viernes, octubre 23, 2009

43...

Estaba buscando un regalo para mi cumpleaños.
Un regalo para mí mismo, digo.

Y en el parcial de uno de mis estudiantes encontré esto:

What is Success?...

To laugh often and much;
to win the respect of intelligent people
and the affection of children;
to earn the appreciation of honest critics
and endure the betrayal of false friends;
to appreciate beauty; to find the best in others;
to leave the world a bit better,
whether by a healthy child,
a garden patch
or a redeemed social condition;
to know even one life has breathed easier
because you have lived.
This is to have succeeded.

Poco importa que el poema sea o no de Ralph Waldo Emerson.
Las ideas son lo que importa.

Más tarde me voy a poner a revisar un poco, para ver en qué medida logro cumplir con los requisitos indicados, a esta altura de mis días.

domingo, octubre 04, 2009

Adiós, Cantora...



Hacía un tiempo que no escribía nada en este blog. Pocas ganas, problemas con mi computadora, falta de tiempo... Pero hoy no puedo dejar de publicar aunque más no sean unas breves líneas, como un modestísimo homenaje a la Gran Artista que nos ha dejado.

La primera vez que escuché su voz fue en el departamento en el cual vivíamos en el barrio de Caballito. El viejo Winco reproducía -lo supe más tarde- las canciones del disco Mujeres argentinas, con música de Ariel Ramírez y textos de Felix Luna. Mi mamá tenía la costumbre de hacer sonar aquel tocadiscos los sábados y domingos por la mañana. Así conocí la voz de Mercedes, y también la de Don Alfredo Zitarrosa. También sonaban otras músicas, claro; algunas de las cuales jamás llegaron a gustarme, y es por eso que omito mencionarlas.

Con el tiempo el viejo Winco pasó al olvido. Y mi mamá a la larga dejó de escuchar música; nunca supe bien por qué razón. Pero en lo que a mí respecta la música se convirtió en un camino de ida. Y la voz de Mercedes Sosa se mezcló muchas veces entre tantas otras músicas que de a poco fueron armando una banda sonora de mi vida.

La última vez que la ví fue sobre el escenario del Teatro Colón, apenas unos días antes de que las puertas de esta sala se cerraran para unas refacciones de las cuales el futuro seguramente tendrá una triste memoria. El cuerpo de Mercedes ya estaba por entonces cansado. Su voz, inconfundible, también delataba la inclemencia de una salud que ya había comenzado a desvanecerse. Algunos criticaron que Mercedes se viera obligada a cantar con amplificación, precisamente en esa sala de tan maravillosa acústica. Era necesario; de otro modo no se la hubiera podido escuchar. Sin embargo, eso no importaba. No voy a guardar de aquella noche el recuerdo de su voz, tanto como el de su presencia mágica sobre el escenario. Desde que Mercedes entró, y hasta que su recital de canciones llegó a su fin, un ángel estuvo presente en aquella sala. Ese ángel que solamente acompaña a los más grandes artistas, aquellos que están más allá de los géneros, de las modas, de las edades, de las banderas, de los idiomas.

Hoy ese ángel ha volado. Vamos a extrañarte.

sábado, agosto 22, 2009

Apreciar lo que se tiene


Yo no sé por qué razón, pero Daniela suele cantar con sus brazos acomodados detrás de su espalda. Es una costumbre inocente, que hasta podría pasar desapercibida la mayor parte de las veces. Pero no siempre.

Días atrás, cantábamos con el coro. Preocupado yo, por cosas de la vida, incertidumbres diversas, y Daniela con sus brazos detrás de la espalda, como de costumbre. Lo que rompió la rutina fue que al terminar, unas señoras se acercaron para decirle: "¡Querida!... ¡Gracias a Dios!... ¡Habíamos pensado que no tenías brazos!..."

Hilaridad general. La broma del día fue: "¡Daniela! ¿Nos podés dar una mano?" Y juro que la anécdota es verídica. La posición de los brazos, sumada a una capa tejida que cubría justo unos centímetros por debajo de los codos, había generado para esas señoras del público la sensación visual de que aquella soprano, literalmente, carecía de brazos.

Pero más tarde, cuando ya las risas se habían apagado, se me ocurrió hacerle a Daniela la pregunta que me lleva a dejar esta anécdota anotada aquí: "¿Y por qué no podría haber sido así?"

Para decirlo de otro modo: estamos tan acostumbrados a tener ambos brazos, que nos cuesta comprender lo afortunados que somos por ello. Si una malformación o un desgraciado accidente nos hubiesen puesto en la posición de desear, como el más preciado de los bienes, tener un simple par de brazos, lo entenderíamos mejor. Como los tenemos, sucede que un equívoco como el narrado nos causa gracia. Mientras tanto, nos lamentamos por otras cosas que nos faltan, que tal vez no nos dejan ver lo afortunados que somos por lo que tenemos.

Siempre nos van a faltar cosas. Y proponer apreciar las que tenemos no es conformismo. Se trata de intentar medir convenientemente nuestras fortunas y desdichas, como para no malograr lo mucho que nos va quedando. Eso por lo cual vale la pena seguir.

sábado, agosto 15, 2009

Adiós, Amadeus 103.7


Este no es un espacio institucional. Jamás lo ha sido. Se trata de un blog personal, que refleja pensamientos y situaciones propias de alguien que, como todos, participa de diversas instituciones. Concretada esta aclaración, ahora sí digamos las palabras que siguen, que son de despedida.

Desde marzo del año 2004 y hasta ayer, 14 de agosto de 2009, mi vida estuvo íntimamente ligada a uno de los mayores proyectos culturales que ha conocido la radiofonía de nuestro país: Amadeus 103.7. Una emisora que entre sus muchos objetivos se planteó la filosofía de que la música académica, clásica o como cada quien prefiera llamarla, no es un arte destinado a los entendidos, sino a cualquier persona que esté dispuesta a disfrutar de ella. Una emisora que realizó conciertos abiertos y gratuitos multitudinarios, donde se demostró que la música puede ser el elemento común de diferentes pensamientos, ideologías, edades, creencias y extracciones sociales.

Tuve el honor, durante estos sesenta y cuatro meses, de ser partícipe de este proyecto, concretando desde la redacción, diseño y diagramación el nada despreciable número de sesenta ejemplares de la Revista de Amadeus, produciendo las Salas de exhibiciones temporarias de Amadeus, redactando las Viñetas y Dos palabras que leyeron Pancho Ibañez y Martin Wullich, dos profesionales de primerísimo orden, cargando los contenidos de textos, imágenes, audios y videos que integraron la página web de la emisora, visitada por miles de oyentes no sólo de nuestro país, sino también de los lugares más insospechados del planeta, que escuchaban la transmisión on-line de la radio.

Aprendí muchísimo en todo este tiempo. Siempre con el desafío de generar una revista, una emisora, una página web y una agenda de conciertos que estuviese a la altura de las exigencias. Y tuve el placer de saber que muchísimas personas reconocieron el valor de este trabajo mancomunado, que dirigió Santiago Chotsourian, y en el cual también participaron enormes profesionales y amigos como Fernando Pereyra, Carlos Culotta, Roberto Clemares y un grupo de locutores y asistentes que prefiero no detallar por no incurrir en la desatención de omitir el nombre de alguien.

Ayer llegó el momento de la difícil despedida. Porque siempre es difícil despedirse de aquellas cosas que supusieron la puesta en juego de una gran pasión. Y este ha sido el caso, sin ninguna duda. Otra emisora, Radio Cultura, ha adquirido el derecho de uso de la marca Amadeus, así como también la discoteca de la emisora, que se fue constituyendo durante estos años. Ojalá este nuevo proyecto fructifique. No tengo sino buenos deseos para esta nueva emisora, que viene a renovar la señal de Radio Cultura Musical 100.3, que mucha gente conoce seguramente desde hace años. Me he puesto a disposición de los dueños de esta emisora para acompañar la consolidación y continuidad de este nuevo proyecto. Ojalá se pueda.

Pero para iniciar nuevas etapas es necesario cerrar antes las etapas anteriores. Por eso estas palabras resultan necesarias. Hoy me despido de Amadeus 103.7. Uno de los proyectos más ambiciosos y reconfortantes en que he tenido ocasión de participar. No tengo sino palabras de agradecimiento para todos los que hicieron posible la existencia y sostenimiento de esta radio, que hoy pasa a formar parte, en un lugar muy destacado, de la historia de la radiofonía argentina.

Y gracias a todos aquellos que, gracias a la excusa de la radio, se convirtieron durante todo este tiempo un poco en mis amigos.

Ojalá este no sea un adiós definitivo, sino tan sólo un hasta pronto.

martes, agosto 11, 2009

Hoy quisiera ser chico de nuevo.

viernes, agosto 07, 2009

El silencio de las sirenas

“Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil mayor de su nave. Pero todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz: muchos navegantes debieron haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo; la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso. Se confió por completo a aquel puñado de cera y el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente...”

Así comienza un breve texto de Franz Kafka, titulado “El silencio de las sirenas”. Y es tan bello este comienzo, que tal vez merece que nos detengamos aquí. ¿Para qué añadir más?

Consignemos -eso sí- la frase que sigue inmediatamente a este párrafo inicial, que dice así: “Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio.”

Y no digamos más.

jueves, julio 30, 2009

Puntos de vista

El chiste aparece completamente en otro contexto, pero no importa. Me llama la atención porque da cuenta de un problema que suele acuciarnos a menudo: el de las perspectivas. Lo que se cuenta es que una persona pretende cruzar un río y por más que busca no encuentra la manera de hacerlo. De pronto observa que un vecino suyo está parado precisamente en el lado opuesto de ese río, así que le grita:

– ¡Oiga, vecino!... ¡Dígame! ¿Cómo se hace para cruzar el río?
Y entonces el otro le contesta: – ¿Cómo?... ¡Usted debería saberlo mejor que yo, estando ya del otro lado!...

Las reflexiones se las dejo a cada eventual lector de estas tan modestas líneas. Pero de pronto me parece que es como para pensarlo, este asunto de cuál sea "el otro lado".

lunes, junio 08, 2009

Sin título

“Cuando miro el cielo, si quiero puedo ver las constelaciones, pero si quiero puedo ver sólo estrellas”, dijo alguna vez John Cage.

También es posible centrar la atención en el espacio negro que nos envuelve a todos, añado yo, que no tengo un buen día.

domingo, junio 07, 2009

Comienzo del fin

"Con ansia y con amargura,
he intentado cosechar los frutos del cielo
y no he podido."

"Se elevaban hacia no sé qué otro cielo
cuando les tendía mis manos
golosas de su abundancia."

(E.M.C.)

jueves, junio 04, 2009

...y hablando de Dios

Anoche, charlando acerca de Dios con alguien a quien he tenido ocasión de conocer hace un par de semanas, esta persona se autodefinió como agnóstica - pragmática - nihilista. Y aunque la definición misma es en cierto punto contradictoria, pues el agnóstico descree de la posibilidad de entendimiento de lo divino, mas no en lo divino, y el nihilista en cambio se posiciona como más cercano al ateísmo, la charla me llevó a una pregunta que me abordó de repente ya en mi camino de regreso a casa:

Vamos a suponer por un momento, aunque más no sea como recurso metodológico, que Dios existe (jamás lo he negado, por otra parte, dado que yo sí adscribo al agnosticismo, así como soy poco pragmático, y nihilista sólo en cuanto a algunas cuestiones). Realmente, si Dios existe, ¿resulta acaso razonable creer que le importe el hecho de que éstas, sus tristes y miserables creaturas humanas, crean o dejen de creer en El? Quitemos incluso, si nos complace, eso de "tristes y miserables creaturas humanas", por si acaso preferimos -y existen bases filosóficas firmes para quien así decida hacerlo- creer que somos parte de la maravilla y gloria de la creación. La pregunta subsiste: ¿Tiene algún sentido pensar que una fuerza o ser superior, determinante de la creación de todas las cosas, parámetro absoluto del deber ser y sustento de todo lo existente, sea capaz de condenar a sus creaturas no por su imperfección (que El mismo ha determinado), no por su tendencia al mal (esto cabría admitirlo, en base al argumento del libre albedrío), sino por creer o no creer en El?

Lo siento, pero esto de que sólo los creyentes serán salvos me suena a una gran fantochada, producto de un discurso armado a la medida de su conveniencia por las diferentes iglesias, y tal vez también de una humana necesidad de convencer al otro para no correr el riesgo de que el otro me termine convenciendo a mí, y todo esto tiene poco y nada que ver con las deidades. Las religiones, que durante siglos enfrentaron vanamente a los hombres entre sí, justificando las peores atrocidades, las más tremendas manifestaciones del mal, se mimetizan así con los políticos en campaña. Con la única diferencia de que las iglesias están en campaña full time y todo el tiempo intentan llevar agua a sus propios molinos. Salvo que Dios ofrezca a sus iglesias mayores cuotas de salvación a mayor número de adeptos, el sentido de estas campañas evangelizadoras es poco claro. Excepto, claro, que consideremos cuestiones de conveniencia política, pues más gente siempre ha significado un mayor poder.

De mi parte, y aunque me consta que puedo estar equivocado (al fin y al cabo me he declarado agnóstico), no me preocupa gran cosa que José María reniegue de Dios a causa de las cosas que le han tocado en suerte vivir. Para el caso de que Dios exista, estoy seguro de que cuando llegue la hora lo ha de recibir con simpatía. Y en todo caso me gusta pensar que se divertirá mucho sacándolo de su error, incluso no sin una cuota de ligero sarcasmo: "¿Ves muchacho que estabas equivocado? Acá estuve desde siempre. Es sólo que mis designios a veces son inescrutables, como gustan decir algunos."

lunes, junio 01, 2009

Frases

"Ten confianza en Dios... pero cierra bien las puertas de tu casa."

Esto dice en un mail que me han enviado, que acabo de abrir.

Puesta esta frase al lado de algunas de las de Cioran que leía anoche, no puedo más que sonreir.

viernes, mayo 08, 2009

Autoayuda... (que no es la que brinda el ACA)

Desconfío de los libros de autoayuda. Tal vez ya lo haya mencionado, en alguna otra ocasión. Creo que esos libros son mejores para sus autores que para sus lectores. Sin embargo, y como de todo se puede aprender siempre algo, copio y pego esta breve fábula, claramente inscripta en el denostado género:

Me acuerdo siempre de esta escena: Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía unos doce. Estábamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando. Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un carozo de durazno le apareció en la frente.

Mi tía, que estaba en la habitación, corrió a abrazarlo y mientras me pedía que llevase hielo le decía a mi primo: “Pobrecito, mala la mesa, que te pegó, chas chas a la mesa...”, mientras le daba palmadas al mueble, invitando a mi pobre primo a que la imitara. ¿Cuál era la enseñanza? La responsabilidad no es tuya que sos torpe, que tenés tres años y no mirás por dónde caminás; la culpa es de la mesa.

Yo intentaba entender, más o menos sorprendido, el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa.

Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees.

Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las tías del mundo.

sábado, abril 18, 2009



...y recordé aquel viejo chiste, aquél del tipo que va al
psiquiatra y le dice:
- Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina.

Y el doctor responde:
- Pues, ¿por qué no lo interna en un maniconio?

Y el tipo le dice:
- Lo haría, pero necesito los huevos.

Pues eso más o menos es lo que pienso de las relaciones humanas.
Son totalmente irracionales, y locas, y absurdas, pero supongo que seguimos manteniéndolas porque la mayoría de nosotros necesitamos los huevos.

miércoles, abril 01, 2009

Copla


"Me persigno por si acaso
no vaya que Dios exista
y me lleve pa’l infierno
con todas mis ovejitas.”


Me acordé de repente de esta copla. Y por alguna razón la quise dejar anotada acá, al menos para tenerla a mano si me la llego a olvidar otro día. Qué gran sabiduría, dentro de su simpleza, la de esta Doña Ubenza, de la que nos habla Chacho Echenique.

Y de repente vuelvo a pensar en que la humanidad se divide entre quienes piensan que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, y aquellos otros que aseguran que en realidad fue el hombre quien hizo a los dioses a su propia medida. Cualquiera de los dos sea el caso, bastará con mirar a uno de este par, el hombre o el dios, para saber también un poco mejor cómo es el otro.

domingo, marzo 22, 2009

In the meantime, I'm a blogger.

De nuevo ordenando papeles, esos papeles que amenazan con jamás dejarse ordenar del todo por más empeño que ponga, me encuentro con un periódico que antes de ser definitivamente descartado me obliga a detenerme en unas líneas escritas por alguien a quien no conozco. Lo que me llama la atención, en realidad, es un provocativo título: "I'm not a blogger, so what?". Y más o menos dice:

"Durante este último tiempo he tenido sobradas muestras de que definitivamente estoy fuera del mundo. Mi afirmación se basa en que hoy no tener un blog es como vivir en Biafra, sin agua, sin techo y sin comida. No saber que postear es sinónimo de escribir (de hecho, ES escribir) y que comentar es lo que otros dicen de uno, me ha convertido en una alfabeta cibernética. [...] Es verdad, a mí sacarme de Word o a lo sumo de la página de las cuentas de correo electrónico no es fácil. De hecho, recién ahora me animo con un programa que me baja música y películas, y eso porque me fuerza el hecho de no tener televisión y necesitar ver algo que no sea yo misma reflejada en las ventanas de mi casa kosovar. Aunque, por cierto, todavía creo que un día me va a entrar un virus y me va a reventar todos los archivos que tengo y que no hago circular en un bendito blog propio, en ese espacio que -dicen- es donde uno se muestra a los demás. ¿Es que acaso soy una negada? Sí, si eso significa no entender por qué demonios la gente escribe cosas que jamás nadie leerá."

Listo, hasta acá. La desconocida sigue escribiendo, pero yo detengo mi transcripción en este punto. Porque... ¿Para qué escribir aquí cosas que jamás nadie leerá?

La pregunta es, como se comprenderá, todo un desafío. Pero antes de seguir, un par de observaciones. Por empezar, que si alguien lee estas líneas ya no será cierto eso de "cosas que jamás nadie leerá". Pero que si en efecto nadie las lee, al menos no deberá preocuparme demasiado la coherencia argumentativa que ponga en juego aquí.

Con lo cual puedo ir al siguiente punto, que es señalar que muy a pesar de no tener un blog propio su autora, las líneas en cuestión han terminado publicadas en uno. Y finalmente la cuestión de para qué las habrá escrito, si al fin y al cabo, ya sea en un blog, en una servilleta de papel o en un periódico de libre distribución con una tirada de algunos cientos de ejemplares las posibilidades de que alguien lea y retenga son prácticamente las mismas.

En realidad no interesa tanto el formato, sino el para qué se escribe. Y tal vez sea en procura de una incierta e ilusoria trascendencia. Escribimos para fijar algo que de otro modo sería todavía más fugaz de lo que es. Lo hacemos para convencernos, como hubiese dicho Julio Cortázar, de que podemos disfrutar de una inmortalidad de treinta o cuarenta años más por vivir. Y nuestras palabras, entonces, con algo de suerte, incluso un poco más que eso. Aunque nadie las vaya a leer en la pantalla; aunque las letras impresas en el papel estén también destinadas al fin y al cabo a desparecer en el olvido o en un bote de basura. Pero durante un tiempo, por más que sea un instante fugaz, nuestras palabras al quedar escritas siguen siendo nuestras, a la vez que cobran cierta autonomía. Allí están, fuera de nosotros, fuera del tiempo, y muertos nosotros acaso seguirán ellas siendo accesibles durante un tiempo más, dando cuenta de nuestro paso por esta tierra, ya sea on-line o en un papel. Al menos hasta que el papel desaparezca y los servidores se apaguen, o se borren las memorias, o colapse el sistema informático global, nadie nos da garantías de nada. Pero mientras tanto...

La cuestión en definitiva no es sino esa: el mientras tanto. Para eso es que escribimos. Para que haya un mientras tanto.

viernes, marzo 13, 2009

Para tener siempre presente


Magritte tiene razón. Con todo lo que su metáfora implica.

miércoles, marzo 11, 2009

Toulouse-Lautrec


"El cuerpo de una mujer es algo demasiado hermoso para ser perturbado por actitudes amorosas", dicen que acostumbraba decir Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec (1864-1901).

Desde su escaso metro y medio de estatura, acaso él sabía que el gesto sensual exacerbado de esa criatura bella, admirada y deseada, jamás le estaría destinado, condenado por ende a ser mero testigo y traductor de una belleza cautivante, pero tristemente ajena.

sábado, marzo 07, 2009

Un cuento sufí

El Maestro conocía las secretas palabras que pronunciadas de cierta manera lograban el prodigio de regresar los muertos a la vida. Durante años sus discípulos lo siguieron en silencio, aguardando inútilmente el momento de la revelación. Hasta que un día, cansados ya de la espera, un pequeño grupo se separó del resto y lo increpó aparte duramente, exigiéndole que compartiese con ellos su conocimiento. El Maestro se negó de un modo rotundo; ellos todavía no estaban preparados -les explicó- para conocer aquel, uno de los mayores secretos jamás revelados a los hombres. Pero los malos discípulos entonces lo amenazaron:

- Durante años te hemos obedecido y respetado, te hemos escuchado calladamente y hemos esperado con paciencia. Por todo eso es que hoy somos merecedores de aprender en modo de regresar lo muerto a la vida. Piénsalo de este modo: si en este mismo momento murieras violentamente, a causa de tu tozudez, no habría ni uno solo de tus discípulos que fuese capaz de devolverte la vida. Pero si te empecinas en callar tu secreto, de nada vale que te dejemos vivir.

El Maestro comprendió perfectamente la amenaza. Y aunque todavía intentó prevenirlos del riesgo que suponía conocer ciertas verdades, no logró convencerlos. Finalmente, aceptó compartir su secreto con ellos, con la condición de que luego se apartaran de su vida.

- Si yo muriese ahora mismo a manos de alguno de ustedes, por cierto que no quisiera que la vida me fuese devuelta; ni tampoco lo querré cuando llegue mi hora si muero al fin de vejez. De manera que recibid de mí el secreto de cómo la muerte puede ser convertida en vida de nuevo y alejaos, siendo con el manejo de esta verdad más prudentes de lo que habéis sido hasta ahora.

El Maestro enseñó entonces a aquellos discípulos las palabras secretas, y el preciso modo en que ellas debían ser dichas, tras lo cual se separaron, ellos por un camino, el Maestro por otro, tal como había sido convenido.


A pocas horas de haber andado, los discípulos se toparon con un montón de huesos tirados a un costado del camino, y decidieron poner a prueba las palabras aquellas que habían aprendido. Realizaron el ritual, tal como el Maestro se los había enseñado, y con enorme sorpresa fueron testigos de cómo aquellos restos resecos por el sol y el tiempo comenzaron a moverse, a acomodarse, a cobrar forma, cubriéndose de carnes y pellejos, ante los ojos asombrados de los propios hacedores del milagro. Poco duró sin embargo el asombro: aquellos huesos muertos, devueltos ahora a la vida, se convirtieron en una feroz bestia que acabó prontamente con los discípulos, dejando de ellos apenas unos tristes despojos, que quedaron librados a la hambruna de las aves carroñeras y los gusanos.

La moraleja de esta historia es tan evidente que ni siquiera creo que valga la pena ser comentada... No siempre el conocimiento va de la mano de la necesaria sabiduría para manejarlo.

(Para Cecilia, del otro lado de la Cordillera...)

viernes, marzo 06, 2009

El cristal con que se mira

“Quien no conoce la verdad es un tonto, pero quien la conoce y la oculta, es un criminal” ,le hace decir Bertolt Brecht a Galileo Galilei en “Leben des Galilei” (1955).

Y esto, que sin duda alguna es verdad -valga la redundancia- dentro de un determinado contexto, también es una aseveración riesgosa, en más de un sentido. Por empezar, porque nos enfrenta a la necesidad de definir qué cosa sea la verdad, si es que acaso existe una sola y unívoca, o si por el contrario hay una verdad que es válida para cada uno, en un determinado momento y circunstancia, pero jamás universal y eterna.

Y por otra parte, porque quién sabe si no habrá verdades que sea mejor callar, en caso de conocerlas; desconocerlas, en caso de no haberlas aún develado. Vaya uno a saber qué cosas pudieran suceder en caso de que la palabra o el conocimiento convocasen aquello que mejor debiera permanecer oculto.

No estoy haciendo una apología del oscurantismo. Simplemente me pregunto si no nos habremos excedido un poco con esta pretensión positivista de descubrir la verdad a cualquier costo, sin siquiera estar seguros de poder manejala, de poder soportarla en caso de tenerla delante de nuestros ojos. ¿Y si la verdad fuese capaz de matarnos con su revelación? ¿Incluso así valdría la pena conocerla?

De más está decir que no tengo la respuesta para estas preguntas. Y confieso que quién sabe, si en caso de tenerla, me atrevería a escribirla aqui. De verdad lo digo.

lunes, marzo 02, 2009

Fragilidad

Hace algún tiempo alguien me pasó este texto, con el cual hoy vuelvo a toparme, firmado por Carlos G. Vallés, extractado de un libro que se titula Dinámica de las relaciones humanas:

"Ser vulnerable no es ser débil. Al contrario, sólo una persona firme y madura puede permitirse conocer su propia vulnerabilidad, aceptarla y dejar que se sepa. La persona débil oculta su debilidad, evita los ataques y erige defensa para protegerse y poder huir. Una armadura pesada siempre esconde un carácter débil.

"Durante mis estudios de matemáticas tuve ocasión de observar a profesores de todo tipo. El mejor de todos ellos era un verdadero sabio en la materia, lo sabía todo y lo entendía todo, era genial en sus demostraciones y encantador en sus constantes equivocaciones al hacer los cálculos más sencillos. Recibía de buena gana cualquier sugerencia. Sabía la asignatura y más, y sabía que sabía, y sabía que nosotros sabíamos que sabía, y eso le permitía mostrar abiertamente su ignorancia llegado el caso, en vez de tratar de disimular un error con falsos pretextos. Era abiertamente vulnerable, y lo era precisamente porque estaba seguro de sí mismo.

"La confesión de vulnerabilidad nos abre a relaciones amistosas con otras personas, ya que ellas son tan vulnerables como nosotros. En la debilidad se esconde la fuerza, y éste es el principio de salvación en todos los órdenes. Ser vulnerables quiere decir confesar sentimientos, admitir que no somos indiferentes a la alabanza o al desprecio, a la comodidad o a la molestia, al éxito o al fracaso; quiere decir revelar el mal humor así como el bueno, y saberse y declararse víctimas de la envidia y el enfado y el desánimo y la ansiedad. Ser vulnerable quiere decir que no siempre nos sentimos felices, no siempre estamos de buen talante, no siempre nos dominamos, no siempre estamos seguros de lo que hacemos o de porqué motivo lo hacemos. Ser vulnerable quiere decir ser humano."

Me reconozco altamente vulnerable, aunque no seguro en mi mismo. De hecho mi inseguridad es parte de mi vulnerabilidad, supongo. Esto por un lado.

Por el otro, recuerdo haber leído que los delfines, cuando quieren mostrarse amistosos con otros de su misma especie, nadan con la zona ventral hacia arriba. Y esto así, porque el vientre de los delfines es muy vulnerable, y un golpe o una mordida de otro animal en ese lugar podria ser mortal. El delfín se ofrece para mostrar que no tiene intenciones agresivas. Es como el gesto humano de palmas abiertas hacia arriba, para mostrarse desarmado. Gesto del cual deriva el más urbano apretón de manos. Mostrarse vulnerable es una actitud similar. Es un modo de ofrecerse.

Pero no solemos mostrarnos vulnerables. Y me pregunto si es sólo por lo que dice Vallés. O si no será también porque no logramos ver en el otro algo diferente de un adversario. Sería triste llegar a una conclusión semejante. Y lo curioso es que de nosotros mismos depende, en gran medida, que así sea o no.

viernes, febrero 27, 2009

El Ojo de Dios


Esta nebulosa suele recibir el poético nombre de "El Ojo de Dios". Los motivos -valga el juego de palabras- saltan a la vista: la formación parece emular una enorme pupila azul sobre fondo blanco, rodeada por párpados de color carne. La realidad, acaso menos poética, aunque no por ello menos impresionante, es que se trata de un gigantesco depósito de gas y polvo estelar, ubicado a una distancia de 700 años luz, en la constelación de Acuario. Por extraño que parezca, lo que se ve en esta foto, que acaba de ser tomada con un gran telescopio montado en una montaña chilena, es una imagen de algo que sucedió en el pasado, hace siete siglos, antes de que ninguno de nosotros, ni nuestros padres o abuelos, hubiesen siquiera nacido. Incluso mucho antes de que naciera Karl Ludwig Harding, el astrónomo alemán que en 1824 descubrió este fenómeno.

Los astrónomos señalan que es probable que nuestro propio sistema solar tenga un destino similar. Acaso alguien nos observe, dentro de algún tiempo, desde algún lugar insospechado, y vea una imagen similar a la que hoy vemos nosotros asombrados. Aunque esto no ocurrirá pronto, sino en más o menos cinco mil millones de años. Resulta difícil medir qué sentido pueda tener verdaderamente esta cantidad de tiempo, cotejada con el lapso de una vida humana.

Ls dimensiones de esta nebulosa también exceden, prácticamente, el entendimiento humano. La luz, que se desplaza a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, tarda aproximadamente dos años y medio en abarcarla de lado a lado, según la estimación de los especialistas. El disco interior más brillante de la nebulosa parece estar expandiéndose a una velocidad de 100.000 kilómetros por hora, y podría haber tardado unos 12.000 años en formarse.

Teniendo presente estos números, estas dimensiones, la condición del ser humano sería asimilable a la de la más modesta bacteria, padeciendo o disfutando de una brevísima, casi insignificante vida sobre una mota de polvo estelar. Muy poca cosa, realmente. Y sin embargo, al mismo tiempo, cada una de estas bacterias, ínfimas, fugaces, guardan al mismo tiempo el misterio de la creación.

miércoles, febrero 18, 2009

La historia de mi vida.

Cuentan que un hombre estaba escribiendo un libro, y cuando sus amigos le preguntaban cómo andaba en la tarea, el siempre les respondía: "Bien, estoy muy adelantado. Ya tengo todas las palabras. Ahora sólo me falta juntarlas."

domingo, enero 18, 2009

4'33" y los derechos de autor

Hubo una época en la cual en el derecho jurídico no había nada parecido a lo que hoy llamamos "derecho de autoría". Mozart no conoció nada ni siquiera similar a eso. Alguien le pagaba a un compositor para que éste escribiese una obra y cuando ésta estaba terminada se entregaba una partitura. Allí se terminaba el asunto. Y si alguien deseaba escuchar una obra, le pagaba a unos músicos para que la tocasen y eso era todo. Claro, no existía entonces tampoco nada parecido a los discos; la música no era almacenada en un soporte que permitiese luego su reproducción cada vez que uno lo deseara. Para escuchar una obra musical no quedaba más remedio que reunir un grupo de músicos y hacerlos tocar. No había más alternativa que el vivo del concierto, el aquí y ahora de la música en el momento de estar siendo, el aura de la que habló Walter Benjamin en su forma más pura, sin mediaciones.

Con esto se pretende decir que no existe en el derecho de autor una condición que pueda llamarse natural. Los derechos de autoría son convencionales. Y como toda convención, ella está atada a la evolución de los tiempos. Cuando se gestionó el concepto del derecho de autor no existía Internet, por ejemplo, que es uno de los factores que vienen a poner en crisis hoy el concepto de autoría.

Las ideas no se matan, dicen que dijo Sarmiento... ¿Pero se compran y se venden? Pongamos dos ejemplos, aun a riesgo de ser políticamente incorrectos. El primero no me pertenece, pero como nadie ha pretendido cobrar derecho de autor por el mismo, lo reproduzco aquí. Una persona tiene un cajón de manzanas y alguien le roba una. Como resultado, alguien tiene algo más de lo que tenía antes y alguien tiene algo menos, sin haber recibido nada a cambio. Es evidentemente un robo. Hay un perjuicio cierto. Consideremos ahora el caso de alguien que toma una idea de otra persona: alguien tiene algo más, que antes no tenía... Pero no hay nadie que tenga algo menos, como no sea la exclusividad de esa idea. Entonces es evidente que hay, entre los bienes materiales y los ideales una diferencia de naturaleza que debería al menos considerarse.

Pongamos ahora un ejemplo límite. Un compositor norteamericano, John Cage, se hizo famoso sobre todo por una obra que él no compuso. En realidad, se limitó a titularla. La obra se llama 4'33" y se trata de un silencio para piano que dura exactamente cuatro minutos y treinta y tres segundos, durante los cuales el pianista, sentado ante el teclado de su instrumento, no toca ninguna nota. ¿Puede esto llamarse música?, se preguntará alguno. Pues bien, técnicamente sí lo es. La música es una combinación de sonidos y silencios, distribuidos en el tiempo. En este caso el silencio se ha ampliado a tal grado que el sonido (el del instrumento, al menos) ha desaparecido. En condiciones ideales, 4'33" sería un silencio absoluto. En la realidad de una sala de conciertos, el sonido es aportado por el inevitable rumor de los asistentes.

Pero el punto es el siguiente: 4'33" puede ser escrita en una partitura. También puede ser registrada, por ende, como una obra musical. Por lo tanto, está también sujeta a las leyes de derecho intelectual. Pero... ¿Cómo determinamos cuándo alguien está ejecutando públicamente 4'33", como para proceder al cobro de los derechos correspondientes? ¿Cualquier pianista que se siente a meditar en público delante de su piano durante el tiempo en cuestión estará interpretando la partitura? ¿Cualquier disco que incluya un silencio de esta duración? Es evidente que no es posible cobrar el derecho de reproducción de un silencio, pero en este caso el silencio es una obra. Entonces, tal vez el punto sea que sólo se cobrará un derecho de autor a 4'33" cuando alguien interprete o publique la obra aclarando que se trata de ella, con su título y la referencia a su autor. Pero entonces deberíamos hacer valer esta regla para cualquier otra obra musical, y no pretender cobrarle a quien toque una canción cualquiera sin anunciarla, o dándola por propia, aunque es claro y evidente que en tal caso estaríamos en presencia de un plagio. Pero entonces sería prudente detenernos en este punto, porque estas ideas tampoco son ya nuestras. Algunas de estas cuestiones ya se las preguntó Jorge Luis Borges, al plantearse la posibilidad de que Pierre Menard fuera, finalmente, el legítimo autor de El Quijote. ¿Habrá conocido Pierre Menard a John Cage?

domingo, enero 04, 2009

No sense

Le pregunté a Majo qué opinaba. Le dije de esta manera: "¿Por qué será, nena, que J.D. es así?"

- ¿Así?... ¿Así cómo? -me respondió ella, y yo sentí que nos estábamos enroscando en una conversación sin sentido.

Así comienza un relato que firma Ariel Bermani, publicado en una revista de distribución gratuita cuyo ejemplar ya me disponía a descartar, justo cuando mis ojos se detuvieron en esas líneas. En realidad la aclaración es irrelevante, pues rescataré sólo estos dos párrafos, que ni siquiera he transcripto de manera literal.

La cuestión es la conversación sin sentido. Me atrajo eso: la falta de coherencia en ese diálogo que apenas comienza a bosquejarse, la incomunicación, la distancia, el desencuentro. He ahí la clave literaria que puede dar pie a cualquier relato. Pero he también allí la clave de todos los conflictos del hombre, esos que se desarrollan ya no en los papeles de la ficción, sino en la cotidianeidad nuestra de todos los días. Decimos dos palabras... y lo sepamos o no, la mayor parte de las veces ya nos estamos enroscando en una conversación sin sentido, de consecuencias muchas veces inciertas y en ocasiones dramáticas. Así somos, simplemente.

miércoles, diciembre 31, 2008

¿Felices fiestas?

Cada fin de año sucede lo mismo: legiones de personas de buena voluntad se ven compelidas a manifestar a su prójimo su deseo de que aquel sea capaz de conseguir ese tesoro tan evasivo que es la felicidad. La palabra más utilizada en estas fechas es "felicidades", tanto que me pregunto cómo es posible que a nadie se le haya ocurrido registrarla para poder cobrar derechos de propiedad intelectual por su uso. Tal improbable pícaro se llenaría seguramente los bolsillos de dinero en el curso de sólo dos o tres semanas.

Sin embargo, y a sabiendas de que me arriesgo a pasar por antipático y ser acusado de atentar contra el espíritu navideño, me pregunto de repente por la sinceridad de tales deseos. Quiero decir: todos sabemos que la felicidad es algo que no se puede comprar. Pero a modo de un mero ejercicio, supongamos que uno tuviese la mágica posibilidad de comprar por un determinado precio la felicidad de otra persona. No la propia felicidad, sino la de uno o más terceros, a los que uno pudiese elegir a gusto. Supongamos también que dicha felicidad no es precisamente económica... Digamos que sale cinco mil pesos, por ponerle una cifra de mercado. Solemos decir que la felicidad no tiene precio, de manera que no deja de ser una suma por demás conveniente. ¿Por cuántas personas, de esas a las que uno desea "felicidades", simplemente porque es gratis, estaríamos dispuestos a pagar tal suma si uno tuviese el poder de comprar así su felicidad?

Consideremos además (he aquí tal vez el verdadero quid de la cuestión) que no nos es permitido revelar que hemos sido nosotros el factotum de semejante regalo. Que aunque pudiéramos decirlo, ¿quién iba a creer que semejante sandez sea cierta? ¿Entonces?...

Estoy seguro de que la venta de felicidades no sería tan rentable como la aplicación de un derecho de autor a la palabrita en cuestión.

Por supuesto, todo esto no es nada más que un ejercicio mental. Pero el punto es decubrir la distancia que media entre el desear con palabras la felicidad para alguien y el estar realmente dispuesto a hacer algo para que esa expresión de sanos deseos se convierta en realidad. Res, non verba, dice la expresión latina.

Buena ocasión, este fin de año, como para revisar cómo anda cada uno de nosotros con estas cuestiones, en todo caso.

Intentemos ser felices.
Y en la medida de lo posible, hacer felices a los demás.

martes, diciembre 30, 2008

Sigue la guerra en Gaza

Franja de Gaza.
Cuatro días de ataques.
384 personas muertas...
Más de 800 heridos...

Los ojos del mundo, para variar, parecen mirar para otro lado.

domingo, noviembre 30, 2008

Los colores

En algún lugar del tiempo, más allá del tiempo, el mundo era gris. Gracias a los indios ishir, que robaron los colores a los dioses, ahora el mundo resplandece; y los colores del mundo arden en los ojos que los miran.

Ticio Escobar acompañó a un equipo de la televisión española, que vino al Chaco para filmar escenas de la vida cotidiana de los ishir. Una niña indígena perseguía al director del equipo, silenciosa sombra pegada a su cuerpo, y lo miraba fijo a la cara, de muy cerca, como queriendo meterse en sus raros ojos azules.

El director recurrió a los buenos oficios de Ticio, que conocía a la niña, y la muy curiosa le contestó:

–Yo quiero saber de qué color mira usted las cosas.
–Del mismo que tú –sonrió el director.
–¿Y cómo sabe usted de qué color veo yo las cosas?


Según me dijo Cecilia Portorrico, esto lo escribió una vez un tal Eduardo Galeano.

miércoles, noviembre 26, 2008

Para tener presente



El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos.

Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos; aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

(Italo Calvino, "Las ciudades invisibles")

domingo, octubre 26, 2008

La relevancia de los blogs

Cada vez que corrijo parciales de mis estudiantes, me detengo en las citas que escogen a la hora de querer ilustrar las cosas que ellos mismos dicen. Es cierto que son palabras de otras personas, pero siempre pienso que en la elección de una cita adecuada también se ve el grado de comprensión de un determinado tema.

Y cada tanto copio algunas de esas citas allí. Sobre todo cuando, como sucede en este caso, con estas palabras de Eduardo Galeano, esas citas parecen estar dando cuenta del sentido de este espacio.

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto: "La uva -le susurró- está hecha de vino."

Marcela Pérez Silva me lo contó, y yo pensé: "Si la uva está hecha de vino, quizás nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos."

domingo, octubre 19, 2008

El otro, ese (indeseable) necesario...

Para responder a la consigna de un parcial, un estudiante me sorprende al comenzar con una cita de un breve relato de Mario Benedetti que aún yo no conocía:

"Al principio la muerte del Otro fue un rudo golpe para el pobre Armando; pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó."

En realidad Benedetti no habla de "el Otro", sino de "el Otro Yo". Pero he preferido omitir este último pronombre, para que se comprenda mejor la idea, acaso no la de Benedetti, pero al menos sí la mía y -estimo- la del estudiante en cuestión.

El Otro es el que nos condiciona a ser como somos. Nos impugna con su constante presencia, con su permanente mirada. Nos obliga a ser de determinada manera, diferente -quizás- a como seríamos si ese Otro no estuviese presente. Nos obliga a actuar un personaje, en definitiva, que somos nosotros, pero que al mismo tiempo es alguien diferente, una impostura.

La repentina ausencia del Otro nos otorga la ansiada libertad. Pero también, a la larga, el desamparo. Sería relativamente sencillo liberarnos de esa mirada constante, de ese otro que nos impugna, que permanentemente nos obliga a seducirlo, actuando de alguien que en verdad no somos. Pero, ¿qué seríamos entonces?

Tal vez por eso es que constantemente buscamos esa mirada.
Sin esa mirada, ni vos ni yo seríamos nada.

Vos sos mi Otro. Yo soy tu Otro.
Somos nosotros, mirándonos como en un espejo.

lunes, octubre 13, 2008

Aves que deben volar

-¿Para qué existen, mamá, las palabras que no se dicen?

Así termina un brevísimo relato de Eduardo Galeano, incluido en su libro Bocas del tiempo.

Y alguien, en algún espacio de ese lugar informe que es internet parafraseó esta frase para preguntarse:

"¿Para qué existen los libros que no se leen?"

El cuestionamiento no es inocente. Apunta a generar un debate respecto a las normativas relativas a los llamados copyrights y copywrongs, un término que se acuñó recientemente, casi como una humorada, a partir del cambio en el juego de los derechos autorales promovido por las nuevas tecnologías digitales.

¿A quién pertenecen las ideas? ¿Pueden colocarse en un mismo nivel, en cuanto al derecho de propiedad se refiere, los bienes materiales y los inmateriales? Alguien dijo que si una persona roba una manzana de un cajón, se beneficia teniendo algo que antes no tenía, no habiendo dado por eso nada a cambio, en tanto otro tendrá algo menos de lo que tenía antes, no habiendo recibido a cambio nada.

Pero las ideas, a diferencia de lo que ocurre con las cosas materiales, se multiplican. Y cuando esto ocurre, hay alguien que tiene algo más, que antes no tenía... Pero lo cierto es que a nadie le faltará nada que antes tuviera.

"¿Para qué existen los libros que no se leen?" Yo no sé.

Pero de pronto pienso que tal vez sea un acto de justicia, al fin y al cabo, liberar tantas palabras encerradas, soltarlas como si fuesen pájaros enjaulados, que al fin y al cabo ningún derecho tienen sobre ellos quienes allí los mantienen presos, por más que los hayan adquirido legalmente. Debería haber una ley que impidiese tener libros enjaulados, de hecho.

domingo, octubre 12, 2008

Día de la raza


Fue un 12 de octubre de 1492. Colón llegaba a las Américas con sus tres carabelas. Durante muchos años en las escuelas se enseñó la postal, más pintoresca que histórica, del genovés rodilla en tierra, su estandarte en alto, la mirada puesta en el cielo, como agradeciendo a su dios único que hubiese puesto fin a la intrépida travesía, justo antes de que sus hombres, hartos ya de tanta navegación, se amotinaran. Quién sabe cuál hubiese sido el destino de América de haber exigido aquellos hombres un improbable regreso a Puerto de Palos, agotadas ya las provisiones, las esperanzas y las paciencias.

Durante todos esos años acompañamos el viaje oteando el horizonte desde el puesto de vigía de la Pinta, justo a Rodrigo de Triana, para gritar "Tierra a la vista". Curiosa paradoja identitaria, hablábamos de Europa como el Viejo Mundo, llamándonos al mismo tiempo americanos, cuando los verdaderos americanos, dueños hasta entonces de estas tierras, de la misma edad que Europa, veían llegar desde las costas a los invasores del mundo nuevo, hasta entonces desconocido, confundiéndolos con dioses. Poco tiempo les llevará comprender su terrible error.

El 12 de octubre sirvió como excusa para más de un acto escolar. Niños vestidos como Colón, carabelas de cartón y papel glasé metalizado. La historia se repite, y ahora es como padre que tengo que asistir a uno más de esos actos. Alguien habla allí de un "encuentro de culturas". Yo me pregunto si se trata de ingenuidad, de pura ignorancia o de simple imbecilidad. Porque el mismo que habla de ese pretendido encuentro también defiende el reconocimiento de otras culturas y, colmo de los colmos, termina invocando a un dios que a los americanos originales sólo les trajo muerte y devastación.

¿Cómo es posible, me pregunto, que ese dios que supuestamente propone que todos sus hijos son iguales ante su mirada haya servido para justificar la salvaje destrucción de miles y miles de vidas a través de la esclavitud y el martirio? La respuesta es simple: los invasores ni siquiera estaban dispuestos a ver en los nativos americanos algo parecido a seres humanos. La pretendida imposición de un dios falso, y no porque Cristo lo sea, sino porque nada de cristiana tenía la prédica aquella, sólo buscaba justificar los saqueos y el exterminio.

Jamás hubo un encuentro de culturas. Sí hubo, en cambio, aniquilación. Me imagino a ese hombre que habló de encuentro de culturas, que invoca al dios de los invasores para fundamentar su imaginaria identidad americana, viendo arrasada su casa, asesinada su gente, vilipendiada su cultura, siendo él mismo esclavizado. ¿Hablaría todavía de "un encuentro de culturas" si le hubiese tocado a él ser la víctima, en lugar de ser el heredero de los victimarios?

miércoles, septiembre 10, 2008

Nunca me dio un miedo tan grande la palabra ínfimo

Hace apenas unas horas, en la ciudad de Ginebra, científicos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) pusieron en marcha un enorme acelerador de partículas, conocido como LHC (Large Hadron Collider), cuya construcción costó unos nueve mil millones de dólares y con el cual buscan develarse misterios sobre la física y el origen del Universo. En pocas palabras, un aparato para poder jugar a ser Dioses.


Este acelerador, cuyo recorrido en forma de círculo ocupa un trayecto lineal de 27 kilómetros, es la mayor y más compleja máquina jamás construida y la plataforma para lo que los expertos dicen será el experimento más grande en la historia de la humanidad. El experimento en cuestión es hacer colisionar partículas atómicas desplazándose a velocidades cercanas a la de la luz.

La noticia, que fue difundida por los medios de comunicación de todo el mundo, me hizo recordar algo que leí meses atrás. En abril de este mismo año, desde la ciudad de Barcelona, Rodrigo Fresán escribía un artículo en el cual daba cuenta de algunos pormenores relativos a este enorme acelerador. Allí dice, entre otras cosas:
"Y la noticia del día –la noticia que se come a todas las noticias del día, de la semana, del año, de la década, del siglo, del milenio, de todo el tiempo ganado y perdido– es ésta y la leo en The New York Times: dos científicos llamados Walter L. Wagner (que vive en Hawai) y Luis Sancho (que, parece, vive en Barcelona) han presentado una demanda contra otros científicos del CERN (European Organization for Nuclear Research) para así impedir que enciendan el LHC ante la posibilidad, aseguran, de que el experimento de entrechocar protones genere un agujero negro capaz de devorar la Tierra y, tal vez, al universo todo incluyendo a las estatuas de los padres de Paco El Pocero y la boina de Cristina Kirchner. Los especialistas del CERN afirman que son dos locos y que “el riesgo de que eso ocurra es ínfimo”.

Y añade luego la frase que da título a este posteo:
"Nunca me dio un miedo tan grande la palabra ínfimo."

- ¿Este botón?
- Sí, ése.
- Ya está.
- Ups.

Ponele que no pase naranja. Después de todo al coso ese ya lo encendieron y todavía estamos acá. Claro que si pasara algo mañana, o pasado, o cuando hagan chocar los átomos ahí adentro, no vamos a tener tiempo ni siquiera de enterarnos.

Pero es verdad: el riesgo de que eso ocurra es ínfimo.

sábado, agosto 23, 2008

Virus informático

Hace algunos años recibí un virus informático. Nunca supe quién lo había enviado, ni por qué razón lo recibí yo. Aunque sospecho que esta clase de virus muchas veces llegan por obra de un azar. Sospecho también que la mayoría de las personas que como yo recibieron este mismo virus ni siquiera se habrán dado cuenta de que lo era. Porque por lo general los virus informáticos atacan las computadoras, o las redes, o los sistemas, y este virus en cambio es informático sólo en cuanto a su modo de transmisión, pero no afecta a la máquina, sino al hombre. Y ni siquiera en todos los casos, sino apenas a unos pocos particularmente sensibles a esta clase de infecciones, como aparentemente ha sido mi caso.

Califico a este virus de informático pues fue recibido a través de un correo spam, enviado a quién sabe cuántos cientos de computadoras además de a la mía. Al igual que un virus, al instalarse (no en la computadora, en este caso, sino en la conciencia del hombre) genera una mutación, a veces imperceptible, en aquellos sujetos que no se hayan declarado inmunes. Y como el virus de computadora común y corriente, éste también se reproduce, en este caso aquí, a través de este blog, que también es de hecho un medio informático.

Correo spam, entonces (retomo al relato de cómo se recibió este virus), que al abrirse deja ver en la pantalla estos versos:

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Esto aparte, tengo en mí todos los sueños.

Esos cuatro versos fueron suficientes para que yo supiera, en ese mismo momento, que había sido infectado. Que no iba a poder dejar de leer lo que siguiera, y que ya nunca iba a poder liberarme del todo de aquellas palabras, que al pie terminaba firmando un tal Fernando Pessoa.

Como yo soy más prudente, no dejo el resto de aquellas líneas aquí mismo, en esta ventana, sino en el primer comentario de esta entrada, para que lo lea solamente quien se considere inmune a estas cosas (pero entonces no tendrá sentido que se tome el trabajo) o quien desee arriesgarse, a sabiendas de lo que hace.

miércoles, agosto 13, 2008

EXIT










Paul Auster es un escritor que no me interesa demasiado y al cual no respeto particularmente, y además me fastidia un poco esa fascinación que parece despertar en algunas personas que sí me interesan y a las cuales respeto. Más allá de lo dicho, recién leo en el blog de una amiga una cita del referido Auster que por algún motivo que no termino de entender me llama poderosamente la atención.

"A pesar de lo que uno pueda creer, los sucesos no son reversibles. El hecho de que uno haya podido entrar, no significa que vaya a poder salir; las entradas no se convierten siempre en salidas, y nadie garantiza que la puerta por la que uno ha entrado hace apenas un minuto esté aún allí cuando se la busque un instante después. Así son las cosas en la ciudad. Cada vez que uno cree saber la respuesta a una pregunta, descubre que la pregunta ya no tiene sentido."
(P.A., El país de las últimas cosas)

viernes, agosto 01, 2008

Koan Zen Panda

Alguien me recomienda una película. Una película para chicos, y tal vez la aclaración sea innecesaria. ¿Acaso las películas para chicos sólo deben ser para los chicos? Yo estoy seguro de que no es así. Porque cada vez que voy al cine con mi hija suelo reirme yo más fuerte que ella, para consternación de la pequeña, que cada vez se fija más en la mirada de los demás. Cosas de la edad, supongo.

Pero de todos modos el punto no es este, sino que junto con la recomendación en cuestión viene una frase, que al parecer es dicha por uno de los personajes, a los pocos minutos de haber comenzado la película: "A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo."

No sé qué pueda significar esta sentencia en el contexto de mi vida actual. Qué extraño presagio, quizás, para el caso de que un presagio sea. O qué nada, finalmente, que las cosas no tienen por qué tener necesariamente siempre un sentido.

Lo único cierto es que un extraño impulso me lleva a dejar anotada esta frase aquí. Cosa que hago, como habrá podido verse.

domingo, julio 20, 2008

Un pensamiento

Si en cierto instante
hubiese girado hacia la izquierda
en vez de a la derecha;
si en cierto momento
hubiese dicho sí en vez de no,
o no en vez de sí;
si en cierta conversación
hubiese tenido las frases que sólo ahora,
en la somnolencia, elaboro;
si todo eso hubiese sido así,
sería otro hoy...


Simplemente hoy no puedo dejar de pensar en estas palabras de Fernando Pessoa.

miércoles, julio 09, 2008

Entre la memoria y el olvido

"El olvido finalmente nos libera de la mayor parte de las cosas que aprendemos." La frase de por sí resulta provocadora. Pero lo es más si es pronunciada, como sucede en este caso, por el rector de una Universidad Nacional. Ni siquiera nos tomaremos el trabajo de mencionar aquí cuál, no porque no valga la pena saberlo, sino porque las ideas más profundas debieran aspirar siempre a un saludable anonimato.

Que el olvido, lejos de ser tenido como un enemigo, pueda ser considerado liberador, en un contexto en el cual solemos quejarnos de la escasa memoria de la gente, puede parecer un contrasentido. Que un docente, cuya tarea aparente es fijar conceptos en la conciencia de sus estudiantes, califique el olvido de este modo, es por lo menos inquietante. Salvo que en realidad la verdadera tarea de un maestro sea otra.

En las comunidades primitivas, que todavía no conocían la escritura, donde la memoria tenía el sentido de lograr que la repetición ritual de determinados relatos permitiera traspasar de una generación a la siguiente los contenidos de una cultura, la gente se reunía en torno de una fogata para repetir, una y otra vez, las mismas historias. Pero no eran las historias en sí mismas lo importante, sino su contenido simbólico. Poco importaban en general los detalles, siempre y cuando se mantuviese lo esencial del relato, y es por eso que en diferentes regiones del mundo se repiten muchas historias míticas, aunque cambian los nombres de sus actores.

Hay personas que son capaces de retener enormes cantidades de información: nombres, fechas, rostros, bibliografías, datos en general. Yo reconozco que la memoria no ha sido ni probablemente vaya a ser jamás mi fuerte. Tal vez por esto la frase en cuestión me resultó llamativa. Por conveniencia personal. Aunque también porque subvierte una serie de valores que a la mayoría de nosotros nos han inculcado desde chicos, afines a un enciclopedismo que hoy resulta imposible de seguir sosteniendo, pues es tanta la información disponible y declaradamente importante, que resulta sencillamente inabarcable. Hoy no se puede leer todo lo que sería necesario leer, escuchar todo lo que deberíamos escuchar, conocer todo lo que merece ser conocido.

Es un poco a lo que alude Cortázar, cuando en su libro Rayuela se refiere a la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas, y a la conciencia de que al leer a Joyce se está sacrificando automáticamente otro libro y viceversa. O lo que Rodrigo Fresán sintetizó desde la foto de la solapa de uno de sus libros en una maravillosa sentencia estampada en una remera, que la gran literatura a veces viene en envase chico: "Too many books, so little time." La frase en cuestión admite modificaciones al gusto de cada quien, y podemos cambiar el too many books por tantos lugares, tantas mujeres, tantos museos, tanta música, etcétera.

Pero aunque el tiempo fuese infinito, la memoria es por naturaleza débil. No recordamos todos los libros que hemos leído, ni el nombre de aquella película que en su momento tanto nos emocionó, ni mucho menos el autor de aquella frase... ¿Cómo era la frase?...

Entonces, tal vez debamos plantearnos qué cosas deberíamos priorizar en nuestro aprendizaje. O en aquello que pretendemos enseñarle a los demás. Tal vez lo importante no es lo que seamos capaces de recordar, sino lo que alcancemos verdaderamente a comprender. Y de más está decir que la comprensión no siempre pasa por el lado de la racionalidad. Muchas veces lo emocional, lo ético y lo estético son claves indispensables para comprender las cosas del mundo y a los otros.

Por suerte contamos con el olvido. De lo contrario, muchos de nosotros estaríamos dispuestos a creer que lo importante es aquello que se recuerda. Y nos veríamos compelidos a leer todas las bibliotecas, a conocer toda la música, los cuadros, los lugares, las frases célebres, los blogs y las páginas de internet indispensables, y tantas otras cosas. El olvido viene a demostrarnos que ese enciclopedismo no tiene ningún valor. Que lo importante radica en otro lado. Comprender a fondo el sentido de una hoja de trébol, de una mirada, de una única melodía, de un minuto de nuestras vidas, acaso sea desafío suficiente.

lunes, junio 09, 2008

Guernica


Según la leyenda esta breve conversación tiene lugar en el taller en el cual suele trabajar Pablo Picasso. El primero en hablar es un oficial nazi, que contempla asombrado el Guernica. Quien responde, por supuesto, es el autor de la obra.

- ¿Y esto lo ha hecho usted?

- No, de ningún modo. Quienes lo han hecho son ustedes.

martes, mayo 06, 2008

Sombras...


"Un viajero sediento camina por el desierto; ve la sombra de un ave de rapiña, pero no al ave. Si mira hacia el cielo el sol lo ciega. Sólo ve la sombra amenazante haciendo círculos cada vez más cerrados, cada vez más cerca."


(Escribe Antonio Santa Ana en "Los ojos del perro siberiano".)

martes, abril 01, 2008

Teología...

¡Cuánto disfruto cuando alguno de mis alumnos en la facultad, a veces queriendo, y otras tantas veces sin querer, y acaso sin siquiera saberlo, me enseña algo. Recién, por ejemplo, sin necesidad de ir más lejos, una alumna que cita un fragmento, apenas un pedacito, de una literatura de esas escritas por Eduardo Galeano. Entonces yo, obsesivo como soy, enseguida Google (magnífica herramienta, con todo y sus limitaciones), y la literatura en cuestión completa, que por lo demás era bien breve.

Pero además, debajo de esa literatura, otra más, más hermosa incluso que la anterior. Y como el entusiasmo es la fuerza que lleva adelante este cuaderno virtual de anotaciones, no me puedo resistir a multiplicar esas palabras, copiándolas aquí:

Fe de erratas: donde el Antiguo Testamento dice lo que dice, debe decir lo que quizá me ha confesado su principal protagonista.

Lástima que Adán fuera tan bruto. Lástima que Eva fuera tan sorda. Y lástima que yo no supe hacerme entender.

Adán y Eva eran los primeros seres humanos que de mi mano nacían, y reconozco que tenían ciertos defectos de estructura, armado y terminación. Ellos no estaban preparados para escuchar, ni para pensar. Y yo... bueno, quizá yo no estaba preparado para hablar. Antes de Adán y Eva, nunca había hablado con nadie. Yo había pronunciado bellas frases, como "Hágase la luz", pero siempre en soledad. Así que aquella tarde, cuando me encontré con Adán y Eva a la hora de la brisa, no fui muy elocuente. Me faltaba práctica.

Lo primero que sentí fue asombro. Ellos acababan de robar la fruta del árbol prohibido, en el centro del Paraíso. Adán había puesto cara de general que viene de entregar la espada y Eva miraba al suelo, como contando hormigas. Pero los dos estaban increíblemente jóvenes y bellos y radiantes. Me sorprendieron. Yo los había hecho; pero yo no sabía que el barro podía ser luminoso.

Después, lo reconozco, sentí envidia. Como nadie puede darme órdenes, ignoro la dignidad de la desobediencia. Tampoco puedo conocer la osadía del amor, que exige dos. Entonces, vinieron los equívocos. Ellos entendieron caída donde yo hablé de vuelo. Creyeron que un pecado merece castigo si es original. Dije que peca quien desama: entendieron que peca quien ama. Donde anuncié pradera de fiesta, entendieron valle de lágrimas. Dije que el dolor era la sal que daba gustito a la aventura humana: entendieron que yo los estaba condenando al otorgarles la gloria de ser mortales y loquitos. Entendieron todo al revés. Y se lo creyeron.


(Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos")

jueves, marzo 27, 2008

Breve carta matinal a Julio y poema de

¿Qué puedo decirte, Julio? Estas cosas pasan, y vos lo sabés mejor que yo. Uno agarra un pasquín cualquiera, de esos que se publican en algunos barrios, esos que se reparten gratis, o se dejan sobre una mesita para quien quiera se lleve un ejemplar, y después ese pasquín duerme el sueño de los justos en medio de una pila cada vez más alta de papeles. Hasta que un día (porque siempre llega el día, Julio, y vos lo sabés mejor que yo) uno descubre con un dejo de tristeza que ya es impostergable el momento de comenzar a hacer bajar de algún modo esa pila, y con un poco de pereza agarra un papel tras otro, para revisarlo levemente antes de botarlo a la basura, que ese es el triste destino de los pasquines barriales y otros papeles de similar naturaleza.

Pero entonces sucede (porque estas cosas también pasan, Julio, y a esta altura seguro que ya sabés que vos lo sabés mejor que yo) que por ejemplo uno va al baño, munido de un algunas de esas hojas, para entretenerse con algo mientras tanto, que después de las bibliotecas y los bancos de algunas plazas (o incluso antes que los bancos de las plazas, si lo pensamos mejor, o acaso todo dependa del día y del estado de ánimo) no hay recinto mejor que el baño para una buena lectura. Y en eso anda el hombre, descartando más que rescatando, cuando de repente.

Es como un golpe en la frente. Vos mismo lo hubieses dicho de este modo, y me refiero a descubrir ese recuadro perdido, con un poema tuyo, y seamos sinceros, que poco importa que haya sido tuyo el poema, sino que es el poema en sí mismo lo que importa. Y uno sentado allí, como un estúpido en el baño, con ese papel en la mano, preguntándose cómo es posible que haya estado a punto de tirar esto a la basura, me hubiese perdido estas palabras, intentemos fijarlas de algún modo, por ejemplo copiándolas en otro pasquín (pasquín virtual éste, Julio, que en tu tiempo no los había, aunque básicamente nada ha cambiado demasiado, podés creerme, todo es diferente ahora, pero sigue siendo básicamente lo mismo), cosa que haré en este mismo instante, inmediatamente luego de despedirme y desearte que estés muy bien, allí donde te encuentres.

Y el poema dice:

Para leer en forma interrogativa

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


(Julio Cortázar, de Salvo el crepúsculo)

lunes, marzo 24, 2008

Momento musical

De un tiempo a esta parte suelo incluir, entre los trabajos prácticos que propongo a mis alumnos, una consigna que pide la reproducción de un fragmento poético, preferentemente de producción propia, con una explicación del motivo por el cual se lo considera valioso. Suele venir, por supuesto, toda clase de cosas, algunas sin valor estético alguno (pero no se trata del valor estético en sí, sino de la apreciación subjetiva que el alumno haga de eso) y otras, por el contrario, muy interesantes.

Acomodando papeles me topé hace un rato con un uno de esos parciales, que me llamó la atención por venir acompañado de un disco compacto. La carátula anunciaba un movimiento de la Quinta Sinfonía de Mahler, e instintivamente lo puse en la computadora. Luego releí las hojas que acompañaban el CD. Transcribo un pasaje:

"Hace varios meses atrás un amigo me dijo: 'Escuchá el cuarto movimiento de la quinta sinfonía de Mahler, que te va a gustar'. Ese fue el único a priori. Después vendrían las charlas sobre el romanticismo, la historia de su amor con Alma Schindler, pero en ese momento no sabía nada ni de Mahler ni de sus sinfonías. Conseguí el disco, lo puse en el equipo de audio, y desde que empezó sentí que era lo más bello y lo más triste que había escuchado en toda mi vida. Sentí que representaba de la manera más abstracta y perfecta la esencia del amor, ese sentimiento tan pleno, que a veces se transforma en lo más penoso, y que sin embargo no te deja renunciar a él, del mismo modo en que yo no podía dejar de escuchar esa sinfonía, que por más melancólica que fuera me transmitía una paz, una belleza, una completud inexplicable. Me resultó imposible mantenerme indiferente, y desde entonces cada vez que escucho esta obra son inevitables los escalofríos, la emoción, las lágrimas, esa conmoción que me transforma, que me deja con un silencio lleno de música."

Nos preguntábamos en la entrada anterior por la naturaleza del arte. No fue Gustav Mahler, precisamente, un artista mediano, que se conformara con efectos y estructuras sencillas, sino más bien todo lo contrario. Pero fue al mismo tiempo un artista capaz de crear una belleza que no deja lugar a dudas cuando nos preguntamos por su esencia. Tal vez en el párrafo transcripto más arriba pueda encontrarse una de las respuestas posibles a qué cosa sea el arte. Fundamentalmente algo que no es atravesado por la comprensión, sino por una conmoción sensible que nos deja algo. Si ese algo además es bueno, tanto mejor. El resto queda, inevitablemente, en la sensibilidad de cada uno.


miércoles, marzo 05, 2008

Del arte a la perversión

En ocasiones puede no ser sencillo establecer una relación histórica coherente en lo que hace a la evolución del arte. Y otras veces esta experiencia puede llegar a resultar dolorosa. Acaso la palabra dolor siga hoy llamando la atención de algunos, puesta al lado del término arte, muy a pesar de que no es ningún concepto nuevo, ya sea que hablemos de las Lamentaciones de la música pre-barroca o, más acá en el tiempo, de la poesía de Rimbaud, del teatro de Antonin Artaud o del Guernica de Picasso. En realidad, la concepción misma del arte quizás esté relacionada con una conmoción de los sentidos, al margen de que se promueva por lo placentero o por su contrario.

Pero el punto está, precisamente, en lo difícil que es establecer el rumbo y la naturaleza del arte. En algún momento, los cánones artísticos comenzaron a ser manejados por una aristocracia que anticipó, de algún modo, lo que más tarde se convertirá en la industria cultural: la obra de arte comenzó a convertirse en un objeto estético de consumo, perdiendo con ello sus características esenciales. La reacción de los verdaderos artistas, de quienes en verdad necesitaban decir algo con sus obras, fue plasmada entonces en esa famosa expresión francesa que incita a épater le bourgeois, vale decir, a escandalizar con un arte reaccionario a quienes pretendían adueñarse del arte sin comprender su naturaleza.

El problema fue que por la misma puerta por la cual ingresaron a los tiempos modernos las vanguardias, y que ellas sean bienvenidas, irrumpió solapadamente otro concepto: el de la provocación como un supuesto modo de arte. Pero ya no hablamos de un arte rupturista, como podría ser el de Marcel Duchamp, sino de la idea de que una provocación, por el sólo hecho de serla, pueda ser considerada arte, sin importar su forma ni mucho menos su contenido.

¿Es una vaca descuartizada conservada en formol una obra de arte, como sugiere Damien Hirst (y no sólo él, sino también quienes le dieron por esa obra el polémico Premio Turner en 1995)? ¿Qué hay, por ejemplo, de las palomas de León Ferrari que dejan caer sus naturales deposiciones sobre imágenes religiosas estratégicamente ubicadas en la base de sus jaulas? ¿La emblemática pieza para piano de John Cage 4'33", consistente en un silencio para el instrumento que dura justo lo indicado en su título? ¿Las latas de sopas Campbell de Andy Warhol? ¿Y qué hay de la famosa Gioconda de Leonardo? ¿Cuál es la razón que nos lleva a considerar este último ejemplo como arte, casi sin dudarlo, al menos hasta el momento en que nos preguntan en qué se sostiene nuestra certeza?

En una galería de Nicaragua, un supuesto artista costarricense llamado Guillermo Vargas realizó recientemente una instalación titulada Exposición N° 1. Sobre una de las paredes de un cuarto vacío, Vargas escribió una frase: "Somos lo que leemos", decía en grandes letras, formadas con comida para mascotas. Luego hizo capturar un perro enfermo, que deambulaba por las calles, lo ató con una soga para que no pudiese salir de aquel cuarto, y simplemente lo dejó allí, sin alimento ni agua, hasta que muriese.

Cómo puede concebirse que una perversión semejante sea considerada arte, es algo que no se comprende. Pero no deja de tener razón Vargas cuando, señalado por quienes quisieron demostrar lo aberrante de su propuesta dijo: "Lo importante para mí era mostrar la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte, pero no cuando está en la calle muerto de hambre." Y luego agregó: “Nadie llegó a liberar al perro, ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada.”

¿Cuáles son los límites del arte? Lo más grave del caso es que la delgada línea que separa al arte de la aberración en algunos casos, y en otros de su propia caricatura, parece estar cada día más borrosa. Acaso sea tiempo de que comencemos a mirar nuevamente hacia dentro de nosotros mismos, en busca de una respuesta más precisa.

lunes, marzo 03, 2008

Perspectivas


"Un círculo se cierra y al mismo tiempo dos planos coinciden, se superponen, se confunden. En esta coincidencia se observa que lo que deseábamos mantener en planos separados es inseparable. Nuestro sentido de la orientación y nuestros sentimientos hacia aquello que forma la base empiezan a tambalearse y tenemos la impresión de encontrarnos frente a una paradoja."

Estas palabras de Francisco Varela hacen referencia a una lámina del ilustrador holandés Maurits Cornelius Escher (1898-1972).

Yo me pregunto hasta qué punto dichas palabras no serán aplicables, en general, a la vida.

sábado, febrero 23, 2008

Re/creaciones II

Puesto que en nuestra entrada anterior hablábamos de poesía, quizás sea bueno dejar anotado aquí algo que dice Santiago Kovadloff en su libro La nueva ignorancia:

"Quien comprende un poema ha construido, mediante lo que entiende, un sentido posible para lo que acaba de leer. Quien capta una interpretación, ha transfigurado lo que se le ha dicho en lo que acaba de entender, dándole de este modo un sentido personal, o lo que es igual, convirtiendo eso que se le ha dicho en experiencia propia."

Es interesante notar que Kovadloff dice quien comprende un poema. Vale decir que ese acercamiento, esa interpretación posible entre tantas otras que le asigna al texto quien se aproxima al mismo es tan válida como cualquier otra. Acaso incluso tan válida como la que tuvo en mente el propio autor del poema (si es que acaso tuvo el autor alguna interpretación puntual en mente, algo que no tiene por qué suceder siempre así). Es muy cierto eso que tantas veces se ha dicho, que un artista es dueño de su obra sólo hasta el momento en que la termina y la da a conocer a un público. En ese preciso instante deja de lado su potestad sobre ella, liberándola a la interpretación de quien se acerque a eso que él ha creado, pero que ya no le pertenece ni más ni menos que a los demás. Teniendo estas cosas en mente, realmente no se comprende que todavía haya quienes pretendan que el arte, la poesía en su sentido más amplio, deba ser intelectualizada para ser comprendida en su esencia.

"Las cosas tienen un millón de sentidos o ninguno", decía el pensador estadounidense Gregory Bateson, y es la sentencia de Kovadloff la que ha hecho que me acuerde de repente de esa frase. Lo que Bateson quería significar es que en el mismo momento en que a un evento puntual alguien logra asignarle un significado preciso, simultáneamente se abren las puertas a un montón de otras interpretaciones posibles, muchas de las cuales serán potencialmente tan válidas como la primera. Valga la aclaración: Bateson no era un relativista absoluto; jamás habló de la posibilidad de que algo tuviese infinitos sentidos alternativos, sino que apenas dijo un millón, un número grande, si se quiere, pero limitado.

Volviendo a la cita de Kovadloff, en definitiva resulta que la interpretación sería una forma de la comprensión. Y al mismo tiempo equivaldría, en cierto modo, a un acto de creación en sí mismo. O tal vez de descubrimiento. No existe una línea divisoria clara y definitiva en la frontera que debería mediar entre estas tres dimensiones que habitualmente consideramos como diferentes.

El otro punto de reflexión que nos deja la cita de más arriba, finalmente, es la maravilla de que a pesar de todo la comunicación sea posible, dado que jamás comprendemos cabalmente al otro, sino que nos limitamos a convertir permanentemente en experiencia propia aquello que los demás nos ofrecen como un mensaje. Ya sea que hablemos del mundo de las ideas, o del de las artes, que ambas cosas se crean y se recrean constantemente, sin que sea posible atarlas a eso que ingenuamente definimos como objetividad.

lunes, febrero 18, 2008

Re/creaciones

Hoy reviso papeles viejos.

En eso encuentro (re/encuentro) un poema de Mario Benedetti que una alumna de la facultad adjuntó una vez a un trabajo práctico. Como no quiero volver a traspapelarlo, o como quiero anclarlo de alguna manera a esta otra irrealidad electrónica que es este blog, lo copio palabra por palabra...

Re/creaciones

cuando adán el primero
agobiado por eva y por la soledad
inventó cautelosamente a dios
no tenía la menor idea
de en qué túnel de niebla había metido
a su desvalido corazón

pero cuando su invento lo obligó a hacer ofrendas
a rezar y a borrarse del placer
o a cambiar los placeres por el tedio
adán /a instancias de eva la primera/
de un soplido creó el agnosticismo.

domingo, febrero 17, 2008

Del entretenimiento y la industria cultural

En el blog de una antigua alumna encuentro hoy la cita a un colega docente de la Universidad. Es así como hoy he terminado por escribir poco, y citar mucho. Pero no importa eso. En mi rol de docente muchas veces he dicho que en la buena elección de una cita queda demostrado, muchas veces, lo que el alumno en definitiva sabe de un determinado tema. Valga entonces la cita, para anclar de algún modo los conceptos que siguen:

La industria cultural reemplaza al arte con el entretenimiento y el entretenimiento aparece como una de las formas indiferenciadas de la actividad humana. El entretenimiento se ha vuelto la continuidad del proceso de acumulación capitalista en las horas aparentemente no productivas. La cultura industrializada constituye la claudicación del espacio de autonomía que caracteriza a la cultura. Por su parte, la industria cultural se protege declarándose irresponsable: como entretenimiento rehuye su importancia en la constitución de la vida pública y privada; como producción comercial, se desliga de los aspectos culturales declarándose como pura mercancía. Solapadamente, la industria cultural simula estar al margen de la vida. (...)

La industria cultural incluye la totalidad de la vida en su percepción del mundo como espectáculo. El espectáculo se ofrece como mundo. Es la desaparición del mundo como tal. Es la desaparición del mundo como creación y reconocimiento de los seres humanos. La industria del entretenimiento es la negación de la fiesta, lugar del gasto improductivo. Pero precisamente en la fiesta, y no en el descuido del entretenimiento, se despliega el espíritu humano. (Schmucler, 2001)
Es difícil añadir algo más a lo dicho, ¿verdad?

sábado, febrero 16, 2008

exceso de realidad... nuevos monstruos...

Navego por Internet. En realidad busco otra cosa, pero una referencia me lleva hasta el sitio de la revista Topia, dedicada a temas de sociedad, cultura y psicoanálisis. Sección de artículos... Presumo que me atraen las palabras exceso, realidad y monstruos, las tres juntas en una misma línea. Hago click sobre el vínculo...

El artículo está firmado por Enrique Carpintero. Y dice seguramente muchas cosas, pero yo me quedo en un par de párrafos. Por ejemplo:

...ha determinado que el trabajo deje de ser un valor fundamental. El miedo es quedar descartado del proceso económico. Hoy es necesario tener dinero porque ninguna profesión u oficio dan garantías. Esta es una contradicción nueva en la historia de la humanidad, la cual lleva a la incertidumbre y el miedo. Por ello el mundo de este fin de siglo es el de un sujeto solo, abandonado a si mismo y obligado a estar sin referencias conocidas. Un mundo donde, como plantea Eduardo Galeano, el código moral no condena la injusticia sino el fracaso.

Ausencia de garantías. Contradicciones. Sujetos solos, abandonados a sí mismos. El fracaso no sólo como un pecado, sino como algo peor que la misma injusticia.

No tengo demasiadas ganas de escribir hoy en el blog, si debo ser honesto. Pero supongo que este conjunto de imágenes no me deja demasiada alternativa. Es un exceso de realidad que produce monstruos... La verdad es que prefiero cederle la palabra otra vez a Carpintero. Su análisis no sólo es certero, sino que además se atreve a proponer una salida utópica para este laberinto:

...De esta manera debemos reconocer que el ser humano jamás va a tener certidumbre alguna. La única que tiene es que se va a morir y no sabe cuándo. Por ello su preocupación por el tiempo. Pero como esta idea no la puede soportar prefiere buscar a alguien que lo quiera, un buen trabajo o construir un mundo que valga la pena ser vivido. Esta es una estrategia de nuestro deseo. En este sentido es necesario tener en cuenta que si "los sueños de la razón producen monstruos", como escribió el genial pintor Francisco Goya, debemos construir una razón de los sueños para luchar contra los excesos de realidad que padecemos.

jueves, febrero 14, 2008

san valentin

De un tiempo a esta parte comenzó a hablarse en la Argentina del Día de San Valentín, también llamado Día de los enamorados. Es un día en el cual se venden más flores y bombones que de costumbre. Y no deja de llamar la atención una celebración tal, cuando la tradición cristinana ha tendido a generar mártires más bien poco propicios a los amores físicos, a los cuales suelen ser tan afectos aquellos que han perdido sus estribos en favor de un otro que los ha deslumbrado.

Lo curioso es que al parecer el tal Valentín no existe. O por lo menos, que es poco y nada lo que se sabe de él. Como poco y nada es lo que los enamorados saben, en realidad, el uno del otro. Ni del porqué del sentimiento que los embarga. Fue el papa Gelasio I, hacia fines del siglo V, quien instituyó esto del día de San Valentín, cada 14 de febrero, para reemplazar con dicha celebración otras fiestas paganas a las cuales el cristianismo no era afecto. Sin embargo, el propio decreto papal reconoce que el tal Valentín es alguien "cuyo nombre es venerado por los hombres, pero cuyos actos sólo Dios conoce". Vale decir: nada nos consta. Aunque las leyendas son varias, según podrá constatar quien así desee hacerlo.

La cuestión aquí no es sin embargo el presunto santo, que de todos modos perdió su lugar en el santoral en 1969, desplazado por el combo San Cirilo + San Metodio, patronos de Europa, cuando la iglesia prefirió impulsar a santos con una historia más fehaciente. No es ese el tema, sino el enamoramiento en sí. Porque hay una idealización del enamoramiento, una compulsión al enamoramiento, como si ese fuese el estado normal de una persona, cuando en realidad se trata de todo lo contrario.

Durante el enamoramiento, el razonamiento crítico del sujeto queda, al menos en cuanto al otro se refiere, literalmente anulado. No es por nada que el arquetipo del enamorado es alguien que camina con los pies en las nubes, desconectado de la realidad. El cuerpo genera una serie de cambios químicos extraordinarios, que en condiciones normales pueden extenderse de tres meses y hasta algo menos de un año. Luego de este tiempo, la capacidad crítica es retomada: vemos con ojos más claros al otro, a ese que nos había deslumbrado, muchas veces se produce el desencanto, y en el mejor de los casos se establece una relación de reciprocidad basada ya no en la pasión, sino en una conveniencia mutua, en el afecto, en un proyecto compartido. De hecho, es probable que la monogamia no sea el estado natural del hombre, tanto como un estado cultural.

Pero si de cultura hablamos, esto de los enamorados tiene también su costado negro. Hay quienes se sienten inexorable y falsamente incompletos si no están con un otro. Como si la soledad fuese un estado de anormalidad, que no lo es. Están los enamorados compulsivos. Y los que desconfían tanto del otro que son incapaces de generar una relación idílica. Están los que jamás le han logrado decir al otro lo que sienten. Y sobre todo hay relaciones basadas en el desequilibrio, donde uno domina y el otro es dominado. Las posibilidades son muchas y por lo general la confusión propia de todo aquello vinculado al enamoramiento genera dolor. No es gratuito que a Cupido no se lo represente repartiendo flores o bombones, sino disparando flechas sin ton ni son.

Jean Paul Sartre veía el estado de enamoramiento como una lucha: queremos dominar al otro, para lograr que el otro vea en nosotros solamente lo que nosotros deseamos; queremos lograr que el otro nos vea tal como nosotros deseamos ser vistos. Cuando la relación es recíproca, nosotros también cedemos un poco, nos atontamos, admitimos ver al otro idealmente... aunque tarde o temprano algo nos devuelva la cordura.

El lenguaje le da la razón a Sartre. Todos los términos relativos al amor son de naturaleza bélica. Empezando por Cupido, siguiendo por el inevitable dolor que implica todo lo vinculado al amor, dolor dulce, si se quiere, y deseable, pero dolor al fin, y siguiendo por el hecho de que nos desvela la cuestión de cómo conquistar al otro, una palabra que se aplica igualmente para la acción sangrienta de aquellos que han decidido tomar un país ajeno por las armas.

martes, febrero 05, 2008

Cuando el mejor final es el principio

En nuestra cultura los finales parecen ser realmente importantes. Nos interesa saber cómo terminan las cosas, más que cómo se desarrollan. Precisamente por eso, si nos cuentan el final de una historia ("el asesino es el mayordomo"; "el muchacho se queda al final con la chica"...), en la generalidad de los casos nos estarán robando el sentido del relato en su totalidad.

En pocas palabras, nos arruinaron la fiesta.

Hay excepciones, por supuesto. Como la "Crónica de una muerte anunciada" de Gabriel García Márquez (jamás un título mejor puesto a una novela), que nos cuenta el descenlace de la historia desde la primera página. O salvando las distancias alguna película de Quentin Tarantino en la que el flashback sea el protagonista principal. Pero son precisamente excepciones, que confirman la regla.

Sin embargo, anoche, hojeando un libro cualquiera, casi al azar, me he topado con las dos líneas finales de una obra:

"Así acaba el mundo
No con una explosión sino con un gemido"

Nada más. Con estos dos versos termina, según me dice el libro en cuestión, "La tierra baldía" de T.S. Elliot. No sé cuántas líneas separan estos dos versos del principio del poema. No conozco ese principio, ni tampoco el desarrollo de la obra, sino apenas esas dos líneas, con las cuales ella concluye (no con una explosión, sino con un gemido).

Pero de repente se me ocurrieron dos cosas. La primera, que difícilmente encontraré alguna vez un final, para una novela, para un cuento, para un poema, más acabado y perfecto que éste de Elliot.

Y la segunda, que no pasará mucho tiempo hasta que vaya en busca del resto del relato, pues en este caso, sin que lo haya sospechado Elliot, el mejor final posible para un relato se ha convertido también en el mejor principio.