jueves, noviembre 13, 2014

Cuestión de fe

Si nada somos, más que tiempo
y las cosas que en él transcurran,
cualquier angustia es vana.
A lo sumo, ese dolor podría
ser tenido como un acto
de rebeldía ante Dios,
como un gesto de protesta.
Pero si nada somos,
es probable que tampoco nada
sea ese Dios deseado,
cubierto de incertidumbres,
y entonces ni siquiera
ese acto de rebeldía
tendría tampoco sentido.

"Pero en algo tenés que creer",
me dice entonces un crédulo.
Y sinceramente hay días
en que quisiera creer en algo,
pero con la voluntad no alcanza.
Verdad de perogrullo:
No puede creerse en aquello
en lo cual no se cree.
Me pregunto entonces si Dios,
para el caso de existir,
pobre santo, al fin y al cabo,
creerá acaso en los hombres
o tan siquiera en sí mismo.

Me simpatiza de pronto la idea
de un Dios ateo, incrédulo, escéptico,
tan parecido a los hombres
o por lo menos a mí mismo,
que sin ser ateo no logro creer,
por mucho o poco que me lo proponga.
Si alguien lo quiere a este Dios que
acabo de inventar se los ofrezco:
pueden rendirle culto sin cuidado,
que no es un Dios vengativo,
aunque acaso sí algo sordo.
Yo me disculpo del rito: hoy ando
sin demasiadas fuerzas para esas cosas.


miércoles, noviembre 12, 2014

Sueño 141112

Acabo de soñar,
con una claridad definitiva y brutal,
que somos apenas un poco de tiempo,
una conciencia momentánea,
que pronto se extinguirá,
del mismo modo en que
se extingue una vela.
Y que después
sencillamente
no hay nada.
Ahora estoy despierto.
La conciencia insiste con ideas
ya no digo de dios,
pero sí de trascendencia,
como para evitar al menos
el abismo
del sinsentido.
Pero lo cierto es que dudo,
que no sé si el hecho de
estar ahora despierto
modifica en algo
la eventual realidad de lo soñado.
Hay una única cosa que sé:
El tiempo es breve.


domingo, noviembre 02, 2014

Intoxicado de sombra

Yo no sé si te acordarás, porque fue hace mucho.
Vos lo definías como "la sombra".
"A veces llega la sombra y se instala", decías,
y no hacía falta mucha más explicación,
si es que acaso la había.
Por entonces nosotros solíamos andar mucho juntos,
y no eran necesarias demasiadas palabras para entendernos.
O para creer que nos entendíamos, al menos.
Después dejamos de frecuentarnos,
pero cada vez que la sombra llega y se instala
no puedo dejar de acordarme,
y me pregunto cómo hacías para lidiar con ella,
o si es que realmente vale la pena intentarlo,
o si lo mejor no será resignarme y dejarla estar,
hasta que la sombra se disuelva,
o hasta que ella y yo nos disolvamos juntos,
en una comunión tan natural como inconcebible.


sábado, agosto 09, 2014

Lluvia y despedida

Ahí estás otra vez,
misteriosa y temida.
Te trae esta lluvia oscura
que todo lo ensombrece.
Nos queda cada vez menos tiempo.
Puedo adivinarlo en tu mirada silenciosa.
Las ilusiones cada vez parecen más
apenas agua entre los dedos.
Podríamos haber sido tan felices.
Pero de algún modo nos hemos ingeniado
para acabar estropeándolo todo.

Ah, y ahí estás vos...
¿Escuchás cómo llueve?
Si supieses cuánto te extraño.
Si supieses...
Te mentiría si te dijera
que aún le temo a la lluvia.
No es miedo... Sino una inquietud indecible.
La angustia de saber que en este instante
-en este preciso instante-
yo debería estar abrazándote
mientras el cielo se cae a pedazos.

El cielo parece estar llorando.
Se diría que es tiempo de despedidas.
En un mundo razonable y coherente
yo debería estar ahora mismo con vos,
abrazándote en silencio mientras
este negro mar cae implacable
sobre este mundo anegado
de tanta ausencia.
Pero no: vos no estás.
Y ya no encuentro refugio
ni siquiera en la esperanza,
y nada parece tener sentido.

domingo, junio 22, 2014

Angustia

"La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada", me dicen que ha dicho alguna vez Martin Heidegger, y es muy probable que sea cierto. Sin embargo, angustia y nada son también, a un mismo tiempo, conceptos antagónicos. Porque no es en la nada donde ha de ubicarse la angustia, ni ninguna otra cosa, sino en ese algo que es el hombre que siente, en el momento preciso en que lo está sintiendo. Es ese algo que es en el hombre, puesto ante la incomprensible incertidumbre de la eventual nada, lo que provoca la angustia. Es lo inasible de ese concepto, naturalmente contrario a la vida, antagónico por fuerza a las ideas y a los sentires, dado que en la nada ninguna de estas cosas podría tener lugar. En consecuencia, la angustia es evidencia de que hay algo, alguien que se angustia, por lo pronto, algo imbuido del sentido del ser, lo cual no es poco. ¿Existirá realmente esa nada inconcebible, más allá del hombre? Acaso no importe, en definitiva. Porque somos en tanto podamos preguntarnos estas cosas; en tanto podamos cuestionarnos el sentido de la angustia, por ejemplo; o el de cualquier otra cosa. Cuando sea la nada, no habrá ocasión para angustiarnos, ni para cuestionamientos vanos. Ya llegará el momento, inevitable, y entonces sabremos. O no.

miércoles, mayo 28, 2014

Consejos para seguir viviendo

Perdonar y perdonarse.
Confiar en que cada persona
hizo y hace todavía
lo mejor dentro de lo que puede;
que ofreció y todavía ofrece
lo mejor que tuvo y tiene para dar.
Comprender que también uno ha hecho
lo mejor que resultó posible.
Y seguir creciendo,
seguir dando lo mejor que se tenga,
seguir haciendo lo mejor que se pueda.
No ser el peor juez de uno mismo.
Perdonarse y perdonar.
Vivir en calma.
Reconciliarse con la vida.
Seguir adelante.
Encontrar motivos
para hacerlo desde la alegría.
Seguir creciendo.
Seguir confiando.


viernes, mayo 23, 2014

Otredad

No hay peor compañía que la soledad.
Uno puede ser persona únicamente
a través de la mirada de un otro.
Son los demás, al mirarnos,
quienes nos convierten en alguien,
y será para mejor o para peor,
pero siempre será distinto
de lo que éramos antes,
cuando aún estábamos solos.

Así como un libro es algo muerto
hasta que alguien lo toma para leerlo,
lo mismo que una sonata,
hasta el momento en que alguien
la interpreta o la escucha,
el náufrago en la isla desierta
deja de ser persona; es, más bien,
algo parecido a un fantasma.
Por otra parte, el libro que
se leyó hace años, no es el mismo
si uno lo lee de nuevo ahora.

O como lo dijo Nietzsche:
Cuando Zaratustra cumplió treinta años,
dejó su patria y marchó a las montañas.
Allí gozó de su soledad durante diez años,
pero al fin una mañana se levantó con la aurora,
se colocó frente al sol y le habló así:
¡Tú gran astro, qué sería de tu felicidad
si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

martes, mayo 13, 2014

Casi un haiku

La angustia nunca nos engaña.
Lo cual no significa
que ella pueda decir su verdad.

martes, mayo 06, 2014

Flexibilidad y resistencia

I. En ocasiones hay que ser flexibles. Otras veces es necesario ser resistentes. Sabiduría es poder reconocer cuando se debe aplicar una actitud, y cuando la otra.

II. Ser capaces de reconocernos en nuestra propia vulnerabilidad es un gesto de fortaleza, incluso cuando de hecho nos estemos reconociendo (lo escribí hace un instante) como vulnerables. Se trata, sin duda, de un interesante contrasentido.

viernes, mayo 02, 2014

Sueño 149502

De qué me vale soñar con vos,
sentirme tan bien mientras sueño
porque en ese sueño estamos juntos,
si al despertar estoy solo,
solo otra vez, de nuevo solo,
tan solo como un hombre solo puede estar,
y este hueco adentro mío se agiganta,
y quisiera llegar hasta donde estés
y decirte, explicarte, precisamente a vos,
que de seguro ni siquiera sabés que
hasta hace apenas un instante
estuvimos a punto de ser tan felices;
pero no, porque eras nada más un sueño,
y con quién habrás soñando vos
anoche, o qué cosas,
y cómo hago para alcanzarte,
y qué hago con todo esto que me queda
en el alma después de que despierto,
y cómo lleno este hueco podrido en mi alma.


domingo, abril 27, 2014

Libertad

Probablemente tiene razón Jean Paul Sartre cuando afirma que todos somos intrínseca e inevitablemente libres, dado que siempre podemos elegir entre hacer o no hacer, entre optar por dirigir nuestros pasos hacia el sendero de la derecha o hacia el de la izquierda, seguir adelante o retroceder, atándonos voluntariamente a las eventuales consecuencias que pueda tener cada una de nuestras decisiones. Sin embargo, el problema no es que todo acto tenga sus consecuencias, sino que muchas veces, por no decir casi siempre, no hay manera de conocer cuáles podrían llegar a ser éstas. Somos libres de cruzar la calle cada vez que queramos, por poner un mero ejemplo. Pero sencillamente desconocemos en cuál de las dos veredas por las cuales nos es dado andar acaso no nos estén aguardando el amor o la muerte. Así las cosas, la libertad a veces no es sino la forma oscura de una condena a la cual estamos atados por la mano del destino. Y sin embargo, a pesar de todo seguimos siendo libres. Somos seres condenados a nuestra libertad. Libres en el momento de jugar este juego, que hemos llamado "la vida", sin conocer a fondo ni sus objetivos ni sus reglas.

viernes, abril 25, 2014

Dudoso triunfo

Sentir, en el momento de la ducha, que una cucaracha comienza a trepar lentamente por la pierna. Saber que no es verdad, que se trata nada más que de una sensación ilusoria, y resistirse entonces a moverse, a mirar siquiera, a sacudirse tonta y desesperadamente, mientras se espera que la sensación pase, que la idea absurda ceda. Dejar, finalmente, de sentir el movimiento del repugnante insecto imaginario y sentir que por esta vez, al menos, hemos vencido. Que quede la duda, sin embargo y para siempre, de si acaso aquella sensación no habrá sido motivada, de verdad, por alguna asquerosa alimaña que finalmente desisió de su propósito.

miércoles, abril 23, 2014

La diferencia entre el cuento y la novela

Buscando materiales para ofrecerles a mis estudiantes del Taller de Escritura, me topo con una exposición de Gabriel García Márquez en la cual intenta, entre otras cosas, diferenciar la naturaleza del cuento respecto de la novela, y dice:

"El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el día siguiente con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre. En cambio, lo que hizo su mujer cuando se dio cuenta de que el heroísmo de su hombre no era más que un cuento chino pudo ser la primera y quizás la novela más larga del siglo de piedra."
Me quedo pensando en el asunto, simplemente, pues intuyo que ahí hay algo más de lo que parece haber. Aunque tal vez esto solo sea una novela que yo me hago.

sábado, marzo 29, 2014

Sueño 140329

"El problema de que a veces a uno la vida se le estanque, no tiene que ver con la inmovilidad en sí misma. El problema es que siempre que se nos queda es justo en el peor momento; nunca nos quedamos trabados allí donde fuimos más felices."

(Esta es la respuesta que le dí anoche, durante un sueño, a un personaje que se lamentaba diciendo que su vida se había estancado hacía no sé cuántos años atrás...)

sábado, marzo 22, 2014

Poesía de la ausencia

Dice el poeta chileno Raúl Zurita, a quien confieso desconocer, más allá de algún dato suelto y de la presente cita: "Escribimos porque no hemos sido felices, todos los libros que se han escrito, las sinfonías, los cuadros, han sido hechos porque no hemos sido felices." Confieso que esta idea me resulta llamativa. Perturbadora en algún punto. Oscuramente atractiva también, por supuesto.

Zurita considera que todo lo que él mismo ha escrito ajeno a esta regla no merece ser leído y añade que únicamente la poesía tiene el poder de percatarnos de que un solo muerto nos condena a todos los demás a ser sobrevivientes. Una idea poderosa, sin duda. Aunque acaso injusta si se piensa, por ejemplo, en el Guernica de Picasso.

Más adelante agrega: "La poesía es la esperanza de lo que no tiene esperanza, es la posibilidad de lo que no tiene absolutamente ninguna posibilidad, es el amor de lo que no tiene amor."

Pero volviendo a la primera de las ideas, ella viene a reactualizar la pregunta, que no es mía ni es nueva, de si un artista feliz, o satisfecho al menos con su vida, puede seguir siendo a pesar de ello un buen artista. O si, por el contrario, realmente el dolor es una condición sine qua non para que allí se genere la magia del acto poético. Aceptar esto último resulta una posición un tanto ingrata en lo que hace al propio artista. Es un poco como empujar a Alfonsina hacia la costa para completar su sino poético, o darle pastillas para dormir a Alejandra Pizarnik porque amamos su oscura poesía, o celebrar la bala que rompe la cabeza de Isabel Parra porque fue llevada hasta allí por la misma fuerza que forjó Gracias a la vida.

"Sólo crea quien no está completo", podría decir alguien en este punto. Y con ello generamos un dilema teológico, pues la frase equivale a cuestionar la presunta perfección de un Dios creador. Y sin embargo, es muy probable que esto sea cierto, por lo menos en la dimensión humana. Indudablemente la creación en sí misma genera en el creador una sensación de plenitud, asociable de alguna manera con la felicidad, o por lo menos con la satisfacción. Pero por supuesto, para que el poeta haya tenido la necesidad de generar esa creación primera, para haber tenido ese primer impulso, debió haber sentido antes un vacío que buscó llenar, una cierta ausencia que necesitó salir a cubrir de algún modo a través de sus metáforas. Por eso me temo que acaso Zurita termine teniendo razón. Desde el psicoanálisis, Lacan diría que la palabra viene a sustituir aquello que la palabra nombra, equiparándose por ende a su ausencia. Del mismo modo en que la palabra nombra la ausencia de lo nombrado, el poema viene a suplir aquello que falta en el mundo simbólico, anímico o existencial del poeta.

Relaciones humanas

Si una persona duda (estas cosas a veces suceden) entre si realmente somos estúpidos o si sólo hemos causado esta lamentable mala impresión, bastará con que hagamos algo estúpido para que la cuestión quede decidida de una manera definitiva. Lo curioso es que no funciona al revés: ante esa misma duda, nada inteligente que podamos decir zanjará de un modo concluyente la cuestión en nuestro favor. Vale la pena añadir que esta misma lógica aplica para definir cualquier otra apreciación que pudiera tenerse de una persona. 
(Corolario de la Ley de Murphy acerca de las relaciones humanas.)

sábado, marzo 15, 2014

Relatividades

Tal vez tenga que ver con 
la relatividad de todas las cosas: 
Cada vez queda menos tiempo. 
Este es un hecho irrevocable.
Sin embargo, puede que en el fondo

esto no tenga mayor importancia.

lunes, marzo 10, 2014

Definiciones

Leo un texto en el cual alguien,
ni siquiera recuerdo su autor,
define la vida como un
complejo diseño de
materia y energía
autorreplicante
organizado a través de
millones de años
de evolución.
Impactante definición.
Millones de años.
Mientras tanto,
mi presente se resume
en que me duele tu ausencia.


viernes, marzo 07, 2014

Cosas graves

La gente se hace problema
por sus minúsculos dramas cotidianos:
sufre porque ha perdido un dinero
o porque le chocaron el auto
o porque se quemó la heladera
o porque reprobó un examen.
Nimiedades así les hacen perder la dicha,
pobres infelices, no saben
que ninguna de esas cosas es grave.

Grave es la muerte,
que no tiene retorno.
Y cada día que se pierde,
eso también es grave
pues ellos tampoco regresan.
En cuanto al amor, ese demonio...
Bueno, ese ya es otro asunto
otra historia, otro dolor,
otra soledad, otro poema.

martes, marzo 04, 2014

La muerte por desamor

Una historia antigua y trágica me impulsa a escribir estas líneas. Pero también algunas ficciones que están en el imaginario de todos, en mayor o en menor medida. Y asimismo la realidad que me toca vivir en este tiempo presente. "Me toca vivir"... Es probable que esta expresión no sea del todo justa. ¿Acaso no es uno mismo el artífice de buena parte de su propia realidad? Cabría reconsiderar esta cuestión, entonces, tanto en lo que hace a nuestras responsabilidades en el pasado como también, y sobre todo, en lo relativo al presente y lo que venga en el futuro. Curiosa idea, ésta que me aporta Murakami: "Mientras vivimos vamos criando al mismo tiempo a nuestra muerte". Pero quisiera pasar ya a la cuestión que ocupa mi pensamiento: ¿Cómo es posible que una persona llegue a quitarse la vida por amor, o mejor dicho por un desamor? No estoy hablando de mí mismo, o quizás sí, o tal vez no importe. Lo cierto es que los casos se repiten, y tristemente se seguirán repitiendo en tanto el ser humano continúe siendo pasional y contradictorio, vale decir, precisamente, humano. Se me ocurren tres posibles razones que justifican de alguna manera el suicidio por desamor: la primera pasa por sentir, sencillamente, que sin el otro la vida al fin y al cabo carece de todo sentido. Pensemos, por ejemplo, en esas parejas que han vivido mucho tiempo juntas y luego una de ellas fallece. No es infrecuente que, acaso sin habérselo propuesto, el otro no sobreviva mucho tiempo. En el otro extremo del desamor hay otra actitud, en cierto modo más perversa, que es el suicidio como un intento de castigo. Pensando que el otro en el fondo nos ama tanto como nosotros lo amamos (un absurdo: si así fuese no nos hubiesen abandonado), el tipo se mata para que la otra persona se sienta culpable, algo que sucederá eventualmente en algunos casos, en tanto en otros esa otra persona permanecerá impasible. En cualquier caso, lo más probable es que el muerto jamás llegue a conocer este detalle. Pero hay un tercer caso de suicidio por desamor, que es el del sacrificio. Es la lógica que se inicia con un diálogo típico de los enamorados: "Si realmente me amás, ¿qué estarías dispuesto a hacer por mi?" El suicidio es la repuesta última y más extrema a esa pregunta, incluso cuando tal vez jamás se la formule en forma explícita: "No me suicido porque sin vos mi vida no valga nada, sino porque te amo tanto que soy capaz de sacrificar por vos incluso mi propia vida, otra cosa más valiosa no tengo." Muy poético, por cierto. Ahora bien, ¿qué pasa si el otro dijera: "Si realmente estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio por mí, ¿serías capaz de proponerte ser feliz, puesto que así yo te lo pido?" Por algún motivo, esta petición nos parece falsa, inauténtica, de ocasión. Es muy loable que el otro pretenda salvarnos de nosotros mismos, pero si en verdad quisiera nuestra felicidad, sería mucho más fácil que lo hiciera posible regresando a nuestro lado. Claro que podríamos matizar la cuestión: "Demostrarme que sos lo suficientemente fuerte como para poder vivir sin mí", por ejemplo. Pero no hay caso, todo nos lleva a pensar que el otro realmente ya no nos quiere, y nos disponemos a castigarlo por eso, al mismo tiempo que nos castigamos nosotros mismos por no haber sido capaces de mantenerlo a nuestro lado, y también porque nuestra vida, sin esa otra persona cerca, sencillamente carece de todo sentido.

lunes, febrero 24, 2014

QEPD

Cada quien a su manera,
desde su propio dolor,
desde su propias lágrimas
y desde su propio cuerpo,
lo que la mayoría de nosotros
llora en cada velorio o entierro
es la inexorabilidad de
la propia futura muerte.



miércoles, febrero 19, 2014

Disonancias

Leo que para Theodor Adorno la disonancia es el signo de todo lo moderno. Y sin embargo, en su Filosofía de la Nueva Música también dice: "El acorde disonante ... suena como si el principio civilizador del orden no lo hubiese domado del todo, en cierto modo como si fuese más antiguo que la tonalidad." 

Moderno y prehistórico, entonces. Hiperracional y salvaje. No está mal la contradicción. Después de todo la contradicción también es uno de los tantos signos de nuestro tiempo.

viernes, febrero 14, 2014

Justicia

La vida no es justa.
Tampoco es injusta.
La vida no se mide en esos términos,
sino que sencillamente se limita a ser.

jueves, febrero 13, 2014

Schrödinger y los gatos

I. Puede que la paradoja de Schrödinger no guarde relación con la realidad del mundo, pero viene a demostrar que Erwin Schrödinger odiaba a los gatos... al mismo tiempo que seguramente los amaba.

II. El gato de Schrödinger piensa: "Mi dueño está completamente loco, ¿cómo se le ocurre que yo pueda estar muerto y vivo al mismo tiempo?" Esto lo piensa el gato vivo, por supuesto. El otro, que según Schrödinger es el mismo, de hecho ya no piensa nada.


martes, febrero 04, 2014

Prestarle atención al rumor del viento

De chico yo acostumbraba leer mucho. Era un muchachito más bien solitario, pero me gustaba leer, y pasaba largas horas abocado a dar cuenta de mis libros. Más tarde descubrí también el placer de escuchar música. En ambos casos se trataba de escuchar, supongo. Porque así como en la música uno entra en contacto directo con quien produce esos sonidos, al leer uno escucha voces, las voces de otras personas que te hablan, te hacen partícipes de sus pensamientos, te cuentan historias mágicas. Hace poco alguien me recomendó un libro de Haruki Murakami, Kafka en la orilla. Lo compré, lo leí, y resultó ser un libro revelador. Me pareció interesante entonces probar con algún otro título y compré Al sur de la frontera, al oeste del sol y Tokio Blues. Ninguno de estos dos libros llegó al nivel del primero, pero de todos modos Tokio Blues me dejó algo: "¡Arriba! ¡Comprende!", dice en un momento el narrador, para luego añadir: "Por eso estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito." De manera que así termino de comprender el porqué de este blog, de estas notas que algún día seguramente terminarán por perderse en la nada del ciberespacio, de la webosfera, del vacío informático. Pero me aportan sentido a mí que las escribo, en el momento de escribirlas, en el momento de revisarlas. Y acaso te dejen también algo a vos, que estás leyendo. El por qué estás leyendo esto, eso ya no lo puedo decir yo. Me gustaría saberlo, por supuesto. Pero vas a tener que ser vos quien encuentre la respuesta a esa pregunta. En cualquier caso, en lo que a mí respecta, así como descubro que escribo para comprender, puedo decir asimismo que he descubierto que tanto en mi infancia como ahora, tantos años después, si leo es también para comprender algunas cosas, sin duda, pero sobre todo es para sentirme acompañado por esas otras voces, para no sentirme solo.

PS: De acuerdo, convengamos esto: las revelaciones muchas veces están allí y nada más hay que estar atento para descubrirlas. Pero cuidado, que el simple hecho de estar atento puede no ser algo tan fácil de lograr como parece. Sin embargo, poniendo la suficiente atención, las revelaciones pueden estar en cualquier parte, en el discurrir del viento. Y digo esto pues, tras haber escrito lo anterior y haber retomado la lectura de Tokio Blues, encuentro esta sentencia, tan simple como verdadera: "Hazme caso. Piensa bien en esto: si querés cuidar de (el nombre del personaje femenino de la historia, que no viene aquí al caso), cúidate antes a ti mismo." ¿Una verdad de perogrullo, tal vez? Más bien una de esas verdades que están en el rumor del viento.

miércoles, enero 29, 2014

Ordenando algunas cosas

Esta mañana, después de mucho tiempo, volví a entrar a Facebook. Tras responder algunos mensajes, y justo antes de desconectarme otra vez, una publicación en la columna de actualizaciones llama mi atención. Es una frase, atribuida a Theodor Adorno, que dice: "El arte es más destrucción de sentido que construcción de sentido." 

Algo me lleva a dejar un comentario: "Existen sentidos establecidos culturalmente para las cosas. Sentidos a los cuales la industria cultural, por definición, se ajusta y corresponde perfectamente. He aquí, entonces, un buen parámetro para poder definir lo que es el arte. Porque el arte, a diferencia del producto derivado de la industria cultural, cuestiona los sentidos establecidos, para abrir las puertas hacia nuevos sentidos alternos. Para esto, primero debe romper cualquier atadura con lo establecido, para después, a partir de esa destrucción, posibilitar un sentido diferente. En verdad no sé si Adorno tendría en mente exactamente esto, cuando escribió sus palabras; pero es lo que me hizo pensar a mí su frase." 

De repente recordé además que en alguna ocasión alguien dijo, o acaso lo haya leído en alguna parte, que el libro correcto es el que llega precisamente en el momento en que uno está necesitando alguna revelación. Tal vez por eso me topé con esta frase. O acaso por eso es que hoy he accedido a la lectura de Murakami a través de su "Kafka en la orilla".

jueves, enero 23, 2014

Diario, página uno

20:40. Llego a mi casa. En realidad es una manera de decir. Primero porque, en rigor, este departamento no es mi casa pues es alquilado. En algún lugar existe un título de propiedad que niega la posibilidad de que legalmente yo lo pueda llamar "mío". Es un espacio a préstamo, con fecha de vencimiento. Pero además, y sobre todas las cosas, tiene que ver con eso que escribí en otro momento, no hace tanto: el hogar no tiene que ver con títulos de propiedad, sino con el hecho de que uno pueda sentir un espacio como realmente propio. Y definitivamente no me sucede eso con este lugar. Yo tuve en algún otro momento una casa propia, un hogar, y sé cómo se siente eso. Subo las escaleras en silencio, abro la puerta, nadie me espera y yo ya sé que nadie me espera. Si esta fuese realmente mi casa -me digo- alguien me esperaría. Cierro la puerta, dejo el libro que vengo leyendo sobre la mesa, me quito la ropa. Me lavo las manos, agarro un huevo duro que quedó de anoche y que hoy se convertirá en mi cena, voy al baño y me siento en el inodoro, mientras ceno. Sé que la imagen parecerá patética, o acaso graciosa, pero así es como sucede. Y mientras estoy sentado ahí, comiendo un huevo duro en el baño, a oscuras, pienso en qué puedo hacer para pasar el tiempo hasta que llegue la hora de dormir. Puse "pasar el tiempo". Podría también haber escrito "matar el tiempo", expresión que también suele usarse, muy a pesar de que las cosas son exactamente al revés: es el tiempo el que tarde o temprano nos termina matando a nosotros. El punto es que no quiero pasar el tiempo, ni mucho menos matarlo, sino aprovecharlo. Me pregunto entonces cómo era antes, antes de este departamento alquilado, antes de este llegar a una casa que no es mi casa, en donde no me espera nadie, para cenar un huevo duro a oscuras sentado en el inodoro, mientras me pregunto qué hacer con el tiempo, con mi tiempo, y no puedo evitar que venga a mi mente esa mujer que hasta hace tan poco fue mi esposa diciéndome que en realidad nunca supe nunca pude nunca supe nunca pude nunca pude nunca supe aprovechar mi tiempo. Ah, si pudieras llegar a saber cuánto te extraño, cuánto te necesito, cuánto te amo desde que no estás conmigo... Y sí, ya sé que todo esto ha sido mi culpa mi gran culpa mi estúpida culpa, porque también sé que he sido un estúpido un imbécil un idiota, pero tenés que saber que las personas en general somos así, que no terminamos de darnos cuenta del valor de las cosas que tenemos hasta que las perdemos, acaso un día vos también me extrañes, cuando yo haya muerto, y te digas que podrías haber llevado las cosas de otra manera. Pero volvamos al asunto del tiempo. Es verdad: antes también el tiempo se me escapaba, inevitable, como agua entre los dedos de la mano. Pero entonces había un proyecto, por difuso que fuese, por descuidado que por momentos pareciera. Estaba el proyecto de ser nosotros, una familia, en esa casa que era nuestro hogar, con nuestra hija, un hogar lleno de errores, pero hogar y refugio. Entonces vivir estaba al resguardo de ese proyecto. Hoy ese resguardo ya no existe. Me voy a dormir. Creo que la cena me ha caído mal. Mañana... ¿será otro día? Sinceramente no lo sé. Desde que no estás conmigo el tiempo ha entrado en una especie de aletargado suspenso.

miércoles, enero 22, 2014

Homleless

"¡Después llamame a casa!", le gritó un joven, mientras el tren arrancaba, a alguien que ya estaba fuera del alcance de mi vista. Regresé por un segundo al libro de cuya lectura el grito me había arrancado y todavía pude leer lo siguiente: "Un silencio húmedo y pesado se cierne sobre la casa. Susurros de gente que no existe. Miro a mi alrededor, me detengo, respiro hondo. Las agujas del reloj marcan las tres de la tarde. Las dos agujas están cargadas de una cruel indiferencia." Cierro el libro. No tiene sentido continuar la lectura así, desconcentrado como estoy. Instintivamente miro la hora: son las nueve y veinticuatro de la noche. No hay agujas: son los números de la pantalla de mi celular quienes me informan, pero también ellos llevan consigo la crueldad de la indiferencia, como si fuesen agujas. Para el reloj, que mide el tiempo sin cesar, el tiempo nada significa. Tampoco significa demasiado para mí, en estas últimas semanas, en estos últimos meses. O tal vez significa demasiado. El tiempo transcurre implacable, sin que yo pueda hacer nada para detenerlo, pero a la vez incapaz de ocuparlo con algo que pueda parecer mínimamente de provecho. Entonces vuelvo sobre el joven que un segundo antes le ha pedido a los gritos a alguien que lo llame a su casa. Yo no tengo teléfono: en un ataque de furia he destrozado el aparato un par de días atrás. Mejor el teléfono que mi alma; o algo así. De todos modos muy pocos podrían haberme llamado a la línea a la cual estaba conectado, de manera que no importa mucho. Me quedo pensando en el hecho evidente de que tanto el joven como su interlocutor invisible entendían perfectamente qué debía entenderse por "casa" en el contexto de su diálogo, cuál era ese lugar, esas cuatro paredes, ese techo, esas puertas, ese espacio. Para cada uno de los pasajeros del tren, sin embargo, "casa" representaba algo diferente, un lugar propio para cada uno de ellos, pero distinto del lugar propio de los demás. Hay palabras que tienen esa particular condición de cambiar de sentido según quién las diga, según quién las escuche. Y claro, de manera inevitable me encontré preguntándome qué significaba "casa" para mí. Y ahí descubrí que en realidad vengo a ser como una especie de triste homeless, incluso cuando duerma todas las noches bajo el techo de un departamento alquilado. Porque "casa" en el contexto de lo que vengo diciendo y pensando, en realidad significa hogar. Y el hogar no es una construcción, un edificio, una vivienda, sino ese lugar propio en el cual uno encuentra su auténtico refugio. Y yo no tengo ningún lugar propio, ningún refugio. Lo tuve alguna vez, por supuesto que lo tuve... Pero ya no lo tengo.

Si escribo estas líneas, que seguramente jamás vas a leer, es porque yo quisiera que sepas que mi hogar podría ser cualquier lugar en el mundo en el cual pudiera escuchar tu respiración a mi lado, mientras dormimos. Cualquier lugar en el mundo en el cual, con sólo estirar mi mano, yo pudiese sentir el calor de tu cuerpo, hoy ausente. Si vos no estás, el hogar para mí es algo que no existe. Y cuando pienso que hoy alguien más te escucha respirar mientras dormís, sabé que con eso pierde sentido mi vida. Yo hoy ya no tengo hogar, ni lo puedo volver a tener hasta que vos regreses. Y en eso se resume todo.

martes, enero 21, 2014

Mascarada

He decidido montar una mascarada en torno de mi persona. Quiero que parezca que está todo bien; incluso cuando nada esté más lejos en mí que el estar bien, por supuesto. Será una manera de evitar tener que dar, a la repetida pregunta "¿estás bien?", la fastidiosa respuesta negativa, no, no estoy bien, nada más lejos de mí que el estar bien, será imposible que algo vuelva a estar bien en mi vida hasta que ella no regrese, y temo que ya no volverá. Entonces, para evitar la expresión de reproche de quien con la mejor intención me haya interrogado, ante la evidencia de que no estoy haciendo nada por estar mejor más que esperar que las cosas vuelvan a ser como eran antes, cuando en opinión de todos eso es razonablemente imposible, cuando alguien me pregunte cómo estoy, responderé a partir de ahora que muy bien, con una sonrisa que acaso dejará alguna duda en los más perspicaces, pero que será políticamente correcta y conformará a mi eventual interlocutor y me evitará tener que dar mayores explicaciones. Y entonces un día tal vez esas mismas personas digan "yo lo conocía; realmente no se entiende... Parecía ser una persona feliz, muy segura de sí misma... Y un buen día simplemente no supimos más de él."

lunes, enero 20, 2014

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte a buscarme
y acaso tendrá tus ojos.
Y de tener la muerte tus ojos,
a ella me entregaré mansamente.

Gracias por lo mucho que me diste.
Perdón por no haber podido entender,
por no haber sabido explicar,
por no haber sido capaz de
ofrecer más de lo que logré darte.

¿Es acaso débil quien admite
ser tan frágil que su vida puede
pender de un hilo tan tenue
como la ilusión de amar y ser amado?

¿Es acaso cobarde quien libremente decide
renunciar a todo para ya no soportar
las miserias propias de un amor
que ya no puede ser correspondido?

"Hasta pronto", dijo.
En ese instante no supieron que esas
iban a ser las últimas palabras que se dirían,
por nunca jamás.

jueves, enero 09, 2014

Lo que yo quería

No era algo tan extraordinario lo que yo quería. O al menos en su momento no me pareció algo tan extraordinario. Simplemente deseaba cuidar de alguien que a su vez cuidara de mí. Eso era todo. Creí que sería algo sencillo de encontrar. Pero no. Las cosas nunca son tan sencillas como parecen, cuando parecen sencillas. Es la soledad lo que impera en el fondo de la naturaleza del ser humano. No las recíprocas compañías. Después de todo morimos siempre solos. Nadie puede vivir la muerte de otro puesto en su lugar.

martes, enero 07, 2014

Carta a una mujer imaginaria

Es como te decía el otro día, el amor, el sexo, son apenas estrategias propias de la naturaleza para que el ser humano no se extinga. Conocemos a la persona que nos parece adecuada, por lo general sin que sepamos cómo ni porqué sucede, y de repente nos enamoramos, o nos vienen ganas de coger, esa palabrita molesta que nos revela en nuestra condición animal, pero todo es nada más que porque de eso que nos impulsa a la cópula se desprende a la larga la reproducción de la especie. Es propiamente una cuestión de químicas. Pero también es cierto que nosotros, pobres mortales, estamos atravesados por estas sensaciones. Y entonces no tiene ningún sentido relativizar sus efectos o su incidencia. Ponele que el amor sea ficticio, y seguro que lo es, en el sentido de que jamás llegamos a conocer realmente a la otra persona, esa de la cual nos enamoramos. Ponele que eso sea cierto. Y que las pasiones propias del sexo sean nada más que el resultado de una serie de procesos resumibles en términos de hormonas, enzimas y demás. Todo eso está muy bien, lo comprendo perfectamente, pero de ningún modo podría ser calificado de ficticio eso que cada uno de los amantes siente cuando piensa en el otro, cuando está con el otro, la emoción de los cuerpos entrelazados, las salivas que se mezclan en una sola, las lenguas que se confunden al punto de ya no saberse si pertenecen a esta boca o aquella, los pies descalzos, las piernas desnudas que se enredan, los sexos que se humedecen y reclaman, la piel y las manos de uno y de otro, un cuerpo que se arquea al ritmo exacto, pero ya no son dos cuerpos, sino uno solo, yo en vos, vos en mí, así parecen decirse los amantes, los límites se han disuelto en un gemido que tanto puede ser de uno como del otro o de ambos. ¿Acaso podríamos sostener que todo esto es ficticio? Que sea el resultado del engaño que vos quieras. Dejame morir engañado en esa breve lucha de los cuerpos que se aman. Dejame desear que ese instante maravilloso, milagroso, sea para siempre. O que no pudiendo serlo sea al menos repetido tantas veces como necesitemos para escapar por un rato de la muerte.

Creo que de esto se trata, finalmente. Al estar juntos, los amantes suspenden por un rato su condición de mortales; dejan de lado sus limitaciones, sus identidades, sus prejuicios, sus penurias. ¿A quién le importa que en el trasfondo de todo esto objetivamente se imponga una ficción? ¿No sucede acaso esto mismo con la poesía? ¿Qué hay detrás de ese conjunto de palabras capaces de conmover el alma de las personas sensibles? ¿Y con la música? ¿Cómo podría una simple secuencia de sonidos ordenados según ciertos parámetros despertar una emoción incontenible al ser escuchada en momentos determinados? Somos parte de estas ficciones, llevamos dentro de nosotros mismos la capacidad para reconocer estas formas de la poesía y conmovernos con ellas. Las necesitamos, para seguir vivos. Y fijate si no lo que me pasó ayer mismo, cuando terminó mi jornada de trabajo, me subí a mi auto, arranqué rumbo a mi casa, encendí la radio. Comenzó a sonar la Balada para piano Nº 1 de Federico Chopin. Nada sorprendente, dado que yo mismo la había programado unos días antes. Pero de repente no pude contener algo que me nacía muy desde adentro, una especie de nudo que se desataba de una manera tan misteriosa como inevitable, y entonces me largué a llorar como una criatura. Yo no sé si lo que me pasó fue la belleza de esa música. O acaso la evidencia de la inevitabilidad del ser. O tal vez fue que me sentí jodidamente solo. Mucho más solo cuando esa música que sonaba en ese instante era tan bella, y yo sin poder decirle a nadie “escuchá qué hermoso, decime si esto no justifica el hecho de estar vivos, por lo menos este rato, mientras la música dure”, pero yo estaba solo, y así, en medio de esa soledad, esa belleza parecía no tener sentido. Terminó la Balada, pero yo ya estaba desatado, desnudo, desangelado. Así que seguí llorando un rato más, solo adentro de mi auto, detenido a un costado de la calle, diciéndome que no era posible tener la sensibilidad así, tan a flor de piel, qué vergüenza, un hombre grande. Y volví a pensar en vos. No porque esté enamorado, porque de hecho los dos sabemos que sos nada más que una ficción, una idea que nace y muere en mi mente. Pero sí porque me di cuenta de que estoy necesitando esa poesía ausente que resultaría indispensable para que todo lo demás no duela tanto, para poder ser el que cuide y cure y contenga, tanto como el que sea cuidado, contenido y curado, para poder compartir horas de amor y de belleza y de todo lo que nos pudiera hacer bien a ambos, en el momento que fuera, y para volver a encontrarle un sentido posible a esta colección imprecisa de instantes fugaces que es lo que solemos llamar vida, y que finalmente pasa tan rápido. Es verdaderamente una pena que no estés, que no existas.

lunes, enero 06, 2014

Quote...

Algo importante de recordar (y con esta frase abrirá mi libro de poemas "Flores del mal"):

...Y el que algo sea bello, no impide que sea al mismo tiempo perverso.

Reyes Magos

Por cierto: los así llamados Reyes Magos no existen. No existen los magos, de hecho, y la realeza está en plena decadencia en todo el mundo desde hace rato, historias de príncipes y princesas incluidas. Aparte de eso, lo que no he podido dejar de preguntarme en estos días es qué hubiese sucedido en el mundo occidental si al llegar aquellos tres con sus camellos a Belén, en tiempos en que las ecografías eran todavía algo impensado, el recién llegado, hijo de María y de José, hubiese sido una niña en lugar de un niño.

domingo, enero 05, 2014

Un Aguafuerte porteña

El dolor tiene muchas formas y muchos nombres. O no tiene forma, ni nombre alguno, y ese es su mayor problema. En cualquier caso una de las formas posibles del dolor tiene que ver con este fragmento de una de las Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt, titulada "La terrible sinceridad", que dice así:

Me dirá usted: “¿Y si me equivoco?”. No tiene importancia. Uno se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Porque así lo ha dispuesta la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted sigue su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario ir contra todos. Y créame llegará un momento en que usted se sentirá más fuerte, que la vida y la muerte se convertirán en dos juguetes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar esa taba que tiene tal reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. ¿Qué se le importan los nombres, si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?

¿Por qué razón esto duele? Porque estoy harto, sinceramente, de equivocarme, de que no me perdonen, y de que todavía no haya llegado el momento de comenzar a sentirme más fuerte, por supuesto.

sábado, enero 04, 2014

Necesito que vengas a mi rescate. En serio.
Queda cada vez menos tiempo.

En qué estoy pensando

Leo mis poemas. Los que vine escribiendo a lo largo de las últimas semanas, algunos publicados por aquí y por allá, ofrecidos a la mirada de quien sepa buscarlos, y algunos otros privado. Por un lado me pregunto de dónde me vino esto de pretender poner en palabras versificadas lo que me atraviesa. Es como si la palabra escrita funcionara para mí a la manera de un espejo, en el cual intento descubrir mi verdadero perfil, para corregirlo. Pero además noto en esas series de versos, y no sin cierta preocupación, que estoy pasando de la oscuridad a la luz, de ida y de vuelta, con demasiada facilidad y de una manera demasiado extrema. Buscar el equilibrio: tarea para este nuevo año.

viernes, enero 03, 2014

Carpe diem

El tiempo es limitado: carpe diem.
No desesperes por esta razón,
que mientras estés vivo
cada día encierra en sí mismo
el germen de la eternidad.

Simplemente ten presente
que nada más somos esto:
una colección limitada de instantes.

Búsqueda

Te busco,
siempre te busco,
de vez en cuando
te presiento,
cada tanto incluso
te vislumbro,
allí donde menos
esperaba ya encontrarte,
y es como un
resplandor repentino,
pero en definitiva
sigo sin saber
cómo llegar hasta vos.

jueves, enero 02, 2014

SCAT II

Abro un libro cualquiera
en una página cualquiera
que así dicen ha de hacer
quien ande necesitado
de verdades o certezas
y entonces leo esto:
Quien no busca no encuentra.
Pretendo que sepas
que yo te ando buscando
y no de ahora, sino de antaño,
de cuando todavía no tenías
rostro y ni siquiera un nombre
y por supuesto, ya se sabe
que toda búsqueda supone un riesgo
el peligro de extraviarse para siempre
dentro de algún continente salvaje
o resultar mortalmente herido
esas cosas suceden a veces
con quienes se aventuran
en senderos desconocidos
territorios inexplorados
pero quiero que sepas
que yo igual te busco
y sueño con tu boca
moviéndose en silencio
pronunciando palabras
que no alcanzo a escuchar.

miércoles, enero 01, 2014

Happy New Year (JC)

No conocía este poema de Julio Cortázar. Lo conocí hoy, precisamente durante el primer día de un año nuevo. Y porque precisamente venía pensando en la importancia que puede llegar a tener para un hombre tener la mano de la mujer que se quisiera cerca entre las suyas propias, es que lo copio aquí, para que quede.

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Autobiografía, Capítulo I

En este primer día del año, que recibo solo con mi alma, y por lo tanto melancólico y meditabundo, intento comprender algunas cosas. Porque no me resigno, y porque además sé que hay personas que en menor o mayor medida me aprecian que no terminan de comprender, tampoco ellas, por qué razón aparente pareciera yo empecinarme en no ser feliz, como si ser feliz fuese una cuestión de decisiones, y lo peor de todo es que resulta muy probable que en el fondo así lo sea. Y entonces me pregunto, pero ya no estoy hablando solamente de mí mismo, por qué razón hay personas a las cuales la felicidad pareciera costarles tanto. Y escribo así, en tercera persona, por una cuestión de estilo, pero ya he dicho que también estoy reflexionando sobre mí mismo. Varios seres concurren ahora a mi mente. Pienso en mi tía Mabel, por ejemplo; siempre intento tenerla presente como ejemplo del error, puesto que de nada le sirvió haberse quitado la vida, triste joven adolescente desesperada, acosada por quién sabe qué demonios, más que para malograr las posibilidades que le ofrecía una vida entera por delante, con sus tristezas y dolores incluidos, porque también me digo esto: que el dolor certifica que estamos todavía vivos, y entonces es algo bueno, por más que no sea tan bueno como la alegría. Pienso también en Borges, y eso que decía, que de joven había pensado en el suicidio, pero que a la larga había llegado a la conclusión de que no valía la pena, porque el tiempo se encargaría de suicidarlo, ahorrándole el trabajo. Pienso en Harry Haller, el personaje de Hermann Hesse, probablemente autobiográfico en alguna medida, la coincidencia en las iniciales dice algo al respecto, que enseña que el verdadero suicida por lo general no se mata por mano propia, y que quien sí lo hace con frecuencia no es un suicida auténtico, sino alguien que ha extraviado el rumbo, porque quien está decidido a quitarse la vida bien puede darse el lujo de esperar a ver qué es lo que le trae el día de mañana, pues ningún mal puede afectar realmente a quien ya está jugado, y paradójicamente el lobo estepario vive así más profunda e intensamente que el común de los mortales. Pero no es el suicidio lo que me interesa, sino la angustia que determina que algunas personas terminen desembocando en él. Pienso en Alfonsina Storni, pienso en Alejandra Pizarnik, pienso en Violeta Parra, que escribió ese glorioso himno de alabanza que es Gracias a la vida sólo para quitarse la vida de un balazo un breve tiempo más tarde. ¿Cuál es el factor que determina que estas personas terminaran sucumbiendo ante la angustia, teniendo todas ellas, como tenían, un espíritu lleno de magia, energía y poesía? ¿Cómo es posible pasar de "Gracias a la vida, que me ha dado tanto" y sin escalas a descerrajarse un tiro en la cabeza a los 49 años? Hay como cierto empecinamiento, es verdad, pero también una extraña lucidez que termina oscureciendo la naturaleza de estos seres. Debo reconocer que alguna vez consideré seriamente la posibilidad de quitarme la vida, pero ahora estoy en esa etapa posterior de pensar que el tiempo se encargará del asunto, mal que me pese. Y mientras tanto quiero vivir, pero es entonces la angustia de no saber cómo hacerlo lo que me traba. Quiero de repente tener algún dato más sobre Violeta Parra y busco. Encuentro una biografía, firmada por Mónica Echeverría, y leo lo siguiente: “Ella se enamoraba todo el tiempo. Era una mujer que no podía vivir sin amor. Hay dos cosas sin las que Violeta no podía pasar el tiempo: sin cantar y sin un hombre a su lado haciéndole el amor. Las noches debía pasarlas con ese hombre, atrincada y apretujada a él.” Fue por amor, precisamente (mejor dicho: por desamor, que es la otra cara del asunto) que Violeta decidió terminar con su vida. Y entonces esto me lleva a pensar en la cuestión de las soledades, que son las que tantas veces convocan a la desesperación en las noches oscuras. ¿No es acaso la soledad también uno de los temas recurrentes en la poesía de Pizarnik? Pienso en lo absurdo de la cuestión: la gente ama la poesía de Alejandra, o las canciones de Violeta, pero instintivamente rechazan a los seres que tienen una sensibilidad acorde a las tempestades que dieron origen a sus respectivas obras. Pienso de nuevo en la soledad, como una posible clave para comprender la angustia, esa necesidad de compartir determinadas sensaciones con un otro, de verse espejado para poder existir, que lleva a su vez a la necesidad de plasmar de alguna manera, en palabras escritas o en canción o en arte, eso que quema, que duele, que lastima. Pienso también en cómo no somos en definitiva jamás nosotros mismos, sino siempre en la relación con alguien, que nos acompaña o que nos destruye, que nos sostiene o suelta nuestra mano, que se nos presenta como una esperanza, como una ilusión más o menos posible, más o menos probable, y entonces uno sigue adelante, hasta que un buen día la ilusión se rompe y entonces. No, ya dije que aquí la cuestión no es la muerte, aunque ella esté, en definitiva, en el trasfondo de todas las cuestiones. Aquí la cuestión es declarar que hay personas que no pueden manejar sus sentimientos, sus impulsos, sus sensaciones, tan fácilmente como algunos otros pretenden que sí son capaces de hacerlo, y hasta es probable que efectivamente puedan, allá ellos. No es mi caso. Y no renuncio a la ilusión, a la esperanza, a los espejismos tontos, a las proyecciones imaginarias, pero sepan que me duele la ausencia, tanto como esta incapacidad que tengo, que dista mucho de ser empecinamiento, de controlar esto que me sucede de la piel para adentro, y lo escribo solamente para que conste, por si alguna vez a alguna persona le interesara conocerme.