martes, mayo 24, 2016

Foucault

Parafraseando casi a Michel Foucault, hoy podría decir:

"No me pregunten quién soy, porque no lo sé.
Ni me pidan que siga siendo el mismo, porque eso es imposible."

Palabras

Sugiere José Saramago, en algún lugar de sus Cuadernos de Lanzarote: "Tome las palabras, péselas, mézalas, vea la manera como se unen, lo que expresan, descifre el airecillo bellaco con que dicen una cosa por otra y venga a decirme si no se siente mejor después de haberlas desollado. A las palabras hay que arrancarles la piel. No hay otra manera para entender de qué están hechas."

Pienso, entonces, que lo único que en definitiva tengo son las palabras. No poseo otros valores, en verdad; ningún bien. Nada más las palabras, y por eso escribo. Y mis palabras dicen, sin lugar a duda. Dicen, porque ciertamente las desollo en cada ocasión, aunque al mismo tiempo pareciera a veces que ellas, recíprocamente, también me desollaran a mí. Dicen, no obstante lo cual lo que dicen no podría interesarle demasiado a nadie; solamente a mí. Y es que las palabras en realidad no dicen nada, ni siquiera lo que dicen, sino que son parte de un exorcismo, que me traslada por un rato a otra parte. Nada más que eso. Nada menos.

sábado, mayo 21, 2016

Cambio de respuesta

Una vez me preguntaste si acaso pensaba que corría el riesgo de volverme loco. Te contesté que no, rápidamente. Que loco estaba el mundo, sin lugar a dudas, pero no yo. Si hoy me plantearas el mismo interrogante te pediría, antes de responderte, que definieras qué cosa debería entenderse por locura. Si se trata de un mal de la mente o del alma, por ejemplo. Y probablemente mi respuesta actual sería muy otra. La cordura, en lo que se refiere al alma, es un defecto que me ha abandonado hace ya un tiempo largo. Y en cuanto a mi mente, no pongo las manos en el fuego. Los desvaríos son cada vez más frecuentes, y sería una necedad negarlo. Por no decir... una locura.

Abismos

Perdoname.
Estoy repleto de vacíos.
Vacíos que no se dejan llenar de ningún modo.
Si te lo ponés a pensar un poco
esto explica tantas cosas.
Hay un abismo dentro de mí.
No es tu culpa no haber logrado llenarlo.
Pero tampoco es mi culpa.
Yo no quisiera sentir estas cosas que siento,
que me abruman, que me ahogan.
Esta soledad.
Este sinsentido.
Esta locura.
En cierta forma
yo soy un abismo.
Estoy repleto de vacíos que
no se dejan llenar de ningún modo.
Me miro en los espejos y no me reconozco.
Sinceramente no sé quién sea ese
que me mira desde el cristal
desde esos ojos tristes
que nadie jamás ha desentrañado.
Ni siquiera yo mismo.
No es tu culpa.
Perdoname.
Tal vez, si realmente te quisiera,
debería terminar de alejarme.

Sueño 160521

La sensación ha sido horrible. Estremecedora. Estaba soñando, vaya a saber con qué estupideces. Quiero decir: recuerdo algunas imágenes sueltas, inconexas, pero sé que toda la noche estuve soñando con cosas sin demasiado sentido ni argumento. Esos sueños tontos, que se traban todo el tiempo, que no avanzan, que en algún punto molestan precisamente por eso, porque no avanzan, porque no van a ninguna parte. Y después he soñado con algo estúpido, pretendidamente gracioso. No recuerdo qué haya sido, pero me he despertado riendo. Riéndome ya no recuerdo de qué estúpida cosa. Pero entonces ahí, justo en el filo del despertarme del sueño, sucedió. Todavía estaba dormido y riéndome. Despertándome a causa de mi propia risa. Cuando algo adentro del sueño me plantó cara a cara, con una aparente lucidez espantosa, ante la vacuidad de la intrascendencia. El sinsentido. La futura desaparición de quien no deja ningún rastro. La soledad total. El abismo. Y me desperté justo para descubrirme en el momento en el cual la risa pasaba a convertirse en agitación, en angustia, en llanto. Tengo todavía el pecho estrujado. Respiro con dificultad. ¿Ves? A esto es a lo que le tengo miedo. A la vacuidad de la intrascendencia. A este vacío que buscamos llenar como podemos, con lo que tenemos a mano, pero que no se llena no se llena no se llena nunca. Y nos negamos esa verdad, por supuesto. Pero la muy hija de puta nos asalta a veces en sueños. Me levanto. No porque ya haya descansado lo suficiente. Sino porque de pronto me da miedo volver a dormir otra vez.

jueves, mayo 19, 2016

Constelaciones familiares

Le pedí un poco más de tiempo.
No estaba preparado para la despedida.
Aunque después uno se da cuenta:
hay despedidas para las cuales
jamás jamás jamás estaremos preparados.
Pero mientras tanto...
al menos un poco más de tiempo.

Se lo pedí a él, que no podía escucharme,
que nunca va a saber cuántas palabras le dije 
mientras estaba en el filo entre la vida y la nada, 
aunque intuyo que en el fondo lo sabe.
Y también se lo pedí al cielo en la noche, 
a eso a lo cual los creyentes llaman Dios, y uno, 
carente no de esperanza aunque sí de certeza,
sospecha que no puede ser llamado
de ningún modo, pero acaso sí invocado:
solamente un poco más de tiempo,
un poco más de tiempo.

Hoy él cumple ochenta años.
Esta noche lo celebraremos juntos.

Curiosamente hace un rato se me apareció
en un sueño, en el cual recibíamos
al ángel que nunca logró llegar, 
a ese ángel que no fue posible retener, 
que tiempo no tuvo ninguno, y sin embargo 
vive de alguna manera dentro de mí.

Hay muchas preguntas
que no tienen ninguna respuesta.
Jamás jamás jamás estaremos preparados.
Será por eso que escribo.
Para que mientras tanto haya algo.

lunes, mayo 16, 2016

Los que no pueden más

"Los que se hacen daño no saben que dañan a otros", me dice un antiguo camarada del colegio, mientras aguardamos novedades sobre el estado de la esposa de otro amigo, que yace en coma en un hospital después de haberse atiborrado de clonazepam y de haberse inyectado una sobredosis de insulina. Coma hipoglucémico, explica Google que se llama el cuadro, y al parecer no es la primera vez que a alguien se le ocurre terminar con su vida de esta manera.

Yo entiendo lo que ella debe haber sentido, debo reconocerlo. Repetidas veces han pasado por mi cabeza perversas ideas que me acercaron de un modo u otro hacia ese sitio. Hoy imagino, al mismo tiempo, lo que deben estar transitando esos otros de los cuales habla mi compañero: el esposo, sus hijos. Todo esto me parece un espanto. El juego entre la vida y la muerte, la delgadez de la línea que separa una cosa de la otra.

Y sin embargo, no puedo dejar de pensar al mismo tiempo en algo que expresó alguna vez Emile Cioran a este respecto: "El suicidio es un idea positiva. Dado que la vida no tiene sentido, que sólo se vive para morir, saber que uno puede suicidarse en cualquier momento la hace tolerable. Es una idea que nos calma, que nos satisface."

Confieso tenerle mucho miedo a la muerte. Y también a la decadencia que muchas veces la anticipa. Supongo que es bueno saber que uno puede cancelar esa espera angustiante, inevitable, en el momento en que así lo decida. Un triunfo modesto, como podría serlo el decirle a la muerte: "Renuncio en este momento porque así yo decido hacerlo. Te quito el poder de que seas vos quien decidas cuándo sacarme del medio." Como quien renuncia a un trabajo en el cual lo explotan, dando encima un portazo, por más que no se tenga nada mejor en vista.

Tengo aquí también presente, de todos modos, a Harry Haller, aquel personaje imaginado por Hermann Hesse, protagonista de su novela El lobo estepario, declarado suicida que, precisamente por serlo, por estar sinceramente dispuesto y no tener en consecuencia más nada que perder, vive con mayor intensidad que aquellos a quienes el miedo a la muerte y la consecuente prudencia les veda el camino a las acciones más riesgosas. Harry Haller, en cambio, siquiera por curiosidad se atrevía a dar un paso más, para ver qué cosa podía llegar a depararle el día que siguiera. Cuando todo fuese realmente penoso, el ya tenía una salida asegurada.

El tema no es de tratamiento sencillo, por supuesto. Pero coincido con Cioran en que la idea de poder ser los dueños de nuestra propia muerte acaso haga la vida más tolerable. El punto, de todos modos, es cómo podríamos lograr ser los dueños de nuestra propia vida. Allí radica el gran desafío.

viernes, mayo 13, 2016

Irreversible

La caída libre
La oscuridad de la noche
El frío en la piel desnuda
El vértigo el vértigo el vértigo
Algo parecido a la curiosidad
Por saber cómo será la nada
Despertar de golpe
Caer en un nuevo sueño
Inevitable
Inextrincable
Irreversible
En el mundo de los
Sueños acaso los
Hombres vuelen y
No haya arriba ni
Tampoco abajo y
Mucho menos nunca
Ni para siempre
Pero yo creo
Estar despierto
Al menos
Creo eso.

miércoles, mayo 04, 2016

Negritud

La añoranza vana de lo que no fue.
Y encima este hartazgo sempiterno
que tanto es tuyo como mío
y honestamente, de algún modo,
bien podría plantearse como
un eje de mi propia naturaleza.
Es un poco como si yo fuese negro
y vos te hartases de mi negritud.
Muy a mi pesar, nadie podría
culparte por tu hartazgo
siempre siempre siempre
esta misma absurda piel sin luz
este mismo color falto de relieve,
cómo alguien podría acusarte
por tu justificado aburrimiento.
Pero tampoco sería justo
dejémoslo aquí dicho al menos
hacerme cargar con la culpa
por tener esta piel oscura.
No he sido yo quien la ha elegido.
Yo apenas soy aquel
que debe llevarla a cuestas
lo mismo que esta tristeza
o esta repetida agonía.