jueves, octubre 27, 2016

Presencia

Mis ojos hurgaron una noche en tu mirada
buscando reflejos de su propia soledad y desamparo.
Encontraron allí, sin embargo, paz y ternura
y una hermosa luz de esperanza.
Cuando hoy me miro en los espejos
descubro en mis ojos el reflejo de los tuyos.
Estás aquí conmigo, aunque no estés en estas horas.


martes, octubre 25, 2016

Escaleras

Hay escaleras que suben,
hay escaleras que bajan...
En realidad las escaleras nunca
van a ninguna parte,
ellas están siempre quietas
y aguardan pacientes.
Son las personas las que deciden
si ascienden o si descienden
o si se detienen en alguno
de sus muchos peldaños
viendo el mundo desde allí,
a menudo convencidas
triste y falsamente
de que no hay otras
perspectivas posibles,
otras luces, otros colores.


lunes, octubre 24, 2016

Deseos - El día después

Lo de pedir tres deseos, al momento de soplar las velas sobre la torta de cumpleaños, es una práctica anclada seguramente en viejas tradiciones, pero sin nada real que la sustente. Lo pude comprobar ayer. Ante la duda, quise ser prudente: mi primer deseo fue que se me otorgara la sabiduría, para poder desear algo que realmente valiese la pena con los restantes. Pero como supuse que ese primer deseo solamente se cumpliría después de que las velas en cuestión fuesen apagadas, mi segundo deseo fue poder postergar el tercero para el día de hoy, cuando en teoría ya sería suficientemente sabio. No ha sido así. Me siento igual de ignorante que ayer. Apenas un día más viejo. De todos modos, como me queda ese tercer deseo pendiente, elijo desear que las personas que a lo largo de estos 50 años me hicieron bien, las que me acompañaron, las que me acompañan, las que atesoro en mi corazón, aquellas con las cuales no fui justo, aquellas que intentaron ser justos conmigo, que todas ellas sean felices. Es mi regalo. Nunca se sabe: acaso de los tres deseos este último sí se haga realidad. Ojalá así sea.

domingo, octubre 23, 2016

Sin cuenta

Sin cuenta. Uno puede mirar hacia atrás, o bien hacia adelante. También es posible dirigir la mirada hacia los costados, o hacia abajo, concentrando la atención de manera exclusiva en el lugar preciso en el cual se está parado, sin ver ninguna otra cosa más allá de los propios pies. O también puede uno mirar hacia adentro. Para hacer esto último hay diferentes alternativas. Uno puede cerrar los ojos  e intentar escuchar el sonido del corazón, por ejemplo. O puede acostarse con la espalda contra el suelo, dejando los ojos abiertos, y prestar atención a lo único que hay arriba, que es el cielo. A mí de chico me gustaba tirarme así en el piso, y jugaba a imaginar que de pronto la ley de gravedad se invertía, y las cosas comenzaban a caerse hacia arriba, y esa sola idea me producía una especie de intolerable vértigo, pleno de escalofríos. Me daba y me sigue dando, porque hay miedos de los cuales uno no se recupera. Cuando hoy intento mirar hacia adentro, en ocasiones lo hago con los ojos cerrados, como cuando se besa a alguien. Aunque también puede uno besar con los ojos abiertos, es verdad, y entonces otra vez el vértigo, aunque sea un vértigo hermoso. Pero eso ya es otra historia.

Sin cuenta... Y sin embargo: son más de 18.250 días, unas 438.000 horas, más de 26 millones de minutos. Pero nada de esto dice demasiado, en realidad. Habría que contar además cuántas fiebres, cuántas lluvias, cuántos días de sol, cuántos desayunos compartidos, cuántos en soledad, cuántos libros, cuántos discos, cuántos logros, cuántos intentos frustrados, cuántos sueños que quedaron marcados como a fuego en la memoria, cuántos que se olvidaron incluso antes de despertar, cuántas noches de insomnio, cuántos amores, cuántos besos, cuántos orgasmos, cuántas de tantas y tantas cosas, cada una de ellas con sus secretos valores y significados. La cuestión es que uno puede tomarse el trabajo de mirar y de contar, de hacer un recuento de las cosas que han pasado, de los muchos errores cometidos, de los eventuales aciertos en los cuales de seguro también se incurrió. Y también puede uno especular con el devenir del tiempo y estimar cuántos han de ser los días que todavía faltan. Aunque en el fondo de poco y nada sirva todo esto, porque ni el pasado ni el futuro existen fuera de la memoria o de nuestras ideas. Nada más tenemos la inasible fugacidad del momento presente. Pero entonces vuela un colibrí, y parece algo casi mágico, porque el pequeño pájaro es capaz de detenerse en medio de su vuelo, y esto es apenas una ilusión, porque el tiempo continúa transcurriendo, pero es también una metáfora que nos habla del presente, de ese mirar hacia adentro que te decía antes, tal vez con los ojos abiertos. Vértigo, entonces, el de las alas del colibrí, el de la ilusión del momento que se detiene, tal como lo pretendía Fausto, para que podamos valorarlo debidamente. El momento de la ansiada redención también, por qué no, a través de la conciencia de que la vida y la muerte existen, más allá de que sepamos o no qué significan, pero que más allá de ellas también está el instante en el cual las cosas prosiguen y suceden.


miércoles, septiembre 21, 2016

Ignorancia y virtud

Hoy he leído: "Un ignorante que se sabe ignorante aventaja siempre al ignorante no enterado". La sentencia me gusta. Por eso la copio, allá y aquí. Pienso, sin embargo, que el sentido de la palabra "ventaja" es relativo. Por ejemplo: en la tetralogía wagneriana, Sigfrido no es en realidad un héroe. No podría serlo, porque no conoce el miedo. Es ignorante, en este sentido. Y en su caso su ignorancia le da en cierto modo una ventaja. Pero también pienso que se trata de una ventaja ciega, inhumana, vacía de toda virtud. Hoy yo tengo la ventaja de saberme en desventaja, porque me reconozco a mí mismo ignorante, temeroso, tal vez hasta un poco miserable, en cierto punto. Pero también humano. Y así me acepto.



martes, septiembre 20, 2016

De ateísmos y creyentes

Dicen que el peor creyente,
el más vil de todos, el más falso,
es aquel que en la soledad de su silencio
sabe bien que Dios en verdad no existe,
y muy a pesar de eso insiste inmutable
en sostener su innegable presencia.
Sin embargo, resulta mucho peor,
y más peligroso y más perverso,
el pretendido ateo que conoce
que Dios en efecto existe y,
empero, con voz en cuello
se empecina en negarlo.

domingo, septiembre 18, 2016

Pensamiento crítico

El pensamiento crítico y la felicidad son dos dimensiones que no terminan de acomodarse una con la otra de buena manera. Su propia naturaleza lleva al ser humano a plantearse, razonablemente, una serie de preguntas, para las cuales no existe una razonable respuesta, lo cual genera una frustración inevitable. Pero el estado natural del ser humano, de su espíritu y su psicología, tiende a ser el reposo,  el equilibrio. Entonces, para sobreponernos a las incertidumbres, a la falta de respuestas definitivas a las preguntas que nos imponemos, inventamos las ideologías, las religiones, y nos entregamos felices a los reduccionismos, las dicotomías, las simplificaciones y las síntesis, que lo explican todo, aunque todo sea nada.

miércoles, septiembre 14, 2016

Fotografías anónimas


Alguien encuentra una fotografía, tirada al pie de un contenedor, debajo de la lluvia. Esto sucede en la calle México al 2500, en la Ciudad de Buenos Aires, un día cualquiera del mes de septiembre. Pero podría suceder en cualquier otro rincón de cualquier otra ciudad, en cualquier otro tiempo. Más tarde esa persona sube esa fotografía encontrada a Internet. Como una curiosidad. Acaso para que alguien como yo la encuentre de nuevo, y la observe con detenimiento, y escriba estas líneas. Y ahí está entonces la mirada de esta mujer, que no sabemos quién sea, o quién haya sido. La fuerza de la fotografía, que insiste en persistir, incluso más allá del anonimato y del tiempo. Debajo de la lluvia, a pesar de los descuidos que marcaron el papel, de la desaprensión que acaso llevó esta foto al pie de un contenedor de basura. ¿Quién habrá sido esta persona? ¿Qué sueños tendría en la época en la cual la fotografía fue tomada? ¿Qué estaría pensando en el momento justo de dispararse la cámara? ¿Qué habrá sido de ella? ¿Habrá alguien que la extrañe, en alguna parte? Esta fotografía, como tantas otras que aparecen perdidas o descartadas, aquí o allá, igualmente anónimas, muestran lo que muestran, pero también son al mismo tiempo un espejo de nosotros mismos. Cada fotografía que nos tomamos o nos toman está signada por el mismo destino: perderse tarde o temprano en las nieblas del tiempo como un pedazo de papel anónimo, que con un poco de suerte será encontrado algún día por alguien. Desde ese pedazo de papel, minúsculo, misterioso, miraremos en silencio a ese alguien, que nos observará y no sabrá nada acerca de nosotros.

Simplificando

Los reduccionismos, las simplificaciones extremas, siempre son confortables. Tienen la enorme ventaja de ofrecernos respuestas necesarias y comprensibles acerca de las cosas, de los demás y del lugar que ocupamos en el mundo. Por eso estamos dispuestos a creer en ellas. Nos facilitan la calma que resulta propia de la comprensión. Nos indican, de una manera sintética, clara y concisa, a través de una lógica dicotómica, qué posición debemos tomar frente a procesos naturalmente complejos. Lo que no es bueno es malo. Lo que no es blanco es negro. Estas simplificaciones tienen, sin embargo, un único problema: son falaces y nos alejan de la verdadera comprensión de la realidad. Si nos admitimos capaces de desentendernos de este pequeño detalle, podemos seguir confiándonos a ellas.

Dicho de otra manera:
La simplicidad y la complejidad son en el fondo una misma cosa.
La simplificación es lo contrario de ambas.

lunes, agosto 29, 2016

El hombre grande

El hombre grande
cada día está más pequeño.
Yo acaricio a veces su cabeza cana
con una infinita ternura
cuando él ya está acostado
y a punto de conciliar el sueño,
y siento como si acariciara
la cabeza de un niño,
cada vez más inocente y frágil.
En esos momentos todo se confunde:
yo soy de pronto hombre grande
pero también el niño
que necesita todavía creer
en la existencia de los inmortales
para poder sobrellevar su propia vida.
En momentos así el tiempo parece detenerse.
Pero luego persiste, empecinadamente.


domingo, agosto 28, 2016

Apología de la crítica

Existe una suerte de callado enfrentamiento entre el artista y el crítico. Una relación que a menudo se presenta como amable y cordial, pero que al mismo tiempo lleva latente un elemento discordante que cada tanto se transforma en manifiesto rechazo. La pregunta resulta casi obligada: se admite como un hecho natural la existencia del artista, pero ¿cuál es la función del crítico? Se diría que realizar críticas, evidentemente. La cuestión, entonces, será resolver qué deberíamos entender ante la palabra crítica. Dice la Real Academia que una crítica puede definirse como el "análisis pormenorizado de algo y su valoración según los criterios propios de la materia de que se trate". Sin embargo, ésta es apenas la primera acepción del término. Hay una segunda acepción, bastante más incómoda, que describe la acción de criticar como "hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha". Se comprenden mejor ahora las antipatías que puede despertar la figura de alguien que dedica su tiempo y esfuerzos a criticar.

Digamos sin embargo que la relación es ambivalente, pues sin artista no hay crítico, pero el primero necesita en cierto modo del segundo. Según parece alguna vez Oscar Wilde manifestó: "Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen." Y esto es algo muy cierto: es una mala noticia que las críticas a un espectáculo no hayan sido favorables; pero mucho peor noticia es que la sala haya estado desierta. Ahora bien, ya en este punto estamos insinuando una suerte de simbiosis entre tres actores diferentes: tenemos al artista por un lado, sobre el escenario; y del otro, siendo espectadores de lo que sucede, a los críticos y al público, que coinciden entre sí en más cosas de las que podría parecer a primera vista. Este es el punto a tener en cuenta: más allá de cualquier impostura, el crítico no deja de ser un espectador más.

Hay quienes sugieren que un verdadero crítico debe poseer un conocimiento específico sobre aquello que se convierte en objeto de su mirada. Esta posición probablemente surge en la Europa del siglo XVIII, cuando el desarrollo enciclopédico de la teoría y la historia del arte genera la separación entre un grupo de personas próximas a los secretos propios del mundillo artístico y quienes, por el contrario, carecían de acceso al consumo de bienes estéticos. Pero el arte, al menos en su etapa de contacto con un público, no tiene que ver con la racionalidad, ni con las habilidades técnicas que hacen a su producción, sino con una experiencia sensible. No es necesario saber de música para disfrutar de una sinfonía, un tango o un recital pianístico. Sí se necesitan, en todo caso, horas de contacto con la música para poder comparar, trazar recorridos o marcar vínculos. Pero no se requiere ser un especialista. Es más: muchas veces el estudioso pierde la inocencia necesaria a la hora de acercarse a una experiencia estética. Una inocencia que es necesaria para poder comprender aquello que el público -el no instruido especialmente- sentirá ante esa manifestación.

Lo que diferencia al crítico del público en general es que él tiene la posibilidad de compartir su parecer a través de un medio de comunicación. Entonces, lo que sí se le puede exigir es que sea capaz de comunicar con habilidad sus impresiones y experiencias. Que su relato sea atractivo, para que den ganas de leer o escuchar aquello que tenga para decir respecto de lo que a él le ha parecido tal concierto, película, obra teatral, exhibición, libro, comida o espectáculo. Que genere deseos de abordar la experiencia estética de la que se trate desde otros lugares y perspectivas, enriqueciéndola de algún modo. Después, por supuesto, la cuestión pasará por coincidir o no con el crítico, en criterios o en sensibilidad. Porque lo cierto es que no existen verdades objetivas en el terreno de lo estético. Es evidente que si un músico desafina, si un escritor tiene fallas en su redacción o un actor duda en sus parlamentos, será posible señalarlo. Pero fuera de estos índices concretos, lo que prevalece es una cuestión de empatías entre el artista, el crítico y el público.

Digámoslo entonces de una vez: el crítico no es sino un espectador más, que luego manifiesta de manera pública su parecer sobre algo que ha visto. Y para hacerlo no debe estar especialmente capacitado con conocimientos específicos. No es necesario saber tocar el piano para comentar el recital de un pianista, tanto como haber asistido a muchos recitales, a fin de poder medir las eventuales diferencias que medien entre un intérprete y otro. Pero ni siquiera esto resulta indispensable, al fin y al cabo, pues cada experiencia estética, incluso siendo individual y única, ofrece un impacto sensible en el espectador, que como tal tiene todo el derecho de decir: me ha gustado, me ha aburrido, me ha dejado algo valioso, me ha resultado insoportable. Un espectador que aplaude, que abuchea o se queda dormido durante un espectáculo, se constituye de hecho como un crítico. Para que no hubiese crítica, no debería haber espectadores. Y entonces el arte ya no sería algo que se pudiera compartir.

Personalmente, y en consideración del doble sentido que el uso le ha dado al término crítico, quien esto escribe ha preferido muchas veces definirse como comentarista, a sabiendas de que tal vez esta expresión tenga algo de eufemismo. Pero esta actitud no está exenta de reciprocidades: al decir del escritor británico Somerset Maugham, cuando los artistas solicitan críticas, lo que en realidad esperan recibir son halagos. Seguramente habrá de todo, como en botica. Pero lo cierto es que el día en que un artista no tenga a nadie que lo critique, para bien o para mal, será cuando haya que ponerle un punto final al arte. 

jueves, agosto 25, 2016

2006 - 2016

Fue un 6 de agosto de 2006 cuando hice el primer posteo en esta bitácora. Desde entonces se sumaron más de quinientas entradas. Han pasado muchas cosas a lo largo de todo este tiempo. Para quien escribe, convertido ahora en autor y en lector de sus propias viejas anotaciones, recorrer este blog es rememorar diferentes partes de una historia personal. Una historia que acumula alegrías y dolores, frustraciones y necedades, locuras, esperanzas vanas y otras que no lo han sido tanto; también hay algunas muestras de una incierta sabiduría y (ojalá así sea) acaso algunas pinceladas de belleza. Porque de un tiempo a esta parte este sitio se ha convertido además, como creo haber dicho ya en alguna otra ocasión, en un cementerio de poemas. Pero repaso las primeras entradas, las de ese primer mes de existencia de este diario. Hay allí un primer comentario de una obra musical, fruto de un padre orgulloso que veía actuar por primera vez a su hija en un gran teatro. Hay unas líneas acerca de un fotógrafo ciego, y un breve cuento de Marco Denevi. También hay un triste presagio. Y hay una reflexión sobre el horror de las guerras. Finalmente, la primera de todas las entradas es un cuestionamiento en cuanto al sentido mismo de la existencia de este blog. Hoy me sigo preguntando para qué escribo todas estas cosas. Para quién, con qué propósito. Sigue sin haber una respuesta clara o definitiva. Quizás todo esto sea algo así como un exorcismo, o como un legado, o como una caja de resonancia, en la cual yo mismo poder escuchar con mayor claridad algunas ideas. Algunas cosas han cambiado, es cierto; pero uno todo el tiempo cambia. Soy diez años más viejo, en algunas cuestiones soy más aplomado, sabio o incluso gentil, y en otros aspectos acaso no he aprendido demasiado. Sigo sin embargo teniendo una esperanza. Y juro que no soy una mala persona, aunque algunas historias que me han tenido como protagonista no hayan tenido finales del todo felices. Pero la historia todavía sigue, hasta nuevo aviso. Y seguramente se seguirán sumando los escritos, las ideas, los poemas, las resonancias. Y tal vez algún día alguien encuentre algún sentido en todas estas palabras. O acaso no. Acaso el sentido que estas palabras tienen es el de simplemente ser, en el momento de ser aquí volcadas.

domingo, agosto 21, 2016

Sin título

Hay una incierta y terrible soledad
en el apático gris de esta tarde que muere.
Una soledad trágica, sin fe ni esperanza.
Lo intenté. Dios sabe que lo hice.
Pero todo fue en vano.
No existen las segundas oportunidades
para nosotros los malditos.
El sol se ahoga ahora en el horizonte,
las sombras vuelven reclamando sus dominios
y uno solo desea irse
junto con la tarde que se disuelve
tranquila en el horizonte
sin reclamarle nada al mundo
porque nada espera.

martes, agosto 09, 2016

Carpe Diem

Diez años, dijo el médico.
Puede que alguno más, tal vez.
Dicho así parece mucho, es cierto,
sobre todo para un hombre que
ya ha alcanzado los ochenta.
Hagamos la cuenta y son
tres mil seiscientos cincuenta días.
Aunque he de corregirme:
tres mil seiscientos cuarenta y nueve,
pues esto sucedió ayer.

Miro una fotografía de mi padre,
todavía joven, esperanzado,
vivaz y repleto de futuro.
Me impresiona darme cuenta:
en esa foto él tiene menos edad
de la que yo tengo ahora mismo
y comprendo una vez más que
al fin y al cabo una década es nada,
Nada sobre todo comparada con
la nada eterna que nos aguarda.

Tengo casi cincuenta años, dijo ella.
Y la gente suele morirse a los setenta,
así que me quedarían veinte por delante.
Dicho así parece mucho:
son todavía veinte cumpleaños,
veinte pascuas, veinte navidades,
veinte de cada cosa que pasa en un año.
Sin embargo también es poco y nada.
Nada comparado con la eternidad
de nada que nos espera después.

Entonces qué hacer,
si lo único que tenemos
es este día fugaz que se pasa.
Detente instante, eres tan bello...
No era vano el deseo de Fausto.
Intentar capturar el momento
vivirlo plenamente, disfrutarlo,
eso es lo único que nos queda.
El ahora mismo.
El mientras tanto.

miércoles, agosto 03, 2016

Dédalo e Icaro

Soy Dédalo después de haber despeñado a Perdix.
Vanamente pretendí contentar a la bella Pasifae
y sólo logré dirigir hacia mí la furia de Minos.
Fui el hacedor de las penurias del Minotauro,
que se dejó matar a manos del vanidoso Teseo
convencido de que era al joven enemigo a quien
Ariadna aguardaba al otro extremo del dorado hilo.
El amor -se sabe- está repleto de estos desencuentros.
Ahora deambulo cautivo en el seno de mi propio laberinto,
prisionero no de estas paredes de roca y sutiles engaños
sino de una potencia mayor, poderosa e inexplicable.
Dédalo soy; mas debo decirlo: también soy Icaro.
Heredé esta prisión de mi padre, y tal vez él
la heredó a su vez de sus propios ancestros.
Es cierto: soy yo el arquitecto y el constructor,
soy quien carga las culpas propias del responsable.
Pero este laberinto me precede en el tiempo,
está aquí desde mucho antes de que yo naciera
y quién sabe si acaso desaparecerá con mi muerte.
En una esquina, allí hacia donde el sol se pone,
descubro un hato de cuerdas y plumas y cera.
Un pájaro pasa volando sobre mi cabeza.
Lo observo como si fuese un presagio.

domingo, julio 31, 2016

Naturalezas

Padecemos, entre otras cosas,
una errática apreciación del tiempo
que tal vez no sea sino un gesto de rebeldía
frente a nuestra pobre condición de
seres mortales, evanescentes,
sin chance de trascendencia.
Quizás por eso necesitamos tanto
que con una mirada una palabra un gesto
alguien nos haga sentir valorados,
que nos rescate de nuestra soledad,
del angustiante vacío de la nada.
Somos apenas el suspiro de algo que nos supera,
nada más el breve reflejo de algo más amplio
que acaso jamás llegaremos a conocer.
Somos un poco como la música
que solamente existe mientras suena.
Pero aquí estamos, entre tanto.
Frágiles y desorientados.
Desamparados y sedientos.

lunes, julio 25, 2016

Busco

Ando buscando palabras
para decir cosas indecibles.
Ansío colores que me ayuden
a pintar paisajes jamás vistos.
Sonidos imposibles para hacer
músicas jamás escuchadas.
Estoy solo en medio de la noche;
desnudo en la oscuridad, lloro.

viernes, julio 22, 2016

Espejos

No sabemos quiénes somos.
Mucho menos podríamos conocer
quién es el otro, ese eterno misterio.
Cada uno observa en el rostro del otro
lo que decide ver, o aquello que él mismo es,
incluso sin saberlo, como si de pronto se contemplara
en el cristal siempre ambiguo de un espejo.

martes, julio 19, 2016

Spleen du mardi

Emociones complejas.
La incierta melancolía de
ciertas tardes de domingo que
confundidas caen un martes.
El eje de lo real que insiste
en jugar al gallito ciego conmigo.
Por supuesto, yo siempre debo ser
el que lleve los ojos vendados.
La sabiduría es evasiva:
se presenta ante mis ojos
desnuda, pero entremezclada
con mil curiosas ensoñaciones.
De hecho, ahora mismo,
que me busco en vano
y no me encuentro,
no sé si duermo
o si estoy despierto
o si realmente soy yo
quien escribe estas palabras.

jueves, julio 14, 2016

Sueño 160712 - Casi un cuento

El hombre espera dentro de su auto, afuera de la casa, que sabe vacía. Alguna vez fue casa suya. Ahora la vive como casa ajena. Tiene las llaves en un bolsillo; podría entrar, si quisiera. Volver a recorrer los rincones añorados, acariciar otra vez sus muebles, hojear de nuevo alguno de sus libros. Pero no, no entrará. El simplemente espera, aunque no sabe exactamente qué. En algún momento alguien llegará hasta la puerta de esa casa. Y entonces. Su atención hace foco ahora en el arma que descansa a un costado, cerca de su pierna. Extiende la mano, apenas, y acaricia el metal frío. En ese instante comprende que la historia tendrá un desenlace trágico, por más que todavía no logre precisar cuál ha de ser. También entiende que no hay manera de evitar lo que está por venir, pues él no es más que una suerte de títere, que no podrá hacer sino aquello que el destino le tenga previsto. Aquí no hay víctimas ni victimarios. No hay inocentes ni culpables. Por suerte, al rato se queda dormido, y entonces sueña que despierta en su departamento, que se ducha, se viste, desayuna y sale hacia su trabajo. Afuera está el sol, pero algunas nubes persisten amenazantes en el cielo.

viernes, julio 08, 2016

Lo Uno y los Otros

En una cita reveladora, en relación al complejo problema de la identidad, Simone de Beauvoir señala:
"La categoría de lo Otro es tan original como la conciencia misma. En las sociadades más primitivas, en las mitologías más antiguas, siempre se encuentra un dualismo que es el de lo Mismo y lo Otro. (...) La alteridad es una categoría fundamental del pensamiento humano. Ninguna colectividad se define jamás como Una sin colocar inmediatamente enfrente a la Otra. Bastan tres viajeros reunidos por azar en un mismo compartimiento, para que el resto de los viajeros se conviertan en "otros" vagamente hostiles. (...) Entre aldeas, clanes, naciones, clases, hay guerras, potlachs, negociaciones, tratados, luchas, que despojan la idea de lo Otro de su sentido absoluto y descubren su relatividad; de buen o mal grado, individuos o grupos se ven obligados a reconocer la reciprocidad de sus relaciones. (...) Ningún sujeto se plantea, súbita y espontáneamente como lo inesencial; no es lo Otro lo que, al definirse como Otro, define lo Uno, sino que es planteado como Otro por lo Uno, al momento de plantearse éste como Uno. Más, para que no se produzca un retorno de lo Otro a lo Uno, es preciso que lo Otro se someta a este punto de vista extraño." (S.B., "El segundo sexo")
Interesante para tener presente a la hora de evaluar algunas cuestiones en relación a la pregunta, aparentemente simple pero eternamente irresoluta, de "quién soy yo".

miércoles, junio 29, 2016

Sueño 160629

Los sueños son fascinantes de por sí. Pero una de las intrigas que siempre me han generado es la cuestión relativa al punto en el cual se inician. Uno puede recordar un sueño o haberlo olvidado por completo, hasta que un detalle mínimo (un cabello deslizándose en el agua de la ducha, por ejemplo) activa algo que hace regresar a nuestra mente esas imágenes por momentos tan vívidas y detallistas. Recordar por ejemplo la voz del locutor diciendo: "...en este lugar único en el mundo el dragón de Komodo se desarrolla en total libertad, en ausencia de depredadores naturales", mientras vemos un enorme reptil de colores vivos, con predominio de un rojo apagado (la contradicción parece evidente pero es real), y más allá otro, y otro más. ¿Por qué razón el sueño (o el recuerdo del sueño) comienza en este punto? ¿Qué habrá sucedido antes de eso? ¿Cómo llegamos hasta ahí? Por mucho que me esfuerzo, no logro recordarlo, no tengo la menor idea. "Allí vemos un ejemplar de muchos años", dice el locutor ahora, y yo intento identificarlo, y entonces veo a mi izquierda un reptil de gran tamaño, prácticamente inmóvil, de cuya boca asoma la parte posterior de un cocodrilo. "Es un territorio ciertamente peligroso -sigue diciendo la voz- pero uno no puede resistir la tentación de adentrarse." Y ahora ya es uno, y no una cámara, quien avanza un par de pasos adelante, sorteando un taburete blanco, abandonado ahí, en medio de la selva. Pienso que por supuesto el lugar es peligroso, y que si un dragón de Komodo se alimenta de cocodrilos, también podría comerse con facilidad a un ser humano. Habrá que tener cuidado.

El lugar -lo descubro ahora- también está repleto de víboras, que se deslizan con gran rapidez. En cierto momento comienzo a sentirme rodeado y me arrepiento de haberme adentrado en ese lugar, pero no hay mucho que pueda hacer, salvo mantenerme muy atento. Entonces, las víboras comienzan a apartarse, al igual que el resto de los reptiles. Comprendo rápidamente de qué se trata: han percibido que se acerca algo a lo cual temen, algo que sin duda será peligroso para ellos, pero también para mí. Con la diferencia de que yo no tengo idea de qué sea. El lugar se ha convertido en un paraje silencioso y en apariencia solitario, cuando aparece un animal extraño, como una hiena grande, de color blanco y del tamaño de un cordero. Me descubre y me observa, evaluándome, mamífero contra mamífero, en ese territorio de repente liberado de reptiles. La hiena me gruñe y yo intento demostrarle que no tengo miedo. Sé que si intentara escapar se abalanzaría sobre mí. Así que alzo los brazos y le grito, intentando asustarla. En ese momento veo que a mi derecha hay un perro salvaje que se acerca a la hiena mostrando los dientes de manera amenazante y decido hacer causa común con él: el perro hace retroceder a la hiena y yo grito y sacudo una tabla blanca que he encontrado apoyada ahí cerca. De vez en cuando el perro me mira y la tensión afloja: sabemos que no somos enemigos. Entonces volvemos a la carga para ahuyentar a la hiena, que finalmente retrocede hasta desaparecer por un vano, por el cual también salimos nosotros, finalmente. Ese vano da a las ruinas de un viejo edificio, y allí alguien nos cruza, un hombre corpulento, vestido de un modo rústico, que me hace pensar en un soldado del medioevo. El hombre pregunta si está todo bien, y yo respondo que sí, pero que allí atrás, en el otro ambiente, detrás del vano, está infestado de víboras. Pienso que en rigor en ese momento las víboras ya no están allí, aunque necesariamente han debido irse a otra parte, no muy lejos, y el hombre dice que sí, que esa plaga es un problema usual.

No recuerdo qué sucedió en medio. De seguro pasaron cosas en ese lugar, allí donde se alzaban esas ruinas. Tengo en mente una suerte de fiesta social, el casamiento de alguien, una reunión no-alcanzo-a-precisar-de-qué-tipo, pero lo cierto es que ahora estoy viendo fotografías. Fotografías que acaban de ser tomadas en ese lugar, entiéndase bien, durante la reunión que acaba-de-tener-o-acaso-todavía-tiene lugar en ese sitio. Las veo con mi hija, que las va pasando, y yo veo aquí y allá caras conocidas, allí está mi cuñada, están mis sobrinas, también está Ella, y estoy yo mismo. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que, delante de mis propios ojos, esas fotografías se transforman: basta con pasar de una foto a otra, y luego volver sobre la primera, para notar que algo ha cambiado. Hay imágenes que resultan muy familiares, pero que al mismo tiempo uno tiene la impresión de no haberlas vivido nunca, y otras que, por el contrario, aparecen de un modo diferente a cómo uno recuerda que de hecho han sido. Luego el recuerdo del sueño se diluye. Y yo me quedo pensando en esas fotos, que son tan parecidas al sueño en sí mismo, e incluso tan parecidas a los recuerdos que uno va teniendo de la propia vida.

martes, junio 28, 2016

Palabras y silencios

Ando buscando palabras,
palabras para componer con ellas
un espacio diferente, alterno,
una historia concebida
a mi propia medida,
con paisajes y cielos
que me sean propicios.
Sin embargo las palabras,
no todas ellas, eso es verdad,
pero sí las que son más importantes,
terminan cediendo siempre ante el silencio,
un silencio extraño que se impone
hasta ocupar el lugar de
aquellas palabras que
en rigor de verdad
acaso ni siquiera existan,
y de existir no dirían nada,
o en el mejor de los supuestos
nombrarían algo, pero jamás serían
aquello que ha sido nombrado.
El silencio, en cambio,
es algo real y absoluto
que se dice a sí mismo
tal como él mismo es.

lunes, junio 27, 2016

Respuestas sin pregunta

Ando a cuestas con una necesidad urgente de respuestas
para preguntas que tal vez ni siquiera puedan ser planteadas.
Porque las palabras, esto es algo que ya es bien sabido,
son incapaces de dar cuenta de algunas cosas.

domingo, junio 26, 2016

Tiempo

Alguien, en realidad no importa quién, pero si nos preguntaran diríamos que su nombre es Alan Souto, un muchacho que supo ser alumno mío hace algún tiempo, escribe en alguna parte una serie de palabras en apariencia sin sentido, o por lo menos con ese sentido elusivo que a veces tienen las palabras cuando en realidad no se proponen decir nada esencial: "El tiempo no existe", comienza ese texto. Y si ese comienzo nos atrae es porque justo un momento antes hemos escrito la palabra "tiempo" en otro lugar. Así la hemos escrito, suelta y sin ningún motivo aparente. Y la coincidencia es demasiado poderosa como para no tenerla en cuenta.

"El tiempo no existe. No hay un hoy ni un mañana. El tiempo es un espejo de mil facetas. Un laberinto cuyo centro es un laberinto, con un laberinto en el centro, donde se guarda un laberinto lleno de espejos. ... El tiempo no existe. Sólo el vacío y la noche. Siempre la noche yaciendo en el centro del laberinto de la tierra."
El tiempo no existe. No hay un hoy ni un mañana. Intuimos que algo de verdad se esconde detrás de esas palabras. Pero también algo de absurdo, porque hay el tiempo en el cual leemos estas palabras, y también el tiempo en el cual escribimos estas otras. Y sin embargo, en esta tarde colmada de melancolía, pensar que el tiempo en realidad no existe es algo que de alguna manera nos ayuda a seguir viviendo. Vale decir, es algo que nos ayuda a seguir transcurriendo nuestro limitado tiempo.

lunes, junio 20, 2016

Utilidad de la poesía

¿Sabés para qué sirve la poesía?
La poesía, en cualquiera de sus formas,
que son muchas y variadas, sirve para esto:
para rellenar un vacío un agujero una ausencia.

domingo, junio 19, 2016

Fugacidades

Cierto día, una jornada cualquiera, muchos años después de que ella hubiese fallecido, mi papá vio de cuerpo presente a su madre, vale decir mi abuela, sentada en una silla de su departamento. No es éste el comienzo de una historia de fantasmas, y ni siquiera el inicio de una historia propiamente dicha, sino apenas el relato de algo que aconteció. Tampoco hay mucho para contar, pues no hubo en el caso revelaciones místicas, ni mensajes desmesurados, sino solamente eso: un acto de presencia fugaz, una mano frágil y delgada levantada levemente, una repentina paz, que tanto pudo haber sido obsequio de la visita o producto del ánimo del visitado. En cualquier caso, cuando algunos días más tarde conocí los detalles de aquel episodio, por alguna razón comprendí que los inmortales no estarían aquí en este mundo con nosotros para siempre.

Anoche, por mi parte, estando despierto descubrí, creo que por primera vez, la trastienda de la formación de los sueños. Es como si uno tuviese los ojos cerrados, pero por error un pequeño paso de luz hubiese quedado abierto. Como una venda mal colocada, que deja entrar apenas un hilo de luz a través del cual se filtra un fragmento de algo que en teoría no deberíamos ver. Después hay como un chisporroteo de electricidad. Finalmente, como si fuese la pantalla de un televisor que entra en sintonía, de repente uno parece ver algo. Yo estaba despierto, definitivamente despierto, y al mismo tiempo maravillado por aquellas imágenes que iban tomando forma ante mis ojos cerrados, provenientes de... ¿De dónde llegaban esas imágenes? Ese era el gran interrogante. ¿En qué lugar del universo estaría esa casa con un portón celeste, que yo jamás había visto antes, y que de repente vislumbraba a través de esa venda mal puesta que me permitía ser testigo de la formación de mi propio sueño? Intenté forzar levemente lo que veía, obligarlo a que me mostrara algo más, y descubrí con sorpresa que no era demasiado difícil hacerlo. Algo me despertó del todo, en ese momento, y no pude seguir investigando.

Pero entonces recuerdo el episodio de mi padre con mi abuela, y me digo que no hay forma de saber si realmente ella estuvo o no allí presente, aquel día, en aquel departamento. Sin embargo, lo cierto es que él la vio. A través de una venda mal colocada, que en algunas ocasiones, fugazmente, nos permite vislumbrar cosas plenas de misterio, que se supone que no deberíamos llegar a ver.

jueves, junio 16, 2016

Olvidos

He soñado anoche,
con previsible angustia,
que comenzaba a perder
de manera escandalosa
grandes retazos de memoria.
Hubo en ello, estoy seguro,
una cierta alegoría,
algo así como una revelación:
no se trata simplemente de recuerdos
sino de algo más importante.
Curiosamente, en el momento mismo
de estar escribiendo estas líneas,
voy olvidando los detalles
de aquel sueño.

miércoles, junio 15, 2016

Sin título III

Nos vamos disolviendo lentamente
en un mar de tiempo y de nada.
Miramos fotografías de otras épocas
con la misma extrañeza con la que
veríamos andar a un fantasma.
Somos nosotros, pero no somos.
Es apenas un rastro de lo que fuimos.
Poco a poco la memoria nos engaña.
Dejamos de recordar las cosas
para concentrarnos en el recuerdo
de las memorias que hemos construido
a través de los años, a la manera
de preciosas fantasías.

Suena Schubert mientras escribo
estas palabras sin un sentido cabal.
El no es todavía un recuerdo, o acaso sí
en cierta forma, pero está vivo en el instante
en que estas notas suenan y vibran en mí.
A veces siento que solamente el arte,
las diferentes formas de la poesía,
pueden llegar a salvarnos.
No de la muerte, ni del olvido,
pero sí tal vez de la vanidad
del momento evasivo en que somos
nada más para dejar de ser
en el instante siguiente.

Sueño 150612

Sueño de  nuevo con ascensores... 

París. Francia. Siguen los atentados terroristas contra quienes no son musulmanes. Algunas personas proponen acciones pacíficas, como ocupar las mezquitas en silencio. Otros son partidarios de ideas más drásticas, como eliminar a quienes se identifiquen con el Islam, ya sea deportándolos o directamente matándolos. Hay una enorme cola de gente que espera en la calle; no estoy seguro, pero imagino que acaso tenga que ver con un homenaje a las víctimas de los últimos hechos de violencia. Ahora estoy de regreso en mi hotel. Habrá un acto al cual debo asistir, pero de pronto me doy cuenta de que tengo en mis manos dos cuchillas de cocina que olvidé dejar en su sitio. Mientras las escondo entre mi ropa pienso que no puedo entrar al salón con eso, en semejante contexto. Especulo con que tal vez no me revisen, pero pienso que de todos modos estaría mal entrar con esos cuchillos, que terminar con la violencia sería tan sencillo como tomar ese tipo de decisiones, no llevar armas por más que uno sepa que no será revisado, aunque probablemente un terrorista musulmán no pensaría lo mismo. Veo dónde puedo dejar los cuchillos por ahí, pero finalmente decido subir hasta mi cuarto y ponerlos en su lugar. Voy hasta el ascensor, mientras los últimos rezagados van llegando al salón de reuniones. Ya está por comenzar el acto, pero nada más me tomará un momento dejar los cuchillos. Para hacer más rápido, pienso en trabar las puertas del ascensor mientras voy hasta el cuarto y regreso, pero tampoco me parece correcto. Tal vez el ascensor de todos modos se quede en el piso un rato. Pero no, como era de esperar, en cuanto bajo y se cierran las puertas alguien lo llama. Camino a mi habitación veo que está en el piso el ascensor de servicio. Me llama la atención que en una de sus paredes en lugar de espejo tenga un pizarrón, como si fuese un aula de escuela. Me digo que alguna vez ese ascensor habrá estado destinado a ser utilizado por la servidumbre. Ahora voy a usarlo yo, y de ese modo podré regresar más rápido. Agarro un sobre, que debo entregarle a alguien en el sexto piso. Subo al ascensor y bajo, pero algo hago mal, y el ascensor no se detiene en el piso sexto, sino que sigue hasta la planta baja. Contrariado, marco el sexto de nuevo. El ascensor ahora sube y yo pienso que de todos modos el sexto es el último piso, así que no debería haber problemas; pero pasa el piso sexto y el ascensor continúa subiendo. Oprimo entonces la tecla de detención. Creo que la botonera de este elevador no funciona como la de un ascensor normal, así que investigo un poco. Tal vez estoy oprimiendo mal los botones; o acaso sea que hay que oprimir el botón de detención justo en el momento de llegar al piso en el cual uno desea descender. Decido intentarlo, pero al tocar el botón redondo con la letra P justo cuando el ascensor está llegando, la cabina hace un extraño movimiento lateral, se desengancha de sus rieles, se detiene, las luces se apagan y queda fuera de servicio. Oprimo entonces un botón, y otro, y otro, pero ninguno responde. Es evidente que al quedar fuera de servicio el ascensor solo puede ser reactivado desde afuera. No queda más remedio que esperar. En ese momento, la imagen de este sueño se aleja, como si fuese una película, y veo la jaula del ascensor desde afuera, colgada en medio de un amplísimo hueco, con el hombre adentro, solo, que espera en medio de la oscuridad, mientras piensa que si se demoran demasiado en rescatarlo acaso algún día encuentren su cuerpo momificado allí dentro, quien sabe cuándo, y que entonces alguien se preguntará, sin poder obtener respuesta, cómo es que llegó hasta allí.

martes, junio 14, 2016

Angustia

La angustia amanece como un enorme gato
montado encima de mi cuerpo inmóvil.
Quiero moverme, pero no puedo.
Allí abajo están las piernas, las siento,
pero no logro que me obedezcan.
También percibo los brazos,
la espalda atascada en el colchón.
Y ahí, encima de todo, ese enorme gato
que impide cualquier movimiento.
Detrás del ventanal percibo el cielo plomizo.
Me pregunto qué hora será,
como si eso tuviese alguna importancia.
Apenas unas pocas palabras
acuden confusas a mi conciencia.
No comprendo lo que dicen.
Son oscuras y enigmáticas,
ideales para este extraño momento,
insondables como un sueño
o quizás como un poema.

jueves, junio 09, 2016

Sueño 160906

Me desperté en medio de la noche, inquieto, con una de esas angustias informes y sin nombre que muchas veces insisten en presentarse, con prepotencia y sin explicación ninguna. Es inútil cuestionarles nada cuando esto sucede. No queda más remedio que dejarlas hacer, y también uno hacer lo que sea menester para atenuarlas. De manera que me levanté y caminé hasta la habitación, descalzo y como estaba, nada más con la ropa interior puesta. Como corresponde, mi mamá dormía del lado derecho, mi papá del lado izquierdo. Los dos estaban despiertos, sin embargo, y al verme entrar, con cierto sobresalto, mi padre se sentó en la cama, preguntándose tal vez si había sucedido algo malo. El pensamiento tiene a veces sus propios tiempos, y en el lapso que me llevó ir de los pies hasta la cabecera de la cama, incluso siendo mi paso decidido, reflexioné acerca de la situación: estaba repitiendo una escena que seguramente había tenido lugar muchas veces durante mi infancia. Un mal sueño, ir entonces hasta la cama de mis padres para buscar refugio; mi propia hija también ha hecho lo mismo tantas veces, buscando refugio en mi cama siendo pequeña, en medio de la noche. Y ella venía a mí, porque sabía que yo era más fácil de despertar que su mamá, que siempre tuvo el sueño pesado. La diferencia en este caso es clara, yo ya no soy un niño, sino un hombre de casi 50 años. Era razonable entonces la actitud de mi padre. ¿Qué podía haber sucedido para que ese hombre-niño llegase así, vistiendo nada más unos calzoncillos, con gesto angustiado y sin decir palabra, hasta la cama de sus padres? Sin darle ninguna explicación lo abracé, a él con su pelo blanco, y también a mi mamá. Los abracé sin decir nada porque, ¿cómo explica uno que nada más necesita la protección de sentirse abrazado por los suyos, amparado de nuevo, por un instante, ante todas las cosas que no comprende y presume que jamás llegará a comprender? En la infancia, por más que uno pregunte todo el tiempo los porqué de todo, no importa si muchos de esos cuestionamientos quedan sin respuesta. En el adulto, esas preguntas sin respuesta son angustiantes. Y durante ese abrazo silencioso me sentí afortunado de tener a mis padres. Y entonces me desperté de verdad, con medio cuerpo afuera de la cama, y tuve que hacer un esfuerzo para entender dónde estaba, para entender por qué estaba solo, para saber si de verdad mis padres estaban todavía vivos, y me sorprendí más tarde al darme cuenta de que no logro recordar a mi viejo sin su pelo blanco, ese signo de madurez pero también de fragilidad, porque marca el paso del tiempo, ese implacable.
Hoy también mi cabello tiende a volverse blanco.
Me costó volver a dormirme.

martes, junio 07, 2016

Sin título II

"Yo no estoy loco"
es una frase que no dice nada,
ni siquiera lo poco que dice.
Porque todos los cuerdos manifiestan lo mismo,
y otro tanto aseguran también los dementes,
esos que dicen ser Bonaparte
y van al ataque de imaginarios gigantes
movidos por el viento.

"Yo sí estoy loco"
es en cambio una sentencia
mucho más interesante,
pues si alguien está trastornado
y lo reconoce, expresándolo abiertamente,
con ese sencillo gesto demuestra
un enorme resto de lucidez
impropio para un demente, por cierto.
Y si lo dice un cuerdo, bueno,
la contradicción es evidente,
algo funciona mal en la cabeza
de ese hombre que es cuerdo y no lo sabe,
o lo sabe y se rebela ante tanta cordura,
no sea que al final ella lo
termine enloqueciendo.

Pero después de todo,
¿cómo podría alguien saber
si está o no está en sus cabales?
¿Quién es el que define qué cosas?
¿Cuál es el parámetro para comparar?
Lo que se sabe es que hay algo distinto,
algo que no termina de encajar
por mucho que se intente.
Algo así como una marca en el suelo
que se salta con los dos pies juntos
pero que es al mismo tiempo un abismo.

Entonces alguien tiene que decirlo:
cuando alguna cosa no encaja
o con total evidencia está
.                         afuera de lugar
generando una desarmonía
son siempre al menos dos
las notas discordantes:
puede ser uno quien esté mal
o puede estar insano el mundo.

lunes, junio 06, 2016

Sin título

Solamente quien haya estado allí
comprenderá lo que significa
resistir la tentación de no saltar al vacío
un día tras otro tras otro tras otro.
Es un esfuerzo enorme,
que se lleva toda la energía
que dadas otras circunstancias
uno hubiese puesto en
hacer las cosas de distinto modo.

Solamente quien sepa lo que significa
tener miedo de salir de su casa cada mañana
miedo grande por ser miedo informe
comprenderá el mérito que tiene
la empecinada resistencia
el terminar saliendo de todos modos
el no querer y pese a todo seguir
el desesperar pero seguir
el añorar e igual seguir
el no tener casi esperanza
y sin embargo seguir seguir seguir
solo porque todavía uno intuye
que hay cosas que valen la pena.

domingo, junio 05, 2016

Efecto mariposa

¿Qué cosa será la cordura? Hoy no consigo darle una respuesta precisa a esta pregunta. Pienso incluso que tal vez hoy no estoy del todo cuerdo; que no consigo comprender bien ciertas cosas. Me doy cuenta de que tenemos una mirada demasiado limitada en relación al mundo. En relación a nosotros mismos, a nuestra identidad en vínculo con nuestra propia historia. A lo que hemos hecho, lo que hacemos, lo que hemos dejado de hacer. Pienso en el pasado, en el presente y en el futuro. En la delgada línea que nos separa de otras realidades posibles. En que acaso hubiese alcanzado ayer con cambiar un gesto mínimo para que hoy todo fuese diferente. Y seguramente también alcanzaría con cambiar hoy mismo el más mínimo gesto para...

¿Para qué? Pienso que tal vez pienso demasiado. El problema es la indeterminación. ¿Cómo saber si acaso el simple gesto de completar o no una frase, omitir un texto, levantarme ahora mismo para ir quién sabe adónde, a realizar qué cosa, o no hacerlo, si acaso todo eso no cambiaría (si acaso no está de hecho cambiando) el resto de la vida entera, para bien o para mal? ¿Qué cosas no estaremos determinando en nuestro futuro y el de otras personas ahora mismo, sin saberlo, con éstas, nuestras más mínimas e insospechadas acciones? ¿Será acaso lo mismo escribir o no escribir estas palabras? De repente pienso que tal vez sea precisamente esta, la indeterminación de las eventuales consecuencias de todas y cada una de las cosas que hacemos, lo que le otorgue un sentido a nuestra existencia. Un sentido que, por supuesto, no alcanzamos a comprender. Sea como sea, no nos queda otra salida más que continuar, viviendo y buscándonos.

jueves, junio 02, 2016

Oración

"Dios nos libre y guarde", solemos decir,
con menos carga de fe que de costumbre;
al fin y al cabo el rezo que abunda no daña.
Pero el punto es que, en no pocas ocasiones,
lo que en verdad le imploramos a los dioses,
tanto da si son ellos reales o imaginarios,
es que nos protejan de los monstruos
que nosotros mismos creamos.


miércoles, junio 01, 2016

Curiosidades

Me resulta sumamente curioso, aunque también ilustrativo, leer reseñas de otros periodistas sobre espectáculos que yo mismo tuve ocasión de ver y comentar. Acabo de leer una reseña absolutamente laudatoria, por ejemplo, acerca de un concierto de la Orquesta Sinfónica de Bamberg en el Teatro Colón, que a mí me pareció por lo menos dudosa en cuanto a su emotividad. En esa misma reseña se desmerece, en cambio, la puesta del Fidelio de Beethoven que hace muy poco se ofreció también en el mismo Colón, que a mí me pareció maravillosa. Uno puede preguntarse si en verdad un comentarista y otro hemos presenciado los mismos espectáculos. Lo que es seguro es que no los hemos presenciado desde un mismo lugar. Quiero decir: desde una misma inteligencia, desde una misma emotividad, desde una misma perspectiva. Es algo a tener muy en cuenta a la hora de escribir: se puede narrar lo que a uno le sucedió. Pero jamás lo que realmente fue. Porque eso es algo que inevitablemente se nos escapa. La objetividad es una utopía, desde el momento en que nuestras apreciaciones relativas al mundo están hechas desde eso que somos: subjetividades.

miércoles, mayo 25, 2016

Poema sin título

La vida es en sí misma un absurdo,
un sinsentido que termina con la muerte.
Hagamos lo que hagamos,
el final ha de ser siempre el mismo.
Pero entonces el amor,
esa torpe ilusión que nos hace creer
que todo puede ser distinto,
que la vida vale la pena,
que algo en ella trasciende.
Ya sé que todo esto es vana ilusión.
Pero así y todo yo quiero enamorarme.
Pretendo decir,
que vos te enamores de mí.

martes, mayo 24, 2016

Foucault

Parafraseando casi a Michel Foucault, hoy podría decir:

"No me pregunten quién soy, porque no lo sé.
Ni me pidan que siga siendo el mismo, porque eso es imposible."

Palabras

Sugiere José Saramago, en algún lugar de sus Cuadernos de Lanzarote: "Tome las palabras, péselas, mézalas, vea la manera como se unen, lo que expresan, descifre el airecillo bellaco con que dicen una cosa por otra y venga a decirme si no se siente mejor después de haberlas desollado. A las palabras hay que arrancarles la piel. No hay otra manera para entender de qué están hechas."

Pienso, entonces, que lo único que en definitiva tengo son las palabras. No poseo otros valores, en verdad; ningún bien. Nada más las palabras, y por eso escribo. Y mis palabras dicen, sin lugar a duda. Dicen, porque ciertamente las desollo en cada ocasión, aunque al mismo tiempo pareciera a veces que ellas, recíprocamente, también me desollaran a mí. Dicen, no obstante lo cual lo que dicen no podría interesarle demasiado a nadie; solamente a mí. Y es que las palabras en realidad no dicen nada, ni siquiera lo que dicen, sino que son parte de un exorcismo, que me traslada por un rato a otra parte. Nada más que eso. Nada menos.

sábado, mayo 21, 2016

Cambio de respuesta

Una vez me preguntaste si acaso pensaba que corría el riesgo de volverme loco. Te contesté que no, rápidamente. Que loco estaba el mundo, sin lugar a dudas, pero no yo. Si hoy me plantearas el mismo interrogante te pediría, antes de responderte, que definieras qué cosa debería entenderse por locura. Si se trata de un mal de la mente o del alma, por ejemplo. Y probablemente mi respuesta actual sería muy otra. La cordura, en lo que se refiere al alma, es un defecto que me ha abandonado hace ya un tiempo largo. Y en cuanto a mi mente, no pongo las manos en el fuego. Los desvaríos son cada vez más frecuentes, y sería una necedad negarlo. Por no decir... una locura.

Abismos

Perdoname.
Estoy repleto de vacíos.
Vacíos que no se dejan llenar de ningún modo.
Si te lo ponés a pensar un poco
esto explica tantas cosas.
Hay un abismo dentro de mí.
No es tu culpa no haber logrado llenarlo.
Pero tampoco es mi culpa.
Yo no quisiera sentir estas cosas que siento,
que me abruman, que me ahogan.
Esta soledad.
Este sinsentido.
Esta locura.
En cierta forma
yo soy un abismo.
Estoy repleto de vacíos que
no se dejan llenar de ningún modo.
Me miro en los espejos y no me reconozco.
Sinceramente no sé quién sea ese
que me mira desde el cristal
desde esos ojos tristes
que nadie jamás ha desentrañado.
Ni siquiera yo mismo.
No es tu culpa.
Perdoname.
Tal vez, si realmente te quisiera,
debería terminar de alejarme.

Sueño 160521

La sensación ha sido horrible. Estremecedora. Estaba soñando, vaya a saber con qué estupideces. Quiero decir: recuerdo algunas imágenes sueltas, inconexas, pero sé que toda la noche estuve soñando con cosas sin demasiado sentido ni argumento. Esos sueños tontos, que se traban todo el tiempo, que no avanzan, que en algún punto molestan precisamente por eso, porque no avanzan, porque no van a ninguna parte. Y después he soñado con algo estúpido, pretendidamente gracioso. No recuerdo qué haya sido, pero me he despertado riendo. Riéndome ya no recuerdo de qué estúpida cosa. Pero entonces ahí, justo en el filo del despertarme del sueño, sucedió. Todavía estaba dormido y riéndome. Despertándome a causa de mi propia risa. Cuando algo adentro del sueño me plantó cara a cara, con una aparente lucidez espantosa, ante la vacuidad de la intrascendencia. El sinsentido. La futura desaparición de quien no deja ningún rastro. La soledad total. El abismo. Y me desperté justo para descubrirme en el momento en el cual la risa pasaba a convertirse en agitación, en angustia, en llanto. Tengo todavía el pecho estrujado. Respiro con dificultad. ¿Ves? A esto es a lo que le tengo miedo. A la vacuidad de la intrascendencia. A este vacío que buscamos llenar como podemos, con lo que tenemos a mano, pero que no se llena no se llena no se llena nunca. Y nos negamos esa verdad, por supuesto. Pero la muy hija de puta nos asalta a veces en sueños. Me levanto. No porque ya haya descansado lo suficiente. Sino porque de pronto me da miedo volver a dormir otra vez.

jueves, mayo 19, 2016

Constelaciones familiares

Le pedí un poco más de tiempo.
No estaba preparado para la despedida.
Aunque después uno se da cuenta:
hay despedidas para las cuales
jamás jamás jamás estaremos preparados.
Pero mientras tanto...
al menos un poco más de tiempo.

Se lo pedí a él, que no podía escucharme,
que nunca va a saber cuántas palabras le dije 
mientras estaba en el filo entre la vida y la nada, 
aunque intuyo que en el fondo lo sabe.
Y también se lo pedí al cielo en la noche, 
a eso a lo cual los creyentes llaman Dios, y uno, 
carente no de esperanza aunque sí de certeza,
sospecha que no puede ser llamado
de ningún modo, pero acaso sí invocado:
solamente un poco más de tiempo,
un poco más de tiempo.

Hoy él cumple ochenta años.
Esta noche lo celebraremos juntos.

Curiosamente hace un rato se me apareció
en un sueño, en el cual recibíamos
al ángel que nunca logró llegar, 
a ese ángel que no fue posible retener, 
que tiempo no tuvo ninguno, y sin embargo 
vive de alguna manera dentro de mí.

Hay muchas preguntas
que no tienen ninguna respuesta.
Jamás jamás jamás estaremos preparados.
Será por eso que escribo.
Para que mientras tanto haya algo.

lunes, mayo 16, 2016

Los que no pueden más

"Los que se hacen daño no saben que dañan a otros", me dice un antiguo camarada del colegio, mientras aguardamos novedades sobre el estado de la esposa de otro amigo, que yace en coma en un hospital después de haberse atiborrado de clonazepam y de haberse inyectado una sobredosis de insulina. Coma hipoglucémico, explica Google que se llama el cuadro, y al parecer no es la primera vez que a alguien se le ocurre terminar con su vida de esta manera.

Yo entiendo lo que ella debe haber sentido, debo reconocerlo. Repetidas veces han pasado por mi cabeza perversas ideas que me acercaron de un modo u otro hacia ese sitio. Hoy imagino, al mismo tiempo, lo que deben estar transitando esos otros de los cuales habla mi compañero: el esposo, sus hijos. Todo esto me parece un espanto. El juego entre la vida y la muerte, la delgadez de la línea que separa una cosa de la otra.

Y sin embargo, no puedo dejar de pensar al mismo tiempo en algo que expresó alguna vez Emile Cioran a este respecto: "El suicidio es un idea positiva. Dado que la vida no tiene sentido, que sólo se vive para morir, saber que uno puede suicidarse en cualquier momento la hace tolerable. Es una idea que nos calma, que nos satisface."

Confieso tenerle mucho miedo a la muerte. Y también a la decadencia que muchas veces la anticipa. Supongo que es bueno saber que uno puede cancelar esa espera angustiante, inevitable, en el momento en que así lo decida. Un triunfo modesto, como podría serlo el decirle a la muerte: "Renuncio en este momento porque así yo decido hacerlo. Te quito el poder de que seas vos quien decidas cuándo sacarme del medio." Como quien renuncia a un trabajo en el cual lo explotan, dando encima un portazo, por más que no se tenga nada mejor en vista.

Tengo aquí también presente, de todos modos, a Harry Haller, aquel personaje imaginado por Hermann Hesse, protagonista de su novela El lobo estepario, declarado suicida que, precisamente por serlo, por estar sinceramente dispuesto y no tener en consecuencia más nada que perder, vive con mayor intensidad que aquellos a quienes el miedo a la muerte y la consecuente prudencia les veda el camino a las acciones más riesgosas. Harry Haller, en cambio, siquiera por curiosidad se atrevía a dar un paso más, para ver qué cosa podía llegar a depararle el día que siguiera. Cuando todo fuese realmente penoso, el ya tenía una salida asegurada.

El tema no es de tratamiento sencillo, por supuesto. Pero coincido con Cioran en que la idea de poder ser los dueños de nuestra propia muerte acaso haga la vida más tolerable. El punto, de todos modos, es cómo podríamos lograr ser los dueños de nuestra propia vida. Allí radica el gran desafío.

viernes, mayo 13, 2016

Irreversible

La caída libre
La oscuridad de la noche
El frío en la piel desnuda
El vértigo el vértigo el vértigo
Algo parecido a la curiosidad
Por saber cómo será la nada
Despertar de golpe
Caer en un nuevo sueño
Inevitable
Inextrincable
Irreversible
En el mundo de los
Sueños acaso los
Hombres vuelen y
No haya arriba ni
Tampoco abajo y
Mucho menos nunca
Ni para siempre
Pero yo creo
Estar despierto
Al menos
Creo eso.

miércoles, mayo 04, 2016

Negritud

La añoranza vana de lo que no fue.
Y encima este hartazgo sempiterno
que tanto es tuyo como mío
y honestamente, de algún modo,
bien podría plantearse como
un eje de mi propia naturaleza.
Es un poco como si yo fuese negro
y vos te hartases de mi negritud.
Muy a mi pesar, nadie podría
culparte por tu hartazgo
siempre siempre siempre
esta misma absurda piel sin luz
este mismo color falto de relieve,
cómo alguien podría acusarte
por tu justificado aburrimiento.
Pero tampoco sería justo
dejémoslo aquí dicho al menos
hacerme cargar con la culpa
por tener esta piel oscura.
No he sido yo quien la ha elegido.
Yo apenas soy aquel
que debe llevarla a cuestas
lo mismo que esta tristeza
o esta repetida agonía.

viernes, abril 29, 2016

Identidades

Hablando de temas vinculados a la cordura y la locura, alguien me envía un mensaje que alude a aquel pasaje en el cual don Alonso Quijano, más conocido como don Quijote, asegura, literalmente:

"Yo sé quién soy." 

No obstante lo cual, todos lo sabemos, Quijano estaba más loco que una cabra. Vale decir, más loco que una cabra loca.

¿Y en mi propio caso? ¿Tengo tan por cierto quién soy yo, en definitiva, o soy también como don Quijano? La primera respuesta que viene a mi mente entonces es la que sigue, y bien podría decirse que es menos ingeniosa que cierta:

"Yo también sé quién soy: soy alguien que sabe que no está plenamente seguro de quién diablos sea."

jueves, abril 28, 2016

Indicio de cordura

Escribir poemas
acerca de la locura
a las cuatro de la madrugada
en medio de la oscuridad y el silencio
cuando todo el mundo duerme
después de haber despertado
de una pesadilla horrible
acaso eso sea el único
indicio de lucidez
de coherencia
de cierta sabiduría
o escueta señal de cordura
de la cual puedo jactarme.

Sueño 164028

La puerta de metal
Yo la golpeaba mientras gritaba
mientras gritaba / gritaba
porque otra cosa no podía hacer
así son los hospicios
gritaba y golpeaba la puerta de metal
indefenso y pequeño
y desgarraba yo mismo mis ropas
como si en verdad quisiera arrancar
mi piel mis ojos mi alma
la culpa de Edipo de Orestes de todos
y el espanto de que nadie entendiera
y que en el fondo nada de eso importase.

Recuerdo que le decía a mi padre
mientras lloraba desesperado:
Yo debería estar enseñando
a todos estos que me mandan
que aseguran que están para cuidarme
pero lo único que quieren es
que permanezca callado y quieto,
y él me miraba y asentía
y me decía que así es
que así son los hospicios.

Despertar entonces jadeando
los ojos enrojecidos
las mejillas mojadas
el alma plena de angustia
no fue más que un sueño
en el reloj no son las cuatro
y querer volver a dormir
y no poder / sentir el miedo
mirar el televisor colgado en la pared
para distraerme
para olvidar la pesadilla
y ver allí otra vez
en la pantalla encendida
el cielo cerrado del hospicio
las paredes infranqueables
la puerta de metal
y golpearla / golpearla
y rasgar mis vestiduras
y gritar, de nuevo.

martes, abril 19, 2016

La materialidad del vinilo


Un artículo publicado por BBC News (Sylent vinyl: Buying records without a record player, 14 de abril de 2016) da cuenta de un curioso fenómeno: en un contexto donde predomina el consumo de música en diferentes formatos digitales, incluso sin soporte físico, el mercado del disco de vinilo parece volver a fructificar. Las ventas del último año crecieron un 60% respecto del anterior, alcanzando niveles que no se veían desde la década de 1980.

Pienso entonces en el ritual que significaba, en otro tiempo, la compra de un vinilo, la cuidadosa elección del disco, presuponer sonidos a partir del arte de tapa, llevar nuestra flamante adquisición a casa, retirar el disco de su funda, ponerlo con cuidado en la bandeja, disponerse a escuchar la música contenida en ese curioso objeto, delicado, negro, redondo, perfecto. Colocar finalmente la aguja del tocadiscos en el inicio del surco, y después simplemente dejarse llevar por los sonidos allí guardados, hasta el preciso momento en que la púa concluya su danza, su mágico recorrido.

Sin embargo, la información del artículo entra en un punto en contradicción con toda esta mitología: al parecer la mitad de los compradores de vinilos jamás escuchan sus discos. En muchos casos los mantienen cerrados, y hay quienes incluso carecen de una bandeja en la cual poder tocarlos. ¿Será acaso una cuestión fetichista, entonces? ¿Un gesto vinculado a la nostalgia? ¿Un afán coleccionista? Una cuestión es cierta: no importa qué tan bien suene un archivo de música guardado en un pendrive o en el disco rígido de una computadora: hay allí una materialidad ausente que pone de relieve un defecto. Es cierto que la naturaleza de la música radica en ser escuchada; pero el hecho de tener en nuestras manos un objeto que corporice esos sonidos, que los contenga, supone un plus que la convierte en algo más.

Yo tengo mucha música digitalizada. Más de la que puedo llegar a escuchar, tal vez, en lo que me resta de vida. Sin embargo, sigo reconociendo la magia de un buen disco. Así como existe el "libro objeto", cuyo valor se ubica más allá del contenido del texto que encierra para extenderse sobre su materialidad, del mismo modo sucede con la música. Y acaso también con las personas, aunque esto último a veces no lo tengamos tan en cuenta.

lunes, abril 18, 2016

Sueño 160418

Llueve.
Es de noche y llueve.
Y yo acabo de soñar de nuevo con vos,
que estaba otra vez con vos
que, sin embargo,
ahora mismo estás con otro,
durmiendo con otro,
abrazada a otro,
jadeando con otro,
ajena con otro.

Soñé que estabas de nuevo conmigo,
que íbamos a ese lugar
que tanto nos gustaba a ambos,
que llegábamos hasta la orilla del lago
y era de noche,
y las aguas mansas
reflejaban maravillosa la luna,
y un rumor como de cascada,
de agua corriendo clara y pura
entre las piedras,
nos recibía,
y entonces me mirabas,
nos mirábamos,
y comprendíamos el absurdo
de estar separados,
vos lejos de mí,
lejos yo de vos.
Y entonces, claro,
ante la evidencia del absurdo
y sin decirnos mucho,
de hecho nada,
nuestros pasos otra vez se reunían.

Pero entonces despertar
despertar / despertar...
A veces las pesadillas comienzan
en el preciso momento
en que uno comprende
que estaba soñando.
Ahora mismo es de noche.
Y llueve. Y vos no estás.

Soledades

Cada persona en el mundo está sola.
Quienes pese a ello son felices, es porque no saben,
porque no toman conciencia de la abrumadora
soledad que pende sobre sus cabezas.
De vez en cuando, dos de estos seres solitarios
se ponen de acuerdo para hacer parte del camino juntos.
Creen que así estarán menos solos; pero no,
todo es apenas un espejismo estéril.
Nadie podrá jamás ocupar el lugar del otro,
sentir por otra persona dolor, esperanza o alegría.
Vivimos en medio de una ilusión:
la de estar compartiendo todas estas cosas.
Es verdad que cuando alguno hiere a alguien más
ese contacto se convierte en algo real,
tan real como una herida.
Pero incluso así, nada sabe quien hiere
del dolor que siente aquel que ha sufrido su herida.


viernes, abril 15, 2016

Noches y días iguales

I
Cuando todos los días son iguales
idénticos, indistinguibles uno del otro
cuando las horas transcurren
vanas, sin que nada suceda
y así una vez y otra vez y otra...
dormir a tu lado le da
un sentido al sinsentido
abre un paréntesis en medio
de la nada y me convierte
por un rato al menos
otra vez en alguien.
En el calor de tu cuerpo
yo vuelvo a tener
un refugio, algo
parecido a un hogar.

II
Tarde o temprano
me despierto
angustiado
y es noche cerrada
idéntica a otras noches
y estoy solo de nuevo.
Los días transcurren en vano
pero invariablemente
estoy más viejo.

lunes, abril 04, 2016

Digno tratamiento

Hijo de puta.
Pero no. Leelo de nuevo
prestando atención al detalle.
La I no debe ser una I cualquiera,
sino que debe estar bien acentuada,
quebrar el silencio con violencia,
y la Jota debe arrastrarse como
si fuesen varias y no solamente una.
El "de" puede apenas murmurarse,
no deja de ser sino un puente que
nos lleva a la Pe, muy importante,
pues hay que sentirla en los labios,
sopesarla bien, precisamente,
para que luego resuene la U,
de un modo profundo,
anticipando el restallido de
la Te, como un latigazo
de la lengua nacido
justo detrás de los dientes.

Algunas personas eligen
prolongar ad libitum la U
y/o después la A
para darle más énfasis al insulto.
Cuestión de sensibilidades y estilos.
Yo creo que se equivocan al
desestimar el rigor consonántico.
De todos modos, lo importante
es el sentimiento que
se ponga en juego al decirlo.

En paralelo a esta degustación
cabrá considerar a quién
es dirigido el insulto
y tomar los recaudos del caso
según se trate de un comerciante,
un policía, un ladrón,
un abogado, un político,
el presidente de la nación,
algún estafador de otra laya
o si el insultado ha sido uno
y en tal caso revisar por quién
y por cuáles razones,
que nadie está libre de culpas
ni de ser merecedor
de tan digno tratamiento,
pero podremos al menos revisar
nuestra conducta y corregirla,
cosa que un verdadero hijo de puta
difícilmente será capaz de hacer.

domingo, abril 03, 2016

Sueño 160403

Había un campo de tréboles. Eso lo recuerdo perfectamente. Era un campo muy mullido, y yo corría y saltaba feliz, en aquella pradera, como si absolutamente nada más importara. Y acaso jamás un sueño haya sido tan cierto. Yo estaba descalzo, y todavía tengo presente la sensación maravillosa de mis pies pisando aquellos tréboles. Cómo había llegado hasta allí, eso no lo recuerdo con exactitud. El orden de este sueño es un tanto confuso. Sé que había estado antes en una especie de ritual de iniciación, en el cual había tenido que bailar alrededor de unas piezas de madera dispuestas en el piso. En teoría eso ayudaría a ver o imaginar una dimensión alternativa del mundo, cosas que usualmente permanecen opacas, invisibles. En determinado momento comprendí que ya no estaba en aquel lugar, que de alguna manera me había ido. Quienes seguían estando allí, de seguro creerían que yo permanecía inmóvil por estar meditando, o acaso dormido. Pero lo cierto es que yo no estaba ya en ese lugar. Pensé que estaba bien dejar que se engañaran. Y también decidí que no iba a regresar. Entonces miré a mi alrededor. Allí estaba, en el campo de tréboles. Había cerca un lago, y supe que no estaba demasiado lejos del sitio en el cual mi cuerpo permanecía en trance.

Fue entonces cuando se me ocurrió que sería interesante poder verme desde afuera de mí mismo, ver mi cuerpo como si fuese ajeno, el de alguien más, y entonces tuve una duda: ¿sería yo ahora un cuerpo tangible, como antes? ¿O sería más bien una especie de espíritu incorpóreo? Decidí hacer una prueba sencilla: saludé a unas personas que pasaban cerca, que respondieron a mi saludo, con lo cual supe que yo era un cuerpo encarnado. Podían verme, podían escucharme, me respondían. Hice esta misma prueba un par de veces más, con el mismo resultado. Finalmente decidí ir hacia donde todavía estaba mi cuerpo dormido, para poder verme desde afuera de mí. El camino entonces comenzó a ser irregular: ya no estaba más el campo de tréboles, sino que pisaba ahora una tierra mal cuidada,  ríspida, con mucho barro. De todos modos seguí adelante.

No recuerdo bien qué sucedió después. Me encontré con algunas personas a las que conocía de alguna parte y me entretuve en otras cuestiones. Lo cierto es que más tarde, después de otros episodios que rememoro muy vagamente, recordé de repente mi objetivo: debía regresar al lugar del principio, allí donde había comenzado mi sueño, para poder encontrarme a mí mismo, con mi cuerpo en trance, y ver qué sucedía cuando estuviese allí, ante mí mismo, visto desde ese yo desdoblado a través del cual experimentaba ahora el mundo. Sin embargo, cuando llegué al lugar en cuestión, en el cual se suponía que debía estar todavía mi propio cuerpo en letargo, ya no había nadie. Al parecer había transcurrido un tiempo importante, aunque no hubiese manera de saber cuánto, y ya todos se habían ido. En ese momento me dije: "Resulta que ahora estoy aquí, pero en alguna otra parte hay un cuerpo que también es mío, aunque no sea yo, pero soy yo, y necesito encontrarme." En ese momento desperté. Pero de algún modo comprendí que mi sueño hizo alusión a una búsqueda que continúa más allá del universo onírico.

viernes, abril 01, 2016

Un poema - Círculos

Los círculos son hermosos
porque son perfectos:
absolutamente regulares y predecibles
ni un solo punto fuera de su sitio.
Pero para que un círculo sea perfecto
-vale decir, para que sea un círculo-
es necesario que esa línea
esa circunferencia
ese arco que se repliega sobre sí mismo
como un ouroboros magnífico
no quede librado a ningún vacío
que no haya ni un solo punto ausente
pues no es lo mismo un círculo
que una línea curva
que comienza y termina
se diría casi que con vulgaridad.
Pues bien, para que este círculo cierre
es indispensable tu presencia.
Si no estás, la armonía es imperfecta:
un círculo cromático sin amarillos,
una escala pentatónica de cuatro notas,
el yin sin el yan,
un amor incompleto
donde uno sí pero el otro no,
un apetito absurdo
que no cesa.

miércoles, marzo 30, 2016

Lo que nunca fue

Pudo haber sido la más bella
historia de amor jamás contada.
Pero no.
Un final trunco me desmiente.
Sólo guarda memoria de aquello
la impávida luna, mudo testigo
de una noche de amor inconfesable
plena de besos y caricias
ávidas / palabras y promesas
vanas / esperanzas
sin futuro ni sentido.

Yo sigo aquí.
Te recuerdo. Miro tus fotos:
estás hermosa y radiante.
Te escribo poemas y mensajes
que no te envío.
Te extraño.
En el fondo, no me resigno.
Soy un tonto, los dos lo sabemos.
Es como dice la canción:
He sembrado una esperanza
y he cosechado un olvido.

No me respondas nada, por favor.
Yo solo te escribo para que sepas
que cada tanto aún te pienso.
Pero para desalentarme
lo mejor es que no
respondas nada.
Creo que te resultará fácil.
En cuanto a lo demás
no te preocupes:
tarde o temprano
el tiempo hará lo suyo.

jueves, marzo 24, 2016

Garúa

Suena un piano. Probablemente también una percusión y un contrabajo, aunque ahora mismo yo no repare en ellos. La música simplemente suena, como si mientras sonara pudiera llenar en alguna medida un enorme vacío, y me relaja un poco, apenas lo suficiente. Entonces la voz de Minichillo, empecinado en no cantar las canciones completas, sino nada más una parte, siempre sabiamente escogida, me estremece. Qué noche llena de hastío y de frío. No se ve a nadie cruzar por la esquina. Sobre la calle, la hilera de focos lustra el asfalto con luz mortecina. Y yo voy, como un descarte, siempre solo, siempre aparte, recordándote. Y no, lo cierto es que afuera de la canción hoy no llueve. Pero de todos modos me reconozco en la metáfora que sigue, gotas que caen en el charco de mi alma, porque esta lluvia que me cala, que me empapa, que me ahoga, no viene desde el cielo, sino que nace en un lugar mucho más recóndito, íntimo, privado. Y después de nuevo el piano, que acompaña esta tensa calma, esta calma salvaje, tan salvaje como el rugido del motor del auto, que ahora mismo vuela por la autopista, por fortuna desierta, ventajas de ser noche ya entrada, calma y al mismo tiempo furiosa, cargada con la adrenalina de saber que cualquier mala maniobra podría poner fin definitivamente a todo esto, a la pena, al abandono, a la soledad, al sinsentido, a la garúa. Y el piano que suena e invita a cerrar los ojos, para disfrutarlo mejor, para que de una buena vez sea lo que deba ser, y saber que es menester resistirse, evitar cualquier desliz, cualquier error, que nos pondría cara a cara ante la nada. Y entonces gritar, gritar, gritar con desesperación, con todas las fuerzas, para despertarse, sin que nadie más escuche, porque estamos solos, y sentir que, humillando este tormento, de repente sopla un viento, que nos empuja.


sábado, marzo 19, 2016

Quizás... Tal vez... Acaso...

¿Por qué para decir algo recurrís tanto a expresiones como "supongo", "tal vez", "quizás" o "acaso"?, me pregunto de pronto hoy, como si yo mismo fuese otra persona. Y entonces me contesto: Supongo que acaso sea una manera de sobreponernos a la soberbia que tan a menudo nos conduce a creer que conocemos el mundo de un modo claro y definitivo. Una manera de recordarme a mí mismo que siempre hay un margen de error, una posibilidad de que las cosas no sean tan lineales o evidentes como a nosotros nos parecen. Y esto es algo que tal vez sea bueno tener siempre presente.

viernes, marzo 18, 2016

Bipartidismo

El sopapo revienta con violencia sobre el rostro magullado de María, haciendo saltar por el aire sus lágrimas y mocos. A cierta distancia, un grupo de gente observa el castigo impasible, como si no importara. Hasta que vos, que no sos ningún valiente y en lo posible siempre tratás de no meterte en problemas, no aguantás más e intentás interceder. No querés mezclarte en líos, es cierto, pero al mismo tiempo no podés ser un testigo indiferente de tan inusitada violencia. Pero en cuanto das un paso adelante, alguien se interpone. La gente te detiene.

- ¿Van a dejar que ese tipo le siga pegando a esa mujer?...

Te das cuenta de que hiciste esta pregunta en voz demasiado alta, casi gritando. Por toda respuesta, alguien te acusa, amenazante:

- ¡Vos seguro sos amigo de Cristian!... ¿Querés hacerte el guapo? ¡Mirá que podemos mostrarte lo que es bueno!

De repente todos han dejado de prestarle atención a la paliza y te están observando a vos. Las miradas que te dirigen están cargadas de algo muy parecido al odio. Tardás un rato en comprender. Cristian era la pareja anterior de esta chica. El también le pegaba y la sometía a vejámenes diversos. Ahora esta gente te acusa de ser su cómplice, porque al parecer existen solamente dos posiciones posibles: o estás del lado del tal Cristian, que la violentaba a su manera, o comulgás con esta bestia que ahora mismo golpea la cabeza de la chica contra una pared. El hecho de que a esta mujer en el pasado le hicieran de todo, parece invalidar el hecho de que esté necesitando auxilio ahora mismo. El padecimiento de María, que en vano llora, grita e implora ayuda, es extrañamente similar al de cierto país de Latinoamérica cuyo nombre no logro recordar.

viernes, marzo 04, 2016

RMS Titanic / Argentina


Escribo estas líneas mientras el transatlántico atraviesa el océano con todos nosotros a bordo. Se suponía que sería un viaje de lujo, pero solamente unos pocos privilegiados tienen acceso a los banquetes, las fiestas y las amenities. Los de mi clase tenemos prácticamente todo eso vedado. Pero no me quejo, pues he visto que en los niveles inferiores se hacinan como ganado otros viajeros que están mucho peor que nosotros. Desde esta cubierta algunos pasajeros de mi clase se divierten escupiéndolos. No deberían hacerlo: ya he visto varias veces cómo algunos de mis vecinos, sin mediar razón ninguna, han sido desalojados de esta cubierta y han sido llevados abajo.

Más allá de estas cuestiones, el viaje hasta aquí no ha sido fácil. Desde que zarpamos, el control del barco ha sido tomado una vez y otra por diferentes bandas de piratas, y casi todos ellos han abusado de su poder. Hace poco un grupo de rufianes que parecía haberse enquistado en el mando ha sido desplazado. Muchos festejan el cambio, esperanzados. Yo estoy sin embargo preocupado, pues veo que los recién llegados tampoco están haciendo las cosas bien. Para colmo algunos dicen que no hay botes salvavidas para todos: si llegara a pasar algo, apenas se salvarán unos pocos, y serán sin duda los de primera clase. Entre mis amigos, algunos me critican y me llaman alarmista. Opinan que hay que darles más tiempo a los nuevos mandamases. Que hay que dejarlos, que están trabajando. Ni siquiera se inmutan cuando les hago notar que hasta ahora el trabajo que han venido haciendo se ha limitado a perforar el casco del barco. Y que por los agujeros que han hecho ya ha comenzado a entrar el agua.

jueves, marzo 03, 2016

Noticias del día

Noticias del día: las mismas de siempre.
Chicos que pasan hambre,
gente que duerme en las calles,
promesas incumplidas, mentiras de ocasión,
personas que pierden sus empleos,
trabajadores a los que el mes les queda
demasiado amplio para sus escasos sueldos.
Los delincuentes de siempre siguen libres
mientras los inocentes son golpeados
o inclusive baleados, sin miramiento.
Sinceramente me pregunto:
¿Qué cosa aplauden los que aplauden?
¿Acaso son ciegos? ¿O son cínicos?
¿Quizás son simplemente idiotas?
Los músicos desafinan de tal manera
que ni siquiera un sordo podría dejar de notarlo.
Las escenografías son de cartón pintado.
Los efectos especiales ya dan risa.
En cuanto a los actores de esta burda comedia
son tan malos que ni siquiera un imbécil
podría creer en lo que están diciendo.
¿De verdad alguien les cree?
¿Qué cosa aplauden quienes aplauden?
No es posible que sean tan ciegos,
tan sordos, tan cínicos,
tan cómplices.

domingo, febrero 28, 2016

Ella en mis sueños

Anoche he vuelto a soñar con ella.
Esto ya me ha pasado antes
una vez, otra vez, y otra más.
Me dicen que debo dejar 

de pensarla todo el tiempo.
Que ya han pasado tres años
y que es tiempo suficiente.
Yo sé que quienes dicen estas cosas
tienen buena voluntad,
y hasta quizás también algo de razón.
Pero cómo hacer para olvidarla
si durante las noches ella llega y me visita
y vuelve a sonreírme como antes,
cuando todavía éramos nosotros.
Después, cada mañana,
me despierto,
me levanto,
me visto,
desayuno en soledad
y dejo de saber quién soy.

viernes, febrero 26, 2016

V.G.A.

Sueña tu sueño esquivo,
Tántalo caprichoso que sacia su sed con sus lágrimas.
Teseo sin esperanza, Orfeo condenado,
Odiseo sin derrotero a su hogar.
Sueña tu sueño esquivo, peregrino.
Sueña. Duerme. Descansa.
Ha pasado tu vida en el olvido,
Han quedado tus días enterrados en el silencio.
De ti no habrá memoria, de tu nombre no se hará mención.
Sueña, soñador antiguo,
en mis brazos de alabastro.

Alguien escribe esto. Y no sé si estos versos hablan acerca de mí, o acerca de quien los escribió, o si acaso no se refieren a ambos.
Como poesía es bella. Como realidad... ¿Nunca es triste la verdad?
Lo que no tiene es remedio.

martes, febrero 23, 2016

Sueño 160223 - Aguas

¿De dónde vienen los sueños? La pregunta es retórica. Podría articular una respuesta fácilmente, haciendo referencia a los contenidos del inconsciente, a los miedos, a los deseos reprimidos, pero tal respuesta solo podría ofrecerme una satisfacción intelectual. No me serviría para calmar mi verdadera inquietud. Lo cierto es que suelo tener sueños intensos, de los cuales despierto a veces muy agitado. Hubo una época en la que incluso tenía miedo de dormir, por temor a los sueños que pudiesen presentarse. Con el tiempo logré superar ese temor, pero no cierta dificultad para separar con claridad la realidad de la fantasía onírica. Anoche volvió a pasarme:

Estábamos de visita en casa de mi amigo Luis. No es raro, pues hace poco estuve allí. Ya era tarde y sus dos hijos se estaban por ir a dormir. Yo le preguntaba si tenia una computadora, para mostrarle unos trabajos que estaba haciendo y debía enviarle. La madre de los chicos (la última vez que fui a su casa supe que están separados, pero en el sueño no lo estaban) me conduce entonces al cuarto de uno de ellos, donde veo que hay un monitor (en realidad la computadora en la casa de Luis está en otra parte, en el comedor de la casa), pero entonces escucho que el hijo menor protesta: dice que él quiere irse a dormir, y yo comento entonces en que no tiene sentido molestarlo, que mandaré todo por mail más tarde, al llegar a mi casa. Porque además en ese momento me doy cuenta de que en realidad no sé qué cosa podría mostrarle, pues los trabajos en cuestión no están subidos a Internet, sino que los tengo en la computadora de mi casa.

Nos disponemos entonces a irnos. En el ínterin veo que hay un montón de cosas tiradas en el piso: cuadernos, papeles y muchos marcadores y lápices. Intento recogerlos, pero en el piso, de madera, hay algunas grietas, y varios lápices caen a través de ella. Miro y veo que abajo hay como un sótano. La luz de ese sótano está encendida y puedo ver cómo allí, sobre un piso de madera idéntico, se acumulan cosas. Adivino que muchas deben haber caído desde donde estoy, a través de esa hendidura. Insisto en querer acomodar los lápices, poniéndolos ahora sobre una silla, pero vuelven a caerse y alguno que otro rueda y se suma a los que ya han caído al piso de abajo. Finalmente desisto. De todos modos ya nos estamos yendo. Cuando ya me dirijo a la salida, y en el propio sueño no termino de entender bien de qué se trata, algo cae de mis manos, y al chocar contra el piso se convierte en un montón de pequeños bichos, que salen corriendo. Alguien me dice que son arañas de cristal, pero yo veo claramente que no lo son: esos bichos no son arañas, sino más bien unos insectos grises parecidos a pequeñas garrapatas, y tampoco son de cristal: están vivos, y corren por el suelopara enseguida esconderse. Miro mis manos, para verificar que no tenga encima ninguno de esos bichos. Mis manos están sucias, pero bichos no hay, lo cual me alivia.

Salimos y ya en el pasillo le pregunto a Luis por ese sótano, convencido de que forma parte de su casa e intrigado por el hecho de no haber reparado nunca antes en él. Imagino inclusive el gran ambiente que podría hacerse allí, pero Luis me dice que esa no es parte de si casa, sino que allí es donde vive el Lobo. Al parecer el Lobo no es un animal, sino un hombre. Lo único que me aclara al respecto es que el Lobo no está casi nunca, pero que él sabe cuando viene porque una cantidad de moscas anticipan su llegada.

Ya en la calle me comenta que alguna vez quiso comprar ese sótano, para hacer una pileta, pero que al final la compra no se concretó y que alguien más hizo una pileta en otra parte. Yo no le presto demasiada atención, porque veo que en la esquina la calle está completamente inundada. Observo el suelo y calculo por dónde podré saltar de la vereda a la calle sin mojarme. Ya en la vereda contraria hay todavía más agua, pero alcanzo a ver un cordón, donde debería estar la línea de la edificación. Puedo caminar por allí, haciendo un poco de equilibrio. Tengo que esperar que no pasen autos, pues recién, al pasar uno, el cordón ha quedado tapado por el agua. Pero ahora no viene ningún coche y entonces me atrevo a avanzar.

Me pregunto entonces por Daniela, la madre de mi hija, cómo se las estará arreglando con su pie operado, pues todavía le cuesta caminar. Veo que ya está más adelante, junto con la madre de los hijos de Luis (que ahora ha pasado a ser Claudio, el padre de Ivana, la mejor amiga de mi hija). En realidad no la veo a Daniela, sino que la escucho reírse. Se ríe porque en la vereda de enfrente algo ha sucedido con mi hija. No entiendo bien qué fue lo que pasó, pero lo cierto es que está ella con Ivana. Las dos tienen en la mano algo así como unos aros hawaianos y evidentemente están discutiendo. Se nota en el gesto grave que ambas tienen que la discusión es desagradable, pero Jéssica además acaba de hacer algo malo: ha golpeado a Ivana con uno de esos aros, que se ha roto. Me llama mucho la atención, pues Jessica no suele tener esos arrebatos, y mucho menos con su amiga. De pronto me siento muy incómodo, porque es evidente que la situación entre ellas se ha salido de control. Imagino lo mal que se deben de estar sintiendo por estar metidas en esa pelea que no pueden controlar.

En ese momento, en medio del forcejeo, entiendo que se van a caer al agua. Le doy entonces a Luis (a Claudio) lo que llevo en la mano (me doy cuenta en ese momento que ni siquiera sé qué es), al mismo tiempo que veo que se caen, ya sin más remedio; pero lo que debe ser apenas un charco es evidentemente más profundo, pues el agua las tapa. Yo continúo entonces mi movimiento (es como que todo esto sucede en un mismo y único movimiento), que me lleva a meterme al agua para ayudarlas a salir. Alcanzo a tocarme los bolsillos del pantalón y pienso que tengo los documentos, que van a arruinarse, pero me digo que no importa, aunque todavía todo es más un gesto de cariñosa atención que de verdadera urgencia, pues el agua no puede ser tan profunda, y sin embargo no logro verlas. Al entrar al agua, también me tapa a mí. Además es agua barrosa y no alcanzo a ver nada, pero estiro la mano y logro tocar a las chicas. Las agarro y tiro entonces con todas mis fuerzas hacia arriba. Siento que consigo alzarlas, pero sigo sin embargo con mi propia cabeza debajo del agua. Repito entonces mi tirón hacia arriba, y siento que las alzo, pero así y todo seguimos los tres debajo del agua. Al tirar por tercera vez, con el mismo resultado, me doy cuenta de que estamos en un problema, que si no logro salir con ellas a la superficie vamos a ahogarnos, y no comprendo por qué razón es que no logro salir, pero empiezo a desesperarme.

Alcanzo a darme cuenta de que en verdad no me desespera la posibilidad de morir ahogado yo mismo, sino el no poder llegar a rescatar a las chicas. En ese momento me despierto sobresaltado, con un grito y llorando.

Cuando me dispongo a escribir todo esto, para no olvidarlo, me vino a la mente un sueño anterior, que tuve varios meses atrás. En aquel otro sueño iba yo caminando con Daniela por un prado, estando ya separados. Recuerdo todavía la sensación de beatitud que sentía, mientras caminábamos en paz los dos por ese campo, en un día soleado... A lo lejos podían verse los cascos de unos grandes barcos abandonados, y yo le explicaba a Daniela que alguna vez esa llanura había sido un mar. Recuerdo también que yo caminaba hasta un árbol enorme, ubicado en el borde de un acantilado, y que desde allí veía un paisaje increíble: las raíces del árbol se perdían hacia abajo, al mismo tiempo que a lo lejos se avistaba el horizonte. Yo la llamaba entonces a Daniela, para compartir ese paisaje con ella, pero al acercarse (también esta escena fue todo en un único y lento movimiento) yo apenas alcanzo a decirle que tenga cuidado, cuando ella tropieza y, por más que yo intento atajarla, ella cae entre las raíces del árbol, que tanto daban al precipicio como al viejo mar. Entonces me tiro de cabeza detrás, intentando alcanzarla, pero no lo logro, pues ella cae demasiado rápido, en medio del agua o del aire. También en ese caso me desperté gritando y llorando. Pero ese sueño volvió a mí en otra ocasión, estando despierto: fue en el recital de David Gilmour en Buenos Aires. Durante una canción pasaron un video donde alguien flota en una pileta, y después se hunde, y yo de pronto volví a ver las imágenes de aquel sueño, y me puse a llorar, movido por una angustia desesperante, en la cual lo irreal no tenía las habituales fronteras de separación con lo que es verdadero. Jessica, que estaba conmigo, se dio cuenta de que algo raro me pasaba. Daniela jamás supo nada, ni de aquel episodio ni de mi pesadilla.

No puedo dejar de notar que se repite la constante del agua, el ahogo del ser amado, la imposibilidad de salvarlo y el hecho de morir juntos, pero estando radicado el drama en la muerte del otro, y no en la mía propia. Acaso tenga que ver con viejas historias trágicas, ajenas y a la vez demasiado cercanas. Algo me quieren decir estos sueños, y yo no consigo terminar de comprenderlos.