domingo, mayo 06, 2012

Palomas


Ella mira al anciano que le da de comer a las palomas. Según le dirá más tarde a alguien más, lleva en sus manos llenas de migas más alimento del que guarda dentro de su propio pellejo. ¿Por qué hace lo que hace?, se pregunta, sin que nadie le ofrezca una respuesta. Entonces, al llegar a su casa, ella abre su block de notas y escribe:

"¿Usted alguna vez se puso a pensar qué se esconde detrás del acto de dar de comer a una paloma? El ave no necesita de las migajas de la mano de un humano para vivir, puesto que sabe donde conseguir su alimento. En la acción de alimentar a una paloma se esconde un deseo de volver la vida más poética. Pero también se encubre un deseo oscuro fundado en que algo tan libre como un ave se valga de uno por unos momentos."

Es verdad lo que ha escrito ella. Como también es cierto, y no hay que olvidarlo, que hay quienes tiran migas con el secreto propósito de que alguna paloma se acerque lo suficiente, para poder cazarla y hacerla luego con polenta. Esta clase de personas -de más está decirlo- poco y nada sabe de la vida poética, por supuesto.

martes, mayo 01, 2012

Fantasmas virtuales

Algo curioso está pasando en el mundo virtual. Algo que, conforme pase el tiempo, sólo puede profundizar sus efectos. Ya van varias veces que Facebook me sugiere como contactos a quienes, por cierto, por más que quieran, o hubiesen querido aceptarme, ya no podrán hacerlo. Y esto es algo que cada vez sucederá más a menudo. Quiero decir: la gente se va de este mundo, de risas y de lágrimas, pero permanecen aquí los perfiles que crearon en vida en las redes sociales. Y casi como si fuesen santuarios la gente entra (entramos) y se siguen escribiendo allí cosas. Y en definitiva parece que estamos ante fantasmas, que se resisten a irse del todo, o que acaso nos recuerdan de este modo lo que fueron cuando todavía estaban vivos.

¿Habremos encontrado al fin un sucedáneo virtual para la inmortalidad? ¿O será este un modo de recordarnos, quienes ya no están, que también nosotros somos mortales?

De todos modos, de continuar sin cambios este proceso, lo curioso es que de aquí a doscientos años, si es que para entonces las redes sociales en Internet permanecen sin mayores cambios, en este universo de lo virtual seremos más los fantasmas que los propios vivos. Y conste que, proyección a futuro mediante, ya me he incluido a mí mismo, sin mayores resistencias, en el otro bando.

Saludos, entonces, a mis nietos, y también a los nietos de mis nietos, si alguna vez llegan a pasar por aquí. Y por si acaso dejo constancia de mi declaración de haber hecho siempre lo mejor que pude, incluso cuando ello pueda parecer algún día no haber sido suficiente.

lunes, abril 30, 2012

Contradicciones


Me llama la atención un cartel, pegado en los muros de la facultad, que dice así: "Basta de violencia contra la mujer".

- Absolutamente de acuerdo, pienso.

Pero enseguida, más abajo, en el mismo cartel también leo: "Sí al aborto".

- Será sí al aborto de fetos masculinos, me digo entonces. Porque no cabe duda, visto desde la perspectiva del feto femenino, de que el aborto sólo podría ser visto como una clara forma de violencia.

sábado, marzo 03, 2012

Dolor y sabiduría

Muchas veces nuestras preocupaciones reflejan la medida exacta de nuestra ignorancia. El paciente que teme que no le den suficiente anestesia y sentir dolor durante la operación a la cual va a someterse, por ejemplo; cuando en realidad, como bien lo sabe el anestesista, el verdadero riesgo es otro, pues si se suministra anestesia de más puede que el paciente jamás despierte. 

Lo mismo vale para nuestra vida cotidiana. Con nuestra vana preocupación por esa mínima mancha que quedó en la pared recién pintada, por poner un caso; humilde metáfora que aplica a tantísimas otras cosas. Quiero decir: un ciego no repararía en esa pequeña mancha, y en consecuencia no se amargaría por ella... ¿Quién es entonces más afortunado? ¿Quien por no poder ver la mancha en cuestión no se aflige por ella? ¿O aquel otro que, pudiéndola ver, se amarga al punto de no disfrutar de lo bueno que tiene?

Cierto es que, como decía un sabio amigo a quien hace mucho no veo, cuando a uno le pisan el pie, uno es el único que sabe cuánto duele... Pero entonces resulta que hasta para evaluar el propio dolor es preciso tener cierta dosis de sabiduría.

viernes, febrero 24, 2012

El vaso medio lleno

Alguien vuelve a traer la ya clásica cuestión de si el vaso está medio lleno o medio vacío. Pero esta vez surge un interesante punto de vista sobre el particular. Habitualmente quien ve el vaso medio lleno es tenido por optimista, y se tilda de pesimista a su opositor. Por otra parte, lo común es que al optimista se lo califique de idealista, mientras que el pesimista, por el contrario, suele pasar por alguien con los pies bien puestos sobre la tierra. "Yo no soy apocalíptico ni pesimista, sino realista", solía decir Christian Ferrer en tiempos en que él era mi profesor y yo asistía a sus clases como estudiante. No me extrañaría que lo siga diciendo. En todo caso, esta mirada que identifica pesimismo con realismo se encuentra bastante extendida. Y me tienta añadir que seguramente no sin motivos.

Sin embargo, hete aquí que hay un punto de vista alternativo, según el cual quien observa el vaso medio vacío es en los hechos un idealista, en tanto el hombre centrado en los hechos es quien lo ve medio lleno. Y la explicación para esto es bien simple: nótese que quien observa el vaso medio lleno, está viendo lo que de hecho hay. Lo que hay, en esa mitad del vaso, es real. Por el contrario, quien escoge ver el vaso medio vacío, pone su atención en aquello que falta, que es precisamente lo que no está, aquello que no tiene presencia material, que no existe y acaso jamás haya existido. Por ende, su punto de vista está focalizado no en una realidad, sino en una mera idea, en un deseo.

La cuestión no es menor, en cierto punto. Porque todo el tiempo estamos eligiendo, incluso sin ser del todo concientes de ello, entre la posibilidad de ver todo lo mucho que nos falta o todo lo mucho que tenemos. Y no se trata de ser conformista. Pero lo que tenemos es real, y lo que nos falta pertenece al mundo de lo ideal. Sin embargo, nos solemos angustiar por lo que nos falta con mucha mayor facilidad de lo que nos conformamos en lo que de hecho es nuestro. ¿Idealista?... ¿Realista?... Todo depende de cómo uno prefiera observar las cosas.

martes, febrero 21, 2012

Quiero un trozo de mí mismo para seguir viviendo


Esta costumbre de revisar los papeles viejos antes de tirarlos... Papeles conservados durante años, en el fondo de algún placard, que finalmente se encuentran con su inevitable destino de terminar en la basura, pero que antes reciben una última mirada, casi como un consuelo, previo al ser olvidados definitivamente. Y entonces de repente una frase, sabe Dios nacida de quién, que de mí no ha sido:

"Igual a una bestia malherida que se alimenta de su propia sangre, quiero un trozo de mí mismo para seguir viviendo."

Así dice. Y yo, antes de tirar ese papel a la basura, decido anotar aquí esas palabras, movido por alguna razón que ciertamente se me escapa.

lunes, febrero 20, 2012

Sensibilidad y entendimiento

La sensibilidad y el entendimiento son dos dimensiones que difícilmente compatibilicen de una manera adecuada. Quien piensa y quien siente se acercan de maneras diamentralmente opuestas al mundo. El primero instala, a través de su razón, una distancia respecto de las cosas y de sí mismo que el segundo no concibe. Lo paradójico del caso es que, probablemente, el primero no comprenda en absoluto de qué se trata.

Recordemos lo que dice Schiller en sus Cartas para la educación estética del hombre: "Al entendimiento le es necesario desgraciadamente destruir primero el sentido interior del objeto para poder apropiarse de él. Como el químico, el filósofo sólo descubre el enlace de los elementos mediante la disolución, y sólo llega a comprender la obra de la naturaleza espontánea mediante tortuosos procedimientos técnicos. Se ve obligado a encadenar con reglas a los fenómenos para captarlos en su fugacidad, a desmembrar sus bellos cuerpos en conceptos y a conservar su vivo espíritu en un indigente armazón de palabras. ... Tratando de acercar el objeto de mis investigaciones al entendimiento, lo alejo de la sensibilidad. ... Esto es aplicable al fenómeno de la belleza. Toda su magia descansa en su misterio."

miércoles, febrero 15, 2012

La idea de luchar contra la idea del poder


Leo el siguiente comentario de Gregory Bateson: "Dicen que el poder corrompe, pero sospecho que eso es una tontería. Lo que sí es verdad es que la IDEA del poder corrompe. El poder corrompe más rápidamente a quienes creen en él y son ellos quienes más lo apetecen. Es obvio que nuestro sistema democrático tiende a dar el poder a quienes tienen hambre de él y brinda a quienes no lo desean todas las oportunidades para evitarlo. No es un ordenamiento muy satisfactorio, si efectivamente el poder corrompe a quienes creen en él y lo desean."

La frase me lleva a pensar, por supuesto, en la eterna corruptela política argentina que ha caracterizado a nuestro país desde el mismo momento de su fundación. También pienso en la paradójica condición del sistema democrático. Pero sobre todo me detengo en esa curiosa distinción que Bateson hace, al remarcar que no se trata del poder, sino de la IDEA del poder. Y entonces me resulta de pronto evidente que dicha IDEA opera en función de quien desea y persigue el poder tanto como de quien debe padecer al presunto poderoso. Presunto, pues se trata nada más que de una idea. Bastaría con que lográsemos cambiar nuestra perspectiva respecto de esa gente para las cosas en su conjunto comenzaran a ser muy diferentes.

miércoles, febrero 08, 2012

Pasiones y cuerpos virtuales


"Inventamos lo prohibido para tener emociones y necesidades", señaló alguna vez el dramaturgo Darío Fo. "Pareciera que si nos quitan lo prohibido nos quedamos sin el placer de hacerlo." Resulta claro lo que dice Fo, quien sabe, por cierto, de prohibiciones. Pero una cosa es lo prohibido que pese a serlo resulta alcanzable, y otra muy distinta aquello que además de prohibido resulta utópico, cuyo deseo únicamente puede conducirnos a una permanente desilusión.

Si a una persona le dicen que no puede entrar en un lugar, es ahí exactamente adonde querrá entrar. Pero si a la larga resulta que ese lugar al cual uno quería entrar porque no lo dejaban finalmente no existe, el placer se convierte en una frustración irremediable. Es como esa historia que imaginó alguna vez Bioy Casares, cuando el protagonista de La invención de Morel se enamora de Faustine, solo para enterarse más tarde (pero ya irremediablemente enamorado, con lo cual no puede dejar de desear) que Faustine no es real, sino tan sólo una proyección generada por una compleja maquinaria.

Tristemente, todos somos en cierta medida una proyección imaginaria de los demás. Y los otros una proyección imaginaria que nosotros hacemos de ellos, claro. Acaso el cuerpo nos seduce porque nos promete la posibilidad de ir más allá de este engaño, y de allí derive el deseo. Finalmente, incluso cuando uno nunca pueda llegar a sentir las sensaciones del otro, e incluso cuando el otro no exista tal como lo imaginamos, es difícil negar la otredad en sí misma en el contacto con la piel del otro, en el momento del encuentro de los cuerpos.

Pero hay un cuerpo ausente, cada vez más pertinaz en nuestra cultura, del que no es posible esperar esta clase de evidencia.

lunes, febrero 06, 2012

Artes plásticas 2


Según parece, la familia real de Qatar pagó U$S 250 millones por el cuadro "Los jugadores de cartas", del francés Paul Cézanne, que se convierte así en la obra de arte más cara de la historia. Dicen que la tela irá a parar al Museo Nacional de Qatar, lo cual es al menos una buena noticia. Triste destino sería que esta pintura terminase oculta en la bóveda privada de algún excéntrico coleccionista millonario.

Pero más allá de esto también me digo: si por esas cosas del destino mañana llegara a descubrirse que este cuadro no era un Cézanne original, sino una copia, o que en realidad se trata de una obra que pintó otra persona y fue mal atribuida a Cézanne, su cotización bajaría estrepitosamente. Por lo pronto, ya nadie estaría dispuesto a pagar los U$S 25.000.000 que se pagaron por esta pieza. Sin embargo, el cuadro seguiría siendo el mismo. La conclusión es simple: lo que vale no es el cuadro en sí... sino el hecho de tratarse de un Cézanne. 

Entonces me pregunto: ¿No es esta una manera bastante imbécil de aproximarse a una obra de arte?

domingo, febrero 05, 2012

Artes plásticas


Cada tanto llega el momento de tirar papeles a la basura: periódicos viejos, fotocopias diversas, hojas sueltas sacadas de aquí y allá. En esos días, siempre me empeño en tratar de rescatar alguna frase, algún concepto, de entre todos esos papeles que en apariencia ya no tienen ninguna relevancia. Y casi siempre algo encuentro.

He aquí algo de lo que encontré esta vez: "Creo que lo que más me gusta de las artes plásticas es que hacés alguna tontería, tirás una cosa, esparcís un material cualquiera, derramás el tarro de pinceles en el suelo, y listo: algo fuera de vos mismo ha pasado. Por malo que sea, ya está allí, independiente, pidiendo una respuesta." 

Confieso que más de una vez pensé esto mismo (me refiero a lo de la simplicidad de la tontería) de muchos artístas plásticos, sobre todo de Warhol a esta parte. Pero lo curioso aquí es que el autor de la frase se dedica de hecho a las artes plásicas: se trata del brasileño Nuno Ramos. No conozco nada de su obra, pero me llama la atención la brutal sinceridad con la cual se refiere a su arte. Y como Ramos también ha fatigado su máquina de escribir y ha publicado algunos libros, añade que la palabra exige en cambio, para salir a la superficie literaria, un trabajo especial, que la purifique de la banalidad del día a día.

Por qué razón las artes plásticas podrían ser banales y la literatura no, es un tema para debatir, aunque no sea esta la ocasión de hacerlo. Pero me quedo con la idea de que aquello que se pone allí, en el mundo, fuera de uno, sea bueno o sea malo, una vez que la obra surge, ya quedó en el mundo, independiente, reclamando una respuesta. Y me digo que también con las palabras sucede esto mismo a veces.

viernes, febrero 03, 2012

Una boludez...

Una mañana, al despertar, comprendí que tarde o temprano, en algún momento de mi vida, alguien me iba a tomar por boludo. Así las cosas, opté por encarar el asunto con cierta filosofía y decidí prepararme: si tenía que pasar por boludo, yo no quería ser un boludo cualquiera. Decidí que yo iba a ser un boludo diplomado. Y como enseguida me percaté de que no hay ninguna institución oficial que ofrezca, al menos declaradamente, esta especialidad, gasté parte de mis ahorros para anotarme en un curso privado. Lo cual demuestra que alguna aptitud tenía para la empresa que me había propuesto.

Lo cierto es que estudié, me esforzé todo lo que pude, cuando no pude intenté que se notara lo menos posible, y todo parecía marchar a pedir de boca... Pero el día en que debía rendir el examen final, ese examen del cual dependía finalmente el otorgamiento de mi diploma, los examinadores me reprobaron. "Habrá sido por boludo", dirá algún desprevenido, sin notar que precisamente ser boludo era el objetivo del curso, con lo cual se hubiese tratado de un contrasentido. En todo caso, creo que me faltó un poco de convicción, y seguramente se notó que estaba actuando.

La conclusión es simple, y deja cierta moraleja: No es lo mismo ser boludo que hacerse el boludo, por más que a veces la gente se olvide de este pequeño detalle.

jueves, febrero 02, 2012

El sentido de las cosas

"Nuestro primer impulso es descifrar lo que percibimos a nuestro alrededor, como si todo lo que hay en el universo tuviera un significado."
(Alberto Manguel)

miércoles, febrero 01, 2012

Tormenta


Retumba un trueno
ajeno a todo
incluso a sí mismo
allá en lo alto de la noche.

Aquí abajo, Sofía se sobresalta.
"Soy una niña", dice como excusándose.

"Todos somos niños en el temor",
pienso entonces, y sólo un rato más tarde 
me doy cuenta de la verdad 
que hay encerrada en tan simple frase.

Y es que para ser sinceros
acaso también yo tenga miedo.

Germán A. Serain

martes, enero 31, 2012

De nuevo: La pregunta sin respuesta

Instrucciones sugeridas: Leer el texto transcripto debajo, lentamente, en voz alta. Enseguida escuchar, en absoluto silencio, "La pregunta sin respuesta" de Charles Ives.
Reflexionar sobre la experiencia.



Justo antes de morir, Gertrude Stein preguntó:
"¿Cuál es la respuesta?"

Nadie dijo nada. Ella se hechó a reir y dijo:
"Entonces, ¿cuál es la pregunta?"

Luego murió.

(Donald Sutherland)


lunes, enero 30, 2012

Spleen



Heme aquí, harto.
Harto ya de estar harto,
como decía aquel catalán.
Heme aquí, cansado,
hastiado, aburrido,
asqueado por no poder
dejar de ser siempre yo mismo,
siempre este mismo tedio,
esta tensión absurda,
esta hora incierta.

Adónde habrá escapado la poesía,
adónde las certezas,
adónde todo aquello que
hasta ayer parecía tan sólido
y hoy se ha desvanecido en el aire.

Sólo el arte podrá redimirnos,
leo en un papel escrito a mano
que acabo de hallar entre las
páginas de un libro cualquiera.
Sinceramente no recuerdo
cuándo escribí semejante sentencia.
Pero encuentro en ella un sentido.
Y luego me digo, casi como una
advertencia, que el arte tiene
múltiples y misteriosas formas.

Germán A. Serain

domingo, enero 29, 2012

Erótica I



Ella conoce la perfecta justeza
y la eterna constancia de las cosas.
No discute. Sólo calla y se marcha,
para bañarse desnuda y admirar su cuerpo.

Quisiera escribir sobre ese cuerpo
palabras que ningún diccionario
se atrevió a contener jamás.
Palabras inventadas,
de un idioma desconocido,
palabras que lo digan todo y que
al mismo tiempo no digan nada.

Son solamente palabras, es claro.
Pero también son hechos.
Pues ella adora su cuerpo tanto
como yo mismo quisiera poder hacerlo.

Nada más son palabras, pero no te engañes.
Si detrás de estos verbos no hubiese
un verdadero cuerpo que se dejase imaginar,
pero también mirar, tocar, besar, lamer,
acariciar, penetrar, gozar, morder,
las palabras serían vacías,
no representarían nada.

Ya ves... escribir es una forma de evasión.
De evasión y permanencia.

Germán A. Serain

sábado, enero 28, 2012

Abecedario, alfabeto... La palabra y el dolor

Me llama la atención un comentario, respecto del lenguaje, realizado por un autor griego llamado Vassilis Alexakis, quien descubre:

"Cuando sufrimos, decimos 'ah', no decimos 'i'. Todos los alfabetos comienzan por la letra 'a', como si hubieran nacido del dolor."

¿Habríamos entonces de vincular la palabra con el dolor?...
¿Y el silencio, en tal caso, habría de relacionarse con la alegría?...

Definitivamente esto último sería partir de una premisa equivocada: lo contrario del dolor no es la alegría, sino el equilibrio. Pero una vez comprendido esto, es verdad que quien se encuentra en equilibrio no necesita de las palabras; o por lo menos no las necesita tan urgentemente como quien se encuentra eufórico, o sumido en la tristeza, o sencillamente desesperado.

Hay palabras, tal vez muchas. Y hay poetas, acaso pocos. También hay quienes han reclamado en el poeta un espíritu incapaz de permanecer callado. Y otros, como el chileno Roberto Bolaño, que lo imaginaron como un ser silencioso, al hacerlo decir: “Hoy no pasó nada. Y si pasó algo es mejor callarlo, pues no lo entendí.”

Lo cierto es que el poeta siempre dirá algo. Porque existen diferentes modos del decir, incluso en el seno mismo del silencio. Así también hay una poesía para uno mismo, una poesía ensimismada, por decirlo de algún modo. Y otra que no quiere quedarse en silencio, y busca todo el tiempo el asalto a los demás. La palabra y el silencio. Ambas posibilidades son, cada una a su manera, bellas. Como bello es eso que al mismo tiempo se expresa y se calla. Belleza indefinible. Acaso por eso mismo más profunda.

viernes, enero 27, 2012

Modigliani - Sueño con una mujer desnuda


“Voy a encantarte desnuda”,
susurró la vida al oído del soñante,
quien entonces, por supuesto, se entregó
a un sueño todavía más profundo.

Son muy curiosos los sueños:
nada de lo que en ellos sucede,
puestos a hablar estrictamente,
resulta ser verdadero ni cierto.

Y sin embargo, para quien sueña,
ninguna cosa merece ser tenida
por más real que esas imágenes
misteriosas, a la vez que innegables.

Un hombre tiene una pesadilla.
Puede que ni ese monstruo
ni aquel demente homicida
sean en absoluto reales.

Pero sí son reales, en cambio,
el temor, la inquietud, el miedo
de quien sueña, puesto indefenso
ante semejantes amenazas.

Pues bien: del mismo modo,
cuando uno sueña que la vida se ofrece
desnuda, pasional y prometedora,
puede que nada de ello en realidad exista...

Pero en el ingenuo soñante subsistirán
la inquietud, el ansia y el deseo,
incluso después de que las luces del alba
hayan disuelto fantasma tan bello.

Es tal como dijo el viejo filósofo:
Dioses en tanto soñamos,
apenas somos pordioseros en el
momento cruel del despertar.

Germán A. Serain

jueves, enero 26, 2012

Escaleras y perspectivas


Alguien cuestiona la razón de ser de una escalera que no conduzca a ninguna parte. Hay escaleras así, por raro que parezca; basta con que busquemos un poco para que nos encontremos con una de ellas.

Entonces alguien más reflexiona, y responde que ella bien podría servir, sencillamente, para que podamos saber cómo se ven las cosas desde ahí arriba. Y me parece un hermoso pensamiento.

miércoles, enero 25, 2012

Picasso y el valor de una firma

Pequeña anécdota, seguramente apócrifa... o tal vez no: Cuentan que después de una cena con amigos, Pablo Picasso paga la comida haciendo un dibujo en el mantel que viste la mesa que acaban de utilizar. La dueña del local acepta el gesto, pero le pide al artista que añada su firma al dibujo. A lo cual Don Pablo contesta: "Estoy pagando la cena, no comprando el restaurante."

Sea o no auténtica la historia, deja una pregunta flotando en el aire... ¿El valor de la obra de arte depende de la obra en sí misma o deriva de su autoría, real o presunta? Buen tema para un debate, aunque supongo que el mercado ya ha definido una respuesta.


 

martes, enero 24, 2012

Pulsiones

"Nuestro primer impulso es descifrar lo que percibimos a nuestro alrededor, 
como si todo lo que hay en el universo tuviera un significado." 
(A. Manguel)

Ella es un misterio.
Por supuesto, todos lo somos, en cierta medida.
Pero en ella el misterio es denso,
inexpugnable, como una paradoja.

¿Será tan fuerte el deseo por develar lo oculto
como para empujarnos a enfrentar el secreto
que subyace detrás de esa simple belleza?

¿Qué tan extenso debería ser un poema?
La respuesta es sencilla:
El poema acaba cuando ha dicho lo necesario.

Misterio
Deseo
Pasión
Pulsión de vida
Pulsión de muerte

Germán A. Serain

jueves, enero 12, 2012

Mientras tanto

¿Cuántos años tendrá ella? No lo sé, y no hace falta preguntarle, porque a duras penas creo que supere la mitad de los míos. Por eso me llama la atención esto que ha escrito: "Los finales felices son historias sin acabar", dice. Y la sentencia es tremendamente lúcida para alguien de su edad.

Pero encuentro las palabras justas para responderle: Le digo que es cierto, que los finales felices son solo historias sin acabar, en última instancia porque un poco más allá a todos nos espera la muerte. Un simple problema de puntuación; ese feliz no es un punto final, sino apenas un punto y coma... Pero muy a pesar de ello, no debemos perder de vista que también existe el mientras tanto.

miércoles, diciembre 21, 2011

El lobo del hombre

Estamos solos.
Solos vivimos y solos nos vamos del mundo,
por lo general más temprano que tarde
y sin haber comprendido
el verdadero sentido
de este extraño juego que es la vida.
Solos pasamos por ella,
incluso cuando haya otros.
Y esa soledad nos angustia.
"No es bueno que el hombre esté solo",
exclamó alguien una vez
y en cierto modo tenía razón.

Y sin embargo
hoy caminamos solos por esta calle vacía
y de repente allí, cien metros adelante,
alguien aparece; nos ha visto
y estamos solos,
solos los dos en esta calle desierta.
Y entonces la inquietud, razonable y necesaria,
la duda sobre qué sería mejor hacer.
Después de todo, si nos hubiésemos
topado con un lobo sabríamos
tal vez a qué atenernos.
Pero con un ser humano nunca se sabe.

Es como dijo un día cierta persona:
el hombre es el único animal capaz
de instaurar un Auschwitz
y propalar los Evangelios.

jueves, noviembre 24, 2011

Repentina lucidez...

Alexia (maravilloso nombre), una estudiante que cursa conmigo en la UBA, escribe en su parcial, demostrando haber comprendido bien el tema: "Nunca voy a poder conocer plenamente a alguien, a pesar de que crea conocerlo, y eso es muy triste."

Alexia pretende decir que lo que conocemos del otro es necesariamente siempre apenas una proyección imaginaria, que difícilmente se corresponda con la realidad. Una realidad, por otra parte, que ninguno conoce plenamente, ni siquiera la propia persona involucrada.

Me tienta anotar en el margen del parcial aquella frase de Serrat, que dice que la verdad nunca es triste, pero que no tiene remedio, pero luego me contengo, sencillamente porque a mí las verdades sí suelen ponerme triste. Pero en cambio anoto esta otra frase: "No se trata de que eso SEA triste, sino que TE PONE triste, que no es lo mismo."

Y entonces comprendo, al menos por un instante, la lucidez de eso que acaba de ser escrito a través de mi mano.

viernes, agosto 26, 2011

26 de agosto: Día del Actor

Dicen que Ginés fue un actor romano del siglo III. Según la leyenda, Ginés representaba una comedia ante el emperador Diocleciano cuando se le ocurrió la idea de parodiar la escena de un bautismo. Al parecer las cosas no sucedieron según lo esperado. Algunos dicen que se produjo un milagro; otros, que Ginés actuó su escena con tanta emoción que terminó convenciéndose de que aquella ficción era realidad. La cuestión es que, al recibir el agua bautismal, Ginés quedó convertido al cristianismo. No de mentirita, sino de verdad.

Por supuesto, el emperador no vio este cambio, tan repentino como inesperado, con buenos ojos. Lo cual le valió a Ginés primero la tortura, luego la muerte por decapitación, y finalmente una fecha dentro del santoral cristiano, que lo recuerda el 25 de agosto. Alguien pensó entonces que el 26 del mismo mes sería adecuado como para celebrar el Día del Actor, y así se hizo.

MORALEJA: La ficción y la realidad muchas veces se confunden. Pero cuidado, que esto no siempre es bueno. Salvo, claro está, que te ponga de buen humor ser sometido a suplicio.

(Feliz día a todos. Que todos somos actores, en alguna medida, y vamos por la vida probando papeles y representando siempre un rol diferente de lo que verdaderamente somos, por más que pretendamos no hacerlo; que lo en en verdad somos es una verdad que se nos escapa, eterno misterio para nosotros mismos...)

viernes, julio 22, 2011

Somos nosotros y nuestro contexto

Leo en Internet una frase atribuida a Patti Smith, en la cual en todo caso se parafrasea a Borges... Ya se sabe: las palabras, al igual que las melodías y otras cosas, a fuerza de ser repetidas terminan perdiendo la memoria de su autoría, y sin embargo esto no es necesariamente algo malo, pues lo que vale es el concepto, la intención, el contenido, y por supuesto su persistencia. Así lo entendía Atahualpa Yupanqui, quien aspiraba a que sus canciones algún día se convirtieran en anónimas.

Pero regresemos a la frase en cuestión, que dice así:

"Somos los libros que hemos leído, las películas que hemos visto, las canciones que amamos. Somos nuestros amigos, nuestros maestros. Los viajes que hicimos y los amores que tuvimos. Somos en un espacio y en un tiempo. Somos aquí y ahora."

La frase me lleva a pensar en muchas cosas. De entre las cuales no dejaré aquí constancia más que de un par. La primera, casi obvia, se relaciona con la conveniencia de elegir con sumo cuidado las músicas, las películas, los libros con los cuales nos rodeamos, dado que si ellos van a convertirse en parte de lo que somos, no debemos permitirnos el mimetizarnos con cualquier basura. El arte puede, finalmente, hacernos bien al alma o mancillarla, estimularnos o embotarnos, acompañarnos y hacernos crecer o saturarnos sin cuidado. Lo mismo vale para las personas con quienes nos juntamos y aquellas otras que, por error o por acierto, dejamos afuera de nuestras vidas.

Y entonces viene mi segunda reflexión: que también cargamos muchas veces con los distintos espantos que creamos, tantas veces sin querer y sin siquiera saberlo. Y es esta doble evidencia la que nos exige ser mucho más prudentes y cuidadosos de lo que solemos, a la hora de conformar nuestros contextos vitales.

jueves, julio 21, 2011

Duplicación digital


Copio y pego algo que encontré en Facebook, porque me parece una reflexión inteligente, lúcida y necesaria:

"No hay que demonizar las descargas en Internet. No es lo mismo copiar que robar. El ladrón priva al dueño de la posesión y usufructo de su propiedad, pero no así el copión, que se la deja entera. No es lo mismo robar un cuadro en un museo que reproducir su fotografía (que, hecha sin flash, no perjudica para nada al cuadro mismo). Los típicos objetos de robo son entidades compuestas de materia y forma, como los coches. Quien me roba el coche me deja sin coche. Los objetos de copia son formas puras, como la información, que no desaparecen por el hecho de ser reproducidas. Quien copia un texto mío no me priva del texto ni de las ideas que expresa, aunque a veces redunde en un lucro cesante. En realidad, aunque me irrita mucho que me roben la cartera, más bien me halaga que alguien se interese tanto por mis escritos como para fotocopiarlos o colgarlos en su blog."


(Jesús Mosterín, profesor de Investigación en el CSIC)

domingo, junio 12, 2011

Una frase

"El otro ideal, ese hacia quien siento una atracción irrefrenable, es ni más ni menos aquel que me hace sentir tal cual yo deseo sentirme."

He leído esto en alguna parte y lo anoto, en el convencimiento de que la frase encierra una verdad interesante, a partir de la cual podrían explicarse algunas cosas.

Aunque si enfatizamos la cuestión de lo ideal, también podría decir: "El otro ideal, ese hacia quien siento una atracción irrefrenable, es ni más ni menos aquel que imagino podría llegar a hacerme sentir tal cual yo deseo sentirme."


viernes, junio 03, 2011

Del refranero popular

Alguien recuerda en su perfil de Facebook la famosa sentencia: "Algunas personas miran el mundo y se preguntan por qué. Otras, en cambio, miran ese mismo mundo y se preguntan: ¿por qué no?"

Yo pienso que la frase está en principio diseñada para que uno sienta preferencia por los segundos, antes que por los primeros. Pero todo es cuestión de perspectiva y circunstancia. Pensemos, de repente, en esta pregunta puesta en la mente de una persona que sostiene un arma en la mano, apuntando a la cabeza de un inocente, por caso.

Definitivamente, ahí el primero sale ganando en mis simpatías.

La conclusión, recurriendo a otro dicho del saber popular, es bastante simple: "Nada es verdad nada es mentira, todo es según la perspectiva con que se mira."

viernes, mayo 20, 2011

Escepticismo y orgullo

Comienzo a leer los primeros parciales que me tocará corregir este año. En el primero de ellos, una sentencia me llama la atención:

"El escéptico, como cultor de un modo filosófico de la apatía, siente un cierto orgullo de su desesperanza."

Por alguna razón la frase me atrae. En cierto modo me siento aludido, al mismo tiempo que no. Es que no me considero propiamente un escéptico, ni mucho menos un desesperanzado. Aunque reconozco que en cierto punto he llegado a hacer del escepticismo un arma defensiva, aplicado no a la vida en general, pero sí a casos puntuales. Cosas hay, en las que muchos creen, de las cuales mi escepticismo me salva. No creo en los nacionalismos, ni en las religiones organizadas, ni en la publicidad, ni en los políticos. Tampoco creo en las promesas vanas, ni en las falsas hermandades, ni en las guerras justas, ni en las banderías de ninguna clase. Y no confío en el derecho del poderoso, en la igualdad de lo diferente, en quienes imponen las modas, ni en la cuadratura del triángulo.

Y es verdad que estos escepticismos míos me producen cierto orgullo, aunque no desesperanza. Muy por el contrario.

Pienso en estas cosas justo antes de enterarme de que en España el pueblo se manifiesta en este mismo momento en 166 ciudades, reclamando reformas tales como el inicio de una democracia real y participativa. Uno de los carteles que muestran las fotos que ahora mismo están dando vuelta al mundo, dice: "No representamos ningún partido político ni sindicato. Somos ciudadanos indignados."

Este movimiento ciudadano, autogestionado a través de Internet, reclama al grito de "Democracia real ya y sin estafas" a sólo dos días de las elecciones y a pesar de la prohibición del gobierno. Un texto que circula entre los manifestantes promueve "una sociedad nueva que priorice a las personas por encima de los intereses económicos y políticos". ¿Será demasiado pedir? ¿No campea, en estos reclamos, también un escepticismo de base que descree de la política y las reglas económicas actuales? Hay también cierto orgullo en este escepticismo. Pero definitivamente la desesperanza está ausente. Acaso esto es lo importante.

jueves, mayo 19, 2011

Oxalá...

¿Puede una persona relacionarse de algún modo con alguien que todavía no ha comenzado a existir o que jamás haya existido?

Esta pregunta, que se me cruzó por la mente hace nada más un rato, tendría varios niveles de acercamiento, pero hoy me remito solamente a uno de ellos. Y tiene que ver con una frase que leí un par de horas atrás en La estrategia de la ilusión, que dice así:

"El hombre se siente, en cierto modo, infinito, esto es, capaz de desear de modo ilimitado, de quererlo todo. Pero advierte su incapacidad para realizar lo que desea, y entonces tiene que prefigurarse en Otro (que posea en óptima medida aquello que él desearía como mejor), en quien delega la tarea de llenar ese vacío que media entre lo que se quiere y lo que se puede."

Esto, al menos, es lo que según Umberto Eco ha dicho Feuerbach a la hora de intentar justificar la existencia de las religiones.












P.S.: En el mismo libro Eco habla, algunas páginas más adelante, de algunas deidades brasileñas entre las cuales se cuenta Oxalá. Personalmente me gustó que una deidad tenga un nombre que, proponiendo apenas un leve ejercicio imaginativo, pueda sonar por homofonía, pero también en su sentido del deseo, a la palabra ojalá.

¿Dios realmente existirá?, pregunta alguien.
Y otro le responde: Oxalá.

Realmente es una buena respuesta.

lunes, mayo 09, 2011

Lo que el tiempo se llevó


Alguien publica en Internet, en un perfil de Facebook, tres fotografías en las cuales aparezco. Son tres fotos tomadas en tres momentos distintos del siglo pasado, en 1973, 1974 y 1975 respectivamente. Vale decir que yo tenía por entonces seis, siete, ocho años. Me quedo con la fotografía que me muestra junto con mis compañeros de tercer grado, por ser la más nítida. Si hasta me parece recordar el montoncito de tierra, sacado a fuerza de aburrimiento de la unión de dos baldosas, con el que estaba jugando justo cuando el fotógrafo dijo "Sonrían". Miento. No me acuerdo del fotógrafo, ni de que haya dicho eso. Pero sí del montoncito de tierra. Memoria selectiva, que le dicen.

Observo otra vez, de nuevo, esos rostros que me miran desde la fotografía, el de ese niño que supuestamente fui y el de algunas de las niñas y niños que completan la escena. Reconozco de inmediato a mi amigo Juan José, a Alfonso Amato, quien años más tarde se convertirá en el hermano de mi primera novia; dudo un instante ante el rostro de aquella niña que por entonces me atraía.

De todos modos debo reconocer que todavía tengo más brumas que recuerdos certeros. Cuando algunas personas comienzan a comentar las fotos en cuestión, allí en Facebook, empiezan a aparecer algunos nombres familiares, que no escuchaba desde décadas atrás, pero que permanecen incrustados en la memoria de tanto haber sonado por aquellos días, cada vez que las maestras cumplían con su trabajo de tomar lista. Viviana Aubele... Presente. Laura Bednarz... Presente. Nuri Fernández... Presente. María Fernanda Ramírez... Presente. Germán Serain... ¿Germán Serain?... ¡Ah, sí, disculpe, señorita!... Presente. Es que estaba pensando en otra cosa.

¿De verdad esos niños que miran desde el otro lado del tiempo y de una fotografía somos nosotros?... No quisiera pasar por escéptico, ni mucho menos por necio, pero en cierto punto me cuesta creerlo. Es que ha pasado tanta agua debajo de muchos puentes... Y al mismo tiempo parece que todo hubiese sucedido ayer.

Más tarde, para mi sorpresa, la compañera que ha subido las fotos en cuestión recordará una escena, en la cual la niña que ella fue corría por el patio -el mismo patio de la foto- al niño que fui yo, con la intención de besarlo. Parece que la situación tuvo cierta importancia; la suficiente, al menos, como para que la maestra de primer grado, Amanda Bussio, llamara a los padres de la pequeña para ponerlos al tanto del impetuoso comportamiento de su hija. Escucho la anécdota y en el fondo me enojo con ese niño, por no haberse dejado atrapar. Acaso algunas cosas hubiesen sido diferentes después, con esa primera lección sobre las niñas que tan graciosamente alguien quiso darme, y que pese a todo no llegó a ser.

Por supuesto, después la vida continuó y trajo otras lecciones, algunas maravillosas y otras que no lo fueron tanto. De a poco el niño se hizo hombre, a fuerza de aciertos y equivocaciones, de alegrías y pesares. Se enamoró y se volvió a enamorar, y tuvo una hija hermosa que le cambió la vida. Mantuvo algunos sueños, unos cuantos ideales básicos, y también olvidó muchas cosas. Un día miró sus manos y se dio cuenta: había crecido. Corrió a asomarse al espejo y se encontró con un desconocido. Hizo lo que pudo, entonces, para conocerse, al menos lo suficiente como para poder convivir con ese otro que era él mismo. Y así continúa la vida hasta hoy.

Entonces de pronto sucede: la bruma parece dispuesta a disiparse y algunas de aquellas imágenes distantes, hasta ahora difusas, comienzan a tomar cuerpo. De la foto resurgen rostros, otros nombres olvidados, viejos aromas, sonidos remotos, sensaciones diversas, y puede que hasta la inquietante grácil curva de un cuello, enmarcado por dos colitas prolijamente peinadas. Pero si algo aprendí en todos estos años fue a desconfiar de mi mismo. Acaso por eso es que me pregunto dónde se ubicará la sutil e insospechada frontera que media entre el auténtico recuerdo y la probable fantasía que yo mismo no habré comenzado a inventarme.

Mucho me temo que no pueda responder a esta pregunta. Finalmente, no es posible regresar, como para cotejarlos, a los tiempos que ya han sido.

martes, mayo 03, 2011

La pregunta sin respuesta II


- ¿Quién eres tú?, preguntó entonces la oruga.
- Mi nombre es Alicia, respondió la niña.
- Yo no he preguntado tu nombre.
Lo que yo te he preguntado es: "¿Quién eres tú?"

lunes, mayo 02, 2011

Adiós, Don Ernesto


Cada hora del hombre es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre una sola vez, irremplazable para siempre. Aquí reside la tensión de la vida, su grandeza, la posibilidad de que la inasible fugacidad del tiempo se colme de instantes absolutos, de modo que, al mirar hacia atrás, el largo trayecto se nos aparece como el desgranarse de días sagrados, inscriptos en tiempos o en épocas diferentes.

Comienzo el día y me espanto al escuchar hablar por todas partes de Gran Hermano, en lugar de encontrar pesar por la muerte de Don Ernesto Sábato, este sábado, a la edad de 99 años. Se me ocurre que una cultura que se preciara de tener un mínimo de dignidad hubiese debido guardar un respetuoso luto, cancelando tanta frivolidad televisiva. Por supuesto, es una idea estúpida.

Se fue Saramago. Ahora le tocó el turno a Don Ernesto. Alguien dice que todos somos hoy un poco más huérfanos. Y tiene razón.

La vida, ese largo desgranarse de días sagrados, sigue, por supuesto. Pero la muerte de alguien como Sábato (la muerte de cualquier persona, en realidad) nos enseña esto: que tenemos que aprender mucho para comenzar a comprender cabalmente qué cosa sea realmente la vida.

Lo paradójico es que, mientras tanto, la vida se nos escurre como agua entre los dedos. Y nosotros la miramos pasar, impasibles, mientras se van los grandes maestros y sobreviven, siempre obtusos, siempre iguales, quienes se empeñan en anestesiar las ideas.

miércoles, abril 06, 2011

Coros virtuales

Eric Whitacre es un compositor norteamericano, nacido en Nevada en 1970. Podría haber sido una estrella de rock, pero se dedicó a otros géneros. Sin embargo, lo mismo que un artista de rock, se dejó seducir por las posibilidades de la tecnología.

Un día Eric tuvo una idea: crear un coro virtual, para interpretar una obra suya. Así nació su Virtual Choir. La idea fue la siguiente: Eric publicó en Internet las partes de una obra coral de su autoría, luego un par de videos con instrucciones acerca de cómo debía cantarse la obra, qué tempi aplicar, qué dinámicas. Después se sentó a esperar hasta que en su computadora hubo 2052 videos con gente que se había tomado el trabajo de cantar su parte, para luego subir el correspondiente video a YouTube.

Lo que siguió fue un laborioso trabajo de edición. Se trata de montar los 2052 videos en sincronía, ecualizar audios, corregir imperfecciones, para obtener luego el resultado final. En medio de este trabajo está Whitacre en estos momentos. Pero para que sus 2052 coreutas no se angustien tanto esperando, y para de paso hacerle un poco de merecida prensa a su alocado proyecto, publicó una breve pieza, titulada Lux Aurumque, realizada dentro del mismo formato. Es el video que dejo aquí abajo, para que veas.



Si pensás que el trabajo que se propuso hacer Whitacre es demasiado complejo, la verdad es que con cualquier computadora más o menos bien provista se pueden hacer cosas bastante parecidas de manera casera. A modo de ejemplo va este otro video, una versión de Embraceable You, de George Gershwin, en un arreglo de Kirby Shaw para cuatro voces. Cuatro voces que en este caso interpreta una sola cantante, Melody Myers, a quien evidentemente le gustó la idea de Whitacre, tanto como haber sido elegida solista.



Por lo general, estos dos videos causan muy buena impresión, incluso entre coreutas, que destacan las posibilidades de las nuevas tecnologías. Lo curioso es que muy pocos parecen reparar en que esta clase de productos artísticos son trabajos de laboratorio y netamente sintéticos. Esto es: ninguno de los 2052 coreutas que participaron de la obra de Witacre vivenciaron jamás la interpretación de su obra desde dentro del conjunto de la masa coral. Cada uno de ellos vivió nada más la experiencia de un canto en solitario, delante de una videocámara. No se me ocurre un modo más artificial de hacer música. Sin embargo, eso a nadie parece importarle demasiado. ¿Seré anticuado al fijarme en este tipo de detalles? ¿O será que el arte también está perdiendo su norte?

lunes, abril 04, 2011

Llegar, se llega siempre...

- Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas.
- Pero tú, si bien entiendo, vas a la búsqueda de una donde nadie haya desembarcado nunca.
- Lo sabré cuando llegue.
- Si llegas.
- Sí, a veces se naufraga en el camino, pero si tal me ocurre, deberás escribir en los anales del puerto que el punto adonde llegué fue ése.
- Quieres decir que llegar, se llega siempre.
- No serías quien eres si no lo supieses ya.

Fuerzo la puntuación del fragmento, tanto como para que quede el devenir del diálogo más claro. Que de todos modos es como estar oyéndolo, más que leyéndolo. Me asalta la idea de que llegar se llega siempre. Incluso cuando no lo sepamos. Y de algún modo es casi un consuelo: de algo valen todas nuestras penurias, tanto como nuestras alegrías, en el sentido de que a algún punto nos conducen. Aquí estamos. Ahora se trata de ver qué hacemos con lo que somos, porque el viaje prosigue. Se llega siempre a algún punto, pero en tanto haya vida será sólo para continuar, siempre hacia adelante.

domingo, abril 03, 2011

Mantenerse a flote


La imagen dice mucho, pero no lo dice todo. No dice, por ejemplo que este bote se llama Love love, ni que pertenece a un artista francés llamado Julien Berthier. Tampoco dice lo que la evidencia hará finalmente obvio: que no todo es lo que parece. Porque este bote, que alguna vez navegó como cualquier otro, no se está hundiendo. Parece que así fuera, pero no. Es un bote que se mantiene a flote, como todo bote que se precie.

Dice la historia que este barco, que en su momento navegó como otros barcos, y que alguna vez también estuvo a punto de irse irremediablemente a pique, iba a ser desguazado por su dueño, cuando Berthier lo vio y quiso comprarlo. Su idea fue rescatarlo, rescatando al mismo tiempo la imagen del incipiente naufragio.

En realidad Berthier recuperó solamente medio bote, la mitad correspondiente a la popa: selló todo hueco por donde pudiera entrar el agua, adaptó una nueva quilla, un nuevo motor, calculó, equilibró, recalculó, y finalmente puso en el agua este resto de barco que es, al mismo tiempo, un barco completo. Un barco eternamente a punto de hundirse que, sin embargo, se mantiene al mismo tiempo a flote.

Más allá de lo curioso de este un inusual trompe l'oeil acuático, me gustó la metáfora que de repente me pareció leer entre líneas en esta obra, reflotada de sus propios restos, que aunque parezca estar hundiéndose, en realidad todo el tiempo se reinventa y se salva.

Casi como el Ave Fenix, pero de agua en vez de fuego.


sábado, abril 02, 2011

Epílogo real para un libro inexistente

Leo en los Cuadernos de Lanzarote, y me digo que hubiese sido un excelente epílogo para el jamás escrito Libro de los Consejos (aunque no siendo propiamente un consejo acaso hubiese sido mejor epílogo para el no menos inexistente Libro de las evidencias, o para el Libro de los itinerarios):

"Durante la infancia y la adolescencia creemos que el mundo es nuestro y que existe para serlo. En la madurez comenzamos a sospechar que no es del todo así y luchamos para que lo parezca. Se comienza a ser viejo cuando comprendemos que nuestra existencia le es indiferente al mundo. Claro que siempre lo había sido, pero no lo sabíamos."
La enseñanza, en todo caso, es que no siempre hace falta un gran libro para poder disponer de un epílogo ejemplar.

jueves, marzo 31, 2011

Si Bertolt Brecht...

Releo a Eduardo Galeano, El siglo del viento, y un fragmento que puntualmente habla de Bertolt Brecht, refugiado en Hollywood durante la guerra, en el año 1942. Y dice así:

"Hollywood fabrica películas para convertir en dulce sueñera la espantosa vigilia de la humanidad en trance de aniquilación. Bertolt Brecht, desterrado de la Alemania de Hitler, está empleado en esta industria de sonmíferos. El fundador de un teatro que quiere abrir bien abiertos los ojos de la gente, se gana la vida en los estudios de la United Artist. El es uno más entre los muchos escritores que trabajan para Hollywood con horario de oficina, compitiendo por escribir la mayor cantidad de tonterías por jornada."

Detengo mi lectura de repente en este punto, porque un cosquilleo me cruza la espalda y alcanza mi nuca. Es que la escena me resulta familiar. Tristemente familiar, salvando las obvias distancias: ni yo soy Bertolt Brecht, ni estoy trabajando en Hollywood. Dicho lo cual sigo leyendo, y así termina el cuento:
"Un día de estos, Brecht compra un pequeño Dios de la Suerte, al precio de cuarenta centavos, en una tienda china. Lo ubica en su escritorio, bien a la vista. A Brecht le han dicho que el Dios de la Suerte se relame cada vez que lo obligan a tomar veneno."

Me digo entonces que tengo que conseguir con urgencia uno de esos dioses de la suerte, prodigiosa metáfora. También me animo con la idea de que, salvando de nuevo las distancias, bien podría Bertolt Brecht haber trabajado allí donde yo malvendo las horas de mi vida diariamente, haciendo algo parecido a lo que a mí me ha tocado en suerte hacer. Si Brecht, siendo quien era, lo pudo resistir, ¿por qué no habría de poder resistirlo también yo?

martes, marzo 29, 2011

Revelación

La gente por lo general no sabe que tarde o temprano se va a morir.

Por supuesto, alcanza con que uno haga una declaración como ésta para que de inmediato se desate la polémica: ¿cómo podría alguien dudar de su propia mortalidad? ¿Acaso no es el hombre la única especie en el mundo biológico con pleno conocimiento de su propia finitud? ¿Habrá alguien dispuesto a desmentir que fuera de un cierto marco que podemos convenir en llamar de-expectativa-razonable-de-vida la muerte es algo inevitable? Todo lo que se quiera; pero no es lo mismo poder decir ya sé que no soy inmortal, que más tarde o más temprano voy a morir, que tener plena conciencia de ello.

Conciencia de nuestra fragilidad, de nuestra caducidad, eso es algo que en definitiva nos falta. De lo contrario -y esta es la fuerza de la evidencia- no viviríamos del modo en que vivimos.

¿Qué harías si de repente supieras que no hay un mañana?...

Es verdad, podemos jurar que sí lo habrá, y seguramente estaremos en lo cierto. Hasta que un día nos equivocaremos.

domingo, marzo 27, 2011

El peso de un poema

Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
Desde hace varios días tengo dando vueltas en mi cabeza esta primera estrofa del Poema 10 de Pablo Neruda. Desde hace varios días esta primera estrofa me espanta más de lo habitual.

Por supuesto, lo que me espanta no es el poema, sino la certeza de la pérdida. La pérdida de un crepúsculo, de una noche, un día, una semana, un mes, una vida, de repente tan breve, tan fugaz, y nuestro propio dejarnos estar ante lo inevitable.

Y además, claro está, el peso de esos otros dos versos...
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

viernes, marzo 25, 2011

Déjate llevar por el niño que fuiste

El Libro de los consejos en realidad no existe. Jamás ha sido escrito, y por lo tanto mucho menos ha sido jamás editado. Y si nos atrevemos a ponerlo así, en blanco sobre negro y de un modo tan tajante, es porque su propio autor de tal modo lo ha revelado.

Pero aquí nos enfrentamos al primer dilema: ¿puede hablarse de un autor en un caso como el que nos ocupa? ¿Puede ser alguien autor de algo que no se ha llegado a escribir?

El segundo dilema es que nos atrevamos nosotros a poner en duda la palabra del autor en cuestión, el de ese libro que según él nunca ha sido. Y aunque es verdad que lo hacemos un poco con la rebeldía de quien pretende divertirse contradiciendo la evidencia, no menos cierto es que la evidencia tantas veces ha sido refutada como falsa. Además, el propio José no ha sido ajeno a esta clase de actitudes.

Pero vamos a los hechos: tenemos un título, un autor, podemos dar cuenta de dos o tres citas textuales... ¿Qué más se necesita para que tengamos un libro de pleno derecho? El mismo autor de este libro, que según él no es, ha mencionado en las páginas de otra obra suya el concepto de quien temerariamente sugirió que un libro, para ser tal, debiera poder sostenerse apoyado de canto. ¿Habrá de ser realmente semejante detalle algo crucial? Pues en caso de que lo fuera, arreglemos la cuestión añadiendo la cantidad necesaria de páginas en blanco hasta lograr ese volumen. ¿Quién ha dicho que todas las hojas de un libro deban necesariamente estar llenas de palabras o de imágenes?

Luego, como perdidas o encontradas en medio de todas esas páginas en blanco, metáforas de la vida misma o invitaciones a que cada lector complete con sus propios pensamientos una obra claramente abierta, irían los consejos en cuestión, de los cuales podemos dejar constancia, según ya hemos dicho, de por lo menos tres.

"Mientras no alcances la verdad no podrás corregirla.
Pero si no la corriges no la alcanzarás.
Mientras tanto no te resignes."
"Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara."
"Déjate llevar por el niño que fuiste."

Sinceramente, ¿se necesita algo más para tener un libro? ¿Serán necesarias más palabras, acaso sólo de relleno, para justificar el valor de lo que ya ha sido dicho en tan pocas?


lunes, marzo 21, 2011

Hace una década también soñaba cosas

Repasando algunos papeles viejos, me encuentro con una reflexión escrita hará unos diez años atrás. La vuelco aquí, porque todavía tiene vigencia, y sin cambiarle una coma, para que quede constancia del paso del tiempo:

La mente humana tiene varios lugares oscuros, por no
decir deficiencias. O al menos, de acuerdo a mi muy
modesta opinión, yo en el lugar del Creador hubiese
dispuesto algunas cosas de un modo un tanto diferente.

Por ejemplo: me parece algo horrible que una persona,
digamos A, pueda soñar una situación determinada de la
que también toma parte otra persona, digamos B, no
sólo sin que B sueñe simultáneamente ese mismo evento,
sino sin que pueda tomar conocimiento de haber
participado en el sueño en cuestión.

Porque por lo demás creo que resulta inevitable que
ese sueño modifique el modo en que A se relaciona con
B (sin que B lo sepa). Y no es que A no sepa que el
mundo onírico y el mundo real son cosas diferentes,
pero si se considera una visión fenomenológica del
asunto, es claro que no resulta sencillo abstraerse de
las sensaciones imbricadas en el sueño del caso.

Como diría el mismísimo René Descartes, para no
ponerme tampoco tan fenoménico: es verdad que en una
situación onírica las cosas soñadas no son reales (?),
pero el miedo que siente el soñador en una pesadilla,
la alegría que siente quien sueña que algo le sale
bien, la tranquilidad o la pasión o la incertidumbre
que producen determinados sueños, todas estas
sensaciones sí son reales, desde el momento en que
residen en el alma de quien ha soñado.

Y entonces el despertar, y el desvanecimiento de toda
fantasía, pero he aquí el dilema: lo onírico se
desvanece, pero estas sensaciones, que sí son reales,
no tienen entonces hacia dónde correr.



miércoles, marzo 09, 2011

Bolsa de trabajo

En un contexto mundial en el cual la falta de posibilidades para conseguir trabajo se ha convertido en un mal endémico incluso en las naciones más desarrolladas, resulta paradójicamente inquietante leer algunas noticias que dan cuenta, al fin y al cabo, de ciertas alternativas laborales.

En Libia, por ejemplo, el régimen de Muammar Khadafi sigue masacrando civiles, convencido de que tal es el precio a pagar por mantenerse en el poder algún tiempo más. Y para acallar a quienes reclaman mejores condiciones de vida, decidió abrir una nueva fuente de empleo: para no quedarse corto con la tropa, inició una campaña de alistamiento cuyo foco fue puesto en los inmigrantes africanos, tanto o más desfavorecidos que sus hermanos libios, pero más ajenos que ellos a eventuales pruritos patrióticos.

"Iban buscando inmigrantes negros, y muchos aceptaron porque la paga ofrecida era alta: 500 dólares al día", relató un hombre nacido en Ghana, que cuando había trabajo en Trípoli vivía como obrero de la construcción. "No sé cuántos se alistaron, pero fueron muchos. Les hacían una prueba para comprobar que sabían usar armas de fuego y los mandaban a combatir a los rebeldes de Bengasi."

Un somalí que hasta no hace mucho también trabajaba en la construcción en la capital libia, dijo que entre sus compatriotas el dinero ofrecido para combatir a los rebeldes había sido mayor, hasta 800 dólares diarios. "Es que nosotros tenemos experiencia, sabemos luchar mejor", explicó.

La acotación tiene su razón de ser, porque el ofrecimiento laboral suponía cumplir con alguna calificación básica: era necesario saber disparar, por ejemplo. Y estar dispuesto a hacerlo tomando a los rebeldes como blanco.

En el mismo diario electrónico, otra noticia: El narcotráfico seduce a las indígenas mexicanas, dice el título. La nota explica que las jornaleras ganan la mitad que los hombres, que ya de por sí reciben poco y nada, por lo cual el campo ya no es una alternativa laboral para ellas. En cambio, sí lo es trabajar para quienes se vinculan con el crimen organizado. No nos apuremos a condenarlas: después de todo, no es menos crimen la exclusión y la miseria que las empuja a buscar alternativas para sobrevivir.

Dice el artículo que en las zonas indígenas de México sobreviven seis millones de mujeres en medio del analfabetismo, la falta de salud, la desnutrición propia y la de sus hijos, la discriminación, la explotación y el abandono. Las que tienen suerte reciben 30 dólares semanales, que les pagan por realizar labores rurales en jornadas de hasta 12 horas. "Por eso aumenta el número de mujeres del sector rural que pasan a engrosar las filas del narcotráfico, porque la droga es mejor negocio que el maíz", denuncia la Central de Organizaciones Campesinas y Populares.

Indígenas mexicanas narcos. Inmigrantes africanos metidos a mercenarios. Por no hablar de las legiones de niños, niñas y mujeres que en tantos lugares del mundo venden sus cuerpos por monedas o un plato de comida. Alternativas de trabajo no faltan, evidentemente. El que no trabaja es porque no quiere.


lunes, marzo 07, 2011

La pregunta sin respuesta

"Si alguien quiere que lo reconozcan, basta que diga quién es", parece que dijo una vez Albert Camus.

"En la generalidad de los casos, lo más lejos que llega quien tal aventura osa proponerse es decir el nombre que le pusieron en el registro civil", parece que le respondió Saramago.

¿Qué podría yo añadir a este diálogo?

Acaso cada una de las palabras que han venido a parar a este sitio. Todas ellas, sin excepción, intentan decir un poco quién soy; incluso cuando todas ellas sean, invariablemente, más pregunta que aseveración.

¿Quién soy?... No lo sé.

De pronto se me ocurre que tal vez nunca llegue a saberlo.


viernes, marzo 04, 2011

Matemáticas

"Contar los días con los dedos y encontrar las manos llenas", leo una y otra vez en la contratapa del libro, y ni siquiera importa cuál libro, pues lo que vale aquí es la frase en sí misma.

En mi intento por encontrarle más coherencia al asunto, desde hace un rato largo vengo repitiendo el simple gesto descripto con mi propia mano, primero cerrada, y luego haciendo la cuenta con los dedos, uno, dos, tres, cuatro, cinco... Hasta que la mano queda abierta, y entonces miro, cierro, y recomienzo: uno, dos, tres...

¿Son días los que estoy contando? Realmente no lo sé. Simplemente cuento. ¿Y qué encuentro tras haber contado? La palma de mi mano. ¿Llena?... ¿Vacía?... Tampoco lo sé, porque desconozco qué es lo que estoy buscando. Podría ser que estuviese llena de incertidumbres, o vacía de certezas, o al revés, y esto sólo por poner un ejemplo, porque seguramente lo que estoy contando son en realidad otras cosas, es raro esto de que se pueda contar sin saber qué se cuenta, aquí, en esta mano ora abierta, ora cerrada, ora contando, parecen de repente unirse el álgebra y la poesía.

A menudo me parece que la mano está vacía. Cuento y no aparece nada en ella. La mano se me hace llena de vacío, llena de preguntas, vacía de respuestas. Sé que no es así, que en realidad hay allí muchas cosas. Pero el saber y el sentir a veces no se llevan todo lo bien que deberían. Entonces me pregunto si acaso se puede ser tan imbécil, tan inútil, tan estúpido. Y enseguida me corrijo, porque en realidad la pregunta es esta otra: ¿Cómo se puede ser tan estúpido?

En mi defensa diré que esta última pregunta tiene un doble sentido, porque puede entenderse como un "ser tan estúpido para haber estado viviendo todos estos días para contarlos luego y encontrar la mano vacía, por no haber quedado allí nada"; pero también podría significar "tan estúpido como para haber vivido todos estos días, contarlos, luego mirar la palma y no lograr ver nada; es decir no lograr ver todo lo mucho que en realidad hay allí".

Podría pensarse que la conclusión es penosa, pues tanto sea una u otra la opción que se elija seguiré siendo estúpido. Pero la diferencia es menos sutil de lo que parece, por aquello de que lo esencial no siempre puede ser aprehendido por los ojos. Y una cosa es no ver por no haber y otra no ver porque los ojos no han aprendido. De aquí que uno tenga la obligación de aprender a ver siempre un poco más. Especialmente allí donde a veces parece haber poco y nada.

Escribo esto último y de pronto vienen a mi mente las famosas sombras chinas, ese extraño arte milenario que al decir de Roman Gubern en realidad se originó en la isla de Java, en el cual las manos, que nada tienen, demuestran que sin embargo tienen tanto por decir.

Vuelvo a mirar mis manos. Veo que han cambiado, y han cambiado mucho a lo largo del tiempo. Pero siguen siendo mis manos, por extraño que parezca. Me pregunto entonces, una vez más, qué tan vacías están. O qué tan llenas. Me gustaría saberlo, sinceramente, para no sentirme tan triste en estos días en que me da por contar, sólo para terminar notando que las cuentas no me dan claras.


jueves, febrero 24, 2011

Revelación

He aquí una interesante revelación, que seguramente será útil para tener presente en su momento: Nunca es posible obtener una victoria sobre los demás; la única victoria verdaderamente posible será siempre sobre uno mismo.

El corolario, que no deja de ser interesante, es que tampoco los demás podrán tener jamás una victoria sobre nosotros. Para bien o para mal, cada uno es su propio y único adversario.

Habremos de ver qué hacemos ahora con esta verdad que así, de pronto, nos vino a la conciencia de un modo tan evidente.


martes, febrero 22, 2011

Coincidencias y diferencias

Precisamente ayer leía, en uno de los Cuadernos de mi maestro Saramago, una breve relación vinculada a una noticia que tenía origen en la ciudad de Badajoz. Allí se había bautizado una calle con el nombre, lamentablemente no referido en la crónica, de un piloto que había volado para el bando enemigo durante la guerra civil. Pero como no quisiera cometer el despropósito de intentar contar de mejor modo lo que ya bien contado está, me tomaré la libertad de transcribir parte del texto en cuestión, que dice así:

..."Hace cincuenta y tantos años, durante la guerra civil, un aviador republicano recibió la orden de bombardear Badajoz. Fue, sobrevoló la ciudad, miró hacia abajo. ¿Y qué vio cuando miró hacia abajo? Vio gente, vio personas. ¿Qué hizo entonces el guerrillero? Desvió el avión y fue a soltar las bombas al campo. Cuando volvió a la base y dio cuenta del resultado de la misión, comunicó que le parecía haber matado una vaca. "¿Y Badajoz?", le preguntó el capitán. "Nada, allí había personas", respondió el piloto. "Bueno", dijo el superior, y, por imposible que parezca, el aviador no fue llevado a consejo de guerra... Ahora hay en Badajoz una calle con el nombre de un hombre que un día tuvo gente en la mira de sus bombas y pensó que esa era justamente una buena razón para no soltarlas."

Cerré el libro en ese punto, porque sentí la necesidad de quedarme pensando un momento en la enseñanza que me dejaba aquella historia. Muchas veces me sucede eso con algunos libros, que me ponen en la situación de tener que detenerme hasta madurar un determinado sentimiento o idea.

Esta mañana, al levantarme, el noticiero en la televisión me impactó trayendo de nuevo al presente la cuestión de los pilotos, las gentes, los aviones y las bombas. Esta vez las cosas no pasaban en Badajoz, sino en Libia, donde una parte de la población había salido a las calles para protestar en contra del gobierno. Algunos iban, simbólicamente, armados con palos.

Libia tiene la novena reserva de petróleo del mundo y una tasa de desempleo y de pobreza alarmante, que alcanza al 30% de la población. También tiene un líder, enancado en el poder desde hace décadas, llamado Muammar Khadafi, que discrecionalmente maneja un fondo soberano calculado en setenta mil millones de dólares, provenientes de la explotación de los recursos petroleros que extrae de su tierra hambreada para invertir en el exterior. También maneja, por supuesto, unas poderosas fuerzas armadas, y aquí es donde aparecen los aviones en esta historia, para dejar caer sus bombas sobre la revoltosa ciudad de Trípoli, mientras helicópteros artillados disparan a mansalva sobre quienes protestan, con el loable objetivo de recuperar así la paz, la calma, el orden.

El noticiero habla de 400 muertos y 1500 desaparecidos. Hasta donde se sabe, ninguna vaca tuvo que sufrir esta vez las consecuencias. Aunque nunca se puede estar seguro.

Tanto Libia como Badajoz son, en lo que a mí respecta, lugares lejanos, improbables, insospechados. Sin embargo presumo que la sangre de los habitantes de cualquiera de estos dos lugares ha de ser igualmente roja, como similares también deben ser sus pasiones, sus deseos, sus temores, sus esperanzas. Por eso es que un crimen siempre vale lo que vale un crimen, así tenga lugar a la vuelta de nuestra esquina o a miles de kilómetros de distancia. Pero hasta aquí llegan las coincidencias entre estos dos casos, y se quedan en guerra civil, aviones, pilotos, gentes y bombas, que en Badajoz el piloto vio a las gentes y no hubo crimen, y en Libia, en cambio, una ceguera profunda impidió ver nada.

Yo no sé si los Cuadernos de Saramago habrán sido traducidos al libanés, ni mucho menos si, en tal caso, alguno de los pilotos involucrados en este penoso hecho que aquí se cuenta habrá de leer alguna vez la crónica de Badajoz. Lo que sí es seguro es que de aquí a cincuenta años ninguno de los hombres que tripularon esos aviones y helicópteros que sobrevolaron la ciudad de Trípoli por orden de Khadafi podrá aspirar a que su nombre sea recordado con respeto.


lunes, febrero 21, 2011

Epílogo

Revisando viejos escritos, me topo con esta poesía, firmada en diciembre de 1989 por alguien que decía llevar mi mismo nombre. Intento recordar en qué circunstancias fueron escritas estas palabras y realmente no lo logro. Pero todavía siento estas palabras como mías, actuales a pesar del tiempo transcurrido desde que fueron escritas (más de veinte años... ¿adónde han ido a parar todos esos días con las alegrías, tristezas y esperanzas que albergaron?), y entonces me decido a ceder al impuso de dejarlas aquí, acaso sin ningún objetivo.

A las puertas del delirio está
el silencio
de una noche extraña,
la soledad,
y todo aquello que no se comprende.

Los recodos del destino
(si es que acaso el destino existe)
son oscuros e insospechables,
y es allí en donde nacen
y se quiebran los sueños.

Señor, yo sólo te pido
que la próxima vez
Romeo se retrase unos minutos,
o bien que Julieta despierte
a tiempo;
porque el universo de los hombres
es muy frágil
y se desmorona demasiado fácilmente.



miércoles, febrero 16, 2011

Hombre sombrío

Aquí está otra vez este hombre sombrío. Me pregunto quién es, de dónde habrá salido. No lo veo, en realidad, pero siento su presencia. Imagino el rostro que tendrá. Para verlo, propiamente, debería asomarse a un espejo. Ya llegará ese momento.

Esta tarde los colores eran otros. La vida era como de un ocre suave. ¿Por qué razón ahora otra vez el mundo se ha vuelto gris cansino, plagado de matices sucios e indescifrables que ni siquiera llegan a merecer un nombre? No me gusta este cambio. Pero no sé qué hacer para evitarlo. No me conozco. No entiendo esto en lo que de pronto me he convertido.

Sin embargo, todavía recuerdo el ocre de esta tarde, como también me parece recordar a veces otros colores aun más vivos, de épocas lejanas, que ya no me pertenecen, a veces creo que ni siquiera en la memoria, cada día más débil, más fatigada, acaso más resignada a que el pasado no es algo que en definitiva exista, y por lo tanto acaso ni siquiera merezca seriamente ser tenido en cuenta. ¿Quién he de ser realmente yo? ¿Aquel que solía ser entonces, en ese tiempo que ya no existe, esto que pretendo ser ahora o lo que con algún esfuerzo e impulso llegaré a ser mañana? No es cierto: mañana llegará incluso sin esfuerzo ni impulso, hasta que un día ya no llegue; pero mientras tanto. No, definitivamente no me reconozco.

Nadie conoce en realidad a este hombre. Incluso quienes el día de mañana hablarán de él en pasado, cuando alguien les pregunte, y entonces dirán recordar tal o cual episodio, tal anécdota, tal historia. La realidad es que nada conocen ahora de él, y nada sabrán tampoco acerca de él mañana.

Hay días en que tomar conciencia de este hecho le produce al hombre sombrío un extraño sentimiento, parecido en cierto punto al rencor. Pero al mismo tiempo sabe que ese sentir es injusto. Finalmente, él tampoco sabe mucho de sí mismo. Muchas veces es un desconocido, como ahora. Mal haría entonces en condenar a quienes lo ignoran tanto como él mismo se ignora. Pero la falta de cariño le duele. Esto indica, al menos, que se trata todavía de un ser humano. Bendito dolor, entonces. Algo es algo.

¿Será cierta esa falta de reconocimiento? En todo caso, el rencor que siente el hombre sombrío también está relacionado a que él sabe, en algún punto, que algunas cosas buenas ha hecho en su vida. Curiosamente, si le preguntásemos cuáles, no sería capaz de enumerar siquiera unas pocas. Pero como todos los seres humanos que ha habido sobre esta tierra, valle de oportunidades y de lágrimas, o de oportunidades para verter o hacer verter lágrimas, pero también para reír o hacer reír, él también ha hecho cosas buenas y malas.

De las malas, de esas está seguro que los demás se acuerdan. Los malos recuerdos tienen la mala costumbre de pervivir en la memoria, tanto la ajena como la propia. De todos modos, digamos que los fiscales que tengan el gusto o la obligación de juzgar a este ser humano deberían al menos darle cierto crédito, pues pocas veces alguien estuvo tan poco dispuesto a ofrecer una defensa y a colaborar, en cambio, en el señalamiento de los propios delitos. Hasta se diría, si se investiga un poco, que este hombre es capaz de atribuirse delitos que en justicia no le corresponden. No importa, hala, venga, que aquí está el peor de todos. Si van a perdonarme algún día, que se me perdone por algo que realmente valga la pena, incluso cuando no sea cierto que lo hice.

De repente el hombre sombrío se pregunta cómo será su rostro, cuál será su expresión. Que una cosa es conocerse, o reconocerse, por la mala costumbre de estar todo el día con uno mismo, y otra muy diferente es verse desde fuera, ver ese rostro que uno, sin desearlo, ofrece todo el tiempo a los demás. Va entonces el hombre, finalmente, en busca de un espejo, y cuando lo encuentra se planta delante, esquivando todavía durante un rato la mirada, como dudando si enfrentar o no esa realidad paralela que seguramente le estará ofreciendo el cristal, paciente, o no tanto, que la imagen allí envejece, aunque nadie lo note, en el mismo momento de esperar la postergada decisión, que al fin llega, y el hombre sombrío comienza al fin a levantar su cabeza primero, luego la vista, para enfrentar ese rostro propio y a la vez desconocido, sólo para verificar lo que ya se sabía, que misteriosamente su imagen y la mía coinciden, que hay allí tantas cosas por ver y a la vez ninguna, al menos hoy.

martes, febrero 15, 2011

Una pequeña esperanza

Cuando cerraron Amadeus, la radio de música clásica en la cual yo me desempeñaba como productor de contenidos, jamás imaginé que algún día iba a mencionar el nombre de Justin Bieber en una entrada de este blog. Pero ya se ve: el suceso inesperado ha tenido finalmente lugar, y a la prueba me remito.

Para quien tenga la fortuna de no saber quién es Justin Bieber (hablo de fortuna porque hoy permanecer al margen de ciertas novedades puede ser un privilegio, como cuando Borges confesó no conocer a Maradona, pero en serio), digamos que se trata de un jovencito canadiense de 16 años, con algún probable talento musical, que tuvo la suerte de haber estado en el lugar justo en el momento indicado y la inteligencia suficiente como para seguir los consejos de un productor que se encargó del resto. El resto fue, por supuesto, convertirlo en objeto de deseo para millones de adolescentes en todo el mundo a través de una campaña de marketing viral que convirtió a este muchachito, ni mejor ni peor que tantos otros, en el fenómeno pop del momento.

Justin Bieber canta canciones livianas, intrascendentes, que no serán capaces de superar la prueba del tiempo, porque no tienen con qué lograrlo y porque además nadie pretende que tal cosa suceda. Pero mientras tanto vende millones de discos, y genera otros tantos millones con el monstruoso aparato de comercio que acompaña a los artistas pop de su talla, término que de ningún modo pretende medir aquí calidad ni talento, sino las cuentas bancarias que se engrosan gracias a lo que él bien o mal hace.

En cierto punto el chico me da pena: pienso que, aislado dentro de su burbuja de plástico, no debe tener la menor idea de qué cosa es el mundo. En cierto modo él le ha vendido el alma al diablo, como una especie de Fausto redivivo, carilindo por añadidura, pero no nos apresuremos a condenarlo, y sobre todo que se abstenga de hacerlo quien se jacte de jamás haberse vendido, cuando lo cierto es que nadie realizó nunca por él ninguna oferta sustanciosa.

Pero vamos de una vez a lo que nos ocupa, que es el motivo por el cual el nombre de Justin Bieber, que jamás debería haber quedado anotado en este blog, ha llegado finalmente hasta aquí. El punto es que se acaban de entregar los Premios Grammy, que otorga la industria discográfica estadounidense. Y Bieber estaba nominado para llevarse el premio al Artista Revelación del Año. Reconocimiento que resultaba merecido, si se trataba de evaluar la cantidad de discos vendidos, y que por otra parte era el resultado que público, empresarios y periodistas daban por descontado.

Y sin embargo no. El premio no fue para él, sino para una chica llamada Esperanza Spalding, desconocida hasta entonces para quien estas líneas escribe, pero también para otros millones de personas que se preguntaron, con justa razón, de dónde había salido este sorpresivo escollo para la consagración del principito del pop. Quien se pregunta a veces encuentra algunas respuestas, y así supe que Esperanza es una joven de 24 años nacida en Oregon, dedicada al jazz a través del canto y de un instrumento tan infrecuente para una jovencita como puede serlo el contrabajo. Busqué luego en Internet algunos videos y me sorprendió la calidad y la calidez de su voz. Interiormente le agradecí a Justin Bieber la derrota, que finalmente me conducía al descubrimiento de esta artista.

Más tarde, al llegar a mi casa, busqué en la red alguno de los tres discos que Esperanza tiene editados, para poder escucharla más y mejor. Allí pude notar que en las pocas horas que habían transcurrido desde la entrega de los premios hasta entonces, habían sido cientos y miles las personas que habían concurrido a Internet para preguntar, para averiguar, para descubrir, para subir videos, para verlos, para compartir archivos por vía peer to peer, como yo mismo lo estaba haciendo. Me dije entonces que no todo está perdido. Y que este desliz de quienes entregan los Premios Grammys abrió, en definitiva, una pequeña dosis de esperanza...


viernes, febrero 04, 2011

Any fool knows a dog needs a home...

Hace muchos años -yo era por entonces más joven- visité un día la casa de una persona conocida que acababa de comprar su primer reproductor de discos compactos, una novedad impresionante por aquellos tiempos en que los vinilos y los cassettes eran todo lo que se conocía en materia de audio doméstico.

Para probarme las bondades del sonido de aquel nuevo sistema esa persona, cuyo nombre sinceramente no recuerdo, colocó un disco de Pink Floyd. En aquel momento yo conocía The Wall y también Dark Side of the Moon, pero jamás había escuchado Animals, un álbum que más tarde me apresuré a comprar, en cuanto pude tener mi propio reproductor de discos compactos, inversión importante en su hora, que hoy todavía celebro.

En aquel disco había (allí sigue estando) una canción en particular, que habla de los encuentros y los desencuentros, que en un determinado pasaje dice:

And any fool knows a dog needs a home,
A shelter from pigs on the wing.

Que más o menos podría traducirse del siguiente modo:

Y cualquier idiota sabe que hasta un perro necesita un hogar,
un refugio contra los cerdos en las alas.

La metáfora que alude a los cerdos en las alas, esto es algo que supe años más tarde, hace referencia a los enemigos que acechan durante las batallas aéreas, ocultándose en puntos ciegos para el piloto adversario, en particular debajo de las alas del avión que ha sido escogido como presa. Pero en definitiva la idea me parece igualmente adecuada para hablar de los políticos, de las fuerzas de seguridad, de los delincuentes, de la gente malvada, de la mala gente, de la vida misma, tanta es la acechanza.

La metáfora del perro, en cambio, sólo podía hacer referencia entonces, y sigue siendo así hasta hoy mismo, a la persona que canta la estrofa. Al menos yo no logro interpretarlo de otra manera. Y acaso deba decir que cada vez que escuchaba esta canción no podía evitar cantarla. Tal como sigue sucediendo ahora.

Un perro, entonces. Uno de esos perros de ojos tristes, que ni siquiera tienen la posibilidad de hablar para explicarnos qué les pasa, qué es lo que les causa tan eterna e irremediable melancolía.

Yo al menos tengo mi blog, eso es cierto.

Pero también necesito un hogar, un refugio.