domingo, mayo 24, 2015

Deshoras (sin relojes que marquen el tiempo)

El reloj ya no marca las horas.
Sus agujas desorbitadas apuntan
a cualquier parte, sin sentido.
Es cualquier tiempo y ninguno
aunque sé que es noche cerrada
y adivino afuera las nubes que
ocultan las estrellas en el cielo.
También sé que vos no estás.
Acaso sea esa la razón de que
el tiempo se haya detenido.

Escribir, entonces, escribir
es un modo de hacer tiempo,
de lograr que exista un antes
y un después de la palabra,
y también un breve instante,
tan fugaz como inasible,
que la palabra a deshora
de algún modo atestigua,
que es el momento presente
ese que escapa y no vuelve.

En cuanto al futuro...
¿Existe acaso un futuro?
¿Hay algo fuera de estos versos?
¿Leerá alguien algún día
estas palabras nuevamente?
Y en caso de que así suceda,
¿qué  dirán ellas acerca de mí,
acerca de este momento,
de esta hora incierta en la cual
escribir es un modo de aferrarme?

Observo mis manos, extrañado...
¡Pero esto lo he escrito ayer!...
Mis manos, mis manos, mis manos
que se frotan contra mi cuerpo
y mi cabeza, sobre mi rostro,
hasta que duele, hasta que arde,
y la hora que no pasa,
al mismo tiempo que huye veloz,
sin que nada sea capaz
de detenerla.

Mis palabras, mis pobres palabras...
Escribir como si fuese un exorcismo
una suerte de fallido hechizo
para cubrir tu indecible ausencia,
porque lo cierto es que no estás
y no hay versos que puedan
suplantarte ni cambiar lo pasado,
ni relojes que logren marcar
el momento de tu regreso.

Germán A. Serain