lunes, mayo 27, 2013

Belleza para seguir vivo

Subo al auto, enciendo la radio. En la radio suena la Balada Nº 1 de Chopin. No es ninguna sorpresa: yo mismo la he programado. Pero entonces, sencillamente, no logro contener las lágrimas. ¿Es la belleza de la música lo que me hace llorar? ¿Es la inevitabilidad de la existencia? ¿O acaso es algo más que no llego a discernir? No tengo ninguna respuesta. Me limito entonces a dejarme ser, del modo en que me sale, mientras me digo, eso sí, que esa música es tan bella, en el instante en que suena, que justifica el seguir vivo.

viernes, mayo 24, 2013

Perrotriste

Perrotriste.
Harto de perrotriste.
Definitivamente cansado de él.
Traigan ya las cuerdas para ahorcarlo,
arsénico para envenenarlo,
una pistola para reventar
su tonto corazón de un balazo,
maderas y clavos para crucificarlo.
Que todos vean, que todos sepan.
Que sirva como escarmiento.
Pero si mato a perrotriste,
¿qué quedará de mí, si yo soy él?



Revelaciones

Acabo de descubrir el origen de este malestar constante y sin remedio: sencillamente estoy cansado de ser yo.

martes, mayo 21, 2013

Para tener presente

Dice Erasmo de Rotterdam, en su Elogio de la Locura:

"Si pudierais observar desde la Luna la inenarrable confusión de los mortales, pensaríais ver una multitud de moscas o mosquitos riñendo entre sí, luchando, tendiéndose trampas, robándose, burlándose unos de otros, holgándose, naciendo, enfermando, muriendo. No se puede creer qué tumultos, qué tragedias se producen entre esos insignificantes animalillos que tan pronto perecen."

lunes, mayo 20, 2013

Necesidades

Existen diferentes clases de necesidad, tenés que entender esto. Uno necesita el aire, o el agua, o alimentos, para poder seguir viviendo. Pero también se necesita la música, o la poesía, y por más que uno pueda seguir viviendo sin estas cosas, el valor de esa vida que se vive no será el mismo.

domingo, mayo 19, 2013

Cuatro personajes ficticios para una historia breve basada en hechos cotidianos

Un pensador alemán, un filósofo japonés, un teólogo libanés y un politólogo argentino se encuentran una tarde en un bar de Marsella para debatir sobre la vigencia de las ideas de Heidegger en el contexto sociopolítico de Africa del Sur en la segunda mitad del siglo XX. Ninguno de los cuatro conoce el idioma de los otros tres, ni tampoco ningún otro lenguaje en común que puedan utilizar para conversar entre ellos. Tampoco los asiste ningún traductor. A nadie le debería extrañar, en semejante contexto, que estos cuatro no logren entenderse, ni mucho menos puedan construir acuerdos, vislumbrar coincidencias, generar un intercambio de ideas sano y constructivo... Lo curioso, en todo caso, lo que realmente cuesta entender, pero también lo interesante del caso en cuestión, es que ninguno de estos cuatro alcance a comprender realmente cuál es el motivo por el cual esos otros tres necios que tiene delante no logran asimilar los argumentos tan razonables que él ha estado exponiendo en vano durante horas.

sábado, mayo 18, 2013

Obituario

Ya lo ves, al final es así para todos:
se mueren los malos,
del mismo modo en que mueren
y se seguirán muriendo
los buenos.
Se mueren las víctimas,
pero a la larga también los victimarios.
Los que humillan y los humillados.
Los que desprecian y los despreciados.
Los pobres y los ricos.
Los imbéciles y los poetas.
Los bellos y los no agraciados.
Quienes fueron amados
y los que jamás encontraron
a quien se compadeciera de ellos.
Para todos llega el final.
El momento en que dejamos de respirar,
el instante en que dejamos de latir
y comenzamos a convertirnos en un despojo,
si es que ya no lo éramos desde antes,
cuando todavía parecíamos vivos.
Para todos llega igual...
Y sin embargo no es lo mismo.
Nunca es lo mismo,
porque la muerte es el final,
pero lo que importa es el mientras tanto.
El instante en en cual somos
y lo que hacemos con él.
Allí está planteado el desafío.

jueves, mayo 16, 2013

Poema acerca de (Palabras II)

De más está decirlo,
cada uno lidia como mejor puede
con ese monstruo que.
Por más que en definitiva
la cosa sea más o menos siempre
la misma para todos,
llamalo amores contrariados,
miedo a la muerte,
ilusiones desvanecidas
o como prefieras.
Cada uno se defiende como puede,
como mejor le sale.
Si yo escribo, por ejemplo,
es porque no encontré todavía
una manera más efectiva
de hacerle frente a.
Es nada más un gesto,
como el de quien se pellizca
intentando despertar de un sueño,
o para comprobar, por el contrario,
que en realidad no está soñando.
(Como si no fuese posible soñar dolores...)
O como ese otro que se pincha un dedo
nada más que para comprobar que
todavía sigue vivo.
Mis palabras son como una aguja
con pretensión de poesía.


Palabras I

No hay peor tumba
para las palabras
que el silencio
que se desprende del olvido.
Cuántas palabras 
no yacerán ya
en esa tumba.
Incluso éstas
que ahora escribo
no tendrán, pobrecillas,
ningún mejor destino.
Entonces ¿para qué seguir escribiendo?
Tal vez para buscar un eco
que resuene y nos revele algo
que todavía ignoramos
de nosotros mismos.

martes, mayo 14, 2013

El orgasmo de Dios


Por supuesto que Dios existe.
O existió alguna vez, por lo menos.
De lo contrario hoy no tendríamos mundo
ni estaríamos nosotros para poblarlo.
Veo a mi hija dormir, tranquila,
ajena al mundo y a mis cavilaciones.
Me digo entonces que al menos
alguna cosa he hecho 
bien en la vida.
El orgasmo de Dios creó el universo,
antes de retirarse para
 dejarnos solos,
a la merced de oscuros azares
y sin noticia de su divino paradero.

Otro orgasmo, en este caso mío,
marcó el inicio de la vida de mi hija.
Y no es que busque compararme con nadie,
pero mi trabajo también fue realizado
y viéndola dormir sé que ha sido bueno;
mas yo no me he ido a ninguna parte.
No soy ningún Dios, de más está decirlo.
Pero algunas veces también quisiera
poder descansar de mí mismo.

G.S. 2013

domingo, mayo 05, 2013

"Que el sentido común te proteja"

 

"Que el sentido común te proteja" 
dice el graffiti a todo el que quiera leerlo. 
Yo me pregunto qué carajos querrá decir eso. 
 En realidad no es que me interese a mí: 
es mi estúpido sentido común quien se lo pregunta. 

"El sentido común es el más común de los sentidos" 
recuerdo entonces que decía Descartes 
a todo aquel que mostrara interés en escucharlo.
Para él todos solemos pensar que tenemos 
sentido común suficiente para evaluar el mundo. 

 Pues bien, basta ya mismo de eso. 
Yo me rebelo y declaro 
 en este preciso momento
a través de este sencillo acto
 tener menos sentido común que un pato. 

 Así que dejen ya de lado la estúpida pretensión 
 de que yo deba entender todas esas cosas 
 que definitivamente no entiendo. 
 Intenten explicarme, si lo desean. 
Procuren, eso sí, ser suficientemente claros.

miércoles, mayo 01, 2013

Gestos correctos en el lugar errado

Ya se sabe que los poemas tienen su unidad. Que no merecen ser desmembrados. Pero por alguna razón en ocasiones un verso, o acaso su eco que resuena en alguna parte, te mira a los ojos, te abofetea, te besa en la boca, despegándose del resto. En esos casos no hay nada que hacer. Resulta en vano resistirse. 

"Hacer los gestos correctos en el lugar errado." 

Este es el verso en cuestión esta vez, robado a la poetisa Diana Bellesi. Y entonces se me ocurre que también sería posible considerar lo contrario; vale decir: 

"Hacer los gestos equivocados en el lugar correcto". 

En cualquiera de los dos casos el resultado nos dejará en ascuas. Pero aunque el resultado sea similar, hay una enorme y sustancial diferencia entre lo segundo y lo primero, entre lo primero y lo segundo. Dilucidar ante cuál de estas dos alternativas nos encontramos cuando las cosas parecen no querer salir como uno lo desea es un desafío complejo, pero necesario.

martes, abril 30, 2013

Quedándome o yéndome

Me preguntaba hace un rato
tal vez lo hago todavía
si yo te amara realmente
digo: con ese amor de las novelas
y no con este estúpido amor de hombre
vale decir: no este amor contradictorio
complicado, difícil de comprender,
de explicar, de digerir, de aceptar,
pero que es mal que nos pese
el único amor que puedo ofrecerte;
me preguntaba, te decía,
si yo te amara de esa manera digna
de ser inmortalizada en las páginas de un libro
o a través de la pantalla en una película
si en tal caso debería insistir con
estos torpes intentos míos por tenerte
o si tal vez no sería más honesto
sacrificarme y decirte que
lo mejor para vos sería
mantener conmigo todas las distancias
de una vez y para siempre jamás.
No conozco hoy la respuesta
a tan oscura pregunta
ni a ninguna otra tampoco.

sábado, abril 27, 2013

Un tango



Estás desorientado y sin saber
qué bondi hay que tomar para seguir,
y al pretender recordar 
cómo seguía aquel tango
una voz cansada
te dice desde adentro
que no seguir también es una opción.
Entonces bajás el cordón,
pisás el frío asfalto,
y recién ahí te das cuenta:
estás descalzo y las calles vacías
están bañadas de rocío,
como si hubiese llovido,
o como si alguien hubiese llorado.
Todavía es madrugada
y te sentás, de cara al sudeste,
siempre sin decir palabra,
en medio de la misma nada,
hasta que al rato escuchás 
el rumor a tus espaldas
del bondi que se acerca a lo lejos.
Pero vos en vez de levantarte
te recostás allí mismo,
justo donde estabas siendo,
y sentís el frío que cala tus huesos
mientras te preguntás 
si en esa oscuridad 
que aún no termina de disiparse
el chofer te verá o no a tiempo
para alcanzar a frenar.

G.S. 2013

miércoles, abril 24, 2013

El encuentro con el otro como una posibilidad sensible, pero también poética

Marina Abramovic y Ulay son dos artistas modernos. Lo cual es una manera de decir que son dos artistas que se han dedicado a explorar las fronteras de experiencias que algunos reivindican como arte, en tanto otros miran con un variable grado de sorpresa, incredulidad y desdén. Ella nació en Montenegro; él es alemán. Los dos tuvieron una relación amorosa muy fuerte durante cinco años, en la década de los setenta, durante los cuales vivieron juntos en una furgoneta y trabajaron mucho juntos. Después de esos cinco años, decidieron separarse. Pero no lo hicieron de cualquier modo: viajaron a China, fueron hasta la Gran Muralla, ella en un extremo, él en el otro, y empezaron a caminar. Caminaron durante tres meses, uno en dirección del otro. Cuando los dos se encontraron, se dieron un abrazo y luego no volvieron a verse por mucho, mucho tiempo.

Hace un par de años, Marina estaba realizando una performance en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. La idea era que, sentada ante una mesa, ella compartía un minuto de silencio y miradas con las personas que decidieran sentarse delante. Ni una palabra. Sólo silencio y mirada. Sin que ella lo supiera, ese día apareció Ulay... Y ese momento es el que registra el video que aparece más abajo.
El punto es: por supuesto que se trata de una performance, porque finalmente hay cámaras que vienen a registrar el momento. Pero más allá de eso hay una idea, sin la cual la performance no sería posible, y es que la relación y el gesto entre dos personas puede ser artística, vale decir poética. Estos dos artistas dicen con su performance algo muy importante: que se puede hacer poesía sin escribir, a través del simple contacto con otra persona. Y no digo más nada.


viernes, abril 19, 2013

Wolfgang Amadeus

Leyendo las noticias de la jornada, 
reflexivo, aunque no parezca; 
sensible, aunque tampoco; 
harto ya de las palabras 
y hasta de mí mismo, 
acaso sea justicia decirlo, 
recuerdo algo que leí hace poco 
acerca de las noticias, precisamente, 
vale decir, mayormente de las mentiras, 
y allí alguien citaba la palabra de 
un guitarrista, Luis Salinas, 
quien más o menos decía: 
"Cuando me canso de 
oír las noticias, 
apago la radio 
y digo en voz alta: 
quiero escuchar a alguien 
que me diga por fin la verdad; 
entonces pongo un disco de Mozart."
También yo me siento muy cansado hoy. 
Buscaré en la música la verdad y consuelo.


Vida y sueño

El enorme atractivo que tienen los sueños
es que resulta suficiente concebir algo
con fervor o algún convencimiento
para que incluso lo imposible
se convierta en realidad.
Realidad dentro del propio sueño,
casi parece de más aclararlo.
Pero como bien señaló Calderón,
acaso toda la vida no sea sino sueño.


martes, abril 16, 2013

Humpty Dumpty

-- Cuando yo uso una palabra -dijo entonces Humpty Dumpty- significa exactamente lo que yo quiero que signifique.

-- El problema es -replicó Germán haciendo a un lado a la pobre Alicia, que ya bastante confundida estaba- si en verdad puedes llegar a saber qué significan para ti las palabras que utilizas. Y para el improbable caso de que lo sepas, si puedes hacer que esas palabras signifiquen para los demás lo que tú pretendes.


domingo, abril 14, 2013

Nadie se conoce / Nobody know himself


Cuando Francisco de Goya publicó este grabado, en el año 1799, le puso como título "Nadie se conoce". En el Museo del Prado hay un manuscrito que se atribuye al propio artista en el cual puede leerse la siguiente explicación: "El mundo es una máscara, el rostro, el traje y la voz, todo es fingido; todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce." 

Traduttore, traditore: el título del grabado, fuera de todo contexto, plantea en español cierta ambigüedad. He visto algunos catálogos en los cuales este título aparece traducido al inglés como "Nobody know himself". ¿Nadie conoce a los demás? ¿O nadie se conoce a sí mismo? El error es tan grosero que hasta causa gracia. Sin embargo, en cuanto uno lo piensa un poco resulta evidente que ambos puntos de vista son en algún punto ciertos. Hasta pudiera ser que el aparente error no fuera, en realidad, sino el sutilísimo planteo filosófico de un irreverente traductor.

sábado, abril 13, 2013

Gotas de agua

Alguien escribe en un muro:
"Lo que sabemos es una gota de agua;
lo que ignoramos es el océano."
Yo me digo que eso es verdad;
pero que también es cierto que
la esencia misma del océano
está presente en una gota de agua.

lunes, abril 08, 2013

Estar cansado

Arboles, a falta de uno, he plantado tres.
Pequeños, modestos, pero allí están,
mudos testigos de mi haber hecho.
Es verdad, libros no escribí ninguno,
pero por compensación han sido miles
las hojas sueltas que mancillé
con palabras vanas como éstas.
Creo haber dicho mis verdades,
algunas de ellas, al menos,
a todo aquel que quiso escucharlas,
y también mentí, como corresponde,
cada vez que hubo que cuidar las formas.
Fui atento y amable, buen ciudadano,
señalé menos veces de las que fui señalado
y contribuí, como era dable esperar,
con el plan creador del buen dios.

Ya puede verse que hice mi tarea
en el transcurrir de mis años.
Y digo más, para que abunde:
Amé y supe ser amado.
Aborrecí y fui aborrecido.
Tuve mi fe y mis desengaños.
Engañé a otros y a menudo
también me defraudé a mí mismo.
Hice unas pocas cosas bien,
contables con los dedos de una mano,
y para compensar hice algunas otras mal;
traigan más manos si desean contarlas.

Entre idas y vueltas,
risas francas y angustias,
encuentros y desencuentros,
ilusiones, desencantos y pérdidas,
miedos de los más diversos,
y este cinismo que crece
al amparo del tiempo que pasa
muchas cosas son las que podría
dejar anotadas en este breve listado.
Casi podría decir que me doy por cumplido.

¿Qué más dirías que me falta a esta altura del camino?
¿Talento para escribir los versos que aquí y allá se perdieron?
¿Aquella famosa pelotudez de haber sido feliz, acaso?
Necedad absurda.
Estoy cansado.
No es posible pretenderlo todo.

G.S. 2013

domingo, abril 07, 2013

Laberinto

Dicen quienes supuestamente saben
que preguntando se llega a todas partes.
He preguntado, para parecer razonable,
y de ese modo he llegado hasta aquí.
Ahora nadie sabe decirme cuál es
este lugar donde me encuentro,
ni cómo lograré salir de aquí.


sábado, abril 06, 2013

De las incomprensiones

"¡Mujer, si supieras!...", exclama él, con tono resignado. La adivino a ella, del otro lado del celular, seguramente ofuscada, respondiendo algo así como "¡Bueno, si tanto te interesa que sepa, deberías tomarte el trabajo de explicarme!" Tremenda incomprensión, por supuesto. Como si las cosas pudieran ser explicadas de esa manera, con palabras...

"Ni con palabras, ni sin ellas", acota alguien. Para enseguida añadir: "La comprensión supera las palabras e inclusive lo no dicho. Es prácticamente un milagro que sucede con el otro. O que no sucede, claro. Y puede que casi siempre termine ocurriendo esto último."

Me pregunto entonces si en aquellos excepcionales casos en los cuales finalmente adviene la tan elusiva comprensión, no estaremos en realidad ante una comprensión solo aparente; vale decir, ante otra forma del malentendido, siendo que en verdad quienes creen haberse comprendido han caído en un engaño: el de creer que se entienden, cuando en realidad cada uno está diciendo cosas diferentes de las que el otro cree escuchar.

Daniel Lutzky propone una interesante idea: que la comprensión acaso sea ante todo un sentimiento. Que uno "siente" que se comprende con otro, y ese sentimiento tiene la ventaja de ser algo real. Si yo siento que comprendo, o que soy comprendido, por más que esa comprensión acaso no tenga un correlato objetivo, seguirá siendo cierto mi sentir. Considerado de este modo, la comprensión puede no ser real y a la vez serlo, desde la perspectiva del sentimiento, que por lo demás otorga una sensación de completud maravillosa. Albert Camus, en su obra "El malentendido", propone que la vida y hasta la misma muerte no son más que eso, un malentendido. Pero cuando en algún irrepetible instante uno siente que ha podido vencer esa eventual condena de jamás entenderse con un otro, la sensación que se tiene es parecida a la felicidad.

Lo curioso del caso es que, considerado desde este ángulo, en tanto ambos participantes de la comunicación sientan que se comprenden, incluso cuando objetivamente esto no sea cierto, no parece tener sentido plantear la acaecencia de un error. Por el contrario, allí donde uno siente que comprende o es comprendido, y el otro siente lo contrario, la evidencia del desacuerdo descarta de raíz cualquier posibilidad ilusoria, lo mismo que si dos sienten que se desentienden: no hay modo de decir que en verdad se estén comprendiendo.

Pero en realidad el malentendido es aun más grave, porque ni siquiera tenemos manera de saber si el otro siente las cosas de un modo parecido al nuestro o si siente lo contrario; salvo que lo propongamos como un "siento que el otro siente de un modo parecido o contrario". Y para agregar mas confusión a todo esto, todavía faltaría preguntarnos quién es en definitiva ese que siente, o quién es ese otro. En este punto se agotan los conceptos y únicamente queda un sonido de fondo parecido al rumor del mar en la noche.

miércoles, abril 03, 2013

Tafr... tafr... tafr...


Aunque no parezca, las palabras tienen peso. Como si fuesen cosas concretas, tangibles, y no solamente ideas. Pero no todas pesan lo mismo: algunas son etéreas, como si estuviesen hechas de aire; otras, en cambio, parecen talladas en piedra, o fabricadas con plomo. Yo antes pensaba que esta diferencia tenía que ver con una cuestión más o menos formal. Me parecía razonable, por ejemplo, que una palabra grave no pesara tanto como una sobresdrújula. La vida me enseñó que la cuestión tiene que ver en realidad con otras cosas. Y que ni siquiera el peso de cada palabra es el mismo todo el tiempo. Esta tarde, por ejemplo, sentí que me pesaba la palabra "extranjero". ¿Por qué razón me pesaba? No lo sé. O tal vez no me dan demasiadas ganas de escribir acerca de eso. Bastante me pesa ya la palabra, como para andar añadiéndole además el peso de las razones. Pero otras veces, decime vos si no es curioso, se me da en cambio por inventar palabras nuevas, probablemente más livianas, ideales para llevar encima, en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. Hoy, por ejemplo, inventé la palabra "tafr". No te rías. Acaso te preguntarás qué quiere decir, pero eso no viene al caso, porque lo importante aquí es que la inventé porque se trata de una palabra liviana, y tal vez porque sólo yo conozco su significado. Me divierte escribirla, tafr, tafr, tafr, tafr... Claro, repetida así cualquier palabra pierde su peso. Pero entonces claro, tal vez me engaño, tal vez sí sea una palabra pesada, después de todo, y soy yo quien en el uso le pretendo quitar su peso. Porque además, precisamente, pobrecita ella, a la palabra "tafr" me refiero, tiene que lidiar con la incomprensión de la gente, que la lee o la escucha y dice cosas tales como "eso no es una palabra", o "eso no quiere decir nada", como si acaso ellos supieran, infelices. "¿A qué clase de idiota se le podría ocurrir inventar una palabra tan absurda como "tafr"?", se preguntó hace un rato uno, pero en voz lo suficientemente alta como para que nosotros lo escuchemos. La respuesta es sencilla. A alguien a quien de repente le duela o le resulte demasiado pesada la palabra "extranjero".

lunes, abril 01, 2013

Dos pensamientos

"A nadie le duele tanto el pie como cuando se lo pisan a uno", dice mi amigo José María y así, con tan pocas palabras, me enseña a respetar lo que me pasa. Igual, del otro lado también recuerdo algo que me decía Ana: "Hay que lograr que lo mucho que nos falta no nos haga perder nunca de vista lo mucho que tenemos."

viernes, marzo 29, 2013

Adiós, García Ferré

Hubo una época en que los malos no eran tan malos. El Profesor Neurus y la Bruja Cachavacha, por ejemplo, no eran capaces de asustarnos. Eran las épocas de la leche chocolatada a las cinco de la tarde, la tarea escolar y jugar en los recreos a policías y ladrones. Hoy las cosas han cambiado. Sentimos pena por Neurus y Cachavacha, pues con la partida de Manuel García Ferré han quedado huérfanos. Pero además uno comprende que hoy los malos son malos en serio. Mucho más malos, peligrosos y reales que los de antaño. Y al hablar de policías y ladrones ya no estamos seguros de cómo se repartan las cosas, a la hora de saber quiénes son los buenos y quiénes los otros.

Imagino que entonces vos, como yo y tantos otros, jugábamos a veces a estar del lado de los supuestos malos. Esos que no eran tan malos, como Neurus, como Cachavacha. Malos de mentira, podríamos decir. Todavía no sabíamos lo que significaba ser bueno o malo de verdad. Si lo cierto es que, todavía hoy, por momentos, lo dudamos...

Reconozco que en la última línea del párrafo anterior asumo en definitiva mi propia ambigüedad. Es que aquella ambigüedad de nuestra infancia, lo mismo que ésta de nuestro ahora, real, actual y concreta, no es perversa, como sí parece serlo la de nuestros enemigos, también ellos reales, actuales y concretos. ¿Cómo defenderse de esta perversión? Sea la de guante blanco, tanto como la del sádico formado en una universidad, como la del guacho villero. No tengo respuestas. Pero me prometo volver a leer a Hannah Arendt, a ver si me ayudas a entender un poco mejor todo esto.


domingo, marzo 17, 2013

Las pruebas de la infamia

 

Estas cosas suceden: Katherine Howard era sobrina del Duque de Norfolk e hija de los aristócratas Joyce Culpeper y Lord Edmund Howard. También era dama de honor de Ana de Cleves, la cuarta esposa de Enrique VIII. Así fue como la conoció Enrique, quien de inmediato quedó prendado de ella. Tardó muy poco para anular su matrimonio con Ana, con quien se había casado por razones políticas, y en agosto de 1540 se casó con Katherine, quien de este modo pasó a ser la nueva Reina de Inglaterra. El matrimonio vivió feliz durante 14 meses... Al término de los cuales el monarca mandó decapitar a su quinta esposa, acusada de adulterio. Se dijo que había mantenido relaciones con su primo, Thomas Culpeper, y se presentaron pruebas para demostrarlo: una serie de apasionadas cartas, escritas de puño y letra por Catalina, cuya cabeza fue separada de su cuerpo, para que no pudiese repetir la infamia. Más tarde se supo que la pobre Catalina apenas sí sabía escribir su propio nombre.

viernes, marzo 15, 2013

Los amantes


Entonces él le dice: "Si tengo que ser sincero, hay dos o tres cosas que jamás te creí." Pienso que si ella también fuese sincera, debería responder: "Es verdad, hay dos o tres cosas que nunca debiste creerme." Las dos frases son ciertas, y los dos lo saben. Pero lo que no saben (tampoco lo sabemos nosotros) es si las cosas que él no creyó y aquellas que según ella él no debió haberle creído son o no las mismas. Vale decir, en definitiva siguen sin saber prácticamente nada, el uno del otro.

viernes, marzo 08, 2013

Eckhart Tolle

No conocía a Eckhart Tolle. Y en realidad no lo conozco todavía.
Pero no puede dejar de llamar mi atención alguien que me dice:

"La causa de la infelicidad jamás es la situación que te aflige, sino tus pensamientos sobre ella."


miércoles, marzo 06, 2013

Idealismos

Es posible que la peor condena que se le pueda aplicar a un idealista sea obligarlo a vivir en el mundo ideal que ha imaginado. Por otra parte pienso que es verdaderamente notable la tendencia que tenemos a idealizar a las personas y las cosas, tanto sea en sentido positivo o negativo. Por supuesto, la objetividad no existe. Pero las idealizaciones, cuanto más profundas son, más nos alejan de la posibilidad de comprender. Lo dicho vale para líderes políticos, religiones, héroes, amigos o enemigos, padres e hijos, amores encontrados y desencontrados. Cuando necesitamos algo que nos falta, nos empeñamos en encontrarlo en el lugar o la persona que sea. Y haciéndolo nos alejamos de la posibilidad de apreciar aquello que realmente existe allí, en esa dimensión que se ha idealizado.


sábado, marzo 02, 2013

Delicias perdidas

Nada más cruel
hay que la delicia,
prometida o anhelada,
cuando se teme que quizás
no habrá ninguna otra ocasión
para disfrutar de ella de nuevo.
No se trata de otra cosa,
si deseamos ser sinceros,
que de nuestro eterno
miedo a la muerte.

miércoles, febrero 27, 2013

Desconocidos

Una mitad del mundo desconoce qué es lo que hace, piensa o siente la otra mitad. Esto tanto vale para las naciones, las clases sociales, los credos, las ideologías, como para los padres y sus hijos, los maestros y sus alumnos, quienes escriben y quienes leen, y hasta para las personas que comparten con un otro sus sábanas y sus cuerpos. Pero lo más grave del caso es que mayormente estamos convencidos de que el otro está obligado a comprendernos, y que si no lo hace es porque es un necio. Somos eso: unos eternos desconocidos.

martes, febrero 26, 2013

Paradoja

Cada vez le encuentro más sentido a la palabra "sinsentido".
Creo que la vida está hecha, acaso íntegramente, de ese curioso material.


sábado, febrero 23, 2013

Mahler

Escucho pasajes de algunas de las sinfonías de Gustav Mahler, se diría que casi al azar. Me pregunto cómo es posible que esta música alguna vez me haya parecido pretenciosa y oscura, cuando en este momento la percibo rebosante de una belleza indescriptible. Es evidente que la sensibilidad no es algo invariable, y que está regida por reglas que no son establecidas por la razón. Y está muy bien que así sea. Lo que entonces nos pareció pretencioso y oscuro, nos lo pareció de manera sincera. Lo que hoy nos resulta maravilloso, también. Sincerarnos con nuestra emoción y acercarnos a lo que nos hace bien en el momento indicado nos permitirá sacar lo mejor de nosotros mismos en el contacto con esta magia.

Desvelo

El cuerpo reposa
inmóvil
la conciencia
indica que
todavía estamos
dormidos
de repente
adviene la certeza lúcida
de saber que algún día
más o menos lejano
este mismo cuerpo
así igual de quieto
ya no volverá
a moverse
jamás
y esa certidumbre
es el espanto
porque entonces
busco moverme
para saber
que aun sigo vivo
y descubro que no sé
cómo hacerlo
pienso
mas no logro moverme
y comprendo
que alguna vez
será exactamente así
mi cuerpo inerte
insensible
sólo que no estaré
dormido
entonces la mano
se cierra sobre un mechón
y se mueve con gesto violento
arrancando lastimando
despertando al menos
de esa extraña duermevela
llega el llanto aliviador
cuántas veces no deseamos
llorar nada más
para saber
que seguimos vivos
salvo claro está
que sigamos soñando
o que así sea la muerte
que al fin y al cabo
poco y nada sabemos
de ella salvo que es
inevitable.

viernes, febrero 22, 2013

Tres textos breves

Carpe Diem

El tiempo no dejará de nosotros
ni siquiera un triste recuerdo.
Sólo tenemos el ahora,
el evasivo momento
que escapa en este
preciso instante
de nuestras manos,
las tuyas y las mías,
de una vez y para siempre.
-------------

Reflexión de tono trágico pero cierta

Que un día, de repente, 
se acaben todos los problemas 
que tenía una persona, 
no significa necesariamente 
que haya encontrado una sola
solución para los mismos.
------------------

Desierto, oasis, espejismo

La sed se magnifica en el desierto,
cuando tenemos al fin el oasis a la vista.
Y se convierte en enorme agobio al pensar
que quizás no se trate más que de un espejismo.

jueves, febrero 21, 2013

Arañas



En esta hora melancólica,
me tienta declararla absurda,
en la cual el día se escapa
sin remedio y para siempre,
me descubro otra vez
desesperadamente solo.

Pronto llegará la noche
y con ella tal vez de nuevo
la pesadilla en que las arañas
tejen su capullo, la fatal mortaja,
como un recordatorio claro
de la ineludible muerte.

Vos no estás aquí conmigo
para contenerme y consolarme.
Será por eso que de repente
me sorprendo pensando otra vez
en estos inconfesables espantos.

La tarde transcurre, inconmovible,
y yo arrastro mi pobre alma cansada
sobre mis espaldas, lo mejor que puedo.
Solo el miedo a las arañas que vienen
por mí en cuanto me ven desprevenido
me impulsa a seguir adelante.

Pero vos no estás aquí conmigo,
y yo tengo cada vez menos ganas,
y menos fuerzas, y menos todo.

miércoles, febrero 20, 2013

Felicidad y cinismo

La felicidad es nada más que una ilusión. Por supuesto, una ilusión vana, como todas las ilusiones. No alcanzo a comprender entonces por qué razón le damos tanta importancia al asunto. Tal vez comprender a fondo esta cuestión nos libraría de muchos malestares. 

A partir de cierto día Jorge Luis Borges comenzó a decir que ya no sería feliz, y que tal vez no importara: "Hay tantas otras cosas en el mundo", remataba. Por supuesto, todos sabemos que Borges solía ser un cínico. (Aunque en defensa de Borges debería añadir que a veces el cinismo es la única manera que uno tiene de sobrevivirse.)

domingo, febrero 17, 2013

El otro como espejo

"Siempre fuiste mi espejo. Quiero decir que para verme tenía que mirarte." 
Curioso modo tiene para decir las cosas mi gran amigo, Julio Cortázar. La frase me hace pensar que las personas que realmente nos importan son inevitablemente eso: espejos. Sin esas personas nuestra existencia sencillamente pierde sentido. Dicho esto en el sentido de que dejamos, en cierto modo, de percibirnos y comprendernos. Por supuesto, a lo anterior cabría añadir que, lo mismo que en los circos, a veces hay espejos que deforman, que nos hacen más gordos, más flacos, más altos, más petisos. Y por supuesto, uno siempre elige (parece al fin y al cabo razonable que así sea) aquellos espejos que nos hagan ver más hermosos, interesantes, apuestos, inteligentes... 

Lo interesante, entonces, es que hay diferentes clases de espejos. Algunos hay ante los cuales esperamos ver si estamos bien peinados, si los dientes nos han quedado limpios tras el cepillado o si la remera que nos hemos puesto nos favorece. Vale decir, buscamos en ellos cierta realidad objetiva, que de algún modo hay que llamarla, por más que también (espejito espejito, dime quién es el más bonito...) esperemos que su devolución sea por lo menos amable. Pero cuando uno busca un espejo en el otro, busca una fantasía, la profundidad y la pasión de ciertos anhelos inconfesables, en ocasiones incluso para nosotros mismos. Y en algunos pocos casos, el otro no solamente nos refleja, sino que además nos convierte. 

Son casos parecidos a los de aquellos espejos que imaginó Lewis Carroll, por ejemplo. O a los ojos de unas pocas personas, como las referidas por el querido Julio. Por todo esto es muy importante elegir como espejo a otros que nos hagan desear vernos reflejados, por lo menos, como mejores personas.


jueves, febrero 14, 2013

Otra luna en el agua

Hoy alguien me dijo algo extraño: 
que la magia no existe.
Cuando la gente habla de magia,
por un curioso malentendido
termina trastocando las cosas
de modo tal que piensa en asuntos
relacionados con levitaciones,
conjuros, varitas y hechiceros,
cuando debería estar claro que
no se trata de nada de eso.

La magia existe allí donde
lo que solemos llamar 'la realidad'
queda de pronto en suspenso,
y se abre paso una dimensión paralela,
diferente, aunque no menos cierta.
La magia existe allí donde
el tiempo pierde sustento;
allí donde las reglas cambian,
al punto de desconocer
las leyes de la contradicción.

Hay magia en la literatura,
y en cualquier forma del arte.
Hay magia en el amor,
o en algunas miradas,
o en un crepúsculo,
o en ciertos paisajes
a determinada hora del día.
Hay magia, por ejemplo,
en una luna temblando
mientras se refleja en el agua.

miércoles, febrero 13, 2013

La piedra en el lago

El Maestro intenta demostrar las cualidades de la permanencia. Para ello toma una piedra, se la muestra a su discípulo, quien observa con atención su forma, su rugosidad, sus particulares vetas, y luego, sin mediar palabra, la arroja a las aguas mansas de un lago, que se agitan brevemente con el impacto. Al rato dice: "¿Has visto? Al golpear la roca contra el agua, ésta se ha agitado. Pero luego de un momento todo ha vuelto a estar como era antes." 

Tras un minuto de silencio, el discípulo replica: "Maestro, es verdad que las aguas han vuelto a estar calmas, como lo estaban antes de que arrojaras la piedra. Pero esa piedra que me has mostrado, única e irrepetible, como nosotros mismos, ahora se encuentra en el fondo del lago. Y sigue siendo la misma piedra, pero también ha cambiado, pues jamás volverá a estar en la mano de ningún hombre, y ya nadie podrá observarla de nuevo como lo hice yo hace un rato."


martes, febrero 12, 2013

La vida breve

Nuestro gran problema, humildes mortales como somos, es que la vida, al menos hasta donde sabemos, es una sola. Y pese a eso intuimos que nuestro potencial nos permitiría llevar adelante varias vidas diferentes, muchas veces incompatibles una con la otra. Por eso en ciertas ocasiones pareciera que somos contradictorios. Pero no se trata de contradicción, sino de pasión. La pasión que desborda ante la contemplación de una vida demasiado breve, que se nos escapa de las manos en el preciso momento de estar escribiendo o leyendo estas mismas líneas.

lunes, febrero 11, 2013

La imperfección divina

M.: Me pongo un segundo en el lugar de Dios y me da escalofríos. Explicame qué pensó el pelotudo al que se le dio por inventar la bomba nuclear... Explicame todas las inconsistencias humanas... ¿Dios se habrá imaginado en su momento todo esto?

G.: Es fácil: el tipo de la bomba estaba jugando a ser Dios. Y acaso Dios, en el momento de crearnos, estaba jugando a dejar de ser, por un instante, una entidad perfecta.

domingo, febrero 10, 2013

Ficciones, XI


El característico zumbido del teléfono celular me indica que he recibido un nuevo mensaje y me distrae de mis cavilaciones. Oprimir entonces el botón que enciende la pantalla, para ver de qué se trata, echar un vistazo y descubrir que sos vos, “buen día, cómo estás”, siempre me gusta recibir mensajes tuyos, tus saludos siempre amables. Repasar entonces rápidamente cuál será la respuesta más adecuada, bien/mal, cuál de estas dos palabras se adecua más a la realidad del día, la mente humana trabaja así, en base a formulaciones duales, blancos y negros, nada de escalas de grises y cosas raras, y me digo que en las encuestas está siempre la opción salvadora del NS/NC, no sabe no contesta, pero en este caso sería de mala educación no responder a tu mensaje, y poner "no tengo idea" no quedaría bien, incluso cuando pudiera ser justo la respuesta más sincera, ya ves, a veces las preguntas aparentemente más sencillas pueden llegar a ser las más complejas, a ver... ¿Cómo estoy? ¿En qué sentido lo preguntás? ¿Qué es lo que quisieras saber? ¿Te referís a lo económico, a lo laboral, a la salud, a lo anímico?... ¿Me hablás de lo estrictamente presente o de cierta proyección a un futuro inmediato? “Te pregunto cómo estás en promedio”, te imagino respondiendo, con un gesto como de reto, y sí, es verdad, siempre somos algo así como un promedio, siempre todo es un más o menos, ponele, una representación imaginaria, en definitiva. Pero la respuesta sigue siendo complicada. Porque estoy sinceramente bien en algunos aspectos, y terriblemente mal en otros. Bien de salud, hasta que se demuestre lo contrario. Padeciendo la cruz de lo laboral, como todos, pero sería mucho peor si esa cruz no estuviese. Feliz de haber asomado el hocico a una nueva jornada. Pero llevando en mi mochila esta eterna melancolía crónica que vos ya sabés, o que acaso desconozcas. Y sí, ya sé que anoche hablamos por teléfono y te pareció que estaba todo bien. Es más: no lo recuerdo con exactitud, pero es probable que vos me hayas preguntado “cómo estas”, y yo “muy bien”, pero fueron una pregunta y una respuesta como al pasar, o por lo menos la respuesta lo fue, y es verdad que también hoy podría haber respondido tu mensaje así, con un bien/mal, ya descartamos la posibilidad del NS/NC, pero me equivoqué y me puse a pensar dos segundos en qué responder para ser sincero, y acá estamos, fijate el atolladero en el cual nos hemos metido, yo puesto a responderte, vos condenada a soportar mis vueltas, sé que no es justo, pero nadie dijo que lo sería. Pero ahora de repente me pongo a pensar cuál habrá sido la última vez en que, puesto yo ante una pregunta semejante, hubiese podido responder sin tantas reflexiones ni dudas “bien, estoy definitivamente bien, pues nada necesito más de lo que tengo en este momento”, cuál podrá haber sido ese fugaz instante fáustico en el cual yo hubiese podido expresar “detente, eres tan bello”, y cuando ya estoy a punto de renunciar al intento, por parecerme infructuoso, te vislumbro a vos, a la hora del crepúsculo, tendida desnuda al lado mío, tus cabellos enredados en mis dedos, mi cuerpo sintiendo el calor de tu piel, ese ha sido el momento, el de plenitud, el que yo instintivamente rescato, el que necesito volver a vivir, y sé que a vos no te gustaría que te diese esta respuesta, pero no encuentro ninguna otra, cuando un bocinazo a mis espaldas me arranca violentamente de mis pensamientos. “Bien, gracias”, tipeo entonces con rapidez, y oprimo el botón de enviar mi mensaje de respuesta.

martes, enero 29, 2013

Luna en el agua

Anoche ella estuvo merodeando por aquí durante horas.
Por supuesto, yo la vi primero, en cuanto apareció,
majestuosa, brillante como un modesto sol,
pero estoy seguro: ella notó enseguida mi insistente mirada,
y desde ese momento también me anduvo espiando,
primero discretamente, sin disimulo después.
Es verdad, ella es misteriosa, altiva, inalcanzable...
Esta última evidencia me duele, por momentos.
Sin embargo, yo creo que también a ella
le duele un poco su propia soledad.
Por eso insiste en volver por aquí todas las noches,
para conversar a su modo con las copas de los árboles,
con la bruma nocturna, con las aguas quietas
que brillan al reflejar su presencia.
La luna aquí es otra.
No es la misma que usualmente veo desde la ciudad.
En estos parajes del sur, lo mismo que nosotros,
ella se transforma en algo diferente.
Será tal vez por eso que ha reparado en mí,
que yo me conmuevo de esta manera al verla.
¿Lo sabrá ella?...
Luna en el agua, inalcanzable, misteriosa...
De repente te sorprendes y confundes,
me doy cuenta, cuando ves
que dos breves lágrimas ruedan por mis mejillas,
mientras no dejo de mirarte.
Ya lo ves, también yo tengo mis misterios.


lunes, enero 28, 2013

Silencios

Alguna vez alguien me enseñó que quedarse dormido durante un concierto, una obra de teatro o una película era también un modo de ejercer la critica, incluso sin necesidad de decir nada. Tal vez algo parecido sucede cuando uno calla precisamente allí donde todos esperan que algo sea dicho. Silencio lapidario, que le dicen. Pero hay otros silencios que son más misteriosos. Algunos son inefables, como cuando a la noche uno descubre la música que existe en la brisa que corre entre los árboles o en el rumor del agua. Pero también hay otros silencios que son ambiguos. Y por eso mismo inquietantes.

sábado, enero 26, 2013

Ficciones

"¿De dónde salen las historias?", me preguntaron una vez.
"¿Las historias?... Las historias salen siempre de los espejos."



sábado, enero 19, 2013

Julieta y Romeo

Lo trágico en la historia de amor que protagonizan Julieta y Romeo no es la muerte de los jóvenes amantes: la muerte es, al fin y al cabo, el destino inevitable de todos nosotros y solo es cuestión de tiempo encontrarnos con ella. Tampoco pasa el drama por el amor no consumado, pues los tiernos amantes de Verona tienen su noche de bodas y lo que pierden es, en todo caso, la posibilidad de repetir hasta el hartazgo ese primer encuentro en diferentes o similares maneras. Lo verdaderamente trágico es que si Romeo se hubiese retrasado apenas cinco minutos, o si hubiese comprendido de un modo cabal la situación en la cual se encontraba, cualquiera de estos dos detalles lo hubiese cambiado todo. En definitiva, lo trágico de esta historia deriva, como tantas veces suele suceder, apenas de una serie de malas casualidades o de un error de interpretación.


domingo, enero 13, 2013

Lección del día


Si vas a utilizar una herramienta que no ha sido indicada para los fines que tienes en mente, no olvides nunca hacerlo con mucha, pero mucha precaución...

sábado, enero 12, 2013

Banalidades

"El instante feliz en la vida del hombre es aquel que no se ve perturbado por preguntas banales", dice alguien. Yo me pregunto entonces cómo hacer para distinguir una pregunta banal de una que no lo sea. No me parece que sea una cuestión banal, en todo caso... ¿O tal vez sí lo sea?...

viernes, enero 11, 2013

Ahora

"Nunca seremos más jóvenes que ahora" 
dicen que dice el nuevo tatuaje de cierta actriz 
que acaso haya leído o no a Shakespeare, 
eso no viene al caso, la sentencia es interesante, 
carpe diem, claro que sí. ¿Y más sabios?... 
¿Seremos algún día más sabios que ahora? 
Ojalá que sí. Entonces, carpe diem, 
y que nos sirva para seguir aprendiendo 
y para ser mejores personas.

jueves, enero 10, 2013

Relaciones amorosas

"La relación amorosa está basada en una idealización del otro llevada a cabo por ambas partes, como un desvío de la percepción de lo real producido por la pasión y los sentimientos", escribe un estudiante en un parcial que cae bajo mi mirada en esta tarde de revisar papeles. Sigo leyendo un poco más, me digo que esas son algunas de las cosas que yo enseño, siento incluso un cierto orgullo ante la precisión conceptual de lo escrito, y luego me pregunto si acaso no estaremos creando potenciales monstruos. De criterio muy realista, por cierto, pero monstruos al fin.

miércoles, enero 09, 2013

Memoria y presente

"Recordar es el mejor modo de olvidar", dice mi madrina que dijo alguna vez Sigmund Freud. Y detrás de la paradoja aparente se esconde una interesante verdad: nuestros recuerdos (vale decir, la colección de figuraciones que hacemos en torno de nuestro propio pasado) son una construcción de sentido que viene a suplantar aquello que en realidad sucedió, hoy ya fuera de nuestro alcance, por lo que pretendemos haber vivido. El pasado, entonces, es en definitiva algo irreal, como también es irreal el futuro, que por definición es aquello que todavía no ha sido, sino que está por venir. Sólo nos queda, entonces, el fugaz momento presente. Cuyo sentido, tan elusivo como el momento mismo, construimos a fuerza de deseos, pasiones y fantasmas. Vale decir, otras ilusiones.

martes, enero 08, 2013

Uno mismo

Y su un día finalmente te cansaras
de ser todo el tiempo vos mismo
y persiguieras un cambio
acaso te sorprenderías
siendo entonces más
auténticamente vos que nunca
incluso cuando en un primer momento
quizás te desconocieras por completo.

lunes, enero 07, 2013

Lo prohibido

Sentencia Dario Fo en una entrevista concedida hace un tiempo: "Inventamos lo prohibido para poder tener emociones y necesidades." De pronto comprendo que vengo guardando este recorte desde hace meses nada más que por esta idea. La dejo anotada aquí, sin abrir juicio al respecto.

sábado, enero 05, 2013

Guillermo Tell y el gusano

Vivir adentro de una manzana es algo fácil, sobre todo si uno es capaz de identificarse con un gusano. Un gusano de esos que viven adentro de las manzanas, se sobreentiende. Salvo la peligrosa eventualidad de una mordida sorpresiva, propinada por algún hambriento inoportuno de esos que nunca faltan, no hay demasiado de qué preocuparse. Hay allí dentro alimento asegurado, un techo, un refugio, tiempo y silencio para pensar... Vivir adentro de una manzana es algo sencillo y seguro. Así meditaba el gusanito, uno de esos que viven adentro de las manzanas... Hasta que Guillermo Tell, el arquero aquel que jamás fallaba un disparo, puso la manzana en cuestión sobre la cabeza de su hijo. El resto es historia.

martes, enero 01, 2013

Muralla

"Después de todo tú eres tu única muralla.
Si no te saltas, nunca darás un sólo paso."

(Esto lo escribió una vez Luis Alberto Spinetta, y es una de las cosas más lúcidas que he hallado hoy en algún muro de Facebook.)


lunes, diciembre 31, 2012

Uvas

A ver, me gustaría intentar explicarte esto. Estoy comiendo unas uvas que compré esta mañana. Unas cuantas uvas, que no estaban previstas en el listado de la compra que ya estaba confeccionado desde antes de que uno llegara a ese negocio en el cual se venden frutas y verduras y legumbres. Pero las uvas en cuestión estaban allí, en un cajón, y se me presentaron con tanta fuerza que resultó imposible ignorarlas. Te digo más: yo que suelo ir por la vida cuestionando el concepto de pecado, sentí que hubiese sido un acto casi pecaminoso decirles que no, haber hecho de cuenta que  no estaban allí, ofreciéndose. Hubiese sido, y fijate la palabra que voy a utilizar, casi perverso rechazarlas. Esas uvas son las que estoy comiendo en este preciso instante, mientras escribo estas líneas, que nacen desde la yema de mis dedos sin saber muy bien a dónde se dirigen, o qué van a terminar diciendo. Y están verdaderamente exquisitas. A las uvas me refiero, no a mis líneas, que tanto no pretenden. Casi me atrevería a decir que no recuerdo haber comido antes uvas tan deliciosas como éstas. Y a qué viene toda esta perorata, te estarás preguntando, como si yo tuviese la respuesta a esa pregunta. Pues no, no la tengo, y tal vez en realidad todo se acota nada más a esto que acabo de contarte. Es que a veces las cosas son mucho más simples de lo que uno cree. A veces la verdad se esconde en gestos tan mínimos, tan aparentemente intrascendentes como dejarse seducir por un racimo de uvas oscuras y lustrosas. Pero no te dejes engañar: que se trate de un gesto simple o incluso mínimo no significa que estemos hablando de una intrascendencia. Todo lo contrario: la vida entera se define a veces en gestos tan simples como estas pocas uvas que no estaban previstas y sin embargo; en esta exquisitez que se manifiesta en este preciso momento, duradero o no, pero que es lo único que existe. Después estas uvas serán pasado, y determinarán desde allí algún otro presente, o tal vez incluso vaya a saber uno qué insospechable futuro. Pero ahora, en este instante, la vida es este sabor a fruta madura. Y es en este sabor, y no en los grandes balances, ni en los proyectos futuros, donde se resuelven verdaderamente los misterios de la existencia y del mundo.

Balance

Y ponele que entonces uno decide plegarse a la tontería esta de los balances de fin de año, y entonces llega inevitablemente a la conclusión de que con 46 años cumplidos todavía no ha entendido gran cosa de la vida... 

El balance es finalmente positivo, pues comprender eso ya es haber comprendido algo. No hay mayor ignorancia que la de aquel que no quiere saber que no sabe.

miércoles, diciembre 19, 2012

Fin del mundo

Le habían asegurado que el viernes 21 de diciembre, probablemente hacia la medianoche, se terminaría el mundo. El se angustió mucho: no quería llegar al final de sus días sin haber completado su obra. Se afanó entonces como nunca: canceló obligaciones y citas, resignó horas que de otro modo hubiesen sido destinadas al descanso, la comida y el amor. Las primeras luces del sábado 22 vieron su obra terminada. Jamás alguien lo supo. Un instante después ya no quedaba nadie que pudiera decirle un valió la pena.

Diferencia de horas

Le dijeron que el viernes 21, probablemente hacia la medianoche, se terminaría el mundo. El se angustió mucho, pues no quería llegar al final de sus días sin haber completado su obra. Se afanó entonces como nunca, canceló obligaciones y citas, resignó horas que de otro modo hubiesen sido destinadas al descanso, la comida y el amor. Las primeras luces del sábado 22 encontraron su obra terminada. Jamás alguien lo supo. Antes del mediodía ya no quedaba nadie que pudiera decirle un valió la pena.

Por cierto, el cuentito no tiene moraleja. O mejor dicho: tiene la moraleja que cada quien pueda o quiera encontrarle. En cualquier caso actualiza la cuestión de en qué estaría uno dispuesto a ocupar sus horas si tuviese la certeza de que son las últimas que le quedan por vivir, y acaso preguntarse en qué medida ese sería o no el mejor modo de vivir lo que efectivamente nos queda.

domingo, diciembre 09, 2012

Finalmente la vida de tus hijos también podría llegar a depender de que decidas atender o no ese llamado equivocado, y lo mismo pasa siempre con todas las cosas.

Pero no te rías, que es serio esto que te digo, y si no pensalo un poco. En el fondo todos nosotros somos el resultado de una serie de casualidades y coincidencias, de encuentros y andá a saber también de qué clase de desencuentros; y lo más jodido con estos últimos es que de ellos no sabemos nada, precisamente porque son cosas que jamás tuvieron lugar. Pero esas eventualidades que no fueron también podrían haberse dado, y entonces hoy las cosas por ahí serían completamente distintas de como las conocemos. Sí, claro, vos llamalo destino, si querés. Yo prefiero llamarlo puta suerte. Pensá en tus padres, por ejemplo, en cómo se conocieron. A ellos los presentó Ramiro, ¿no es verdad? Bueno, ahí tenés, sin ir más lejos. Ponele que aquella vez, cuando tu mamá y Ramiro se pelearon, que tu tío siempre lo cuenta, en lugar de encontrarse después en aquel bar de pura casualidad, que gracias a eso volvieron a frecuentarse, no se hubiesen vuelto a hablar... Ella nunca hubiese conocido a tu papá, y vos jamás hubieses existido. Pero en aquella ocasión, cuando Ramiro y tu vieja decidieron hablarse otra vez, en lugar de darse vuelta la cara, ¿vos creés que alguno de ellos pensó que de esa simple decisión dependía tu vida y la de tus hermanos, y también la de tus hijos y los hijos de tus hijos? ¿Te das cuenta lo que te digo? Uno toma decisiones en apariencia inocentes, inconsecuentes, a cada segundo, seguro de que no pasa nada, de que tal vez haya que detenerse a pensar veinte veces antes de cambiar el auto, o de renunciar a un trabajo, pero no piensa con la misma prudencia todas las cosas. Y sin embargo de pronto son esas otras decisiones, precisamente, las más simples, esas sobre las cuales uno no se detiene a reflexionar demasiado porque en apariencia no cambian nada, me tomo cinco minutos más para otro cafecito o pago y me voy ya mismo de este bar, las que pueden torcer el destino para siempre. ¿Saliste de tu casa diez minutos después de lo previsto y ahora estás a las puteadas porque llegás tarde a tu cita? ¿Y cómo podés saber si acaso, de haber salido a horario, no te hubiese atropellado aquel camión cuyo conductor cruzó el semáforo en rojo porque iba distraído mirando justo a aquella chica de pollera breve que pasaba caminando por allí? Claro, hubiese bastado con que esa chica hubiese decidido caminar por otra calle, o salir cinco minutos más tarde de su casa, o que el conductor de aquel camión tomara por otro rumbo, para que vos no te murieses. O que vos te retrasaras buscando esas llaves de mierda que Patricia dejó tiradas en cualquier parte, que fue precisamente lo que ocurrió. Y claro, vos te enojaste con Patricia, porque te hizo perder ese valioso tiempo, pero ni te detuviste a pensar que acaso ese simple gesto, ese olvido menor, fue lo que te salvó la vida. A vos y a tus hijos, claro, esos que todavía no tuviste, pero que si se da una cierta serie de casualidades... Bueno, creo que ya me entendiste. La teoría de la mariposa, claro. Como que el aleteo de una mariposa en una isla del Pacífico, ponele, pueda generar un tifón en algún otro rincón del mundo, y ya ves que es cierto. No podés matar siquiera una mariposa sin correr el riesgo de que con eso no cambie el mundo entero. Y ya sé que vos no sos de andar matando mariposas, pero seguramente lo mismo vale para los mosquitos o las cucarachas. No podemos hacernos cargo de semejante responsabilidad, me parece. Pero al menos sí podemos ser conscientes de lo que pasa. Al final de cuentas tenía razón Albert Einstein cuando decía que Dios es un perverso que juega a los dados con nuestros destinos. Bueno, no sé si fue exactamente así. Lo de que Dios es un perverso ponelo en mi cuenta, si querés; pero creo que Einstein sí dijo lo de los dados. Y ya ves, en cualquier caso eso del libre albedrío en cierto modo también es una gran farsa. Porque podés elegir qué hacer y qué no hacer, claro; pero decidas lo que decidas nunca vas a poder estar seguro de qué consecuencias tendrán tus actos. Capaz vos decidís llevar adelante o no determinado asunto, pensando que de ese modo estás haciendo las cosas bien, y precisamente porque actuaste justo de esa manera metés la pata y todo sale para el mismísimo carajo. Y sí, por supuesto, capaz que al revés también pasa, no hay manera de estar seguros. Por eso digo que todo este asunto tiene bastante de perverso. Pero bueno, ahora te dejo, me quiero ir ya para mi casa. ¿Sabés qué pasa? Tengo una sensación... Ponele que es nada más un presentimiento. Pero tengo la idea de que un día cualquiera de estos va a sonar el teléfono en casa, un llamado equivocado... y así la voy a conocer a ella, a la futura madre de mis hijos. No te rías, pelotudo, que no es joda. Imaginate lo que pasaría si esa casualidad justo llega a darse en el momento en el que yo no estoy en casa para atender. ¿Te das cuenta?.. Finalmente la vida de mis hijos depende de que yo atienda ese llamado equivocado.

sábado, diciembre 08, 2012

Una idea

Dicen que el hombre pone en riesgo su vida cada vez que elige.
Pero eso es lo que lo hace libre.

París - Rayuela


¿Cómo serás después de conocerte?
¿Cómo serás después de haber recorrido tus senderos,
primero una vez, luego acaso cien veces?...
¿Serás entonces como París, esa ciudad tantas veces imaginada,
por cuyas calles se buscaron La Maga y Oliveira,
a veces en vano, y otras hasta encontrarse enredados
en las sábanas de un hotel cualquiera de la calle Montmartre?
¿Serás como París, decía, después de haber trepado
a la Tour Eiffel, de haber sacado fotos en Champs Elysees
y al costado de La Seine, en l’Arc de Triomphe y el Café Pompidou?
¿O después de haber paseado por Montmartre, hasta llegar
tal vez hasta aquel mismo hotel y aquellas mismas sábanas,
o haber develado en el Louvre el secreto de la sonrisa
de la misteriosa Gioconda que pintó Leonardo?
¿Serás la misma entonces? ¿O serás otra?
Cómo saberlo, sin recorrer tus senderos,
primero una vez, y luego... ¿mil veces?
Sólo puedo decirte que el temor
de que París pudiera acaso perder su magia
el día en que finalmente lleguemos allí
no debería impedirnos el emprender el viaje.

martes, diciembre 04, 2012

Verdad II

"En este mundo hay ciertas cosas que únicamente podemos hacer en soledad, y también algunas otras que sólo pueden hacerse en compañía de alguien más. Es importante combinar estas dos maneras de hacer cosas en su justa proporción."

Lo dijo, según me dicen, Haruki Murakami.
Habrá que indagar un poco más al respecto.

lunes, diciembre 03, 2012

Verdad

"Confiá en aquellos que buscan la verdad. 
Pero nunca en quienes afirmen haberla encontrado." 

(Acabo de leer esta frase y es menester que la deje anotada en alguna parte.)

sábado, diciembre 01, 2012

La confusa obscenidad del mal

Hoy me llamó la atención una frase, publicada en el muro de un contacto de Facebook, Ele de Lauk, a quien en verdad ni siquiera conozco personalmente, ni más allá de la pantalla, aunque en definitiva esto parece venir a ser algo así como un mero detalle en los tiempos cibernéticos que corren. Lo antedicho será en todo caso una reflexión para otro momento. Lo que hoy quiero dejar consignado aquí es la frase en cuestión, esa que llamó mi atención, con un sentido bastante abierto, por cierto:

"La confusa obscenidad del mal", decía.

Más tarde supe que esos eran los últimos versos de un poema. Un poema que también incluye un verso que habla de un "deleite cómplice", como para terminar de cerrar la idea. Debajo de la frase, muchos comentarios. Algunos más pertinentes o perspicaces que otros. Yo me quedé pensando en esto: en que si algo claro se desprende de la frase referida, es que el mal es obsceno. Por cierto, esto solo ya nos habilitaría a plantearnos el desafío de tener que definir ambos conceptos, qué cosa sea el mal, y por ende qué sería el bien; de qué cosas podríamos lícitamente decir que sean obscenas, y de cuáles no, y acto seguido intentar explicar por qué. Tarea ímproba si las hay. Pero más allá de eso hay también, en la dichosa frase, un reconocimiento claro a que existe cierta ambigüedad en ese sentimiento que identifica la obscenidad con el mal, el mal con algo obsceno, lo cual promueve en definitiva a esa incierta confusión. Presumo que todos tenemos una cuota de rechazo, tanto como un poco de secreta y/o inconsciente inclinación, sea hacia el mal, sea hacia lo obsceno. Me reviso interiormente y verifico que por lo menos en mi caso se da así. La cuestión pasa, en todo caso, por el dilema que nos lleva a confesarlo o a mantener esta inclinación como un íntimo secreto. Yo decido confesarlo, hacerlo público, denunciarme a mí mismo, por lo menos en lo que a este respecto se refiere. Pero ninguna de estas cuestiones me termina de explicar el porqué. No del mal, no de la obscenidad, sino el de su misterioso atractivo, ese que al mismo tiempo se rechaza, por supuesto y por fortuna. ¿Y qué será el mal?... ¿Y de qué cosas podrá uno lícitamente decir que sean obscenas? No tengo respuestas, sólo preguntas, y sin embargo sé que en alguna parte ellas son la respuesta a alguna otra pregunta que acaso todavía no me ha sido planteada.

viernes, noviembre 30, 2012

De dioses, compositores, ateos y creyentes


Esta mañana me llamó la atención un comentario que publicó en una red social mi viejo amigo Juan María Solare, un compositor que un día agarró su amor por Stokhausen y su gusto por el tango, metió estas cosas y un par más en una mochila, y decidió irse con sus petates y su música a Alemania, donde al final se quedó a vivir. Esto es lo que escribió Juan, y ciertamente me sentí identificado: “Cuando leo argumentos apoyando la existencia de Dios, me entran unas ganas locas de reír. Cuando leo argumentos negando la existencia de Dios, me vienen unas ganas locas de refutarlos.”

Lo primero que se me ocurrió fue bastante obvio. Respondí algo así como que “En todo caso habría que ver los argumentos que tenga (si es que acaso los tiene) Dios para sostener la existencia del hombre. O quizás incluso para sostener la existencia de sí mismo. Y en todo caso, de no tener una respuesta de su parte, ¿el silencio de Dios debería ser tomado como una demostración de su inexistencia o bien como una oscura forma de argumentación?"

Para matizar este tipo de debates hay dos libros en particular que suelo recomendar. El primero es el de un anarquista francés llamado Sebastien Faure, que a comienzos del siglo XX escribió una obra deliciosa que se titula Doce argumentos que demuestran la inexistencia de Dios, una especie de refutación positivista a las Meditaciones metafísicas cartesianas en la cual el autor termina reconociendo que, siendo el eventual Dios de un nivel ontológico diferente del suyo propio, mortal y modesto humano, cualquier argumento que él pudiese oponer sería insuficiente para negar... pero también para afirmar. Con lo cual sobre el final de la obra se dirige a sus eventuales oponentes para terminar diciendo: "Dejen de afirmar ustedes, que entonces yo dejaré de negar.” Siempre me ha parecido una declaración deliciosa por parte de Fauré, quien en el fondo reconoce con esto que toda esta cuestión de lo divino, o mejor dicho, de los discursos sobre lo divino, en realidad trata sobre un conflicto muchísimo más terrenal y humano.

El otro libro que le recomendé a Juan fue el Evangelio según Jesucristo de José de Saramago, el libro más religioso y bellamente escrito por un ateo confeso que yo haya leído jamás. Pero apenas terminé de escribir mi recomendación recordé, o por lo menos creí recordar, un pasaje en el cual Dios justifica de algún modo su necesidad de fe y alabanza en los hombres. Porque yo había estado a punto de plantear el siguiente dilema: ¿Qué le podría importar a Dios, siendo él mismo todopoderoso, omnisciente, eterno y perfecto, que el hombre, su creatura, lo alabase o no, creyera en él o no? ¿Qué clase de veleidad sería esa, impensable en una entidad divina?

Pero entonces imaginé otra alternativa, realmente inquietante: que siendo las cuestiones de los dioses incomprensibles para los seres humanos, acaso pudiera ser que en definitiva ese Dios creador sí nos necesitase, para convalidar a través de nuestra fe, la fe y la alabanza de sus humildísimas criaturas, su propia existencia. Imaginé algo así como un Dios que necesitara renovar la base de su divina existencia en nuestra fe. Se trata de una idea absurda, por supuesto. O tal vez no tanto, al fin y al cabo. Lo interesante es que, de tener esta idea algún asidero, se plantearía la siguiente paradoja: que si la humanidad dejara de creer finalmente en Dios, y algo de eso viene pasando de un tiempo a esta parte, por lo menos por estos rincones del mundo, acaso El dejase de existir. Y nosotros no nos daríamos cuenta de ello de puro incrédulos que somos. En tal caso vendríamos a ser algo así como ese muerto que sigue andando por el mundo, nada más que porque nadie se tomó la molestia de avisarle que muerto estaba.

jueves, noviembre 29, 2012

Jessica


Dicen que siempre que dormimos soñamos. Incluso cuando más tarde creemos no haber soñado nada. No tengo idea de qué cosas podría haber estado soñando yo en aquel momento, cuando vos me abrazaste. Recuerdo que primero te sentí, todavía entredormido, tu cuerpo cálido apretándose contra el mío. Después me diste un beso, mientras me agarrabas todavía más fuerte. Pero recién cuando sentí tus lágrimas me desperté del todo. Estabas afligida, y por una vez la intuición no me falló: no te dije nada, tampoco te pregunté. Nada más te abracé fuerte e intenté calmarte, ya pasó, ya está, tranquila mi vida, mi cielo, mi amor, y vos entonces te largaste a llorar más fuerte. No dije más nada. Acaricié tu cabeza al mismo tiempo que te abrazaba. A veces el sentido de la vida entera se revela en estos simples gestos. Finalmente conseguí que te calmaras, de a poco, y así seguimos abrazados un rato, sin decirnos nada. No hacía falta.

"Disculpame", me dijiste finalmente, y te levantaste de la cama. "Dejame que te acompañe", te dije yo, al tiempo que me levantaba también, para ir detrás tuyo. Te volviste a acostar, ya otra vez en tu cama, y yo me acosté a tu lado, para poder abrazarte de nuevo, ilusión vana de poder proteger con un cuerpo el acecho de los fantasmas de lo desconocido y lo inevitable. Por suerte ya estabas más tranquila, y entonces sí me atreví a preguntar: “Tuviste un feo sueño, ¿no es verdad?” No respondiste, pero yo supe que estaba en lo cierto. Entonces me arriesgué todavía otro poco, y volví a inquirir: “Y soñaste que algo malo había pasado conmigo, ¿no es cierto?” Por toda respuesta me volviste a abrazar y esta vez sí, después de darme otro beso en la cara, me contestaste en voz baja: “Sí, papá”.

No hizo falta nada más. Otro abrazo, un beso en tu frente, taparte, como cuando eras más pequeña, y sentir que te volvías a dormir, después de haber visto que nada más había sido un mal sueño, que tu papá todavía estaba bien, vivo, cerca, al alcance. Dicen que cuando alguien sueña con la muerte de una persona viva, le está alargando la existencia. No creo que sea así. Esas son cosas que se dicen para sentirnos menos mortales, menos frágiles, cuando alguien nos pone cara a cara con la idea de nuestra propia muerte. Pero también yo me quedé pensando en la buena fortuna de que todo haya sido apenas un mal sueño. Seguramente llegará el día en que no lo sea, no cabrían demasiadas dudas sobre eso, en realidad; aunque poco y nada sepamos acerca de la muerte. Lo importante es que no ha sido hoy ese día, que ya ahora está amaneciendo de nuevo, como una nueva posibilidad y un nuevo desafío, y que los dos estamos aquí para verlo y para aprovechar el tiempo que esto nos brinda para seguir adelante.

miércoles, noviembre 21, 2012

El rebelde Job protesta de nuevo ante Dios, insatisfecho con su respuesta

Tú preguntas quién soy yo,
que siendo ignorarte he puesto
en duda tu eterna sabiduría.
Reconozco que he dicho cosas
que no alcanzo a comprender,
cosas que son maravillosas
y que en realidad no conozco...

Sin embargo, déjame responder
como mejor pueda a tu pregunta:
yo soy aquel que ha sido puesto
aquí en el mundo por tu merced,
sin que me dieses, no obstante,
medios para poder comprender,
de manera que me excuso,
mas no me puedo declarar
culpable por cuestionarte.

Y soy también aquel que sufre
la angustia de saberse mortal,
pobre, miserable, indefenso
ante el incesante miedo a la muerte.
Mas he de admitir que seas tú
quien no alcance ahora el sentido
de mis palabras, pues es razonable
que nada sepa de esta desolación aquel
que por naturaleza es inmortal e infinito.