domingo, junio 18, 2017

Islas

Ningún hombre es una isla
pues ninguna persona vive
auténticamente aislada del mundo.
O acaso sí; acaso todas las personas
seamos como islas
dado que jamás podremos
llegar a estar auténticamente
en el lugar que ocupa el otro,
respirar por el otro,
sentir por el otro,
amar por el otro,
imaginar siquiera
lo que imagina el otro
en el momento de ser alguien
diferente de nosotros mismos.
Nuestro cuerpo es a nuestra soledad
lo que el agua es a la isla:
nos rodea, nos abraza,
pero nos impide ser alguien
distinto de quienes somos.
Entonces nos acercamos a los demás,
a veces mediante la empatía,
o mediante el poder,
o mediante la seducción,
o mediante la dominación,
o mediante la piedad,
o mediante el amor,
que según Sartre no es
sino una sofisticada forma
de la manipulación.
Vaya uno a saber si eso es cierto.
Lo bueno es que, islas o no,
cada tanto nos encontramos
con otros que son
parecidos a nosotros,
islas, náufragos o navegantes.


Cadena de manos

Las manos de mi padre,
que sostienen entre las suyas
las manos aún pequeñas de su hijo,
que ahora sostienen a su vez
las pequeñas manos de su hija.
Es una cadena de manos,
aunque todo esto suceda
en tiempos distintos.
Hoy las manos del padre
son sostenidas por las manos
del hijo cuyas manos, seguramente,
si las cosas han sido bien hechas,
serán a su vez sostenidas mañana
por las manos de una mujer
que hasta hace poco fue mi niña.


lunes, junio 12, 2017

Naturaleza de la poesía

Ayer alguien se refirió a mí
utilizando la palabra poeta.
No supe qué sentir.
En ese momento me pareció
una palabra demasiado grande,
y no es que yo sea modesto,
o sinceramente... no lo sé;
pero no pude menos que preguntarme
qué cosa será realmente un poeta.
Yo en mi casa tengo un piano,
que compré sin saber tocarlo;
y todavía sigo sin saber,
pero de todos modos, de tanto en tanto,
igual me siento delante del teclado
y dejo que mis dedos jueguen
libremente, torpemente,
que busquen alguna lógica,
que no siempre encuentran,
entre las teclas y las notas.
Pocas veces lo logro, es verdad;
me entretengo, no obstante,
y surgen esbozos de ritmos,
alguna que otra armonía,
nada que merezca seriamente
ser llamado música, es cierto;
y sin embargo, qué otro nombre
podríamos darle a todos esos sonidos
que surgen como venidos de ninguna parte
y sin embargo están ahí, indubitables.
¿No son acaso una forma de la música?
Entonces, de nuevo: ¿qué es un poeta?
Alguien que escribe versos, seguramente;
pero no puede tratarse apenas de eso,
tiene que ser algo más.
Alguien que comprenda,
por ejemplo, la rebeldía de la belleza.
Y es posible entonces que sí haya
algo de eso, por fin, en mi caso.
O alguien capaz de observar la luna
y saber que allí hay mucho más
que el satélite natural del planeta;
que allí hay algo que es inalcanzable,
por más que Neil Armstrong haya posado
alguna vez sus suelas en la superficie selenita
y haya soltado aquella tontería
del pequeño paso para un hombre,
paso grande para la humanidad;
eso fue una vil mentira: ningún paso
dio la humanidad tan especial esa noche
(digo noche porque allí estaba la luna);
todo sigue sin mucho cambio aquí abajo,
los mismos males, las mismas dudas,
las mismas soledades, las mismas miserias.
Y cuántos entre nosotros podremos
alguna vez pisar la luna y saber,
como el astronauta, cómo es aquello.
Para la mayoría de nosotros, los mortales,
la luna será siempre algo inalcanzable,
y por lo tanto similar a un sueño,
y por lo tanto materia apta para la poesía.
Y sí, confieso entonces que he escrito,
no pocas veces, palabras inspiradas
y referidas también a la luna.
Como sea: ayer alguien habló de mí
utilizando la palabra poeta,
y yo me sentí halagado;
y sentí que aquellas palabras,
salidas quién sabe de dónde,
que tantas veces he considerado
torpes, absurdas, delirantes,
pueden hallar, de tanto en tanto,
un oído atento.

jueves, junio 08, 2017

Sueño 170608

Anoche soñé que yo era dos.
Vale decir: que con vos éramos tres;
concretamente: vos, yo y yo.
Recuerdo que yo te decía
que no tenía sentido
sentir celos de mí mismo.
Lo que en verdad me intrigaba
era ver si podía sentir por los dos;
vale decir: por mí y por yo,
o simplemente por uno,
como le ocurre a toda la gente.
No sé si se trató de un sueño erótico,
por más que los tres estuviésemos
desnudos y en la cama, etcétera.
Ya dije quiénes: vos, yo y yo.
Creo más bien que este raro sueño
nos habla de mi miedo a la nada:
si uno es dos, y de los dos uno muere
puede ser que el otro permanezca.
En lo que hace a tu presencia,
es como dice aquel viejo romance:
La muerte me anda buscando,
junto a ti, vida sería.
Al fin, el amor y el orgasmo
no son sino estrategias
para distraer a la muerte,
o al menos para olvidarnos
de ella por un rato.
Por cierto, quisiera que sepas
que si escribo todo esto
es porque lo soñé,
pero también
porque te extraño.

martes, junio 06, 2017

Psicólogo de mí mismo: Los otros

- Sabe, doctor... Buscando estar más tranquilo conmigo mismo y con el mundo, un día decidí que iba a pensar que todas las personas hacen y ofrecen lo mejor que tienen de sí. Que si no dan o hacen más, es porque no pueden, y no porque no quieran.
- Sin duda es un muy buen método; lo felicito.
- Claro. Pero mi problema es que últimamente, en algunos casos, no logro convencerme de que esto sea verdad.
- A ver... Su idea para estar en paz es buena, y en algún punto es cierta. Pero pasado ese cierto punto... Uno puede hacerse un poco el boludo, pero ser boludo es otra cosa. En cualquier caso, piense en las veces en que usted mismo haya sido torpe, ciego o mezquino, y de ese modo le será más fácil perdonar las torpezas, cegueras y mezquindades de los demás.

(De mi libro "Cuando yo sea el psicólogo de mí mismo")

martes, mayo 30, 2017

Visitantes

Me llamó la atención su mirada,
que de pronto pareció atender a otro espacio,
a otro tiempo, a otra gente, a otro mundo.
Los dos somos hombres razonables;
ninguno creería, por ejemplo,
en fantasmas y esas cosas.
La diferencia entre él y yo,
en lo que respecta a este asunto,
es que desde hace un tiempo y cada tanto
él ve pasar ante sus ojos a su madre,
cuando el hecho es que mi abuela
falleció hace muchos años.
Algunos se preguntarán
que tendrá esto de razonable.
Yo considero razonable reconocer
que todo lo que sabemos es menos
que lo mucho que ignoramos.

martes, mayo 23, 2017

Palabras y olvido

Y de pronto se me ocurre
que al fin y al cabo las palabras
tal vez sí tengan una razón de ser,
que acaso sí tenga un sentido decir
una y otra vez las mismas cosas
y escribir poemas más allá
de la íntima sospecha
de que acaso nadie nos leerá.
Y es que también parece posible
que en algún otro momento,
cuando uno ya se haya marchado,
alguien se pregunte quién
habrá sido el que imaginó esas palabras
que todavía subsisten, empecinadas,
aunque quien las pensó ya no esté
ni siga escribiendo, ni soñando,
ni sintiendo miedo, ni amando,
ni nada de nada de nada.
Dicho de otro modo,
escribir podría ser
una manera de asegurarse,
de poder quizás seguir teniendo
algo parecido a una voz
incluso después de la muerte,
cuando todo lo demás sea olvido.

domingo, mayo 14, 2017

Bicicleta

Tres chicas pasan andando
en una misma bicicleta.
La que va sentada en el manubrio,
mirando hacia la conductora,
se fija en la pareja que
pasea abrazada y ajena
unos pasos más allá.
Entonces les grita,
con una sonrisa en el rostro:
"Qué lindo que sean felices."
Está nublado en San Pedro,
donde no hay bicisendas
y la gente no anda apurada.
Pero el sol brilla en alguna parte.


lunes, mayo 01, 2017

El soñante

¿Y si no fuésemos más que el sueño de alguien más?
No importa el nombre que decidas ponerle a ese alguien
que tal vez nos esté soñando a los dos ahora mismo.
Pero si acaso en este mismo instante
vos estuvieses soñando con ese alguien
que a su vez nos sueña a nosotros,
y cualquiera de los dos, sea él o acaso vos,
despertara de repente, ¿qué sucedería entonces?


viernes, abril 28, 2017

(a)mar de arena

Un mar de arena.
Miles y millones de
pequeños clastos de cuarzo
y fragmentos de caracolas
tallados por el agua y el viento,
restos milenarios de sol y de sal
acumulados en silencio a través del tiempo.
Imagino cada uno de esos granos minúsculos
como algo asimilable a un universo,
repleto de días y de noches,
de un tiempo propio,
tan persistente o fugaz como el nuestro.
Un universo que pasa inadvertido
ante nuestra rápida mirada,
que solo es capaz de percibir
el mar de arena completo.
Pienso entonces en mi amor,
el de hoy, el de ayer y siempre,
mezclado con todos esos
fragmentos de cuarzo y caracolas
y sol y sal y mar y estrellas,
y sonrío agradecido.

jueves, abril 27, 2017

No sólo Alejandra

Un poema no siempre es solo un poema.
Acaso un poema no sea jamás solamente eso.
Y esto es algo que uno sabe, por ejemplo,
el día en que lee un mensaje que dice
"Ven a vivir conmigo.
Tendremos todos los libros de
poesía que existen en el mundo.
Toda la música.
Todos los alcoholes que
arden en los ojos y corroen el odio.
Nos embriagaremos hasta oscilar como
seres de una materia fosforescente,
y diremos tantos poemas que
nuestras lenguas se incendiarán como rosas."
Y a uno le dicen que estas palabras las escribió Alejandra.
Pero uno sabe que llegan desde otra parte.

viernes, abril 21, 2017

La mar constante

La mar constante,
rumorosa,
salvaje a veces,
otras serena,
pero ajena siempre
al devenir del tiempo
y a los vaivenes de
los desgobiernos
y las economías
y las vidas
y las muertes
y los amores
de los hombres.
Todo eso pasará;
nosotros pasaremos.
Ella en cambio seguirá,
sin saber siquiera
que nosotros hemos sido.


Ríos mueren en el mar

Hay quienes dicen que
los ríos no tienen fin,
pues prosiguen su curso,
invisibles, adentro del mar.
Puede que este decir sea cierto;
pero no menos verdadero es
que el pez que pasa sus días
en las dulces aguas del río
muere cuando se adentra
en aguas plenas de sal.

domingo, abril 16, 2017

Viajeros

El viajero es alguien que se busca.
Que se pregunta cómo habrá de ser él mismo
cuando llegue a ese lugar que todavía no conoce.
Hay que decir que se trata de una búsqueda infinita,
pues siempre quedará un lugar nuevo por conocer.
No obstante ello, con cada paso el viajero
encuentra también nuevas respuestas.
Y a veces a un compañero de viaje.

jueves, abril 06, 2017

Luz de imperio, luz de luciérnaga

Casi como una ensoñación
veo que alguien ha escrito
en la pared de un sanitario
y con caligrafía algo tosca,
no una chabacanería,
ni un comentario procaz,
sino un breve poema de Borges:
¿Es un imperio / esa luz que se apaga
o una luciérnaga?, se pregunta.
Debajo, alguien más ha anotado,
en este caso con letra de mujer:
Luz de imperio, / luz de luciérnaga...
ambas por igual se extinguen.



miércoles, abril 05, 2017

Canción sin palabras

"Detrás del nombre hay lo que no se nombra",
expresa Jorge Luis Borges en alguno de sus versos.
Escucho ahora las Canciones sin palabras de Mendelssohn
y me digo que el lenguaje tantas veces sucumbe
en su propia vana intención de decir cosas.
Pienso entonces en cada uno de mis
propios torpes e insensatos versos,
rendidos ante todo aquello que,
sencilla pero inexorablemente,
es imposible poner en palabras.


martes, abril 04, 2017

Pensamiento dual

"Hay personas que son capaces de pensar únicamente una cosa por vez. Entonces, cuando por fin llegan a comprender algo verdadero, sucede que de inmediato conciben que todo lo demás es falso."

Esto lo advirtió alguna vez Yehudi Menuhin. 
Lo añado a mi colección de verdades.

jueves, marzo 23, 2017

Calesitas

Observó a unos niños en la calesita
riendo y dando vueltas y más vueltas,
sin llegar a ninguna parte,
regresando inexorablemente
una y otra vez al punto de partida.
Se preguntó adónde creerían estar yendo
con sus risas y sus caballos que suben y bajan,
con sus autos de mentira, sus vehículos fantásticos,
para qué tantas vueltas, si al fin y al cabo
regresarían siempre al mismo lugar,
el mismo punto de partida,
avanzar vanamente en círculos,
moverse para no ir a ninguna parte.
Después se dijo que acaso no fuera tan distinto
del viaje que hacemos todos en el curso de la vida,
yendo y viniendo con prisas vanas,
montando sobre sueños diversos
sin llegar jamás a ningún lado.
Será tal vez el mientras tanto, se dijo:
acaso eso es lo único que realmente importa.

sábado, marzo 18, 2017

Arte poética

Hay algo poético en el dolor.
Algo que se diría hasta deseable,
en especial a ciertas horas de la noche,
cuando uno está solo y no desea nada más
excepto todo, la vida misma
en su más completa exhuberancia,
y entonces incluso resulta posible
que encuentres algo de placer
en ese dolor impreciso
pero ineludible
que te atraviesa.
Y tal vez sea que
al estrujarnos el corazón
ese dolor nos hace sentir vivos
al mismo tiempo que agonizantes.
Entonces uno se pregunta
por qué dolerá tanto el dolor,
si al final de cuentas es bello.

Sueño 180317

Sueño. Me río en sueños. Mi propia risa me despierta. Mi mujer se despierta al mismo tiempo que yo, me mira, y razonablemente me pregunta de qué me río. Yo enseguida le cuento: en mi sueño, los dos nos encontrábamos en una esquina formada por la Avenida Roca y la calle Piedras. Yo le hacía notar este curioso detalle, y entonces le decía: "¿Te das cuenta? Ahora mismo estamos en la esquina más Stone de Buenos Aires". Mi mujer se ríe con el disparate. Entonces me doy cuenta: yo no estoy casado, y vivo solo. No quiero decírselo a ella, para no decepcionarla. Así que seguimos durmiendo, abrazados. Cuando finalmente despierto del todo, le cuento todas estas locas ocurrencias a mi esposa. Nos reímos juntos, nos besamos. Los dos somos felices, y eso es lo único que realmente importa.

viernes, marzo 17, 2017

Credulidades

Quiero creer...
Creo que quiero creer...
Creo que creo que quiero creer...
(...y así sucesivamente).
La vida no es más que eso,
una cadena de incertidumbres
que nosotros mismos
vamos engarzando
como un modo de enfrentar
nuestras perplejidades.
Y está muy bien que así sea,
porque en algo necesitamos creer.
(O al menos eso nos dijeron).


miércoles, marzo 15, 2017

Dios

Únicamente Dios,
para el caso de que Dios exista,
conoce con certeza absoluta
la respuesta a la pregunta
de si Dios realmente existe.
Y en tal caso, al parecer
prefiere dejarnos a nosotros,
los mortales, en la duda,
quizás para no decepcionarnos.


lunes, marzo 13, 2017

Medios y miedos

Están los medios de comunicación. Y también existen los miedos. Hay miedos a la hora de comunicarnos, a través del medio que sea. Miedo a que la comunicación no funcione. A que uno diga blanco y el otro entienda verde, o tal vez rivotril, o quizás noviembre, y que a partir de ese malentendido la pretendida realidad del mundo se desmadre de una vez y para siempre. Nos afecta una curiosa paradoja: el miedo a comunicarnos mal nos lleva en ocasiones a preferir intentar no comunicarnos en absoluto. Pero en este punto radica un problema: nuestro silencio también comunica, siempre, de un modo u otro. Todo comunica: un silencio, una palabra, un gesto, un beso, una caricia, una mirada, un bocinazo, un bostezo, un descuido. ¿De qué manera? ¿Qué comunican todas estas cosas? Este es el problema: no tenemos manera de saberlo. Expresamos todo el tiempo cosas, incluso sin saber lo que estamos expresando.

sábado, marzo 11, 2017

Formas de la poesía

Leo la siguiente cita: 
"Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio." 

Al parecer lo dijo Federico García Lorca, y uno podría reflexionar largamente al respecto. De mi parte, hoy pienso que hay muchas formas posibles de la poesía. Y que no es necesario que sean dos palabras las que se junten, para formar ese misterio. Puede haber poesía también en la unión de dos sonidos, o en la unión de dos colores, y hasta en la unión de dos personas, esas que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y sin embargo. 

lunes, marzo 06, 2017

Presente

"La única forma de existencia es el momento presente, que es también la posesión más segura, aquella que nadie podrá arrebatarnos jamás." 

Esto lo dice Arthur Schopenhauer en El arte de sobrevivir. Yo me pregunto si no será una contradicción hablar de jamases, o de su contrario, siempre, cuando se asegura que solamente existe el momento presente. Pero por lo demás estoy de acuerdo.

domingo, marzo 05, 2017

Incomprensión

De repente tengo una idea.
Aunque quizás, no estoy seguro,
decir idea sea demasiado.
Las ideas deberían ser
siempre claras, transparentes
desde el momento en que nacen
o directamente no ser.

Yo no suelo tener ideas claras.
Tengo más bien impresiones difusas,
sensaciones, ensoñaciones,
pesadillas algunas veces,
conmociones así,
como estremecimientos.
Amor, miedos, desconciertos...
Sí, desconciertos.
Profundos e inquietantes.
Y en ciertas ocasiones
extrañas e imprecisas empatías.

Tal vez he lastimado a mucha gente
por no haber sabido comprender
todo esto a su debido tiempo.

-No te entiendo, dice alguien.
Noto en este decir la resignación,
la actitud de quien renuncia al intento.
Me pregunto si no será demasiada
pretensión llegar a comprender
verdaderamente a alguien.
Acaso se trate en realidad de otra cosa.
No de entender, sino de acompañar,
especialmente allí donde no se comprende.

miércoles, marzo 01, 2017

Acerca del amor

Leo un artículo acerca del amor. Dice que el amor no espera nada a cambio. Que se trata de un encuentro fundamental (orgásmico, dice) de la vida y la muerte. Y que para alcanzarlo, según Bhagwan Shri Rashnísh, más conocido como Osho, hay cuatro pasos fundamentales.

El primero es estar centrado en el aquí y el ahora, pues el amor solamente es posible así: aquí y ahora. No puede amarse en el pasado. Ni tampoco en el futuro. Ni en otra parte.

Lo segundo es aprender a transformar los venenos, que en mayor o menor medida todos acarreamos, en algo bueno. En miel, por caso. Para ofrecer amor a otra persona debemos asegurarnos de que ese amor es bueno. Y amarnos a nosotros mismos, incondicionalmente.

Lo tercero es compartir cosas positivas, compartir lo que se tenga, compartir todo lo bello. Compartir la vida, en definitiva, que está hecha de momentos.

El cuarto consejo es tal vez el más curioso: "Sé la nada", dice. Y luego explica: una vez que  uno comienza a pensar que es alguien, se estanca, y entonces el amor no fluye. El amor sólo fluye de quien no es nadie. Cuando alguien está lleno de ego, el amor desaparece.

Pienso en todas estas cosas, y me reviso. Y me digo que, aquí y ahora, en cuanto logro perdonarme mi pasado y dejar de lado mis enojos, en especial aquellos dirigidos hacia mí mismo, mi presente es algo bueno. Mi deseo sería compartirlo con vos.

jueves, febrero 23, 2017

Prohibido prohibir prohibir prohibir

"Prohibido prohibir". La frase brilla en las paredes de París en 1968. Es una frase contestataria, razonable en el marco de una sociedad que siente que las normativas restringen cada vez más la libertad intrínseca del sujeto. Curiosa idea, según la cual la libertad sólo es posible a partir de una primera y única prohibición. Prohibición que de todos modos establece una paradoja, pues ordena precisamente aquello que niega.

Pero entonces, décadas más tarde, alguien escribe en otro muro: "Prohibido prohibir prohibir". Y parece apenas un inconsecuente juego de palabras, pero en cuanto se somete la sentencia a un análisis básico, resulta que no es tan simple. Porque aunque a primer golpe de vista la frase solo parece profundizar la paradoja inicial, en realidad no lo hace: la única normativa a la que alude esta nueva frase es precisamente la única que había quedado fuera de la prohibición anterior. Vale decir: anula la prohibición de prohibir, abriendo así el juego a toda una serie de eventuales prohibiciones, que de este modo quedarían legitimadas.

No parece casual que esta formulación, de apariencia revolucionaria pero en esencia totalitaria, aparezca precisamente ahora, cuando el mundo occidental cae globalmente en manos de una derecha preocupada por maximizar los beneficios de unos cuantos antes que velar por los derechos del ciudadano en general. Es probable que la anarquía que proponían los jóvenes del Mayo francés fuese utópica. Pero en definitiva esta noción resulta todavía más preocupante. Acaso sea preferible añadir un nivel de prohibición más, aunque se nos tilde de prohibicionistas. Pero asegurarnos de este modo que quede prohibido prohibir la prohibición de prohibir.

lunes, febrero 20, 2017

Monstruos

Cuando éramos niños, 
de esto hace mucho tiempo, 
en un siglo ya pasado y viejo, 
a menudo temíamos quedarnos solos, 
pues intuíamos que los monstruos 
que acechaban en medio de 
las sombras de la noche 
solo serían capaces de alcanzarnos 
si nuestros padres no estaban cerca.

Conforme pasaron los años 
terminamos comprendiendo que 
aquello no era, al fin y al cabo, 
más que un ingenuo miedo infantil. 
A la larga conseguimos aceptar 
que más allá del temor 
ninguna abominación se escondía 
en la vaga oscuridad nocturna, 
y que podíamos dormir sin compañía, 
cuando no hubiese más remedio, 
sin peligro mayor que acompañados. 

Y aunque todavía nos sigue inquietando 
en no pocas ocasiones hallarnos solos, 
al menos ahora sabemos la verdad: 
que los verdaderos monstruos
no se ocultan en los pliegues de la noche, 
sino que viven dentro de nosotros mismos.


lunes, febrero 13, 2017

La palabra como elemento organizador y reparador del mundo

Leo una entrevista a la antropóloga francesa Michele Petit, en relación a la experiencia de la lectura: "Una de las mayores angustias humanas es la de ser caos, fragmentos, cuerpos escindidos, la pérdida del sentimiento de continuidad, de unidad. Uno de los factores por los cuales la lectura es reparadora es que facilita el sentimiento de continuidad, a través del relato. Una historia tiene un principio, un desarrollo y un fin; permite darle unión a algo. A veces, escuchando una historia, el caos del mundo interior se apacigua, y por el orden secreto que emana de la obra el interior podría también ponerse en orden. El mismo objeto libro, ­hojas pegadas juntas, organizadas, ofrece la imagen de un mundo reunido."

Pienso que tal vez esta misma reflexión sea aplicable a las palabras en general, que se organizan a veces en papel, otras en una pantalla, hilvanando un relato, una serie de ideas más o menos lógicas, poniendo en juego una creencia, una estética, una posición en el mundo, ocupando una espacialidad, fijando un aquí y ahora, dejando también un rastro que en algún momento acaso sea seguido por los ojos de alguien más, con lo cual se convertiría en ese acto en una suerte de modesto testimonio de nuestro breve paso por el mundo, una señal que indique que alguna vez fuimos algo más que una mera fantasmagoría. O que al menos estamos convencidos de ello.



miércoles, febrero 08, 2017

Los acríticos

La política.
Las religiones.
Los ídolos de barro.
Los fanatismos,
de cualquier signo que sean.
No me molesta Dios,
sino sus huestes.
No me interesa el famoso
al que le gritan "genio",
pero me fastidian
sus seguidores.
Me resisto a los fanáticos,
capaces de defender lo indefendible
con tal de no sentirse vacíos.
Creo que le tengo alergia
a las masas acríticas.
Acaso sea ese mi problema.


domingo, febrero 05, 2017

Líneas narrativas

Acabo de terminar de leer una novela. No consignaré aquí su título, pues lo que pretendo escribir implica revelar su final. Digamos nada más que se trata de una novela magnífica, escrita por un famoso autor estadounidense, que sin embargo rompe con al menos uno de los preceptos básicos que se supone que todo buen relato debería respetar: no dejar líneas narrativas abiertas. Esto aquí no se cumple. Uno de los personajes centrales de la historia aparece un día brutalmente golpeado. Alguien lo lleva a un hospital. Pero el autor se ocupa de colocar a este alguien en una ambigua situación: plantea la sospecha de que él sea el responsable de la golpiza, al mismo tiempo que deja entrever su inocencia. Además abre otra intriga: no termina de definir si el personaje golpeado ha muerto o si, por el contrario, logró recuperarse. Son nada más dos de las varias cuestiones que van quedando pendientes de resolver. Uno va leyendo el libro y se da cuenta de que cada vez quedan menos páginas para llegar al final. Demasiado pocas, para la cantidad de incógnitas que resta solucionar. Hasta que un inesperado y trágico accidente, en el cual mueren tanto el protagonista principal como el sospechoso de haber castigado (¿asesinado?) al otro personaje que antes mencionamos, pone un abrupto punto final al libro. Nos quedamos así con un montón de cuestiones vinculadas a la trama sin desentrañar; múltiples líneas narrativas quedan abiertas y truncas.

¿Se trata realmente de un error dentro del relato? ¿De verdad el famoso novelista estadounidense se equivoca de un modo tan grosero? ¿O acaso está planteando que así es precisamente como suceden las cosas en la vida real, y que las historias simplemente se terminan en el momento en que la vida acaba, sin que interese si hemos dejado asuntos que han quedado irresueltos de manera desprolija? Es como si en un giro maestro de la ficción el protagonista de la novela se mimetizara con el lector: los dos están en la búsqueda de las mismas revelaciones, de los mismos cierres narrativos, que no tendrán lugar. Al menos no del modo en que esperábamos, porque al fin y al cabo sí hay un final. Muere de repente el protagonista. Y no hubiese sido demasiado diferente, a los fines del relato, si el muerto hubiese sido el lector. Los efectos hubiesen sido parecidos, en lo que a las intrigas de la historia se refiere. En ambos casos nos hubiésemos quedado sin develar las mismas cosas.

Los finales muchas veces son así de inesperados. Tan inesperados como el final de nuestra propia existencia. Tal vez este sea el mensaje de esta novela, carpe diem. Los puntos finales caen, sencillamente, en el preciso lugar en donde caen. Lo que hayamos hecho hasta ese momento, esa será la obra inevitablemente inconclusa, pero al mismo tiempo concluida.


miércoles, febrero 01, 2017

Sueño 170201

Observo a un niño
que juega con un espejo.
La imagen es, de por sí,
digna de una pesadilla.
No sé quién sea el niño,
y tal vez no quiera saber.

Hay también un perro acostado a mi lado.
No alcanzo a verlo, pero puedo sentirlo.
Y lo curioso es que sé que no es verdad,
que estoy solo, que no hay ningún perro.
Pero la sensación me resulta agradable.
Entonces lo toco, y el animal se acomoda.

Pero ahora resulta que
el perro ya no es perro:
ahora de repente sos vos.
Comprendo que no sos real,
pero se siente tan bien imaginar
que estás aquí, conmigo.
Vos me pedís entonces
que te haga el amor,
y yo quiero decirte que no puedo,
porque vos no sos vos,
pero qué vas a pensar de mí,
si te digo semejante cosa.

Me cuesta mantener tu imagen.
Es como que de a poco te convertís
en otra persona, y yo hago fuerza
para seguir soñándote a vos.
Porque solamente con vos
puedo dormir tranquilo.

Entonces me llama la atención una luz roja, que enciende y apaga cerca del techo, a la altura de la puerta. Y me doy cuenta de que allí hay algo que yo no había visto antes, como una cámara de vigilancia, o una especie de sensor. Me despabilo, me levanto de la cama y me acerco. Enciendo las luces, para poder ver mejor de qué se trata. Pero la luz es mortecina, y además no alcanzo a ver porque me obstaculizan la visión unos reflectores que cuelgan desde más arriba. Me pregunto para qué estarán esos reflectores. Y al mismo tiempo me doy cuenta de que todo eso tampoco estaba ahí antes. En la pared hay además muchos faroles negros, adosados como decoración. Comprendo entonces que este lugar, que es mi departamento, es utilizado también por alguien más. En ese momento siento que alguien intenta abrir la puerta. Observo por la mirilla y, en efecto, hay alguien del otro lado, colocando una llave. Voy a golpear entonces la puerta, para advertirle a esa persona que está intentando entrar a mi casa... Y me doy cuenta de que ya he soñado antes con esta escena. En mi sueño, cuando yo golpeaba la puerta, esos golpes no producían ningún ruido en absoluto. La diferencia, claro está, es que ahora no estoy dormido, sino bien despierto. Golpeo entonces la puerta, desesperado, casi enloquecido... Y mis golpes suenan apagados, como si hubiese golpeado solamente el aire. Entonces grito, y mi grito me despierta. En la oscuridad, veo que una luz roja se enciende y apaga, cerca del techo, a la altura de la puerta.

martes, enero 31, 2017

Lluvias

La lluvia, como todas las cosas de este mundo,
carece en sí misma de un significado o de un valor.
Somos nosotros quienes le asignamos un sentido.
Y ese sencillo gesto, curiosamente, nos humaniza.
Hubo un tiempo, por ejemplo, durante el cual
la lluvia representaba para mí una inquietud,
pues poco antes mi casa se había inundado.
Hubo también un tiempo en el cual la lluvia era
algo así como un llanto del alma caído desde el cielo,
o la angustiante premonición de un dolor interminable.
Sin embargo, un buen día la lluvia se convirtió
sorpresivamente en algo diferente,
en algo para ser contemplado y compartido,
en algo más cercano a la alegría que a los pesares.


viernes, enero 27, 2017

Seis años...

¿Puede uno relacionarse de algún modo
con alguien que no ha comenzado a existir,
con alguien que en verdad jamás ha existido?
¿Es posible extrañar a ese alguien?
¿Es acaso posible amarlo?
¿Desearle el bien?
¿O rezar por su alma
incluso cuando uno ni siquiera
crea en dioses que escuchen rezos?


martes, enero 24, 2017

Olvidos

Hoy me ha sucedido algo extraño
(me tienta la palabra siniestro).
He leído un poema.
Un poema no demasiado antiguo,
bien puedo dar fe de ello.
De inmediato he reconocido
el poema en cuestión como propio,
y sin embargo,
por más que lo intenté,
no pude recordar dónde ni cuándo
ni en qué circunstancia ese poema fue escrito.
Tampoco a quién tuve yo en mente cuando
aquellas palabras encontraron su forma.

Pienso entonces en la fragilidad de
nuestras humanas conciencias
y de nuestros recuerdos;
en lo poca cosa que somos,
que buscamos eternizar un momento
a través de un miserable poema
solo para comprender al cabo
que estamos hechos de olvido.


jueves, enero 19, 2017

Libros sagrados

De repente me doy cuenta, casi como una revelación, de que uno de mis grandes problemas en lo que a los asuntos relativos a la fe divina se refiere es la existencia misma de libros sagrados. Para decirlo de algún modo, considero que un libro, cualquiera que sea, es un medio demasiado poco digno para una deidad. O para decirlo de otra manera: un medio demasiado humano, pasible de ser manipulado, tergiversado, mal traducido y mal interpretado a lo largo de los siglos. ¿Cómo confiar en  un Dios que recurre a un instrumento tan poco fiable como un libro para manifestar a través de sus páginas sus sagradas enseñanzas y testamentos? ¿Acaso no tenía, este ser omnipotente, algún modo más preciso, eficaz e indubitable para dejar clara su existencia y para comunicarnos sus preceptos sin margen de duda ni error? Y ni hablemos de qué algunos pretendan que este mismo Dios que decidió recurrir a las palabras para manifestarse sea el mismo que en Babel confundió a los hombres, haciendo que cada uno hablase un idioma diferente. Seguimos confundidos, Señor. Y si he comprendido bien las enseñanzas de tu hijo Jacques Lacan, él ha dicho que la palabra aleja al hombre de la verdad que la palabra nombra. Y yo creo que algo de razón tiene.


jueves, enero 12, 2017

Diferentes tiempos

Hubo un tiempo en el cual
las horas transcurrían lentamente
como un glaciar dormido
o un río de aguas congeladas,
como uno de esos sueños en los cuales
todo transcurre de manera pausada,
tiempo fuera del tiempo,
y sin embargo
al cabo uno descubre
que los años han pasado
veloces como la luz
o como el tiempo mismo
que no se detiene
y no hay vuelta atrás.

Pero también está el presente
en cierto modo inaprensible
pero absolutamente real
un pájaro que bate sus alas en el cielo
una boca que acaricia otra boca
unos dedos que eternizan su roce
sobre la piel de una persona amada
la lluvia cayendo sobre nosotros
nosotros entrando en el agua
una risa que resuena y nos despierta
un gemido que nos enciende
un soplo de aire fresco
un instante un instante un instante
que ya pasó, pero durante
ese instante perdura.
Estas palabras.
Ahora mismo.


De(se)ados

Enredados
confundidos
entrelazados
hasta el punto de
que ya no sepamos
adónde termina uno y
adónde comienza el otro
penetrados
enmarañados
amalgamados
nuestras lenguas se llaman
nuestros sentidos se juntan
nuestras miradas se encuentran
mi boca en tu boca en mi boca
tu pierna mi pierna tu pierna
tu espalda desnuda
y tus senos que atestiguan
el milagro del encuentro
tus cabellos desordenados
una respiración compartida
o tal vez un gemido
y mis manos
y tus manos
nuestras manos
nuestro deseo
nuestro anhelo
nuestra alegría.


martes, enero 10, 2017

Como espejos de agua

Dejame que te diga que
hay ojos como espejos de agua,
claros, magníficos, transparentes,
y otros que son como mares profundos,
en los cuales, quien se asoma una vez,
desea luego bucear eternamente.



jueves, diciembre 29, 2016

De dioses y creencias

No es lo mismo decir "Dios existe" que indicar: "Creo que Dios existe". Se trata de dos ideas radicalmente diferentes, inclusive opuestas en su naturaleza. La primera da por sentado algo que la segunda, con mayor prudencia, limita al ámbito del propio convencimiento. Instalando además, por curioso que esto sea, la posibilidad de error (vale decir: la propia duda) en el exacto mismo lugar en el cual afirma su convicción.

Decir que "Dios existe" es, a su turno, una suerte de falacia. Pues lo único que en realidad puede derivarse sin duda ninguna de esta frase es que alguien ha dicho que Dios existe. La existencia de ese alguien que dice queda, de esta manera, demostrada. Pero de allí a que exista Dios, hay un trecho importante. Vale decir: la frase en cuestión no da cuenta de ninguna realidad acerca de Dios, sino sólo respecto de la persona que dice creer en él. Para saber si en verdad Dios existe, no deberíamos confiar en la palabra de ningún mortal, sino aguardar que se manifestara Dios mismo; quien al parecer ha decidido por ahora llamarse a un Sagrado Silencio.

Ahora bien, para el caso de que Dios exista, o de que existan incluso varios dioses... ¿Cuál vendría a ser la importancia de la fe? Y aun más: ¿cuál vendría a ser el propósito de la alabanza, que en general las religiones promueven? No alcanzo a comprender el motivo misterioso por el cual un ser en teoría omnipotente debería preocuparse por el hecho de que sus miserables criaturas crean o no en él, le rindan o no alabanza. ¿Por qué razón merecería el Paraíso un creyente más que un ateo? Debo concluir que la fe tiene algún efecto, ya sea en la dimensión humana o en la divina. ¿Será acaso todo esto no más que una mera acción política, de ordenamiento ideológico? Cualquier otra explicación, más teológica o poética, me enfrenta a un desafío intelectual interesante. Creer en un dios que necesita, para existir, que los hombres crean en él, por ejemplo.

¿Les importará realmente a los dioses que creamos o no en ellos? Y en caso de que les importe, ¿por qué razón sería? ¿Será que la existencia de Dios, de la cual nosotros dependemos, depende a su vez de nuestra creencia? La idea es extraña, por su aparente circularidad, pero de otro modo no se entiende por qué tanta preocupación divina en torno de la necesidad de que el hombre tenga fe. ¿Dependen acaso los dioses de lo que nosotros pensemos, en lo que hace a su existencia? ¿Tendrán nuestros rezos, nuestros cánticos, nuestras loas, algún efecto en ellos? ¿O lo tendrán solamente en quienes creen, por el hecho mismo de creer? Pienso de pronto en el doble significado de la palabra concebir: uno concibe una idea o concibe un hijo. Tal vez Dios no sea sino un hijo de nuestras propias ideas. Que a su vez nos concibe. He aquí el misterio de la Trinidad, explicado de otro modo.

Llamados a creer, tal vez sea interesante conducir nuestra conciencia por estos rumbos circulares. Pero entonces, si la fe es realmente tan poderosa como para concebir dioses, ¿por qué no pensar también que acaso va siendo hora de que nosotros, los humanos, comencemos a creer tamnbién en nosotros mismos? No será algo sencillo, por cierto. Pero quizás este detalle podría llegar a marcar alguna diferencia.


domingo, diciembre 25, 2016

Navidad

"¿Por qué hay tanta gente triste en Navidad, si se supone que se celebra el nacimiento de Dios?",  preguntó una voz en su mente.

La respuesta, venida de quién sabe dónde, fue precisa:
"Los dioses no nacen ni mueren. Y las navidades no son alegres, ni tampoco tristes. Son las personas quienes le asignan a las cosas y a ciertas fechas un determinado valor. A veces la gente se apena, precisamente, porque le han dicho que se espera de ellos que estén felices. Y eso no siempre es posible."



lunes, diciembre 19, 2016

Stendhal

Que un estudiante en el taller haya escrito:
"Gracias a Stendhal / por la frase:
'Dios mío, si existes / apiádate de mi alma, / si es que tengo' ".
Que al buscar, encuentre que Stendhal también escribió:
"¡Dios Santo!... ¿Por qué yo soy yo?"
Comprender entonces que la existencia de Dios,
del alma, Stendhal y yo mismo,
todo forma parte de una misma incertidumbre.



viernes, diciembre 16, 2016

Memoria y olvidos

La memoria es falible y selectiva.
No recordamos los hechos tal
como sucedieron sino que
los deformamos,
les quitamos cosas,
les añadimos matices,
los adornamos a la medida
de nuestro gusto y circunstancia.
Los inventamos, en definitiva.
Esto nos enfrenta a menudo
a situaciones incómodas.
Porque todos recordamos,
pero no las mismas cosas
ni de la misma manera.
Entonces abrimos desacuerdos
y nos acusamos unos a otros
de ser gigantescos necios.
La memoria es selectiva
y muy poco fiable, por cierto.
Pero aun cuando así no fuera
tampoco habría garantías.
Pues no se trata solamente de
lo que recordemos, bien o mal,
sino que además nos empeñamos
en asignarle a nuestros recuerdos
un valor y un significado que
para cada quien es diferente.



lunes, diciembre 12, 2016

Caminar lento

Tengo ganas de caminar lento,
como si no existieran los relojes
ni tampoco los calendarios.
Caminar lento y cerrar los ojos,
sintiendo el aire en el rostro
mientras sigo avanzando,
primero un pie, después el otro,
sin un rumbo establecido
pero con la secreta intuición
de que caminando se llega
tarde o temprano a alguna parte.


martes, diciembre 06, 2016

Caminos

Los caminos, por definición,
siempre nos llevan a alguna parte.
En ocasiones, ingenuamente
o con un dejo de veleidad,
creemos que los vamos eligiendo,
cuando en verdad es un insospechado azar
el que casi siempre escoge por nosotros.
La vida no ofrece mapas, ni garantías,
aunque sí otorga la posibilidad de
ir transitando por ella cada día.

Los caminos, ya ha sido dicho,
siempre nos conducen a algún lugar.
Lo que no sabemos es hacia dónde,
ni por qué razones, ni de qué manera.
Nada de esto impide, sin embargo,
que sigamos confiadamente,
buscando la belleza cada vez,
en tanto dure la travesía.


jueves, diciembre 01, 2016

Ser y hacer

Y vos, ¿qué vas a ser cuando seas grande? Cuántas veces nos habrán hecho esta pregunta, cuando todavía éramos chicos. Habremos contestado... quién sabe qué cosas. Hoy ya somos grandes. Y nos hemos convertido en algo que, según el caso, se ubicará a mayor o menor distancia de aquellos ideales de antaño. Hagamos entonces de nuevo la pregunta, pero esta vez en tiempo presente: Y vos, ¿qué sos ahora que sos grande? Por un instante la pregunta nos inmoviliza. Tenemos la incierta sensación de haber sido pescados in fraganti. Pero tomémonos un momento antes de responder. Porque la pregunta acaso no sea tan sencilla como parece. Por empezar, "qué-sos" no equivale a "qué-hacés", ni tampoco a "de-qué-trabajás". Que también estas dos últimas expresiones marcan asuntos diferentes; pues hacer, hacemos muchas cosas. Solamente algunas, entre todas ellas, tienen que ver con nuestra vida laboral. Otras tienen que ver con el hecho de sentirnos vivos. Las expectativas que teníamos de chicos no se limitaban, de todos modos, al trabajo. ¿Qué ha pasado con lo demás? ¿Qué tanto nos hemos alejado de aquellos ideales en nuestro camino? Hay algo que debemos considerar antes de declararnos culpables: cuando proyectamos algo, no sabemos con qué dificultades nos encontraremos, ni cuáles serán nuestros límites, ni qué cosas nos irán sucediendo. Seamos entonces un poco benevolentes. Hemos hecho en cada caso lo que pudimos. Sin duda podríamos haberlo hecho mejor, si las cosas hubiesen sido de otra manera. De haber sabido cómo, por ejemplo. Pero se aprende sobre la marcha. Incluso la experiencia nos ha demostrado que es falsa esa ilusión del capitalismo, según la cual los resultados dependen de manera directa de un esfuerzo. No es así: la voluntad es apenas uno de los muchos factores en juego. Estar en el lugar correcto en el momento indicado, o al revés, determina también muchas cosas. Pero la cuestión aquí es otra: no tiene sentido mirar demasiado hacia atrás, excepto para que la experiencia nos enseñe algo. Y tampoco hacia adelante, como no sea para ajustar lo que haremos hoy. El momento en el cual vivimos es éste: el presente. Y lo único que realmente podemos plantearnos, en cada momento de nuestras vidas, es qué podemos hacer con lo que tenemos al alcance de la mano, aquí y ahora, en este preciso instante. Hace un tiempo alguien me preguntó: "Si vos no fueses hoy quien sos, ¿qué serías?" Tras meditarlo un instante respondí: Si hoy yo no fuese quien soy, sin dudas sería otro. Un otro que tal vez, ante esta misma pregunta, acaso intuyera que podría ser esto que de hecho hoy soy.

viernes, noviembre 25, 2016

Efímeras


Efímeras. Este es el nombre con el cual se conoce a estas pequeñas mariposas. La palabra le hace justicia a su brevísima existencia: su vida entera, desde el momento en que salen de su capullo, transcurre en apenas un día. Después mueren. Las efímeras ni siquiera han sido provistas de una boca o de un sistema digestivo que les permita alimentarse. No tendría sentido, pues no tienen tiempo. Su único objetivo es garantizar la continuidad de la especie: aparearse, desovar y morir. Lo interesante aquí es notar lo siguiente: lo que para nosotros es apenas un momento, para una efímera representa toda una vida. Así como nosotros mismos somos efímeros, considerados en relación a la escala de la existencia del planeta que nos alberga, desde el punto de vista de una efímera, nosotros, los seres humanos, seríamos en cambio poco menos que inmortales. Esto bien puede servirnos para reflexionar acerca de la importancia del momento presente, del tiempo en el cual transcurrimos, que jamás será suficiente, pero tampoco es nunca demasiado breve. La vida promedio de un ser humano equivale a unas 30.000 generaciones de estas increíbles mariposas. Cada amanecer equivale a una nueva vida. A una nueva colección de posibilidades.

jueves, noviembre 24, 2016

Vacíos

Leo un artículo titulado "La utopía del placard vacío". Podría ser un buen título para una novela; pero no: se trata de un breve texto que enfatiza el hecho de que solemos tener más cosas de las que realmente necesitamos. Que tendemos a ser, en algún sentido, acumuladores compulsivos. Acaso esto tenga que ver con un miedo más o menos inconsciente a la carestía. O tal vez se relacione con el horror vacui del cual hablaban los antiguos aristotélicos, que más allá de relacionarse con los conceptos de la física de la época marcó además la estética occidental durante siglos, antes de que comenzara a cobrar fuerza la idea de que muchas veces menos es más.

Pienso entonces otra vez en 4'33", la icónica pieza del compositor estadounidense John Cage, que en rigor es un silencio para piano en tres movimientos, que debe durar precisamente el tiempo indicado en el título (años más tarde Cage dirá que en verdad debió dejar la duración del trabajo librada al criterio del intérprete). Música en la no música, presencia en la ausencia, la idea de Cage no fue solamente enfatizar que el silencio forma de hecho parte de la experiencia musical, sino además que todo sonido se encuadra en un marco acústico, y que del silencio surge, de manera más o menos aleatoria, un universo de sutiles sonidos que estaban allí presentes sin que reparásemos en ellos. El silencio nos permite descubrir lo que se esconde detrás de los sonidos ahora ausentes. 

También pienso entonces que estas cuestiones tienen que ver con la experiencia cotidiana de ser. Que del mismo modo que sucede con el silencio o el horror vacui, las personas suelen tenerle miedo a la soledad. Y por eso se juntan, en ocasiones sin demasiado criterio, o participan en círculos o en redes sociales donde proliferan personas que, muchas veces, poco y nada tienen que ver con ellas. Gentes que en realidad no reportan mayor interés, excepto por el hecho de distraernos por un rato de nuestra eventual soledad. Porque estar solo en ocasiones es percibido como un peligro. Y acaso el verdadero riesgo, el que tanto nos cuesta asumir, no sea otro que el de descubrirnos a nosotros mismos.

Todos nosotros conocimos alguna vez el miedo de encontrarnos en soledad, en el silencio de una noche cualquiera. Y para evitarlo encendimos el televisor, o llenamos nuestros placares con cosas, o nos rodeamos de personas, o nos atiborramos de lo que fuese, o nos aferramos a relaciones equivocadas, incluso cuando ello implicase renunciar al descubrimiento de otras posibilidades, de otros colores, de otras texturas, de otros futuros posibles, de sutiles sonidos usualmente ocultos por el bullicio que nosotros mismos generamos.

En ocasiones es necesario admitir que a veces menos es más, que es hora de remover algunas cosas guardadas en los placares, que es el momento de arriesgarnos y de intentar mirarnos hacia adentro, para así darnos la maravillosa posibilidad de reconocernos, y a partir de ello poder crecer y regalarnos nuevas alternativas. A nosotros mismos y, curiosamente, también a quienes de un modo u otro están cerca.



jueves, noviembre 17, 2016

Tener la razón

Hace poco tuve ocasión de leer una valiosa parábola acerca de las verdades. Para no olvidarla, la dejo anotada aquí. La historia cuenta que dos monjes paseaban por el jardín de un monasterio, cuando uno de ellos vio en el camino un caracol. Sin percatarse de ello, su compañero estaba a punto de aplastarlo, pero él lo contuvo tiempo.

- Mira, hemos estado a punto de matar a este caracol. Este animal tiene una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir.

Delicadamente, quitó el caracol del sendero y lo dejó entre la hierba. El otro monje pareció ofuscado.

- No es bueno lo que hiciste. Salvando ese caracol arriesgas las lechugas que nuestro compañero jardinero cultiva con tanto esmero. Por cuidar de ese caracol descuidas el trabajo de nuestro hermano.

Los dos discutieron bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no lograban ponerse de acuerdo, el primer monje propuso plantearle la situación al gran sacerdote, quien en su sabiduría podría dilucidar quien tenía la razón. Se dirigieron entonces al santuario, seguidos por el tercer monje, a quien el caso había intrigado. Al llegar, el primer monje contó que había salvado un caracol, preservando así una vida, que por su naturaleza es sagrada. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza y dijo:

- Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien.

El segundo monje exclamó:

- ¿Cómo es posible? ¿Salvar a un caracol que estropea nuestra verdura es bueno? Al contrario, había que proteger el huerto gracias al cual tenemos todos los días buena verdura para comer.

El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo:

- Es verdad. Es lo que convendría haber hecho, tienes razón.

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó un tanto confundido y preguntó:

- Pero si sus puntos de vista son exactamente opuestos... ¿Cómo pueden tener razón los dos?

El gran sacerdote miró largamente al tercer monje. Sonrió, movió la cabeza y dijo:

- Es verdad. También tú tienes razón.

martes, noviembre 15, 2016

Sueño 161113 - Arañas

Soñar con arañas;
con que ella te dice
que hay allí una enorme
araña negra, en algún lugar
de la habitación, escondida
tal vez ahí entre las cortinas,
pero ella no enciende la luz
por más que vos se lo pedís
una vez, y otra, y otra más
para poder buscar mejor.
Hasta que al fin atisbás
en una pared cercana
una araña color marrón,
tal vez no tan grande,
que cae pesadamente
al suelo y después
la perdés de vista;
y enseguida aparece otra,
ésta sí negra y más grande,
que también cae y desaparece.
Y vos sabés que hay todavía
una araña mucho más grande,
una enorme, próxima y horrenda,
pero todo permanece en penumbras
y sos incapaz de encontrarla,
porque la luz sigue sin encenderse
y tus ojos, de repente pesados,
se niegan a permanecer abiertos
se cierran por más que no quieras,
por más que pretendas resistirte,
tus ojos no se abren para verlas,
pero uno bien sabe que allí están.
Las arañas te producen miedo.
Porque ellas sí pueden verte.


lunes, noviembre 14, 2016

Das Monster

Me jode ser el monstruo de todas las historias.
El que no encuentra los rumbos.
El que no pudo y no puede.
El que no logra explicar,
ni ser comprendido,
ni comprenderse.
El que ayer resbaló y se golpeó muy mal la espalda.
El que no fue invitado al cumpleaños de su hija.
El que siempre tiene sueño y se duerme
en todas partes y no consigue concentrarse.
El que solamente quisiera ver esa nube en el cielo,
esa nube en el cielo, esa nube en el cielo.
Pero es tan difícil explicar algo tan sencillo...
Resulta más fácil ser sindicado como el monstruo.
Este monstruo que nunca ha logrado ser
lo que los demás hubiesen querido que fuera.

viernes, noviembre 11, 2016

Nocturno

Algo me despierta en medio de la noche. Son casi las 03:30 de la madrugada, pero eso recién lo sabré en un rato, cuando consulte el reloj en la pantalla de mi celular. Lo que me llama la atención ahora es la luna enorme, plantada en medio del cielo negro y despejado, que refleja en medio de una inquietante calma la luz del sol escondido a espaldas del planeta. La luz entra a raudales por el ventanal e ilumina el cuarto, sumido en el silencio, y yo me detengo en ese instante, en ese momento presente tan misterioso como cercano. Pienso en la vida y pienso en la muerte. Y pienso que, contrariamente a lo que suele decirse, la muerte no encierra en definitiva ningún misterio. Muy por el contrario, el misterio grande, inconmensurable, no reside en la muerte, sino más bien en la vida. ¿Qué es esto que ha sido insuflado en nosotros? ¿Qué es esto que solemos llamar alma o espíritu? ¿De dónde deviene nuestra existencia? ¿Y qué sucederá con ella una vez que se extinga? De pronto me parece evidente que el estado natural de las cosas acaso sea la no existencia, y me sorprendo de estar aquí en el mundo, como una maravillosa anomalía, en este preciso momento, bañado por la luz del sol reflejada en esta luna enorme y silenciosa, en el preciso momento en que escribo estas palabras y me estremezco, sin saber todavía que son las 03:30 de la madrugada y, sobre todo, sin tener respuestas para darme cuando me pregunto qué será realmente la vida, o cuáles serán los secretos del destino.


martes, noviembre 01, 2016

Solo piano

Hay un piano que se ha quedado mudo.
Hay el eco de una risa que de pronto
se ha revelado tristemente lejana.
Hay un antes y un después
y un frustrado té con masas
que ya no podrá concretarse.
Otras manos volverán tarde o temprano
a recorrer las negras y blancas teclas.
Volverán acaso Beethoven, Bach,
Chopin, Schumann o Ravel.
Pero será otra voz la que resuene.
El piano viudo de alguna manera sabe
en la sutil memoria de sus cuerdas
que algo se ha ido para siempre.

Si acaso existe un cielo de pianos
puede que allí vuelvan a encontrarse.

(A la memoria de Elisabeth Fiocca)

jueves, octubre 27, 2016

Presencia

Mis ojos hurgaron una noche en tu mirada
buscando reflejos de su propia soledad y desamparo.
Encontraron allí, sin embargo, paz y ternura
y una hermosa luz de esperanza.
Cuando hoy me miro en los espejos
descubro en mis ojos el reflejo de los tuyos.
Estás aquí conmigo, aunque no estés en estas horas.


martes, octubre 25, 2016

Escaleras

Hay escaleras que suben,
hay escaleras que bajan...
En realidad las escaleras nunca
van a ninguna parte,
ellas están siempre quietas
y aguardan pacientes.
Son las personas las que deciden
si ascienden o si descienden
o si se detienen en alguno
de sus muchos peldaños
viendo el mundo desde allí,
a menudo convencidas
triste y falsamente
de que no hay otras
perspectivas posibles,
otras luces, otros colores.


lunes, octubre 24, 2016

Deseos - El día después

Lo de pedir tres deseos, al momento de soplar las velas sobre la torta de cumpleaños, es una práctica anclada seguramente en viejas tradiciones, pero sin nada real que la sustente. Lo pude comprobar ayer. Ante la duda, quise ser prudente: mi primer deseo fue que se me otorgara la sabiduría, para poder desear algo que realmente valiese la pena con los restantes. Pero como supuse que ese primer deseo solamente se cumpliría después de que las velas en cuestión fuesen apagadas, mi segundo deseo fue poder postergar el tercero para el día de hoy, cuando en teoría ya sería suficientemente sabio. No ha sido así. Me siento igual de ignorante que ayer. Apenas un día más viejo. De todos modos, como me queda ese tercer deseo pendiente, elijo desear que las personas que a lo largo de estos 50 años me hicieron bien, las que me acompañaron, las que me acompañan, las que atesoro en mi corazón, aquellas con las cuales no fui justo, aquellas que intentaron ser justos conmigo, que todas ellas sean felices. Es mi regalo. Nunca se sabe: acaso de los tres deseos este último sí se haga realidad. Ojalá así sea.

domingo, octubre 23, 2016

Sin cuenta

Sin cuenta. Uno puede mirar hacia atrás, o bien hacia adelante. También es posible dirigir la mirada hacia los costados, o hacia abajo, concentrando la atención de manera exclusiva en el lugar preciso en el cual se está parado, sin ver ninguna otra cosa más allá de los propios pies. O también puede uno mirar hacia adentro. Para hacer esto último hay diferentes alternativas. Uno puede cerrar los ojos  e intentar escuchar el sonido del corazón, por ejemplo. O puede acostarse con la espalda contra el suelo, dejando los ojos abiertos, y prestar atención a lo único que hay arriba, que es el cielo. A mí de chico me gustaba tirarme así en el piso, y jugaba a imaginar que de pronto la ley de gravedad se invertía, y las cosas comenzaban a caerse hacia arriba, y esa sola idea me producía una especie de intolerable vértigo, pleno de escalofríos. Me daba y me sigue dando, porque hay miedos de los cuales uno no se recupera. Cuando hoy intento mirar hacia adentro, en ocasiones lo hago con los ojos cerrados, como cuando se besa a alguien. Aunque también puede uno besar con los ojos abiertos, es verdad, y entonces otra vez el vértigo, aunque sea un vértigo hermoso. Pero eso ya es otra historia.

Sin cuenta... Y sin embargo: son más de 18.250 días, unas 438.000 horas, más de 26 millones de minutos. Pero nada de esto dice demasiado, en realidad. Habría que contar además cuántas fiebres, cuántas lluvias, cuántos días de sol, cuántos desayunos compartidos, cuántos en soledad, cuántos libros, cuántos discos, cuántos logros, cuántos intentos frustrados, cuántos sueños que quedaron marcados como a fuego en la memoria, cuántos que se olvidaron incluso antes de despertar, cuántas noches de insomnio, cuántos amores, cuántos besos, cuántos orgasmos, cuántas de tantas y tantas cosas, cada una de ellas con sus secretos valores y significados. La cuestión es que uno puede tomarse el trabajo de mirar y de contar, de hacer un recuento de las cosas que han pasado, de los muchos errores cometidos, de los eventuales aciertos en los cuales de seguro también se incurrió. Y también puede uno especular con el devenir del tiempo y estimar cuántos han de ser los días que todavía faltan. Aunque en el fondo de poco y nada sirva todo esto, porque ni el pasado ni el futuro existen fuera de la memoria o de nuestras ideas. Nada más tenemos la inasible fugacidad del momento presente. Pero entonces vuela un colibrí, y parece algo casi mágico, porque el pequeño pájaro es capaz de detenerse en medio de su vuelo, y esto es apenas una ilusión, porque el tiempo continúa transcurriendo, pero es también una metáfora que nos habla del presente, de ese mirar hacia adentro que te decía antes, tal vez con los ojos abiertos. Vértigo, entonces, el de las alas del colibrí, el de la ilusión del momento que se detiene, tal como lo pretendía Fausto, para que podamos valorarlo debidamente. El momento de la ansiada redención también, por qué no, a través de la conciencia de que la vida y la muerte existen, más allá de que sepamos o no qué significan, pero que más allá de ellas también está el instante en el cual las cosas prosiguen y suceden.


miércoles, septiembre 21, 2016

Ignorancia y virtud

Hoy he leído: "Un ignorante que se sabe ignorante aventaja siempre al ignorante no enterado". La sentencia me gusta. Por eso la copio, allá y aquí. Pienso, sin embargo, que el sentido de la palabra "ventaja" es relativo. Por ejemplo: en la tetralogía wagneriana, Sigfrido no es en realidad un héroe. No podría serlo, porque no conoce el miedo. Es ignorante, en este sentido. Y en su caso su ignorancia le da en cierto modo una ventaja. Pero también pienso que se trata de una ventaja ciega, inhumana, vacía de toda virtud. Hoy yo tengo la ventaja de saberme en desventaja, porque me reconozco a mí mismo ignorante, temeroso, tal vez hasta un poco miserable, en cierto punto. Pero también humano. Y así me acepto.



martes, septiembre 20, 2016

De ateísmos y creyentes

Dicen que el peor creyente,
el más vil de todos, el más falso,
es aquel que en la soledad de su silencio
sabe bien que Dios en verdad no existe,
y muy a pesar de eso insiste inmutable
en sostener su innegable presencia.
Sin embargo, resulta mucho peor,
y más peligroso y más perverso,
el pretendido ateo que conoce
que Dios en efecto existe y,
empero, con voz en cuello
se empecina en negarlo.

domingo, septiembre 18, 2016

Pensamiento crítico

El pensamiento crítico y la felicidad son dos dimensiones que no terminan de acomodarse una con la otra de buena manera. Su propia naturaleza lleva al ser humano a plantearse, razonablemente, una serie de preguntas, para las cuales no existe una razonable respuesta, lo cual genera una frustración inevitable. Pero el estado natural del ser humano, de su espíritu y su psicología, tiende a ser el reposo,  el equilibrio. Entonces, para sobreponernos a las incertidumbres, a la falta de respuestas definitivas a las preguntas que nos imponemos, inventamos las ideologías, las religiones, y nos entregamos felices a los reduccionismos, las dicotomías, las simplificaciones y las síntesis, que lo explican todo, aunque todo sea nada.

miércoles, septiembre 14, 2016

Fotografías anónimas


Alguien encuentra una fotografía, tirada al pie de un contenedor, debajo de la lluvia. Esto sucede en la calle México al 2500, en la Ciudad de Buenos Aires, un día cualquiera del mes de septiembre. Pero podría suceder en cualquier otro rincón de cualquier otra ciudad, en cualquier otro tiempo. Más tarde esa persona sube esa fotografía encontrada a Internet. Como una curiosidad. Acaso para que alguien como yo la encuentre de nuevo, y la observe con detenimiento, y escriba estas líneas. Y ahí está entonces la mirada de esta mujer, que no sabemos quién sea, o quién haya sido. La fuerza de la fotografía, que insiste en persistir, incluso más allá del anonimato y del tiempo. Debajo de la lluvia, a pesar de los descuidos que marcaron el papel, de la desaprensión que acaso llevó esta foto al pie de un contenedor de basura. ¿Quién habrá sido esta persona? ¿Qué sueños tendría en la época en la cual la fotografía fue tomada? ¿Qué estaría pensando en el momento justo de dispararse la cámara? ¿Qué habrá sido de ella? ¿Habrá alguien que la extrañe, en alguna parte? Esta fotografía, como tantas otras que aparecen perdidas o descartadas, aquí o allá, igualmente anónimas, muestran lo que muestran, pero también son al mismo tiempo un espejo de nosotros mismos. Cada fotografía que nos tomamos o nos toman está signada por el mismo destino: perderse tarde o temprano en las nieblas del tiempo como un pedazo de papel anónimo, que con un poco de suerte será encontrado algún día por alguien. Desde ese pedazo de papel, minúsculo, misterioso, miraremos en silencio a ese alguien, que nos observará y no sabrá nada acerca de nosotros.

Simplificando

Los reduccionismos, las simplificaciones extremas, siempre son confortables. Tienen la enorme ventaja de ofrecernos respuestas necesarias y comprensibles acerca de las cosas, de los demás y del lugar que ocupamos en el mundo. Por eso estamos dispuestos a creer en ellas. Nos facilitan la calma que resulta propia de la comprensión. Nos indican, de una manera sintética, clara y concisa, a través de una lógica dicotómica, qué posición debemos tomar frente a procesos naturalmente complejos. Lo que no es bueno es malo. Lo que no es blanco es negro. Estas simplificaciones tienen, sin embargo, un único problema: son falaces y nos alejan de la verdadera comprensión de la realidad. Si nos admitimos capaces de desentendernos de este pequeño detalle, podemos seguir confiándonos a ellas.

Dicho de otra manera:
La simplicidad y la complejidad son en el fondo una misma cosa.
La simplificación es lo contrario de ambas.

lunes, agosto 29, 2016

El hombre grande

El hombre grande
cada día está más pequeño.
Yo acaricio a veces su cabeza cana
con una infinita ternura
cuando él ya está acostado
y a punto de conciliar el sueño,
y siento como si acariciara
la cabeza de un niño,
cada vez más inocente y frágil.
En esos momentos todo se confunde:
yo soy de pronto hombre grande
pero también el niño
que necesita todavía creer
en la existencia de los inmortales
para poder sobrellevar su propia vida.
En momentos así el tiempo parece detenerse.
Pero luego persiste, empecinadamente.


domingo, agosto 28, 2016

Apología de la crítica

Existe una suerte de callado enfrentamiento entre el artista y el crítico. Una relación que a menudo se presenta como amable y cordial, pero que al mismo tiempo lleva latente un elemento discordante que cada tanto se transforma en manifiesto rechazo. La pregunta resulta casi obligada: se admite como un hecho natural la existencia del artista, pero ¿cuál es la función del crítico? Se diría que realizar críticas, evidentemente. La cuestión, entonces, será resolver qué deberíamos entender ante la palabra crítica. Dice la Real Academia que una crítica puede definirse como el "análisis pormenorizado de algo y su valoración según los criterios propios de la materia de que se trate". Sin embargo, ésta es apenas la primera acepción del término. Hay una segunda acepción, bastante más incómoda, que describe la acción de criticar como "hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha". Se comprenden mejor ahora las antipatías que puede despertar la figura de alguien que dedica su tiempo y esfuerzos a criticar.

Digamos sin embargo que la relación es ambivalente, pues sin artista no hay crítico, pero el primero necesita en cierto modo del segundo. Según parece alguna vez Oscar Wilde manifestó: "Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen." Y esto es algo muy cierto: es una mala noticia que las críticas a un espectáculo no hayan sido favorables; pero mucho peor noticia es que la sala haya estado desierta. Ahora bien, ya en este punto estamos insinuando una suerte de simbiosis entre tres actores diferentes: tenemos al artista por un lado, sobre el escenario; y del otro, siendo espectadores de lo que sucede, a los críticos y al público, que coinciden entre sí en más cosas de las que podría parecer a primera vista. Este es el punto a tener en cuenta: más allá de cualquier impostura, el crítico no deja de ser un espectador más.

Hay quienes sugieren que un verdadero crítico debe poseer un conocimiento específico sobre aquello que se convierte en objeto de su mirada. Esta posición probablemente surge en la Europa del siglo XVIII, cuando el desarrollo enciclopédico de la teoría y la historia del arte genera la separación entre un grupo de personas próximas a los secretos propios del mundillo artístico y quienes, por el contrario, carecían de acceso al consumo de bienes estéticos. Pero el arte, al menos en su etapa de contacto con un público, no tiene que ver con la racionalidad, ni con las habilidades técnicas que hacen a su producción, sino con una experiencia sensible. No es necesario saber de música para disfrutar de una sinfonía, un tango o un recital pianístico. Sí se necesitan, en todo caso, horas de contacto con la música para poder comparar, trazar recorridos o marcar vínculos. Pero no se requiere ser un especialista. Es más: muchas veces el estudioso pierde la inocencia necesaria a la hora de acercarse a una experiencia estética. Una inocencia que es necesaria para poder comprender aquello que el público -el no instruido especialmente- sentirá ante esa manifestación.

Lo que diferencia al crítico del público en general es que él tiene la posibilidad de compartir su parecer a través de un medio de comunicación. Entonces, lo que sí se le puede exigir es que sea capaz de comunicar con habilidad sus impresiones y experiencias. Que su relato sea atractivo, para que den ganas de leer o escuchar aquello que tenga para decir respecto de lo que a él le ha parecido tal concierto, película, obra teatral, exhibición, libro, comida o espectáculo. Que genere deseos de abordar la experiencia estética de la que se trate desde otros lugares y perspectivas, enriqueciéndola de algún modo. Después, por supuesto, la cuestión pasará por coincidir o no con el crítico, en criterios o en sensibilidad. Porque lo cierto es que no existen verdades objetivas en el terreno de lo estético. Es evidente que si un músico desafina, si un escritor tiene fallas en su redacción o un actor duda en sus parlamentos, será posible señalarlo. Pero fuera de estos índices concretos, lo que prevalece es una cuestión de empatías entre el artista, el crítico y el público.

Digámoslo entonces de una vez: el crítico no es sino un espectador más, que luego manifiesta de manera pública su parecer sobre algo que ha visto. Y para hacerlo no debe estar especialmente capacitado con conocimientos específicos. No es necesario saber tocar el piano para comentar el recital de un pianista, tanto como haber asistido a muchos recitales, a fin de poder medir las eventuales diferencias que medien entre un intérprete y otro. Pero ni siquiera esto resulta indispensable, al fin y al cabo, pues cada experiencia estética, incluso siendo individual y única, ofrece un impacto sensible en el espectador, que como tal tiene todo el derecho de decir: me ha gustado, me ha aburrido, me ha dejado algo valioso, me ha resultado insoportable. Un espectador que aplaude, que abuchea o se queda dormido durante un espectáculo, se constituye de hecho como un crítico. Para que no hubiese crítica, no debería haber espectadores. Y entonces el arte ya no sería algo que se pudiera compartir.

Personalmente, y en consideración del doble sentido que el uso le ha dado al término crítico, quien esto escribe ha preferido muchas veces definirse como comentarista, a sabiendas de que tal vez esta expresión tenga algo de eufemismo. Pero esta actitud no está exenta de reciprocidades: al decir del escritor británico Somerset Maugham, cuando los artistas solicitan críticas, lo que en realidad esperan recibir son halagos. Seguramente habrá de todo, como en botica. Pero lo cierto es que el día en que un artista no tenga a nadie que lo critique, para bien o para mal, será cuando haya que ponerle un punto final al arte. 

jueves, agosto 25, 2016

2006 - 2016

Fue un 6 de agosto de 2006 cuando hice el primer posteo en esta bitácora. Desde entonces se sumaron más de quinientas entradas. Han pasado muchas cosas a lo largo de todo este tiempo. Para quien escribe, convertido ahora en autor y en lector de sus propias viejas anotaciones, recorrer este blog es rememorar diferentes partes de una historia personal. Una historia que acumula alegrías y dolores, frustraciones y necedades, locuras, esperanzas vanas y otras que no lo han sido tanto; también hay algunas muestras de una incierta sabiduría y (ojalá así sea) acaso algunas pinceladas de belleza. Porque de un tiempo a esta parte este sitio se ha convertido además, como creo haber dicho ya en alguna otra ocasión, en un cementerio de poemas. Pero repaso las primeras entradas, las de ese primer mes de existencia de este diario. Hay allí un primer comentario de una obra musical, fruto de un padre orgulloso que veía actuar por primera vez a su hija en un gran teatro. Hay unas líneas acerca de un fotógrafo ciego, y un breve cuento de Marco Denevi. También hay un triste presagio. Y hay una reflexión sobre el horror de las guerras. Finalmente, la primera de todas las entradas es un cuestionamiento en cuanto al sentido mismo de la existencia de este blog. Hoy me sigo preguntando para qué escribo todas estas cosas. Para quién, con qué propósito. Sigue sin haber una respuesta clara o definitiva. Quizás todo esto sea algo así como un exorcismo, o como un legado, o como una caja de resonancia, en la cual yo mismo poder escuchar con mayor claridad algunas ideas. Algunas cosas han cambiado, es cierto; pero uno todo el tiempo cambia. Soy diez años más viejo, en algunas cuestiones soy más aplomado, sabio o incluso gentil, y en otros aspectos acaso no he aprendido demasiado. Sigo sin embargo teniendo una esperanza. Y juro que no soy una mala persona, aunque algunas historias que me han tenido como protagonista no hayan tenido finales del todo felices. Pero la historia todavía sigue, hasta nuevo aviso. Y seguramente se seguirán sumando los escritos, las ideas, los poemas, las resonancias. Y tal vez algún día alguien encuentre algún sentido en todas estas palabras. O acaso no. Acaso el sentido que estas palabras tienen es el de simplemente ser, en el momento de ser aquí volcadas.

domingo, agosto 21, 2016

Sin título

Hay una incierta y terrible soledad
en el apático gris de esta tarde que muere.
Una soledad trágica, sin fe ni esperanza.
Lo intenté. Dios sabe que lo hice.
Pero todo fue en vano.
No existen las segundas oportunidades
para nosotros los malditos.
El sol se ahoga ahora en el horizonte,
las sombras vuelven reclamando sus dominios
y uno solo desea irse
junto con la tarde que se disuelve
tranquila en el horizonte
sin reclamarle nada al mundo
porque nada espera.

martes, agosto 09, 2016

Carpe Diem

Diez años, dijo el médico.
Puede que alguno más, tal vez.
Dicho así parece mucho, es cierto,
sobre todo para un hombre que
ya ha alcanzado los ochenta.
Hagamos la cuenta y son
tres mil seiscientos cincuenta días.
Aunque he de corregirme:
tres mil seiscientos cuarenta y nueve,
pues esto sucedió ayer.

Miro una fotografía de mi padre,
todavía joven, esperanzado,
vivaz y repleto de futuro.
Me impresiona darme cuenta:
en esa foto él tiene menos edad
de la que yo tengo ahora mismo
y comprendo una vez más que
al fin y al cabo una década es nada,
Nada sobre todo comparada con
la nada eterna que nos aguarda.

Tengo casi cincuenta años, dijo ella.
Y la gente suele morirse a los setenta,
así que me quedarían veinte por delante.
Dicho así parece mucho:
son todavía veinte cumpleaños,
veinte pascuas, veinte navidades,
veinte de cada cosa que pasa en un año.
Sin embargo también es poco y nada.
Nada comparado con la eternidad
de nada que nos espera después.

Entonces qué hacer,
si lo único que tenemos
es este día fugaz que se pasa.
Detente instante, eres tan bello...
No era vano el deseo de Fausto.
Intentar capturar el momento
vivirlo plenamente, disfrutarlo,
eso es lo único que nos queda.
El ahora mismo.
El mientras tanto.

miércoles, agosto 03, 2016

Dédalo e Icaro

Soy Dédalo después de haber despeñado a Perdix.
Vanamente pretendí contentar a la bella Pasifae
y sólo logré dirigir hacia mí la furia de Minos.
Fui el hacedor de las penurias del Minotauro,
que se dejó matar a manos del vanidoso Teseo
convencido de que era al joven enemigo a quien
Ariadna aguardaba al otro extremo del dorado hilo.
El amor -se sabe- está repleto de estos desencuentros.
Ahora deambulo cautivo en el seno de mi propio laberinto,
prisionero no de estas paredes de roca y sutiles engaños
sino de una potencia mayor, poderosa e inexplicable.
Dédalo soy; mas debo decirlo: también soy Icaro.
Heredé esta prisión de mi padre, y tal vez él
la heredó a su vez de sus propios ancestros.
Es cierto: soy yo el arquitecto y el constructor,
soy quien carga las culpas propias del responsable.
Pero este laberinto me precede en el tiempo,
está aquí desde mucho antes de que yo naciera
y quién sabe si acaso desaparecerá con mi muerte.
En una esquina, allí hacia donde el sol se pone,
descubro un hato de cuerdas y plumas y cera.
Un pájaro pasa volando sobre mi cabeza.
Lo observo como si fuese un presagio.

domingo, julio 31, 2016

Naturalezas

Padecemos, entre otras cosas,
una errática apreciación del tiempo
que tal vez no sea sino un gesto de rebeldía
frente a nuestra pobre condición de
seres mortales, evanescentes,
sin chance de trascendencia.
Quizás por eso necesitamos tanto
que con una mirada una palabra un gesto
alguien nos haga sentir valorados,
que nos rescate de nuestra soledad,
del angustiante vacío de la nada.
Somos apenas el suspiro de algo que nos supera,
nada más el breve reflejo de algo más amplio
que acaso jamás llegaremos a conocer.
Somos un poco como la música
que solamente existe mientras suena.
Pero aquí estamos, entre tanto.
Frágiles y desorientados.
Desamparados y sedientos.