencillo de hacer.
Lo difícil es querer a quien
realmente ese alguien sea.

Lo bueno, por supuesto,
es que lo mismo vale para los odios.

Aborrecer a alguien...
O mejor dicho:
Aborrecer lo que se imagina en alguien...
O dicho con más propiedad:
Aborrecer lo que se decide imaginar en alguien
una vez que lo hemos hecho responsable
de cuanta miseria se nos ocurra...
Eso es algo muy sencillo.
Lo difícil es aborrecer a alguien
cuando reconocemos que en definitiva
se trata de un alguien tan parecido a nosotros.

Un tiempo fuera del tiempo

El arco acaricia las cuerdas del violín,
que súbitamente despierta y besa el silencio.
La música abre de pronto un paréntesis,
algo así como un tiempo fuera del tiempo,
una expresión de belleza que sólo podría
equipararse a un acto de amor, o de magia.
En tanto la música suena, la realidad
suspende su curso y se ubica en otra parte,
los relojes se detienen, rige otro devenir.
En este paréntesis mágico en cuyo transcurso
ocurre la música, suceden también otras cosas:
- por allá alguien cierra los ojos y siente,
- más acá alguien derrama una lágrima,
- una pareja discretamente se toma las manos,
- un joven sonríe y se entrega a sus sueños,
- una mujer recuerda a su padre ausente,
- alguien más suspira y se confía a Dios,
y así, cada quien en su mundo,
todos juntos en un mismo lugar,
las emociones vibran en sincronía
con la melodía, las armonías, el ritmo,
y en tanto la música sostiene el hechizo
lo único que existe es esta belleza,
curiosamente plena de inocencia.
Más tarde, cuando ya se haya apagado
la reverberación de la última nota,
entonces sí, ese será el momento
de regresar cada quien a su casa,
la hora en la cual el sueño se disuelva,
que hasta donde sabemos es lo que ocurre,
tarde o temprano, con todos los sueños.
Pero mientras tanto,
la música todavía suena.
Acaso no sea sino esto la vida:
una sucesión de mientras tanto.


lunes, junio 26, 2017

Beethoven, Menuhin, miedos y fantasmas

No es la primera vez que me sucede, de manera que no fue una situación que me resultara ajena. Pero que algo sea conocido no significa que no pueda seguir siendo al mismo tiempo algo incomprensible, y en algún punto, en consecuencia, también algo inmanejable. Soy de esas personas que a menudo no comprenden las cosas que le suceden; que pueden sentir un raro extrañamiento respecto de sí mismos. Aunque acaso sea algo que le sucede a todo el mundo, sin que yo lo sepa. Usted podrá decirse a sí mismo, en todo caso, si se siente o no identificado.

Lo cierto es que, después de haber pasado una mala noche, esta mañana me quedé dormido. Cuando desperté ya era tarde y estaba demorado, de manera que me duché rápido, desayuné algo liviano y mientras me vestía puse un poco de música para sentirme acompañado. Después, simplemente el tiempo siguió pasando. Había puesto el Concierto para violín de Beethoven, que sonaba desde los parlantes, en el departamento, en una versión histórica grabada en Londres por Yehudi Menuhin y Kurt Furtwângler a comienzos de la década del '50. Y de pronto me dí cuenta de lo que ya he dicho: que el tiempo seguía transcurriendo, pero mi cuerpo ya no reaccionaba de acuerdo a mi voluntad, y mucho menos acorde a la urgencia propia de mi demora. Que yo había comenzado a sentir que en tanto permaneciera allí, inmóvil dentro de ese departamento, con Beethoven sonando de fondo, estaría seguro; que nada malo podría pasarme mientras Beethoven, Menuhin, la orquesta y esas cuatro paredes y ese silencio. Y sabía que era tarde, y que estaba demorado, y que luego iba a tener que correr, y que por más que corriera no llegaría a tiempo, y que una vez más iba a odiarme por eso, o por cualquier otra cosa, y sin embargo. 

Entonces comprendí lo que realmente sucedía: comprendí que yo tenía miedo. Miedo de qué, eso ya no sabría responderlo. Pero sí: miedo, miedo, miedo, un miedo denso, que me inmoviliza, que me lleva a querer seguir aquí, en donde estoy, sin moverme, sin salir a ninguna parte, y no es porque Beethoven, ni por Menuhin, ni por los músicos que tocaban aquel concierto a comienzos de los años '50, cuando yo todavía ni siquiera había nacido, sino porque todo eso en su conjunto de repente me hace sentir en casa, estas cuatro paredes, este calor, este bienestar modesto, modestísimo, pero que de todos modos facilita esta sensación de sentirme seguro, de ser dueño de un mínimo control sobre lo que sucede en este rincón infinitesimal del universo, al fin y al cabo quién sabe allá afuera qué cosas no irán a hacerme sentir la necesidad, más tarde, de regresar a este pequeño caparazón para guarecerme.

Y tengo algunas ideas vagas acerca de las formas o los nombres que podría asignarle a estos miedos: conozco el miedo a la muerte, por ejemplo, y es curioso pensar que muertos han de estar hoy ya no sólo Beethoven, Furtwängler y Menuhin, sino también la mayor parte de los músicos que han tocado este concierto que todavía suena, pero ya en otro lugar y en otro tiempo; o el miedo al paso de los años, irrecuperables; o a la decadencia; o a querer y no tener; o a querer y no desear querer eso que uno mismo se dice que quiere, porque en verdad se pretende otra cosa; o el miedo a la soledad; o al vacío; o al sinsentido; o a la incomprensión; o a que nos aborrezcan; o al olvido; o a ese anonimato profundo que tanto se parece a la nada, que uno sabe que tarde o temprano vendrá, y cuando eso pase uno se disolverá finalmente en ese olvido fatal, sin que se pueda hacer nada al respecto, nada para rescatar todo lo que se haya sido, lo que se haya amado, lo que se haya deseado.

Este es el verdadero miedo, me dije entonces; miedo infame, pues hay que hacerle frente sin que sepamos cómo: se trata del miedo de tener miedo sin saber a qué; saber que el miedo en sí mismo es real, y sin embargo no saber realmente a qué es lo que se teme. Porque todo lo que se teme pertenece al orden del misterio.

sábado, junio 24, 2017

Lo que no se dice

Detener la palabra
un segundo antes del labio,
escribió una vez Juarroz.
Esa palabra que puede ser
como pájaro igual a su ausencia.
Vos traes hasta mí esos versos.
Y entonces yo estoy a punto
de escribirte un par de palabras;
estuve a punto de hacerlo y eran,
literalmente, nada más un par;
no éstas que de hecho escribo,
sino otras, apenas dos.
Pero luego he releído a Juarroz
y he comprendido que la ausencia
de ese par de palabras aquí,
que no es ausencia de lo que sucede
sino solamente de lo que se dice,
puede ser igual a lo que siento;
a lo que vos sabés que siento.

domingo, junio 18, 2017

Islas

Ningún hombre es una isla
pues ninguna persona vive
auténticamente aislada del mundo.
O acaso sí; acaso todas las personas
seamos como islas
dado que jamás podremos
llegar a estar auténticamente
en el lugar que ocupa el otro,
respirar por el otro,
sentir por el otro,
amar por el otro,
imaginar siquiera
lo que imagina el otro
en el momento de ser alguien
diferente de nosotros mismos.
Nuestro cuerpo es a nuestra soledad
lo que el agua es a la isla:
nos rodea, nos abraza,
pero nos impide ser alguien
distinto de quienes somos.
Entonces nos acercamos a los demás,
a veces mediante la empatía,
o mediante el poder,
o mediante la seducción,
o mediante la dominación,
o mediante la piedad,
o mediante el amor,
que según Sartre no es
sino una sofisticada forma
de la manipulación.
Vaya uno a saber si eso es cierto.
Lo bueno es que, islas o no,
cada tanto nos encontramos
con otros que son
parecidos a nosotros,
islas, náufragos o navegantes.


Cadena de manos

Las manos de mi padre,
que sostienen entre las suyas
las manos aún pequeñas de su hijo,
que ahora sostienen a su vez
las pequeñas manos de su hija.
Es una cadena de manos,
aunque todo esto suceda
en tiempos distintos.
Hoy las manos del padre
son sostenidas por las manos
del hijo cuyas manos, seguramente,
si las cosas han sido bien hechas,
serán a su vez sostenidas mañana
por las manos de una mujer
que hasta hace poco fue mi niña.


lunes, junio 12, 2017

Naturaleza de la poesía

Ayer alguien se refirió a mí
utilizando la palabra poeta.
No supe qué sentir.
En ese momento me pareció
una palabra demasiado grande,
y no es que yo sea modesto,
o sinceramente... no lo sé;
pero no pude menos que preguntarme
qué cosa será realmente un poeta.
Yo en mi casa tengo un piano,
que compré sin saber tocarlo;
y todavía sigo sin saber,
pero de todos modos, de tanto en tanto,
igual me siento delante del teclado
y dejo que mis dedos jueguen
libremente, torpemente,
que busquen alguna lógica,
que no siempre encuentran,
entre las teclas y las notas.
Pocas veces lo logro, es verdad;
me entretengo, no obstante,
y surgen esbozos de ritmos,
alguna que otra armonía,
nada que merezca seriamente
ser llamado música, es cierto;
y sin embargo, qué otro nombre
podríamos darle a todos esos sonidos
que surgen como venidos de ninguna parte
y sin embargo están ahí, indubitables.
¿No son acaso una forma de la música?
Entonces, de nuevo: ¿qué es un poeta?
Alguien que escribe versos, seguramente;
pero no puede tratarse apenas de eso,
tiene que ser algo más.
Alguien que comprenda,
por ejemplo, la rebeldía de la belleza.
Y es posible entonces que sí haya
algo de eso, por fin, en mi caso.
O alguien capaz de observar la luna
y saber que allí hay mucho más
que el satélite natural del planeta;
que allí hay algo que es inalcanzable,
por más que Neil Armstrong haya posado
alguna vez sus suelas en la superficie selenita
y haya soltado aquella tontería
del pequeño paso para un hombre,
paso grande para la humanidad;
eso fue una vil mentira: ningún paso
dio la humanidad tan especial esa noche
(digo noche porque allí estaba la luna);
todo sigue sin mucho cambio aquí abajo,
los mismos males, las mismas dudas,
las mismas soledades, las mismas miserias.
Y cuántos entre nosotros podremos
alguna vez pisar la luna y saber,
como el astronauta, cómo es aquello.
Para la mayoría de nosotros, los mortales,
la luna será siempre algo inalcanzable,
y por lo tanto similar a un sueño,
y por lo tanto materia apta para la poesía.
Y sí, confieso entonces que he escrito,
no pocas veces, palabras inspiradas
y referidas también a la luna.
Como sea: ayer alguien habló de mí
utilizando la palabra poeta,
y yo me sentí halagado;
y sentí que aquellas palabras,
salidas quién sabe de dónde,
que tantas veces he considerado
torpes, absurdas, delirantes,
pueden hallar, de tanto en tanto,
un oído atento.

jueves, junio 08, 2017

Sueño 170608

Anoche soñé que yo era dos.
Vale decir: que con vos éramos tres;
concretamente: vos, yo y yo.
Recuerdo que yo te decía
que no tenía sentido
sentir celos de mí mismo.
Lo que en verdad me intrigaba
era ver si podía sentir por los dos;
vale decir: por mí y por yo,
o simplemente por uno,
como le ocurre a toda la gente.
No sé si se trató de un sueño erótico,
por más que los tres estuviésemos
desnudos y en la cama, etcétera.
Ya dije quiénes: vos, yo y yo.
Creo más bien que este raro sueño
nos habla de mi miedo a la nada:
si uno es dos, y de los dos uno muere
puede ser que el otro permanezca.
En lo que hace a tu presencia,
es como dice aquel viejo romance:
La muerte me anda buscando,
junto a ti, vida sería.
Al fin, el amor y el orgasmo
no son sino estrategias
para distraer a la muerte,
o al menos para olvidarnos
de ella por un rato.
Por cierto, quisiera que sepas
que si escribo todo esto
es porque lo soñé,
pero también
porque te extraño.

martes, junio 06, 2017

Psicólogo de mí mismo: Los otros

- Sabe, doctor... Buscando estar más tranquilo conmigo mismo y con el mundo, un día decidí que iba a pensar que todas las personas hacen y ofrecen lo mejor que tienen de sí. Que si no dan o hacen más, es porque no pueden, y no porque no quieran.
- Sin duda es un muy buen método; lo felicito.
- Claro. Pero mi problema es que últimamente, en algunos casos, no logro convencerme de que esto sea verdad.
- A ver... Su idea para estar en paz es buena, y en algún punto es cierta. Pero pasado ese cierto punto... Uno puede hacerse un poco el boludo, pero ser boludo es otra cosa. En cualquier caso, piense en las veces en que usted mismo haya sido torpe, ciego o mezquino, y de ese modo le será más fácil perdonar las torpezas, cegueras y mezquindades de los demás.

(De mi libro "Cuando yo sea el psicólogo de mí mismo")

lunes, junio 05, 2017

Negación

No.
Decididamente, no.
Es curioso que la única
afirmación que viene a mi ánimo
sea precisamente una negación.
Pero lo cierto es que no.
Definitivamente, no y no.
Y que nadie pregunte
qué cosa estoy negando,
a quién le estoy diciendo
estas palabras,
porque no lo sé.
Pero sí sé que no.
Este profundo rechazo
es lo único que viene
a mi espíritu en este instante,
y no es cansancio,
y no es tampoco una derrota.
No, es sencillamente eso:
una negación definitiva,
terminante, absoluta.

martes, mayo 30, 2017

Visitantes

Me llamó la atención su mirada,
que de pronto pareció atender a otro espacio,
a otro tiempo, a otra gente, a otro mundo.
Los dos somos hombres razonables;
ninguno creería, por ejemplo,
en fantasmas y esas cosas.
La diferencia entre él y yo,
en lo que respecta a este asunto,
es que desde hace un tiempo y cada tanto
él ve pasar ante sus ojos a su madre,
cuando el hecho es que mi abuela
falleció hace muchos años.
Algunos se preguntarán
que tendrá esto de razonable.
Yo considero razonable reconocer
que todo lo que sabemos es menos
que lo mucho que ignoramos.

martes, mayo 23, 2017

Palabras y olvido

Y de pronto se me ocurre
que al fin y al cabo las palabras
tal vez sí tengan una razón de ser,
que acaso sí tenga un sentido decir
una y otra vez las mismas cosas
y escribir poemas más allá
de la íntima sospecha
de que acaso nadie nos leerá.
Y es que también parece posible
que en algún otro momento,
cuando uno ya se haya marchado,
alguien se pregunte quién
habrá sido el que imaginó esas palabras
que todavía subsisten, empecinadas,
aunque quien las pensó ya no esté
ni siga escribiendo, ni soñando,
ni sintiendo miedo, ni amando,
ni nada de nada de nada.
Dicho de otro modo,
escribir podría ser
una manera de asegurarse,
de poder quizás seguir teniendo
algo parecido a una voz
incluso después de la muerte,
cuando todo lo demás sea olvido.

domingo, mayo 14, 2017

Bicicleta

Tres chicas pasan andando
en una misma bicicleta.
La que va sentada en el manubrio,
mirando hacia la conductora,
se fija en la pareja que
pasea abrazada y ajena
unos pasos más allá.
Entonces les grita,
con una sonrisa en el rostro:
"Qué lindo que sean felices."
Está nublado en San Pedro,
donde no hay bicisendas
y la gente no anda apurada.
Pero el sol brilla en alguna parte.


lunes, mayo 01, 2017

El soñante

¿Y si no fuésemos más que el sueño de alguien más?
No importa el nombre que decidas ponerle a ese alguien
que tal vez nos esté soñando a los dos ahora mismo.
Pero si acaso en este mismo instante
vos estuvieses soñando con ese alguien
que a su vez nos sueña a nosotros,
y cualquiera de los dos, sea él o acaso vos,
despertara de repente, ¿qué sucedería entonces?


viernes, abril 28, 2017

(a)mar de arena

Un mar de arena.
Miles y millones de
pequeños clastos de cuarzo
y fragmentos de caracolas
tallados por el agua y el viento,
restos milenarios de sol y de sal
acumulados en silencio a través del tiempo.
Imagino cada uno de esos granos minúsculos
como algo asimilable a un universo,
repleto de días y de noches,
de un tiempo propio,
tan persistente o fugaz como el nuestro.
Un universo que pasa inadvertido
ante nuestra rápida mirada,
que solo es capaz de percibir
el mar de arena completo.
Pienso entonces en mi amor,
el de hoy, el de ayer y siempre,
mezclado con todos esos
fragmentos de cuarzo y caracolas
y sol y sal y mar y estrellas,
y sonrío agradecido.

jueves, abril 27, 2017

No sólo Alejandra

Un poema no siempre es solo un poema.
Acaso un poema no sea jamás solamente eso.
Y esto es algo que uno sabe, por ejemplo,
el día en que lee un mensaje que dice
"Ven a vivir conmigo.
Tendremos todos los libros de
poesía que existen en el mundo.
Toda la música.
Todos los alcoholes que
arden en los ojos y corroen el odio.
Nos embriagaremos hasta oscilar como
seres de una materia fosforescente,
y diremos tantos poemas que
nuestras lenguas se incendiarán como rosas."
Y a uno le dicen que estas palabras las escribió Alejandra.
Pero uno sabe que llegan desde otra parte.

viernes, abril 21, 2017

La mar constante

La mar constante,
rumorosa,
salvaje a veces,
otras serena,
pero ajena siempre
al devenir del tiempo
y a los vaivenes de
los desgobiernos
y las economías
y las vidas
y las muertes
y los amores
de los hombres.
Todo eso pasará;
nosotros pasaremos.
Ella en cambio seguirá,
sin saber siquiera
que nosotros hemos sido.


Ríos mueren en el mar

Hay quienes dicen que
los ríos no tienen fin,
pues prosiguen su curso,
invisibles, adentro del mar.
Puede que este decir sea cierto;
pero no menos verdadero es
que el pez que pasa sus días
en las dulces aguas del río
muere cuando se adentra
en aguas plenas de sal.